FRASES Y ORACIONES DE DOLORES SOPEÑA

Para quien tiene el deseo de conocer a Dolores Sopeña tiene al alcance de su mano numerosas fuentes de diversa índole. Una de ellas, pueden ser sus frases y oraciones, recogidas en múltiples publicaciones y reunidas en la web de su Canonización.

Sus hijas, las Catequistas Sopeña, son profundamente conocedoras de la persona de Dolores y de su Carisma, fruto del amor que un día le brindaron y que se ve renovado cada jornada que dedican a lo que antaño fue su misión: llevar a Dios allí donde están los alejados, los que sufren, los que no han tenido la dicha ni el privilegio de conocer a un Dios que lo es todo para Dolores.

También es reveladora de su personalidad y su profunda fe y compromiso cristiano el Testamento Espiritual, una carta que Dolores escribe a sus hijas, las Catequistas Sopeña, el 3 de enero de 1918, poco antes de su fallecimiento, cuando ya era consciente de su Ida al Cielo a reunirse con Dios.

“¡Qué hermoso es irse al cielo sonriendo! Así le sucede a vuestra pobre Madre, que tiene el corazón lleno de contento en estos días desde que veo próxima la hora de mi partida”, se recoge en la carta.

En el libro, “Al calor de tu fuego. Oraciones para la vida cotidiana”, igualmente Dolores Sopeña deja constancia aquí de lo que para ella representa la oración y su forma de vivirla: su comunicación con Dios, como una relación personal, íntima, intensa e ininterrumpida.

De la misma forma, Dolores Sopeña nos ha dejado frases, reflexiones, oraciones que dan cuenta de su inmensa actividad interior, además de su esforzado apostolado dirigido a los más afligidos, a los olvidados.

Justamente, sobre la eficacia apostólica que tanto la desvelaba nos dejó esta reflexión:

“Tres miradas fijas debemos tener para trabajar eficazmente en el apostolado: mirar siempre nuestra pequeñez y fragilidad; tener una confianza ciega depositada en nuestro Señor; vaciar nuestro corazón por completo para que sólo Dios lo llene. Únicamente así, conseguiremos cumplir nuestra misión”.

Frases y oraciones

SEGUIMOS CAMINO HACIA LA SANTIFICACIÓN

A punto de cumplirse el vigésimo primer aniversario de la Beatificación en Roma de Dolores Sopeña, celebrada por San Juan Pablo II el 23 de marzo de 2003, las y los continuadores de su Carisma seguimos en el camino que nos lleva hacia su santificación.

¿Sabes lo que es un proceso de canonización y qué hitos implica?

Para resolver estas y otras dudas y curiosidades, hace ya cuatro años  estrenamos la web Canonización de Dolores Sopeña, con el objetivo de impulsar y mantener viva la Causa y aglutinar en un sitio toda la información que sobre el proceso se fuera produciendo.

Hoy en día es un sitio web con multitud de visitas, que manifiestan una creciente y gozosa necesidad de saber y de ampliar información y muchas solicitudes de reliquias, de intercesión, ofrendas y, en definitiva, de acercamiento al Carisma y conocimiento de la espiritualidad y vida de la Beata.

La web muestra a Dolores Sopeña, modelo y referente de una vida plenamente generosa con el prójimo, entregada a Jesús y comprometida con Cristo. Una inspiración para quienes a día de hoy llevamos adelante la misión compartida que ella con mucho esfuerzo construyó.

Tanto el Instituto Catequista Dolores Sopeña como el Centro Directivo de la Causa de Canonización se unieron para homenajear de esta manera a una mujer excepcional que, a finales del siglo XIX y durante los primeros años del siglo XX, creó su Congregación religiosa y las semillas de lo que será su principal obra apostólica, la Fundación que lleva su nombre.

Pero mucho antes, dedica parte de su juventud a crear asociaciones y escuelas donde se alfabetiza y se enseña el Catecismo en Puerto Rico primero, luego en Cuba y finalmente en España.

Su intensa y diversa actividad misionera da como fruto, además, en 1892, la Asociación de Apostolado Seglar, origen del Movimiento de Laicos Sopeña.

Es la fundación del Instituto Religioso lo que viene a sostener espiritualmente a la asociación laical.

El proceso de Canonización tiene hoy en Roma, pendiente de estudio, un presunto milagro atribuido a la intercesión de Dolores Sopeña, y se inició en 1928 por el entonces obispo de Madrid. El camino de su santificación continúa adelante.

Los Centros y Escuelas de la Fundación Dolores Sopeña en todo el mundo celebran con distintos actos de homenaje esta hermosa fecha, principalmente centrados en exaltar los valores cristianos contenidos en el Carisma Sopeña.

UNA VIDA SOBRENATURAL

Decía Dolores Sopeña que “la vida religiosa es vida sobrenatural y, si no, no es vida religiosa”.

“La Catequista no puede vivir sin una vida de fe viva, sobrenatural, en todo lo que emprende, en todos los momentos del día cree que Dios está con ella y cree firmemente que, con Él, lo puede todo”.

En estas sencillas y clarificadoras frases está la esencia de lo que quería Dolores Sopeña cuando constituyó el Instituto Catequista Dolores Sopeña. Una esencia que se puede concretar en unas características, o virtudes, como a ella le gustaba llamarlas, que serían la base del Carisma.

La Fe Viva y la confianza plena en Dios es lo que la movió a ella toda su vida. Y ella es lo que remarca y recuerda continuamente a las Catequistas coetáneas.

Una “confianza completa en nuestro Señor”. No hay dificultades que así resulten para ella, porque la fe “todo lo allana”.

Y para tener una “fe viva, lo que hay que hacer –según dejó escrito a sus hijas, las Catequistas Sopeña- es arrojarse en los brazos de Dios y que Él disponga”.

“Si no tenemos fe, nos hundiremos siete veces”.

Además, espíritus amplios y mucha alegría espiritual. La madre fundadora considera que la mucha obediencia y la mucha humildad son los cimientos sólidos para el Instituto.

“Con doce Catequistas de voluntad entregada y humilde”, Dolores Sopeña se manifiesta “dispuesta a ganar todo el mundo, más que con cien de escayola”. Esa tiene que ser su vocación.

Quería que las Catequistas Sopeña hicieran las cosas con vehemencia, firmeza y prontitud: “Que seáis fuego, abrasando todo por donde vayáis”.

Ella, que no sucumbió jamás al desánimo, sí alertaba a sus hijas sobre el desaliento, “la tentación más temible”.

“Llevando siempre al hombro la alforja de la constancia, no os desaniméis, luchad sin descanso”.

Igual de importante para Dolores Sopeña eran la entrega total a Dios o la generosidad: “Según recibimos, tenemos que dar”.

Lo mismo con la fortaleza o la vida de sacrificio, virtudes de las que aman a Dios de verdad. Como Catequistas, siente que siempre hay que estar “dispuesta a la batalla”.

Era mucho lo que les pedía y les pide y mucho lo que les daba y le da:

“Las Catequistas que yo quiero para poder morir tranquila deben tener tres cualidades: 1.ª Una humildad sólida y verdadera, que es la base de toda virtud. 2.ª Un amor entrañable al Instituto, estando dispuestas a todo por defender, como leonas, su verdadero y neto espíritu. 3.ª Una fe ciega, estando siempre colgadas de Dios, esperándolo todo de Él”.

“Deberán tener un corazón de fuego, un alma de cielo y una voluntad de hierro”.

 

CUARENTA DÍAS DE REFLEXIÓN

Con el inicio del tiempo de Cuaresma, desde el Instituto Catequista Dolores Sopeña hemos abierto un momento y espacio de introspección, que queremos que se plasme y tenga su efecto en nuestros perfiles de redes sociales. Lo hemos llamado Cuarenta días de reflexión.

La iniciativa se ha planteado como una oportunidad de profundizar en nuestra fe y, teniendo muy en cuenta lo que representa internet y las redes sociales en la actualidad, como instrumento de evangelización.

Para las Catequistas Sopeña, es una nueva forma de estar y ser Misioneras en Medio del Mundo, una frase que cobró sentido desde la labor que, como referente de vida cristiana hizo nuestra madre fundadora, Dolores Sopeña.

Ella se volcó en muchas iniciativas apostólicas por muchos países del mundo y su misión evangelizadora nunca se quedó conforme o estática.

Dolores Sopeña ya abrió nuevos caminos y se valió de cuantos instrumentos puso Dios en su mano para darle a conocer y llegar hasta el rincón más recóndito, hasta el mundo de los alejados de Dios “que no le aman porque no le conocen”, afirmaba convencida Dolores.

Ella se encargaría incansable de darle a conocer. Y ese es nuestro ejemplo y nuestro motor.

La Cuaresma es un excelente momento como decíamos para profundizar en nuestra fe, renovar nuestro compromiso con nuestros hermanos y nuestras hermanas y fortalecer nuestra diálogo y relación con Dios.

Por eso nos hemos propuesto un desafío que trascienda más allá de lo ordinario: «Reto de Cuaresma: 40 días de reflexión».

La Familia Sopeña al completo: Catequistas, laicado, colaboradores y Jóvenes Sopeña estamos llamados a tomarnos un espacio de reflexión que nos permita adentrarnos en el significado de este tiempo sagrado y compartir nuestros anhelos y pensamientos, nuestros compromisos y, también, nuestras dificultades.

La Cuaresma es un tiempo de conversión y crecimiento espiritual, evocando los cuarenta días de Jesús en el desierto, y se nos brinda una oportunidad de enriquecernos como Comunidad.

Pueden ser en forma de reflexión personal, una experiencia, una anécdota inspiradora, una lectura del Evangelio, una oración o cualquier otra expresión

¡Os animamos a uniros a este reto y a hacer de esta Cuaresma un tiempo de verdadero crecimiento y transformación!

 

 

CONOCER A DIOS PARA COMENZAR A AMARLE

No es nada raro, cada día, encontrarnos con personas agradecidas a Dios por haber conocido el  Instituto Catequista Dolores Sopeña y a nuestra fundadora.

Los testimonios de satisfacción y gratitud, también gracias a Dios, abundan en nuestras redes sociales virtuales y en el día a día de los Centros Sopeña, principal obra apostólica de la Institución.

En el Centro Sopeña Guayaquil (Ecuador), un alumno nos transmite en un bello escrito su agradecimiento a Dios y a las Catequistas Sopeña por permitirle “capacitarse en lo espiritual” cuando se acercó para capacitarse técnicamente y actualizarse tras perder su empleo.

Esta difícil situación supuso que su esposa tuviera que migrar fuera del país para buscar una nueva fuente de recursos, lo que provocó en él una depresión.

Consideró providencial que navegando por internet un día fuera a dar con la página de nuestra Fundación allí en Guayaquil. No lo pensó mucho y se inscribió para formarse al día siguiente.

Según sus palabras, “para ser sincero, en mi pensamiento solo estaba venir a este Centro Sopeña para mantener mi mente ocupada, y si pasaba o no el curso, eso no era lo importante en ese momento”.

Pero a medida que iban pasando los días, las enseñanzas del tecnólogo Fernando y “la calidad humana” de todas las personas que le rodeaban iban obrando el milagro de una confianza cada vez más fuerte en sí mismo y en su fuerza y posibilidades.

 Además de la capacitación técnica, este alumno atendía a sus compañeros, les escuchaba sus dificultades y compartía las suyas y eso le hacía sentirse cada vez mejor y más útil.

Agradece especialmente los saludos y la acogida de las Catequistas Sopeña Amadis y Jacqueline, presentes en el Centro, que siempre le recibían “con una sonrisa y una tranquilidad que me transmitían paz”.

Reconoce que el contacto con la Fundación Dolores Sopeña le cambió la vida al permitirle “conocer a nuevos y verdaderos amigos y sentirse apreciado y mucho más cercano a Dios”.

Como no, también se sintió inspirado en todo momento por la gran fortaleza de servicio de Dolores Sopeña con su don de ayudar y capacitar a todas las personas.

En esencia, nuestro agradecido alumno manifiesta feliz que ahora considera que la Fundación no es solo una entidad sin más, sino su familia, “mi gran Familia Sopeña”.

REENCUENTRO CON LA ALEGRÍA MISIONERA

 

“Nosotros podemos ser, para los demás, raíces de alegría”. Estas palabras, pronunciadas por el Papa Francisco durante la XXXVII Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa en agosto de 2023, no hacen sino reiterar la exhortación presente en Evangelli gaudium: Invitar “a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años”.  

Iluminados por esta invitación, los cristianos nos encontramos embarcados en la misión de dibujar un mapa del camino que tenga presente las diversas realidades y que emplee un lenguaje que conecte con los nuevos tiempos.  Y, tal y como ha expresado el Pontífice, que tenga presente que los jóvenes son “realmente la esperanza gozosa de una Iglesia y de una humanidad siempre en movimiento”.

Por este motivo, tras las limitaciones impuestas por el periodo pandémico, la oportunidad del reencuentro con los jóvenes y “sentir la alegría que suele existir entre ellos”, como decía San Juan Bosco, vuelve a sembrar el camino de esperanza.

El regreso de la experiencia de Alegría

El Encuentro Juvenil Sopeña 2023, organizado por el Centro Sopeña Las Palmas en abril de 2023, se concibió, una vez más, como una invitación a sembrar y a compartir una experiencia personal y de fe. Significaba el regreso de la actividad más emblemática de nuestro centro, la ocasión perfecta para ser raíces de alegría.

Después de dos cursos escolares en los que la COVID lo impidió, volvía la convivencia que materializaba de manera especial los valores institucionales de la Fundación Dolores Sopeña: Acogida, Respeto, Salir al Encuentro, Promoción, Solidaridad y Fraternidad.

alegría misionera 1

Tras un periodo pandémico de secuelas no siempre visibles, volver a Salir al Encuentro de los jóvenes se convirtió en el acontecimiento más necesario e ilusionante. Con el lema “Siempre conmigo”, se trataba de recordar, como escribió el Papa, que “con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.

Tras una jornada preparatoria con los docentes y no docentes que iban a participar como monitores, una representación significativa del alumnado, tanto de la ESO como de los Ciclos Formativos, comenzó un encuentro que tuvo como hilo conductor la parábola del Hijo pródigo, El Padre Misericordioso.

A través de esta parábola de Acogida incondicional, muchos se encontraron tras haber estado perdidos. Un tren de emociones y situaciones personales hizo acto de presencia, disfrutando de la escucha y el Respeto de todos y, por tanto, restaurando la Promoción de cada uno de los presentes.  El descubrimiento, además, de lo mucho que nos une y de que somos amados por el mismo Padre, resucitó sentimientos de Solidaridad y Fraternidad que habían estado confinados y que regalaron un ambiente de Familia y ALEGRÍA.

“Jesús se acercó y siguió caminado con ellos” (Lucas 24, 13-55), obrando el Milagro en el Encuentro. Escuchó, participó, comió, bailó, cantó y rio. Fue uno más y ese fue el gran acontecimiento, la Buena Noticia. Jesús está “siempre conmigo” y con Él está presente la Alegría. 

Sentir la Alegría Misionera

El Encuentro Juvenil Sopeña significó redescubrir cómo puede ocurrir el milagro y recordar cuándo experimentamos esa Alegría los que ahora nos encontramos en la Misión de contagiarla.

Ya fuera en un campo de trabajo, en un encuentro juvenil o a través de una persona, sucedió de la mano de un Jesús que caminó con nosotros. A través de un lenguaje sencillo y, mediante parábolas que mágicamente hablaban de nosotros, conocimos y sentimos al que es realmente nuestro monitor y maestro: Cristo. En un ambiente de comunión, familia y Alegría, conectamos con Él y sentimos la Llamada.

“¿Esto se lo van a quedar para ustedes o lo van a llevar a los otros?”, alentó el Papa en la Jornada Mundial de la Juventud. Esa Alegría vivida y sentida como Envío es la que tenemos que saber contagiar y acompañar. Como dijo la escritora Maya Angelou, “la gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir”.

alegría misionera 2

En esta nueva etapa evangelizadora a la que hemos sido invitados, tenemos la apasionante Misión de acercar la Palabra, de compartir el regalo que ofrece Jesús al mundo. Que su Alegría sea contagiada y que con ella se enciendan los corazones de su presencia y esperanza.  Como dijo el Papa, “esto es para llevarlo a los otros porque la alegría es misionera”.

 

Víctor Rivero Sarmiento

Laico Sopeña, profesor de Lengua y Literatura y coordinador de Comunicación en Sopeña Las Palmas

CON ELLA COMENZÓ TODO

La Beata Dolores Sopeña fue esa clase de mujeres, iluminadas por Dios que, a su vez, inspiran a quienes les rodean.

Hoy Catequistas Sopeña, laicos y laicas, alumnos y alumnas, donantes, admiradores… y miles de personas más que han podido conocerla, mantienen más vivo que nunca el legado de una mujer excepcional.

Dolores Sopeña nació un 30 de diciembre en 1948 en un pueblo de Almería, Vélez Rubio, en el que aún se conserva intacta su casa natal.

Desde bien niña enfrentó dificultades para llevar a cabo lo que, estaba segura, era su fortaleza y su misión.

Con una firme y sólida confianza en Dios, sus ojos enfermos pudieron mirar y ver a quién sufría carencias e injusticias a su alrededor.

Pero también supo mirar y motivar a aquellas personas que, viviendo con abundancia y comodidad, tenían sensibilidad social e inquietud apostólica.

No fue una labor fácil, pero su tenacidad logró la creación del hoy Instituto Catequista Dolores Sopeña y la formalización de la Fundación Dolores Sopeña, la principal obra apostólica extendida por buena parte del mundo.

Hoy 10 de enero, conmemoramos como Día de Dolores Sopeña, el día de su fallecimiento, que ocurrió en Madrid en 1918.

ella comenzó

Como cada año, esta fecha y otras importantes en su biografía, los que nos enamoramos un día de su Carisma honramos su muerte celebrando la vida que nos dejó.

Se la honra, por tanto, en los Centros Sopeña y en las Misiones repartidas por Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, España e Italia.

Miles de personas que han pasado por ellos la conocen y saben de su historia emocionante. Saben, porque lo viven, que su empeño mejoró las condiciones de vida de familias trabajadoras que pudieron formarse.

Su visión humanizadora del Evangelio hizo que su lucha se encaminara a ofrecer oportunidades, centrándose en el mundo del trabajo, para que más personas vivieran con dignidad.

¿Quieres saber más de su apasionante biografía?

FELIZ NAVIDAD Y FELIZ 2024

Las Catequistas Sopeña queremos recordar con nuestra felicitación de Navidad y la representación de Jesús, el Niño Dios, María y José, la fortaleza y la esperanza.

Esta Sagrada Familia representa la fe y la confianza en Dios ante las dificultades, representa asimismo la fortaleza que radica en la familia, en los lazos, en las redes cristianas que construimos a partir de nuestro Bautismo.

 Los lazos familiares son lazos de amor, respeto e igualdad que se tejen en una comunidad primigenia en la que se vive, comparte, ama, trabaja, se crea esperanza y se transmite la fe.

Jesús, María y José evocan una fe sólida y un grandísimo amor a Dios. Con ellos, nos sentimos un solo corazón y, como decía nuestra madre fundadora, Dolores Sopeña, “una sola familia en Cristo Jesús”.

Por eso, en la familia Sopeña tejemos familia y tejemos Navidad durante todo el año, a base de los valores de nuestro Carisma.

«El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz intensa, los que habitaban un país de sombras Se inundaron de luz».

(Is 9, 1)

Desde el Instituto Catequista Dolores Sopeña os deseamos una muy Feliz Navidad y Año 2024 lleno de alegría, paz y amor.

UN DON QUE SE RECIBE Y SE COMPARTE

Vivir la fe como como un don que se recibe y se comparte con amor al prójimo fue la herencia que recibió Nuria Barrasa, Laica Sopeña, de su familia.

Esas experiencias vividas hicieron que su fe fuera creciendo día a día y revelaron su vocación, que lleva a cabo hoy, como profesora, en el Centro Sopeña de Sevilla.

Ella cree que el regalo de la fe es un don, un bien para compartir y transmitir. Además, en un artículo para la revista ICONO, Nuria Barrasa nos cuenta la importancia del aprendizaje como agente evangelizador en la tarea educativa. Esa formación que ella tiene la suerte de recibir la vuelve a reencontrar con Dios a través de las personas que la rodean.

Puedes leer completo aquí este interesante artículo:

LA FE ES UN REGALO QUE HAY QUE CUIDAR

Tuve la suerte de nacer en una familia que me enseñó desde muy pequeña que Dios se hace presente en todos los momentos de nuestras vidas y que me dio la herencia más importante que se le puede dar a una niña, unos valores que me fundamentan y me sostienen y que intento transmitir a los que me rodean.

A día de hoy, tengo la certeza de que, si optas por seguir a Dios y vivir desde su propuesta, la vida tiene sentido con mayúsculas.

De una fe de niña a una fe de joven

Afirmaba Benedicto XVI que la fe crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Esto lo pude descubrir gracias a las Hijas de la Caridad en mi infancia y adolescencia. Todas las experiencias de servicio que compartí con ellas (acciones con colectivos desfavorecidos, colaboraciones en comedores sociales, acompañamiento a niños sin hogar, colonias de verano con niños sin recursos…) me llevaron a encontrar a Dios en el otro y a recibir muchísimo más de lo que yo podía dar. Estas experiencias, junto con los momentos de oración, convivencias, escuelas de formación de catequistas y la participación en la Jornada Mundial de la Juventud en Roma, hicieron que mi fe de niña fuera convirtiéndose en una fe de joven, decidida a encontrar la vocación a la que fui llamada.

Llamada a evangelizar

Mi proyecto de vida apostólica que se hace realidad hoy en la familia Sopeña, donde puedo acompañar cada año a personas que vienen buscando una titulación profesional, y que, gracias a la labor de toda una Comunidad educativa, encuentran su vocación. Una Comunidad en camino que, a través de su labor pastoral, llega a jóvenes y adultos que nunca han tenido la oportunidad de conocer a Dios.

Para llevar a cabo esta misión, no puedo dejar de mencionar la importancia de estar en continuo aprendizaje, desaprendiendo para aprender, siendo consciente de la relevancia de la formación del agente evangelizador en la tarea educativa. Cada curso nos enfrentamos a nuevos retos a los que dar respuesta y debemos prepararnos para el precioso desafío de acompañar personas desde su realidad.

el don de compartir la fe

Formación que impulsa a la acción

Quiero compartir desde estas líneas, lo afortunada que fui el curso pasado de poder recibir una formación de Escuelas Católicas en la Universidad de Loyola.  En ella he vuelto a reafirmar mi fe y a sentir que estoy donde Dios quiere que esté.

Tratamos muchos temas fundamentales para un liderazgo educativo que me han interpelado y me han llenado de proyectos e ilusiones. Al igual que me pasaba cuando era adolescente, los ponentes y los compañeros han vuelto a ser para mí un encuentro con Dios a través del otro.  Tengo la certeza de que Dios me habla a través de las personas que me rodean.

Laicos y religiosos de diversos carismas hemos compartido vida en esta formación y hemos creado redes de colaboración fraterna entre nosotros.

Creo cada vez con más firmeza que la Escuela Católica debe estar unida y debemos tejer redes con parroquias, asociaciones religiosas, hermandades… que nos lleven a transmitir el evangelio con nuevas metodologías que se adapten a nuestro mundo actual. Debemos ser capaces de crear espacios de encuentro para niños, jóvenes y adultos donde puedan tener experiencia de Dios.

Debemos ser contadores de historias que lleguen al corazón de cada uno de ellos igual que lo hicieron nuestros predecesores con nosotros.

Como dice el Papa Francisco una comunidad cristiana debe acoger a las personas tal como son, como Dios las ve, con la mirada del amor”. Porque “Dios ve nuestros límites, es verdad, y nos ayuda a sobrellevarlos; pero Dios mira sobre todo al corazón, y ve a cada persona en su plenitud”.

La fe en comunidad

Y para ello es fundamental tener momentos de oración, de encuentro personal, de silencio, porque solos no podemos. Nosotros no somos la misión, sino que llevamos a cabo la misión de Dios y para ello debemos ponerle a Él en el centro.

Es importante tener una comunidad de fe que te impulse y que camine contigo. Como los primeros cristianos que vivían con alegría y sencillez de corazón.

El evangelio siempre debe ser la fuente y la Eucaristía compartida nuestro lugar de encuentro con Dios y con nuestros hermanos.

¿TÚ TAMBIÉN QUIERES SER DOLORES?

Las Catequistas Sopeña lo somos porque un día, de alguna y variada manera, conocimos a Dolores, nuestra fundadora, y nos enamoramos de su Carisma, de su espiritualidad, de su forma comprometida y valiente de estar en el mundo y estar para los que convivieron con ella.

En muchos casos, se trató de un auténtico flechazo de amor a Dios y comunión con la forma en que Dolores Sopeña, mujer adelantada a su tiempo, descubrió el modo de dar a conocer a Dios a todas aquellas personas alejadas por desconocimiento, malas experiencias o prejuicios.

Su sensibilidad a las problemáticas sociales de finales del siglo XIX se plasmó en la promoción humana, el anuncio de Jesucristo y la construcción de un mundo fraterno, como las formas honestas y creíbles de vivir y hacer vivir el Evangelio.

En la publicación Las Catequistas Sopeña nos cuentan, se ponen de manifiesto los rasgos de nuestro Carisma y los elementos esenciales de este estilo de consagración a Dios.

Una a una, expresamos cómo recibimos la inspiración con la que Dios nos llamó, cómo vivimos la oración, nuestra respuesta apostólica en la actualidad o la experiencia de vivir en Comunidad.

La personalidad de la fundadora del Instituto Catequista, la Beata Dolores Sopeña, es el motivo de muchos de los acercamientos a la institución, constituida en 1901.

Te animamos a leerlo y conocernos un poco más.

En el vídeo Yo soy Dolores, que también te invitamos a ver es evidente la convicción y la felicidad en nuestras vidas.

Una confianza que ya aprendimos de Dolores Sopeña, quien aseguró que “Nos arrojamos en sus amorosos brazos, y entonces todo lo podemos y somos conducidas adonde no podíamos imaginar, y hace Apóstoles y Fundadores y todo cuanto le place, porque Él lo es todo y lo puede todo”.

Y tú ¿también quieres ser como la Beata Dolores Sopeña? ¿Quieres continuar con la Misión que hace más de un siglo ella comenzó? ¿Quieres darle un sentido a tu vida a través de la consagración a Dios y la vocación de servir a los demás?

¡Conócenos!