FORMÁNDONOS EN MISIÓN COMPARTIDA

El pasado sábado una comitiva de la Familia Sopeña, formada por Catequistas y Laicas, participó en una jornada organizada por CONFER en la que se reflexionó acerca de la importancia de recibir formación sobre Misión Compartida.

Además de la reflexión teórica, la sesión se centró además en proponer a los asistentes pautas, criterios y orientaciones prácticas para la elaboración de los itinerarios formativos que se llevan a cabo en Misión Compartida.

La formación se prolongó durante toda la mañana en la Sala Arrupe del Espacio Maldonado de los Jesuitas en Madrid.

Organizada por el Área de Misión Compartida de la CONFER iba destinada a animadores, encargados de formación y responsables de la Misión Compartida en las congregaciones.

Las Catequistas Sopeña Rosi Hermosa, Sandra Salazar y María Isabel de Miguel y las laicas de Sevilla, Dolores Martínez y Amparo Romero, aprovecharon el encuentro para intercambiar impresiones con religiosos y laicos de otras congregaciones, con el mismo objetivo de sinodalidad, de compartir responsabilidades en la misión evangelizadora, que a la Familia Sopeña nos dejó definida nuestra fundadora, la Beata Dolores Sopeña.

El Carisma Sopeña está arraigado en la sociedad civil a través del Movimiento de Laicos Sopeña y Sopeña Juvenil.

Son dos grupos abiertos a todos aquellos que quieran dedicar algo de su tiempo a que el mundo sea un poco mejor viviendo su cristianismo de forma más activa y solidaria.

Son motor fundamental dentro del Carisma para construir la fraternidad y contribuir a “hacer de todos, una sola familia”, como era el ideal de Dolores Sopeña.

INMA Y JAVIER, LAICOS SOPEÑA EN LIMA (PERÚ)

Inma y Javier, son Laicos Sopeña. Por cuestiones profesionales están actualmente viviendo en Lima, la capital de Perú, en una casa que tiene unas maravillosas vistas del Malecón, con el océano Pacífico de fondo.

En primera persona nos cuentan cómo está yendo su experiencia con la pandemia también por allá, cómo vive la gente en Perú el confinamiento y cómo afecta a su economía.

Nos confiesan, además, sus temores iniciales cuando oían las noticias que por medio de familia, amigos y medios de comunicación les llegaban de España.

Aquí, el Covid-19 llegó, como a la mayoría de los países americanos, algo más tarde que en Europa.

Poco a poco se fueron detectando casos, lo que llevó en un primer momento a la clausura de las clases presenciales en los colegios. Unos días más tarde se decretó el estado de emergencia y la cuarentena obligatoria acompañada con toques de queda y cierre de fronteras, hechos que por su rapidez fueron muy bien recibidos.

El tiempo ha ido pasando y el Estado ha continuado la cuarentena, aunque los casos nunca han sido tanto como en otros países. A pesar de ello, la cifra de contagiados y fallecidos sigue aumentando.

Perú es un país que vive en la calle y en las reuniones familiares o de amigos. Los mercados populares son callejeros y hay barrios enteros donde todo son comercios.

La gente suele hacer su vida en la calle, desde el desayuno hasta la cena, a la hora de volver a sus casas para descansar.

Laicos Sopeña en Lima

Las medidas de distanciamiento y de aislamiento se dificultan ya que muchas personas dependen de lo que ganen diariamente por sus ventas ambulantes para poder sacar adelante a sus familias.

Los hospitales, que llevan años reclamando recursos se han estado reforzando para la pandemia. Esto, debido a las grandes diferencias dentro de cada zona autonómica, hace que en lugares de la selva, o de alta montaña sea de difícil cumplimiento.

Este es un país muy creyente y esto ayuda a la población a mirar al futuro y confiar plenamente en Dios, por eso aunque cueste mucho sufrimiento la sociedad está muy unida y son conscientes del poder de la unión.

Vista Malecón Laicos Sopeña

De un primer momento de miedo ante el avance de la pandemia en España y la distancia que nos separa de nuestros seres queridos, hemos pasado a una aceptación de la realidad que nos ha ayudado a fortalecer nuestra relación familiar y nuestra fe como Laicos Sopeña para seguir adelante.

Comprometidos en la tarea de hacer un mundo mejor, saldremos con ánimos renovados de seguir ayudando a las personas más necesitadas de nuestro entorno”.

Inma y Javier, Laicos Sopeña, también han querido compartir con nosotros unas fotografías de la plaza de Armas, en el centro histórico de Lima, y de la fachada de la Virgen de La Milagrosa, su parroquia de referencia en la capital peruana, ubicada en el turístico Parque Kennedy.

Desde aquí, les agradecemos que hayan compartido con nosotros sus experiencias. Hasta la vista

GRACIAS POR LA MISIÓN QUE NOS DEJASTE

Catequistas, Laicos y colaboradores de los Centros formativos hicimos realidad una vez más el sentimiento de la Familia Sopeña, compartiendo una eucaristía en la que dar gracias por la vida y la misión que nos dejó nuestra fundadora, la Beata Dolores Sopeña.

La celebración era asimismo un recuerdo por el aniversario de su nacimiento que, cada inicio de año, nos reúne en torno a Jesús, la figura que realmente marcó la vida de Dolores Sopeña y, después, la nuestra.

Y cada miembro de la Familia Sopeña estuvo y está desde su lugar y posición; pero todos iguales de presentes e indispensables para el Carisma y para la continuidad de nuestra Misión, que no es otra que llevar la Buena Nueva a los más vulnerables, a los más alejados de Dios y de la sociedad.

Desde el lema apostólico de este año: Sopeña sueña, hazlo posible, miramos como lo hacía Dolores: con ojos de Jesús. Ella sentía su realidad y la sociedad que la rodeaba como un lugar donde ella podía hacer mejoras.

Superando barreras personales, muchas veces físicas, y contratiempos la Beata Dolores Sopeña comenzó a soñar y, con la ayuda del Espíritu, se desvivió por llevar a todas partes el Evangelio, por extender la palabra de Dios y construir un Reino mejor, con justicia y con fraternidad entre todos los hombres y mujeres, independientemente de su origen y estrato social.

El Instituto Catequista Dolores Sopeña y la Fundación Dolores Sopeña, donde se acoge también al Movimiento de Laicos y a los Jóvenes Sopeña, somos el fruto de ese sueño.

Acción Gracias Dolores Sopeña

Y por eso, conviene que, además de dar gracias, nos paremos a reflexionar sobre ¿qué soñamos nosotros?, si estamos dispuestos a trabajar por nuestros anhelos o ¿a qué estamos llamados cada uno de nosotros?

En la Eucaristía, que no es otra cosa que la reunión de hermanos ante los ojos del Padre, aprovechamos a pedir por todos esos sueños, especialmente el de llevar a cabo la Misión Compartida, esencia de las Catequistas Sopeña y la familia Sopeña en general.

Desde aquí pedimos también la fortaleza y la valentía para hacerlos realidad, de la manera en que lo hizo Dolores Sopeña, con la esperanza y la confianza puestas en Dios.

Gracias Dolores por hacernos partícipes de tu Misión.

INSTRUMENTOS EN MANOS DE DIOS

Visitar Vélez Rubio y Almería, que vieron nacer y crecer a Dolores Sopeña, ha remozado nuestra fe, nos impulsa con las velas henchidas y nos confirma que somos instrumentos en manos de Dios.

El XXXII Encuentro de Laicos y Catequistas, que ha reunido a toda la Familia Sopeña, ha sido un aliento de energía, de inspiración y de comunión. Ahora sentimos que, a través de nosotros, Dios puede obrar maravillas. Ese es el secreto de la fecundidad apostólica.

El encuentro se concibió como una peregrinación, entendida como un recorrido, pero hacia un lugar sagrado, para pedir, tal cual el folleto rezar, agradecer, perdonar… No hay duda de que, para todos los participantes, cada uno a su manera, ha supuesto un tiempo y un espacio de reflexión, de oración, de encuentro con uno mismo y de crecimiento espiritual.

“No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada” Ex 3, 5.

Tras una oración de inicio y el recibimiento de Rosa María Hermosa, Provincial de España del Instituto Catequista Dolores Sopeña, el peregrinaje comenzó en la capital almeriense con la visita a la Iglesia de Santo Domingo, donde una joven Dolores Sopeña, acompañada de su amiga Araceli daba sus primeros pasos de apostolado, pidiendo dinero en sus puertas para ayudar a los más pobres.

Su audacia ya quedaba aquí demostrada, pues usaba toda su imaginación para lograr su objetivo: llevar a Dios hacia los más débiles y desprotegidos, en cualquiera de sus formas.

En aquellos años uno de sus centros de acción estaba en Las Cuevas, por las que también pasaron laicos y catequistas de camino a Vélez Rubio. Allí era donde, en mayor medida, se concentraban las necesidades de muchos almerienses muy pobres.

En su localidad natal nos esperaban amigos y vecinos que no quisieron perderse tan sentido homenaje. Allí la comitiva conoció la ejemplar historia de Dolores Sopeña y de las Damas Catequistas, como así se llamaba al principio a las Catequistas Sopeña, envuelta entre las paredes de la casa que la vio nacer y la parroquia de la Encarnación, donde fue bautizada.

La visión de la cuna de Dolores, en la habitación de sus padres, fue uno de los momentos más emotivos para los laicos que visitaban por primera vez esta localidad.

También la visita a la Parroquia de la Encarnación y la pila donde recibió el bautismo el mismo día de su nacimiento. Allí los asistentes pudimos renovar nuestras promesas bautismales.

Al término de la Eucaristía, intervino una antigua alumna del Instituto Laboral Femenino, que estuvo prestando servicio en el Palacio de los Vélez, para dar testimonio y agradecer a las Catequistas lo que había supuesto a la formación de estas vecinas, la labor de ese centro.

La peregrinación a Vélez Rubio culminó con una ofrenda floral ante la escultura de Dolores Sopeña en la plaza del Rey de la localidad y que tiene como título “El ángel caminante”. El homenaje contó con un emotivo momento cuando los participantes entonaron el Himno Sopeña cogidos de las manos.

De vuelta a la capital almeriense, la mañana del domingo contó con las intervenciones de María Jesús González, Catequista Sopeña, que nos habló de cómo ser instrumentos en manos de Dios; y de la recién reelegida Superiora General, Miryam Ávila, que puso el broche a un encuentro inolvidable.