SALIR AL MUNDO Y CAMINAR

Dolores Sopeña reconoció en muchas ocasiones que, además de su formación académica, su mejor escuela fue siempre salir al mundo y caminar, junto a las personas que se iba encontrando por el camino.

También tuvo clara su misión durante toda su vida: estar cerca de los más vulnerables y dar a conocer a Dios a aquellos que no le aman porque no habían tenido la oportunidad de conocerle.

Una escritora de su Almería natal, Mar de los Ríos, autora de “Tren de lejanías” (Arcopress, Almuzara, 2012) y ‘Casa de ánimas’ (Amazon, 2015), ha publicado en La Voz de Almería distintos itinerarios de la mano y con el ‘con-sentimiento’ de almerienses ilustres.

Uno de estas colaboraciones se la dedicó a Dolores, bajo el título de Paseo con Dolores R. Sopeña y aquí queda reproducido para quien quiera disfrutar de su apasionante lectura:

“Doña Dolores Rodríguez Sopeña:

He meditado seriamente si invocarle o no. Me producía muchísimo respeto. Yo no sé cómo dirigirme a una beata, una de las de verdad, declarada por el Papa Juan Pablo II en 2003. Y sin embargo me parecía tan fascinante, tan necesario… Entonces he recordado su lema:

La voluntad de hacer.

Él me lleva a la sombra fresca donde puedo tutear a: la niña Lola.

Y te sientas frente a mí…

Nací en Vélez Rubio un 30 de diciembre de 1848. Mi padre se haría cargo de la gestión del patrimonio del marqués de los Vélez. Allí di mis primeros pasos. Siendo muy pequeña, mi hermano Tomás y yo escapamos al cementerio “a contar los muertos que había”, a consecuencia del cólera que azotaba España… Y con cinco años sentí la primera llamada de Dios para dedicar mi vida a los demás.

Por razones del cargo de mi padre, mi infancia transcurre entre: Albuñol, Guadix, Sorbas, Ugíjar…. Cuando tenía nueve años, me atacó una enfermedad en la vista, y hubo que hacerme una delicada operación que aprendí a soportar; pero los ojos se quedaron ya para siempre alterados…

En 1865 llegamos a Almería, yo tenía 17 años. Y lo que más ilusión me hacía era escaparme de casa para visitar en secreto las cuevas del cerro de La Chanca. La imagen de dos hermanas de mi misma edad me marcaría de por vida. Porque lo peor de estar enferma y ser pobre es que la muerte no se acuerde de una… Junto con mi amiga Araceli nos dedicamos a amparar a aquellas muchachas. Sacábamos todo lo que podíamos de las despensas, pero nos faltaba. Entonces acordamos disfrazarnos de mendigas y pedir limosna en la puerta del templo de la Virgen del Mar, incluso de noche.

Confieso que fuimos muy imprudentes, éramos unas niñas… Araceli se contagió del tifus y yo caí muy enferma de la vista…

—Y es de aquellas cuevas de donde sacaste tu determinación para toda la obra posterior, ayudando a los desvalidos alrededor del mundo. Entre los 150 años que nos separan, hay muchas cosas que aún no han cambiado tanto como debieran… Fuiste tremendamente abierta, lo que ahora llamaríamos moderna, porque tuviste la decencia moral, la vista, de codearte con todos los estamentos para salvar a los invisibles. Muchas más ellas que ellos, porque la miseria tiene cara de mujer de piel oscura.

Los ojos de aquellas muchachas no me abandonaron jamás… Nos marchamos en el 68 a Puerto Rico. Otro cambio político profundo en España nos reportaba un nuevo trabajo para padre. Pero gracias a eso tuve la mejor de las escuelas: salir al mundo y caminar. Allí las mujeres de color fueron mi objetivo. Ellas me apodaron cariñosamente: Niña Lola.

—Y tú, lejos de pedir tratamientos de señoritinga, contestabas a sus voces. Porque cuando llegas a América todavía existe la esclavitud… Pero a ti te da igual… Montas teatros y sacas dinero para ellas… Los periódicos de la época dicen que la señorita Rodríguez Sopeña, Dolores, es una gran actriz.

Una mujer compasiva, que sabe del efecto de la educación y del arte sobre el ser humano, no podía tener otro destino que sembrar esa semilla, porque en toda tierra agarra…

Y otra vez un cambio de trabajo de padre a Santiago de Cuba. Aquello fue una gran tragedia. Las muchachas de Puerto Rico llenaron el muelle el día de nuestra marcha, transidas de dolor. Pero dejaba atrás tres centros cívicos funcionando.

—Entonces sólo tienes veintitantos años, niña Lola… Y ya eres santa…

En 1876, muere mi madre, mi mayor apoyo, y regresamos a Madrid. Allí me vuelco trabajando en las cárceles, hospitales, escuelas municipales…

Casa de DS en el mundo

En 1883 muere padre. Y en ese momento pretendo entrar en las Esclavas del Sagrado Corazón como religiosa para ayudar a las niñas pobres…

—Sí, y no sería la última vez que te dan por inútil… Resulta tan cómico pensar quién era el ciego…

Entonces decido entrar en clausura en diciembre de 1883 en Las Salesas. Duré 10 días, allí comprendí que mi trabajo estaba ayudando a la gente. También asumí que el hábito coarta a parte de la población y que nunca habría de usarlo en mi misión.

Fue uno de tus muchos aciertos. Si tu compasión era universal, tu indumentaria de calle te acercaba a todos.

No obstante, una cruz de madera colgando de mi cinturón era mi bandera… En el 85 vino a mí Pepa la Cigarrera. La conocí en la cárcel y ella me retó a que me atreviera a ir a su barrio, el de Las Injurias.

En los siguientes diez años montamos diversos centros cívicos por multitud de barrios marginales de Madrid.

Entonces asumo que debo iniciar un proceso burocrático para dar forma legal y eclesiástica a tanto esfuerzo. Multitud de viajes y desilusiones, aunque todo compensado por la sonrisa de quien ve a Dios con nuestra ayuda.

Llega 1900 y ya hay 5.412 hombres y 14.890 mujeres que pertenecen a nuestros centros. En ese mismo año decido viajar por primera vez a Roma. Después de muchísimo esfuerzo, consigo una entrevista con el padre general de la Compañía de Jesús, quien era más difícil que ver que al Papa León XIII. “Procure acogerse bien con Dios, unos Padres le ayudarán otros no… esto es de hombres. No le importe, teniendo a Dios le basta. No le recomiendo a ningún Padre para que le ayude, pero dígales a quienes quieran escucharle, que yo la bendigo con todo mi corazón y a todos los que trabajen en su Obra. No admita nunca tentaciones del desaliento”.

—No hacía falta que te subrayaran lo que ya era tu herramienta de vida: la humildad y la fuerza personal, lo que exigías a tus catequistas.

Pero sí me vino bien una palmada en la espalda, quizás la más importante para seguir. En 1906 fundamos en Almería centros de las diferentes asociaciones cívicas.

—Cuenta Inés Baró, la que fue tu secretaria durante muchos años, de tu capacidad analítica fuera de lo común. “La compasión es la religión de la humanidad. No hay compasión cristiana o pagana, la verdadera compasión es divina en todas sus formas”.

Y en la cúspide de tu entrega, abriendo centros por multitud de países en todo el mundo, cierras tus ojos, esos que decían los torpes que no servían, en Madrid, en 1918.

Feliz porque mi fe y mi obra me aportan serenidad a la hora de mi marcha…

“Todos somos necesarios, imprescindibles nadie. El cementerio está lleno de gente imprescindible”.

Me arrodillo ante la imagen de una santa tan… humana…

Y ya no estás…

Acaricio tu retrato, mientras canto bajito la canción de Buika, Mi niña Lola, que parece extrañamente escrita para ti:

Dime por qué tienes carita de pena / qué tiene mi niña siendo santa y buena / cuéntale a tu padre lo que a ti te pasa / dime lo que tienes reina de mi casa”.

Publicada en La Voz de Almería, en la Sección Paseos con-Sentidos

El 11 de agosto de 2015

DOCENTES CON UNA SENSIBILIDAD ESPECIAL

La promoción es uno de los valores Sopeña. Representa un impulso que llevó a Dolores Sopeña, nuestra fundadora y mujer de excepcional sensibilidad, a confiar en el ímpetu y fuerza de cada una de las personas que tuvo a su alrededor para, con la ayuda de Dios, lograr sacar lo mejor de sí mismas.

Así fue y así sigue siendo en todos y cada uno de los espacios de acción en el mundo, en los que el Carisma Sopeña extiende su misión.

La experiencia como docente de Ana García enfrentó muchas veces al valor de la promoción, pero según nos cuenta en este interesante artículo para la revista ICONO, no fue hasta recalar en el Centro Sopeña Sevilla cuando la PROMOCIÓN cobró todo su sentido.

“Potencia cualidades y pule defectos para dejar a la luz el tesoro que todos llevamos dentro”.

Ana García, Laica Sopeña, entendió que Dios la había llevado hasta este Centro para conocer a alumnos con circunstancias a veces complicadas y que se despertase en ella una sensibilidad especial por las necesidades de los demás.

Ese plus que se ha encontrado, respecto a lo que ella creía que iba a ser la docencia, ha hecho que se reafirme en su vocación, latente desde niña.

PROMOCIÓN: DESCUBRIENDO TESOROS.                      

La promoción abarca todas las dimensiones de la persona. Potencia sus capacidades, revela sus cualidades, pule nuestros defectos hasta que deja al descubierto el tesoro que todos llevamos dentro. Nos ayuda a obtener lo mejor de las personas que Dios pone en nuestro camino.

La promoción como valor

Al llegar aquí me topé con el valor de la “promoción”. Si bien este término ya había aparecido antes en mi experiencia como docente, fue aquí, en mi centro de trabajo, donde cobró sentido, convirtiéndose en la clave de lo que tenía delante, entre mis manos, a diario. Dios me trajo aquí para ver de cerca que, desgraciadamente, me encontraría con alumnos/as cuya dignidad había sido desdibujada por circunstancias que la vida conlleva.

Esa falta de autoestima, de seguridad, de compañía… despertó en mí una sensibilidad especial por las necesidades de los demás. Esos alumnos, con sus “tesoros” enterrados, necesitaban sentir que alguien volvía a creer en ellos, en sus capacidades, fijar metas y pensar en logros a corto plazo, accesibles y posibles de conseguir.

¡Qué suerte la mía estar ahí en medio! Mi vocación por la docencia siempre me había hecho pensar en dar clase, en compartir mis conocimientos, en ser testigo de su aprendizaje… pero ser partícipe de su crecimiento personal y, en algunos casos, de retomar las riendas de sus vidas, me ha hecho reafirmarme en esa vocación que siento latente desde niña.

Terrenos para sembrar

Un educador no es, ni mucho menos, alguien que transforma al alumno, sino alguien que “sale al encuentro” de ellos, preparando el terreno donde se producirá esa transformación, creando el ámbito propicio para ello, facilitándole el camino, confiando en esa persona, reconociendo cada paso que de adelante y dejando que la persona sea artífice de su propio desarrollo, convirtiéndose en protagonista de su historia.

Precisamente ahora, más que nunca, después de estos terribles meses de pandemia, nos hemos encontrado con muchos casos de alumnos y sus familias que no solo tienen una crisis personal, si no que tienen necesidades materiales y económicas, que también son parte inevitable de ese terreno propicio que cualquier alumno necesita hoy en día para conseguir su meta.

 

Docentes con sensibilidad 2

Este curso, he podido evidenciar la solidaridad de mis alumnos en todo su esplendor, siendo partícipes, organizando y volcándose en campañas de solidaridad para ayudar a los más damnificados por la pandemia, tomando conciencia y viviendo experiencias de acción social, tan concretas, como ayudar a los compañeros de su propio centro.

Solidaridad evangelizadora, que nos hace más humanos y desarrolla la sensibilidad hacia nuestra propia promoción, como bien expresa el Papa Francisco en esta Audiencia a sacerdotes, religiosas y laicas consagradas de la asociación fundada por el Beato Chevrier:

“En efecto, no puedo sino aprobar y alentar la acción pastoral que lleváis adelante, según el carisma propio de vuestros institutos, un carisma que me toca personalmente y que está en el corazón de la renovación misionera a la que toda la Iglesia está llamada: porque existe una ‘íntima conexión entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora’ (Exhortación ap Evangelii gaudium, 178)».

Proyectos Solidarios

Esta solidaridad evangelizadora, encaminada a la promoción de nuestros alumnos, no solo les satisface a ellos, sino que es infinitamente gratificante para nosotros. Tenemos un proyecto en el centro, la “Bolsa de Solidaridad”, de donde se ayuda a los alumnos que lo necesitan.

Esta Bolsa se nutre de nuestras campañas solidarias, de aportaciones voluntarias, anónimas… y, como si del milagro de la multiplicación de los panes y los peces se tratara, esa Bolsa tiene siempre fondos para nuestros alumnos más desfavorecidos gracias a la voluntad y la colaboración de todos.

Cuando haces entrega de material, de dinero, de libros… y te sonríen con la mirada por encima de sus mascarillas, te das cuenta de que cualquier esfuerzo ha merecido la pena. Formar parte de la vida de esos alumnos y verlos promocionar, nos convierte en una “Gran Familia” junto a ellos y a las suyas propias.

De nuevo, cito unas palabras del Papa Francisco que pertenecen a su Encíclica, Fratelli Tutti, 276: “La Iglesia ‘tiene un papel público que no se agota en sus actividades de asistencia y educación’ sino que procura la promoción del hombre y la fraternidad universal. No pretende disputar poderes terrenos, sino ofrecerse como un hogar entre los hogares —esto es la Iglesia—, para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección”.

Termino dejando el testimonio de un antiguo alumno Sopeña, Fabricio, que se sintió acogido y acompañado en nuestra casa. Consiguió sus objetivos, se involucró en la vida pastoral del centro y disfrutó su estancia aquí. Más tarde, se graduó en la Universidad. Promoción en su estado más puro.

Sensibilidad docente 3

Cuando creen en ti, comienzas a creer en ti

“La Fundación Dolores Sopeña me ayudó a dar sentido a mi vida personal y profesional.

Cuando creen en ti, comienzas a creer ti. Hacen que tengas retos y ganas de salir adelante. Aquí no solo forman profesionales académicamente, sino que se guía a la persona para que de lo mejor de sí misma.

Soy parte del legado de la Fundación porque si miro atrás, valoro mi evolución. Creo que cada uno de nosotros tenemos mucho que ofrecer al resto de personas. A nuestro lado puede haber alguien que necesita una mano para descubrir su potencial y está en nosotros crear la capacidad de ayuda a los demás”.

¡FELIZ NAVIDAD!

La Navidad es un momento precioso para dejar sorprender de nuevo y abrir nuestro corazón ante el hermoso signo del Pesebre.

La representación con figuras del Nacimiento de Jesús es el anuncio del Misterio del Hijo de Dios hecho carne, con alegría y sencillez.

Como recuerdo e invitación a ponernos en camino, con la humildad de quien nace y va a dar su vida por todos nosotros, por amor.

Las Catequistas Sopeña os deseamos para esta Navidad la capacidad para abrir nuestros corazones ante el gran Misterio del Portal de Belén y lo que representa, más allá de las figuras que decoran nuestros hogares.

La Luz del Nacimiento de Jesús será siempre guía de nuestra Familia Sopeña, para vivir bajo los valores que también la Beata Dolores Sopeña nos legó y que deben ser la mejor decoración de nuestra Navidad: la vida en familia y en comunidad, la alegría como actitud, la oración para experimentar el amor de Dios, la entrega y servicio a los demás, la cercanía a todos y la sencillez, fruto de la transparencia y la humildad.

Esa Luz es, además, signo de esperanza ante la realidad que vivimos y vive la Humanidad, hermanos todos.

¡Hagamos hueco en nuestra vida, de tanto brillo y cosas vanas a las que se nos conduce, para abrazar a Jesús, pobre y sencillo!

Feliz Navidad

Feliz Navidad

UN LUGAR PARA LA ESPERANZA

Confiar en algo tan humano como la solidaridad es dar lugar a la esperanza, algo que nos recuerda el Papa Francisco: “Si esperas, nunca serás decepcionado”.

En estos tiempos que vivimos y a las puertas de la Navidad, es un excelente momento para tomar conciencia de que todos somos diferentes, pero partes de un mismo todo.

Esa evidencia hace más formidables aún nuestros esfuerzos por tender manos y puentes, por construir mundos con palabras sinceras y honestas, valientes, amables y sanadoras.

Esa fue la experiencia que no comparte aquí Víctor Rivero, Laico Sopeña y profesor en el Centro Sopeña Las Palmas, en este nuevo artículo para la revista ICONO de los Padres Redentoristas.

Tiempos de acogida a la solidaridad

Acoger y reconocer la solidaridad como algo inherente a la naturaleza humana, supone recordar que afrontamos estos tiempos como hermanos e hijos de un mismo Dios.

Acogemos unos tiempos en los que la realidad se ha hermanado con la ficción.  Tanto es así que, a pesar del tiempo transcurrido desde la llegada de la pandemia, todavía soñamos con despertarnos y descubrir que todo ha sido un sueño.

Sin embargo, tal y como nos ha dicho el Papa Francisco en más de una ocasión, miremos con nuevos ojos nuestra existencia y dejemos su lugar a la esperanza. “Es una virtud que nunca decepciona: si esperas, nunca serás decepcionado” (Homilía de Santa Marta, 23 de octubre de 2018). Porque la espera nos regala que la vida acabe siendo un sueño del que no querremos despertar. Y en ese regalo descubriremos el protagonismo de dos palabras que siempre han jugado un papel especial: acogida y solidaridad.

Un lugar para la esperanza

De etimología latina, estos dos términos parecen predestinados a encontrarse siempre en el camino.  La primera, del verbo “acolligere”, nació con la misión de ser usada cuando deseamos dar refugio y compartir el sentido de hogar. La segunda, de “soliditas”, nos descubre una Buena Nueva: somos partes diferentes de un mismo todo. Recordar esto o, lo que es lo mismo, “volverlo a pasar por el corazón”, debe significar un ejercicio de regresión y redescubrirnos como hermanos e hijos de un mismo Dios.

Una peregrinación hacia el verdadero sentido de la solidaridad

Partícipes del Plan de Dios fuimos aquellas personas que, durante el curso pasado, tuvimos el regalo de sentir y vivir el auténtico espíritu de la solidaridad. Invitado por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, el Centro Sopeña Las Palmas participó en un proyecto consistente en crear un telediario solidario.

Alumnado de 4º de la ESO, docentes, colaboradores inmigrantes y profesionales de los medios audiovisuales teníamos la misión de abordar algunos de los temas de eterna actualidad desde la perspectiva programada.

Sin embargo, y ahí se obró el milagro, lo que iba a ser un trabajo cooperativo con el objetivo de lograr un “producto final”, se convirtió en una experiencia de peregrinación hacia el verdadero sentido de la solidaridad.

“Si algo nos ha recordado la pandemia es que el aire que respiramos es compartido. Lo inhalamos, lo exhalamos y viaja hacia otras personas”. Estas fueron aproximadamente las palabras expresadas durante las sesiones iniciales de formación por parte de una de nuestras coordinadoras, marcando así el rumbo de lo que vino después.

Era nuestro primer curso presencial después del significativo confinamiento y este mensaje, mil veces presente desde la llegada de la COVID19, lo acogimos en esta ocasión con un sentido diferente. Lejos de recordarnos el miedo pasado y presente, tornó en una Buena Noticia y nos reveló nuestra naturaleza común y compartida.

Somos solidarios por naturaleza y, por tanto, el carisma que debía tener el proyecto que teníamos entre manos no era una mera cuestión de perspectiva, sino de vocación ineludible e innata.

Tú eres parte de mí

Tarea natural y conversora resultó trabajar para materializar este espíritu en un proyecto en el que participaban personas con diferentes orígenes, circunstancias, motivaciones, culturas y creencias.

Pocas veces se presentaba en el camino una oportunidad tan trascendente de sentir la evidencia de que la variedad encuentra su respeto y legitimidad desde una concepción global.

Temas despertadores de históricos debates como la inmigración en Canarias o la situación del Sáhara convivieron y fueron acogidos desde todos sus matices y expresiones, descubriéndonos que lo que afecta a unos, lo sentimos todos.

El Papa Francisco nos decía en la Evangelii Gaudium, n. 87, que “la palabra solidaridad es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad”.

En la experiencia compartida, la magia de la solidaridad no solo sembró la armonía en una orquesta compuesta con instrumentos tan distintos, sino que nos convirtió en enviados de la que era la auténtica noticia.

Tú eres parte de mí. Sintámonos unidos por el regalo de la vida. Acojamos la solidaridad ahora y siempre porque compartimos un bien común, el regalo de Dios, la solidaridad.

DEL CARISMA DE DOLORES SOPEÑA A LA HERMENÉUTICA DE SUS TEXTOS

Volver a los textos que escribió Dolores Sopeña es siempre acercarse a las fuentes del Carisma para alimentar y continuar con su legado en el hoy de la historia.

En este contexto se han reunido, en dos ciclos de una semana completa cada uno, dos grupos de Catequistas Sopeña en la sede de la Casa Generalicia en Madrid (España).

Como facilitador y experto les ha acompañado el sacerdote Santiago González Silva, Misionero Claretiano, quien ha sido durante muchos años director del Instituto Teológico de Vida Consagrada en Roma, además de contar con un doctorado en Teología y otros.

El trabajo conjunto, la reflexión y análisis de los textos fue una experiencia de encuentro directo y en dialogo con la fundadora, con su mundo, sus experiencias, su espiritualidad, sus búsquedas, su servicio a la Iglesia, etc.

El estudio de las fuentes ha ayudado a enriquecer el Carisma, a resituar lo que ya se ha estudiado sobre los escritos de Dolores Sopeña, a descubrir aplicaciones prácticas que puedan surgir en respuesta a lo que la Iglesia necesita hoy y pide del Carisma Sopeña.

Ha sido una invitación a integrar la hondura de su legado en el estilo Sopeña en el actual momento que vivimos, un modo de ser y de estar en medio del mundo.

Carisma1

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FORMÁNDONOS EN MISIÓN COMPARTIDA

El pasado sábado una comitiva de la Familia Sopeña, formada por Catequistas y Laicas, participó en una jornada organizada por CONFER en la que se reflexionó acerca de la importancia de recibir formación sobre Misión Compartida.

Además de la reflexión teórica, la sesión se centró además en proponer a los asistentes pautas, criterios y orientaciones prácticas para la elaboración de los itinerarios formativos que se llevan a cabo en Misión Compartida.

La formación se prolongó durante toda la mañana en la Sala Arrupe del Espacio Maldonado de los Jesuitas en Madrid.

Organizada por el Área de Misión Compartida de la CONFER iba destinada a animadores, encargados de formación y responsables de la Misión Compartida en las congregaciones.

Las Catequistas Sopeña Rosi Hermosa, Sandra Salazar y María Isabel de Miguel y las laicas de Sevilla, Dolores Martínez y Amparo Romero, aprovecharon el encuentro para intercambiar impresiones con religiosos y laicos de otras congregaciones, con el mismo objetivo de sinodalidad, de compartir responsabilidades en la misión evangelizadora, que a la Familia Sopeña nos dejó definida nuestra fundadora, la Beata Dolores Sopeña.

El Carisma Sopeña está arraigado en la sociedad civil a través del Movimiento de Laicos Sopeña y Sopeña Juvenil.

Son dos grupos abiertos a todos aquellos que quieran dedicar algo de su tiempo a que el mundo sea un poco mejor viviendo su cristianismo de forma más activa y solidaria.

Son motor fundamental dentro del Carisma para construir la fraternidad y contribuir a “hacer de todos, una sola familia”, como era el ideal de Dolores Sopeña.

RECONOCERSE EN EL AMOR DE DIOS

El amor que Dios ha depositado en cada uno de nosotros, en forma de fortalezas y virtudes, es lo que nos impulsa a crecer, a ayudar, a ser mejores, conscientes de que somos hermanos en un mismo mundo, a salir adelante a pesar de las dificultades.

Pero no nos engañemos, a veces, a pesar de los esfuerzos y del amor de Dios, que nunca nos falla, las cosas no nos salen como nos gustaría.

En todos los casos, sin embargo, es importante contar también con el impulso y el apoyo, el amor de las personas más cercanas, que con el objetivo de descubrir esa joya que Dios deja en nosotros, se embarcan en hacer de este mundo, un mundo mejor, más justo y habitable para todos.

Nosotros somos afortunados de tener un excelente ejemplo en Dolores Sopeña.

Pasar del yo y nuestras circunstancias, al nosotros; de una vida simple y costumbrista a una vida entregada y consciente por ser hijos de Dios, es lo que marca la diferencia, precisamente eso tan invisible.

Así nos lo cuenta Ángela Yaneth Franco Silva, Laica Sopeña en Colombia, en este nuevo artículo, escrito para la revista ICONO de los Padres Redentoristas.

Ángela nos da las claves de cuántas personas que pasan por nuestros Centros Sopeña en el mundo se han dado a los demás, les han ayudado a perseguir sus sueños, luchar por sus metas y, cuando llegan a nuestras aulas… han descubierto que también les llega el turno de darse una oportunidad a sí mismos.

LO INVISIBLE: UN SECRETO BIEN GUARDADO

Descubrirnos a nosotros mismos y detectar los recursos con los que hemos sido dotados es abrir la ventana hacia el hallazgo de nuestra riqueza mayor: ser hijos de Dios.

Lo que vemos

María Hermelinda nació en una de las regiones más pobres de Colombia. Trabajó en el campo y cuidó a sus nueve hermanos desde que tenía uso de razón; ella era la mayor. A sus once años, estaba cansada de tanto “trajinar”. Entonces, decidió viajar con una tía a Bogotá para “salir adelante”.

María Hermelinda ha trabajado en el servicio doméstico desde los once años; ahora tiene 64. Gracias a su esfuerzo y dedicación, su hija se convirtió en una profesional.

Un día, María Hermelinda llegó por casualidad al Centro Sopeña. Desde entonces, comenzó a aprender a leer y a escribir; se graduó de Primaria; cursó la Secundaria; asistió a clases de Culinaria y Modistería; “de todo un poco”, como dice ella. Además, asistió entusiasmada a la tertulia dominical, un espacio en el que compartimos la vida y crecemos juntos.

Actualmente, sigue ayudando a su familia en el Chocó; tiene casa propia; su hija vive con el esposo y espera su primer bebé.

Lo que no vemos

Podemos estar con personas como María Hermelinda, una mujer afrodescendiente, robusta, que habla rápido y fuerte, con manos grandes, y ni siquiera imaginar quién es, si se ha alimentado bien, si es desplazada por la violencia, si ha podido estudiar, si sus sentimientos se han ensanchado por la aparición de nuevas relaciones, si su vida tiene un sentido más allá de la realidad de todos los días. Tan solo vemos la superficialidad de su color, vestido y cabello rizado, si nos detenemos en algo, porque, la mayoría de veces, seguimos de largo sin brindar una sonrisa o unos buenos días.

Asimismo, desconocemos el secreto de María Hermelinda. Ella vino a Bogotá para “salir adelante”, para que no la “ignoraran” y, sobre todo, para que no la “insultaran” llamándola “analfabeta” cuando decía que no sabía firmar.

Lo nuestro

Con este pronombre, el panorama empieza a cambiar. Ya no somos seres que buscan el beneficio personal ni nos reducimos a lo que se ve por fuera; ahora somos yo y el otro, los otros y yo: somos “nosotros”.

Objetos del amor de dios

Nos convertimos en personas con un universo interno valioso. No somos tan solo el producto de condiciones particulares (raza, edad, orientación sexual, condición social, creencia política o religiosa). Somos parte de algo mayúsculo y sustancial, que nos otorga una identidad universal: somos hijos de Dios, de un Dios que nos ama, que nos hermana, que quiere nuestra felicidad. Cuando esta verdad nos toca, por arte de amor, nos sorprendemos sentados frente al banquete en donde se sirve la dignidad en porciones iguales.

Dolores Sopeña nos enseña a ser samaritanos en todo momento y lugar, en medio de la calle, en el bus, en las redes sociales. En estos lugares y momentos, podemos acercarnos y ofrecer lo nuestro, lo de todos, ese ser dignos para nosotros mismos y para los demás. Es muy probable que Dolores o una de sus hijas, nosotros mismos u otros tantos, contagiados por esta misión, veamos a personas como María Hermelinda, les abramos las puertas y las invitemos a pasar.

En general, las personas que vienen a estudiar la Primaria a nuestros centros, han ofrecido su vida a otros para acompañarlos en la realización de sus metas, se han olvidado de sí mismas en ese darse continuamente, pero nosotros no nos olvidamos de ellas.

Allí nos encontramos con la gran posibilidad de cambiar la mirada indiferente que anula a las personas, y la interesada que busca sacar provecho de ellas, por una mirada que ve a hijos e hijas amados por Dios, que tienen su propia valía.

En ese sentido, María Hermelinda empieza a encontrar aquello que le hacía falta adquiriendo ciertos conocimientos, compartiendo sus experiencias e intercambiando saberes, ampliando sus horizontes y afectos, acercándose vivencialmente a valores como el amor, la amistad, la solidaridad, la fraternidad, la cercanía, el respeto y la dignidad. María Hermelinda ya no será la misma, pues ha descubierto que ella es hija de Dios y Él es quien la dignifica otorgándole el diploma más meritorio de su vida.

Descubriéndose amado por Dios, el hombre comprende la propia dignidad trascendente, aprende a no contentarse consigo mismo y a salir al encuentro del otro en una red de relaciones cada vez más auténticamente humanas.

Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 4. 

La joya más preciosa

En entrevistas a estudiantes de Primaria, me encontré con estas respuestas:

1.         ¿Para qué aprender a leer y a escribir?        

2.         ¿Por qué lo mantuviste en secreto? 

3.         ¿Qué harás cuando aprendas?

José: 1. Quiero ser importante. 2. Porque me trataban mal. 3. Seré especial y me sentiré feliz.

Juana: 1. Para enorgullecerme de mí. 2. Yo me avergüenzo de mi persona. 3. Le leeré la Biblia a Jesucristo en la iglesia.

Pedro: 1. Por sentirme igual que los demás. 2. Porque me humillan, se burlan de mí. 3. Seguiré adelante estudiando más.

En José, Juana y Pedro, se vislumbra la búsqueda de la joya más preciosa: el descubrir que son hijos de Dios, su más alta dignidad, el más incalculable conocimiento al que pueden aspirar.

Ángela Yaneth Franco Silva

Laica Sopeña. Bogotá (Colombia)

ICONO NOVIEMBRE-21

CIEN AÑOS DEL JUNIORADO

Las Catequistas Sopeña celebramos ayer, jueves 7 de octubre, los 100 años de la incorporación del Juniorado, una de las cinco etapas de nuestra formación religiosa, de exclusiva dedicación a estudios religiosos y civiles, y por la que Dolores Sopeña, nuestra madre fundadora, tenía especial interés.

A pesar de su empeño y sus esfuerzos, la etapa no fue aprobada hasta tres años después de su muerte, concretamente el 7 de octubre de 1921.

La formación de una Catequista Sopeña se entiende como un itinerario paulatino y progresivo que nos ayuda a crecer en la relación con Dios, nos enseña a vivir en comunidad y alienta nuestra entrega al servicio de la Misión.

La conmemoración de esta fecha tan especial para las Catequistas Sopeña tuvo lugar en la Casa de Toledo, la que más veces acogió esta etapa formativa, con una eucaristía, presidida por el sacerdote Juan de Dios y en la que participó el Consejo General, así como otras religiosas y laicos de la Familia Sopeña.

Juniorado al fondo

La celebración de este primer centenario del Juniorado es “un acontecimiento para revisarnos e impulsarnos en nuestra formación permanente, no para detenernos; mirando al futuro con esperanza, contando con la fidelidad de Dios y el poder de su gracia, capaz de obrar siempre nuevas maravillas”.

La etapa del Juniorado fue un “sueño” de Dolores Sopeña. Ella murió antes de conseguir su puesta en ejecución, pero siempre sintió la necesidad de que después de los Primeros Votos, las jóvenes aspirantes dedicaran varios años al estudio y a la oración.

Los Jesuitas, a los que Dolores Sopeña siempre pedía consejo y acompañamiento espiritual, le animaron a emprender, como ellos, esta importante etapa para un mayor servicio al Señor, a afirmarse en la propia vocación, en el conocimiento y vivencia del Carisma Sopeña y para enriquecer el aspecto experiencial en Comunidad.

Celebración de los 100 años del Juniorado

Tras las etapas del Aspirantado, Postulantado y Noviciado, el Juniorado es una etapa de consolidación en la que se realizan estudios superiores religiosos y civiles, se ahonda en el Carisma Sopeña y se asumen las primeras responsabilidades en la misión apostólica.

El lugar elegido para instituir el Juniorado por primera vez fue en la Casa de Santoña, donde permaneció hasta 1933, momento en el que se traslada a Loyola.

Se puede decir que esta etapa formativa es “itinerante” puesto que en estos 100 años las Catequistas Sopeña la han podido seguir en 14 ciudades diferentes de 6 países, europeos y latinoamericanos.

“Las nuevas profesas no serán ocupadas en las Obras del Instituto inmediatamente después de la Primera Profesión, sino que permanecerán dos años, por lo menos, con el fin de hacerse más aptas para trabajar después, alternando estudios con las prácticas propias de la formación, a fin de continuar ejercitándose en la humildad y la abnegación de sí misma. Poco a poco serán iniciadas en los trabajos del apostolado”, reza en las Primeras Constituciones.

 

A IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS

El individualismo que parece campar en nuestras sociedades distorsiona la mirada con la que vemos a nuestros hermanos, pero Dios, que nos mira de otra manera a hombres y a mujeres, nos creó como personas dignas de amor y capaces de amar, nos creó a su imagen y semejanza.

Así es cuando se cumple el primer año de la publicación de la encíclica Fratelli Tutti, en la que el Papa Francisco nos invita a desarrollar la fraternidad de todos en nuestra diversidad y participar así en la construcción de un nuevo mundo, tras los efectos devastadores de la COVID19.

Y así nos lo recuerda Gabriela Reyes, Catequista Sopeña, ahora en Santiago de Chile, en este artículo compartido en la revista ICONO, de los Misioneros Redentoristas. “Solamente respetando la dignidad seremos una sociedad justa”.

 

RESPETO DE LA DIGNIDAD HUMANA, PRINCIPIO DE LA VIDA SOCIAL

 “La doctrina social se desarrolla a partir del principio que afirma la inviolable dignidad de la persona humana”. La Iglesia reconoce el fundamento de esta dignidad en Dios, dador de la dignidad del ser humano, a quien ha creado a su imagen y semejanza. La Iglesia anima en el respeto y cuidado de la dignidad humana. Solamente respetando la dignidad seremos una sociedad justa.

En agosto del 2020, en Audiencia General del día 12, Papa Francisco afirmó que “el coronavirus no es la única enfermedad que hay que combatir, sino que la pandemia ha sacado a la luz patologías sociales más amplias”, como “la visión distorsionada de la persona, una mirada que ignora su dignidad y su carácter relacional”.

“La pandemia ha puesto de relieve lo vulnerables e interconectados que estamos todos. Si no cuidamos el uno del otro, empezando por los últimos, por los que están más afectados, no podemos sanar el mundo”, así lo expresa el Papa Francisco poniendo el énfasis en el respeto a la dignidad de la persona.

Visión distorsionada de la persona

El Papa reconoció el compromiso “de tantas personas que están demostrando el amor humano y cristiano hacia el prójimo, dedicándose a los enfermos, poniendo también en riesgo su propia salud”.

Sin embargo, afirmó que: “el coronavirus no es la única enfermedad que hay que combatir, sino que la pandemia ha sacado a la luz patologías sociales más amplias”, como lo es, sin duda, una “visión distorsionada de la persona, una mirada que ignora su dignidad y su carácter relacional.” Una mirada hacia las demás personas como objeto de uso y desecho, que “fomenta una cultura del descarte individualista y agresiva, que transforma el ser humano en un bien de consumo”.

Creados a imagen y semejanza de Dios

Pero Dios, mira al hombre y a la mujer de otra manera, “Él nos ha creado no como objetos, sino como personas amadas y capaces de amar, nos ha creado a su imagen y semejanza”, dando a la persona una dignidad única, invitando a vivir en comunión con Dios, en comunión con los hermanos y hermanas, en el respeto de la creación, en armonía.

 El Papa resalta un ejemplo evangélico de la distorsión de la mirada desde el individualismo, recuerda a la madre de Santiago y Juan pidiendo a Jesús que sus hijos se sienten a la derecha y a la izquierda del Rey (Mt. 20, 20-28).

Ante esta petición, el Señor propone un nuevo enfoque: “la del servicio y del dar la vida por los otros”. El querer ser superior, es un egoísmo que destruye la armonía.

No podemos ni queremos ser indiferentes ni individualistas, y acogemos con gratitud la petición que el Papa hace al Señor: “que nos de ojos atentos a los hermanos y a las hermanas, especialmente a aquellos que sufren”, reconociendo y respetando la dignidad humana de cada persona, cualquiera sea su raza, lengua, o condición. «La armonía te lleva a reconocer la dignidad humana, aquella armonía creada por Dios».

A imagen de Dios

Inalienable, la dignidad humana

El Papa recordó que “la dignidad humana es inalienable, porque ha sido creada a imagen de Dios”, es el fundamento la vida social que determina los principios de lo cotidiano. En la actualidad, nos dice Francisco, “la referencia más cercana al principio de la dignidad inalienable de la persona es la Declaración Universal de los Derechos del Hombre”. Y afirma que “los derechos no son solo individuales, sino también sociales, de los pueblos y de las naciones”, por tanto, el respeto a toda persona en su dignidad, es el mismo respeto a su Creador.

La comprensión surge de la renovada conciencia de la dignidad de toda persona, esto suscitan una actitud de cuidado y de atención hacia el prójimo. El ser humano al contemplar a las demás personas como hermano, hermana, no como extraño enemigo, lo mira con compasión y lo acoge como miembro de una sola familia.

En palabras del Papa, nos dice que: “Mientras trabajamos por la cura de un virus que golpea a todos indistintamente, la fe nos exhorta a comprometernos seria y activamente para contrarrestar la indiferencia delante de las violaciones de la dignidad humana; la fe siempre exige que nos dejemos sanar y convertir de nuestro individualismo, tanto personal como colectivo”.

 Para finalizar, quiero referirme a una gran mujer, Dolores Sopeña que, en sintonía con el pensamiento del Papa Francisco, nos señala que la fe, en Dios, nuestro Padre, se apoya sólidamente sobre nuestra familia humana. En Cristo, el Hijo por excelencia, somos todos hermanos. Su gran ideal fue: “Hacer de todos, una sola familia en Cristo Jesús”.         

 

HACER DE TODOS UNA SOLA FAMILIA

La celebración esta semana en la Iglesia Católica de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado nos hace reflexionar a las Catequistas Sopeña sobre aquel sueño que a finales del siglo XIX Dolores Sopeña persiguió: “Hacer de todos, una sola familia en Cristo Jesús”.

Repasando el mensaje de los Obispos españoles y bajo el lema de este 2021 “Hace un ‘nosotros’ cada vez más grande”, reconocemos nuestro Carisma en ir más allá de lo conocido y de los conocidos, en salir al encuentro de los alejados, en visitar las fronteras físicas y espirituales.

Creemos firmemente en la dignidad y el valor de las personas migrantes que hacen más ricas y más fraternas, más cristianas y más próximas a Dios, nuestras sociedades, que muchas veces están estancadas en el individualismo y en la ceguera.

Cada uno de nosotros se ha sentido forastero o migrante en algún momento de su vida y, sin embargo, no por eso ha perdido el amor de Dios.

Esta conmemoración el próximo domingo día 26 de septiembre es, según han manifestado los Obispos españoles en su comunicado, “una ocasión para tomar conciencia de la situación del mundo en el que vivimos ante el desafío de las migraciones y las oportunidades que nos ofrecen de cara al futuro”.

La más importante, desde nuestro Carisma, entender que todos estamos interconectados y compartimos viaje y equipaje, aunque son ahora las personas vulnerables, que abandonan trágicamente por diferentes causas sus hogares y países, las que siguen llamando a nuestras puertas.

Igual que a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, Dolores Sopeña tuvo que enfrentar tres grandes retos: la revolución industrial, el anticlericalismo y el distanciamiento cada vez más grande entre clases sociales; ahora, uno de los retos de nuestro tiempo es precisamente, cómo mirar al migrante, al refugiado que llega a nuestro país, a nuestro pueblo y a nuestras fronteras.

Migrantes

Ahora nos toca, haciendo también nuestro el sueño de Dolores Sopeña, “hacer de todos, una sola familia”, acogiendo, protegiendo, promoviendo e integrando.

Como ella, la Familia Sopeña cree firmemente que el contacto y el conocimiento sincero entre las personas elimina prejuicios y estimula el amor fraterno.

Como dijo el Papa Francisco en la misma Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado en 2013: “Todos somos responsables de la vida de quienes nos rodean” y “Cada forastero que llama a nuestra puerta es una ocasión de encuentro con Jesucristo, que se identifica con el extranjero”.