SEGUIMOS CAMINO HACIA LA SANTIFICACIÓN

A punto de cumplirse el vigésimo primer aniversario de la Beatificación en Roma de Dolores Sopeña, celebrada por San Juan Pablo II el 23 de marzo de 2003, las y los continuadores de su Carisma seguimos en el camino que nos lleva hacia su santificación.

¿Sabes lo que es un proceso de canonización y qué hitos implica?

Para resolver estas y otras dudas y curiosidades, hace ya cuatro años  estrenamos la web Canonización de Dolores Sopeña, con el objetivo de impulsar y mantener viva la Causa y aglutinar en un sitio toda la información que sobre el proceso se fuera produciendo.

Hoy en día es un sitio web con multitud de visitas, que manifiestan una creciente y gozosa necesidad de saber y de ampliar información y muchas solicitudes de reliquias, de intercesión, ofrendas y, en definitiva, de acercamiento al Carisma y conocimiento de la espiritualidad y vida de la Beata.

La web muestra a Dolores Sopeña, modelo y referente de una vida plenamente generosa con el prójimo, entregada a Jesús y comprometida con Cristo. Una inspiración para quienes a día de hoy llevamos adelante la misión compartida que ella con mucho esfuerzo construyó.

Tanto el Instituto Catequista Dolores Sopeña como el Centro Directivo de la Causa de Canonización se unieron para homenajear de esta manera a una mujer excepcional que, a finales del siglo XIX y durante los primeros años del siglo XX, creó su Congregación religiosa y las semillas de lo que será su principal obra apostólica, la Fundación que lleva su nombre.

Pero mucho antes, dedica parte de su juventud a crear asociaciones y escuelas donde se alfabetiza y se enseña el Catecismo en Puerto Rico primero, luego en Cuba y finalmente en España.

Su intensa y diversa actividad misionera da como fruto, además, en 1892, la Asociación de Apostolado Seglar, origen del Movimiento de Laicos Sopeña.

Es la fundación del Instituto Religioso lo que viene a sostener espiritualmente a la asociación laical.

El proceso de Canonización tiene hoy en Roma, pendiente de estudio, un presunto milagro atribuido a la intercesión de Dolores Sopeña, y se inició en 1928 por el entonces obispo de Madrid. El camino de su santificación continúa adelante.

Los Centros y Escuelas de la Fundación Dolores Sopeña en todo el mundo celebran con distintos actos de homenaje esta hermosa fecha, principalmente centrados en exaltar los valores cristianos contenidos en el Carisma Sopeña.

UNA VIDA SOBRENATURAL

Decía Dolores Sopeña que “la vida religiosa es vida sobrenatural y, si no, no es vida religiosa”.

“La Catequista no puede vivir sin una vida de fe viva, sobrenatural, en todo lo que emprende, en todos los momentos del día cree que Dios está con ella y cree firmemente que, con Él, lo puede todo”.

En estas sencillas y clarificadoras frases está la esencia de lo que quería Dolores Sopeña cuando constituyó el Instituto Catequista Dolores Sopeña. Una esencia que se puede concretar en unas características, o virtudes, como a ella le gustaba llamarlas, que serían la base del Carisma.

La Fe Viva y la confianza plena en Dios es lo que la movió a ella toda su vida. Y ella es lo que remarca y recuerda continuamente a las Catequistas coetáneas.

Una “confianza completa en nuestro Señor”. No hay dificultades que así resulten para ella, porque la fe “todo lo allana”.

Y para tener una “fe viva, lo que hay que hacer –según dejó escrito a sus hijas, las Catequistas Sopeña- es arrojarse en los brazos de Dios y que Él disponga”.

“Si no tenemos fe, nos hundiremos siete veces”.

Además, espíritus amplios y mucha alegría espiritual. La madre fundadora considera que la mucha obediencia y la mucha humildad son los cimientos sólidos para el Instituto.

“Con doce Catequistas de voluntad entregada y humilde”, Dolores Sopeña se manifiesta “dispuesta a ganar todo el mundo, más que con cien de escayola”. Esa tiene que ser su vocación.

Quería que las Catequistas Sopeña hicieran las cosas con vehemencia, firmeza y prontitud: “Que seáis fuego, abrasando todo por donde vayáis”.

Ella, que no sucumbió jamás al desánimo, sí alertaba a sus hijas sobre el desaliento, “la tentación más temible”.

“Llevando siempre al hombro la alforja de la constancia, no os desaniméis, luchad sin descanso”.

Igual de importante para Dolores Sopeña eran la entrega total a Dios o la generosidad: “Según recibimos, tenemos que dar”.

Lo mismo con la fortaleza o la vida de sacrificio, virtudes de las que aman a Dios de verdad. Como Catequistas, siente que siempre hay que estar “dispuesta a la batalla”.

Era mucho lo que les pedía y les pide y mucho lo que les daba y le da:

“Las Catequistas que yo quiero para poder morir tranquila deben tener tres cualidades: 1.ª Una humildad sólida y verdadera, que es la base de toda virtud. 2.ª Un amor entrañable al Instituto, estando dispuestas a todo por defender, como leonas, su verdadero y neto espíritu. 3.ª Una fe ciega, estando siempre colgadas de Dios, esperándolo todo de Él”.

“Deberán tener un corazón de fuego, un alma de cielo y una voluntad de hierro”.

 

CON ELLA COMENZÓ TODO

La Beata Dolores Sopeña fue esa clase de mujeres, iluminadas por Dios que, a su vez, inspiran a quienes les rodean.

Hoy Catequistas Sopeña, laicos y laicas, alumnos y alumnas, donantes, admiradores… y miles de personas más que han podido conocerla, mantienen más vivo que nunca el legado de una mujer excepcional.

Dolores Sopeña nació un 30 de diciembre en 1948 en un pueblo de Almería, Vélez Rubio, en el que aún se conserva intacta su casa natal.

Desde bien niña enfrentó dificultades para llevar a cabo lo que, estaba segura, era su fortaleza y su misión.

Con una firme y sólida confianza en Dios, sus ojos enfermos pudieron mirar y ver a quién sufría carencias e injusticias a su alrededor.

Pero también supo mirar y motivar a aquellas personas que, viviendo con abundancia y comodidad, tenían sensibilidad social e inquietud apostólica.

No fue una labor fácil, pero su tenacidad logró la creación del hoy Instituto Catequista Dolores Sopeña y la formalización de la Fundación Dolores Sopeña, la principal obra apostólica extendida por buena parte del mundo.

Hoy 10 de enero, conmemoramos como Día de Dolores Sopeña, el día de su fallecimiento, que ocurrió en Madrid en 1918.

ella comenzó

Como cada año, esta fecha y otras importantes en su biografía, los que nos enamoramos un día de su Carisma honramos su muerte celebrando la vida que nos dejó.

Se la honra, por tanto, en los Centros Sopeña y en las Misiones repartidas por Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, España e Italia.

Miles de personas que han pasado por ellos la conocen y saben de su historia emocionante. Saben, porque lo viven, que su empeño mejoró las condiciones de vida de familias trabajadoras que pudieron formarse.

Su visión humanizadora del Evangelio hizo que su lucha se encaminara a ofrecer oportunidades, centrándose en el mundo del trabajo, para que más personas vivieran con dignidad.

¿Quieres saber más de su apasionante biografía?

UN DON QUE SE RECIBE Y SE COMPARTE

Vivir la fe como como un don que se recibe y se comparte con amor al prójimo fue la herencia que recibió Nuria Barrasa, Laica Sopeña, de su familia.

Esas experiencias vividas hicieron que su fe fuera creciendo día a día y revelaron su vocación, que lleva a cabo hoy, como profesora, en el Centro Sopeña de Sevilla.

Ella cree que el regalo de la fe es un don, un bien para compartir y transmitir. Además, en un artículo para la revista ICONO, Nuria Barrasa nos cuenta la importancia del aprendizaje como agente evangelizador en la tarea educativa. Esa formación que ella tiene la suerte de recibir la vuelve a reencontrar con Dios a través de las personas que la rodean.

Puedes leer completo aquí este interesante artículo:

LA FE ES UN REGALO QUE HAY QUE CUIDAR

Tuve la suerte de nacer en una familia que me enseñó desde muy pequeña que Dios se hace presente en todos los momentos de nuestras vidas y que me dio la herencia más importante que se le puede dar a una niña, unos valores que me fundamentan y me sostienen y que intento transmitir a los que me rodean.

A día de hoy, tengo la certeza de que, si optas por seguir a Dios y vivir desde su propuesta, la vida tiene sentido con mayúsculas.

De una fe de niña a una fe de joven

Afirmaba Benedicto XVI que la fe crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Esto lo pude descubrir gracias a las Hijas de la Caridad en mi infancia y adolescencia. Todas las experiencias de servicio que compartí con ellas (acciones con colectivos desfavorecidos, colaboraciones en comedores sociales, acompañamiento a niños sin hogar, colonias de verano con niños sin recursos…) me llevaron a encontrar a Dios en el otro y a recibir muchísimo más de lo que yo podía dar. Estas experiencias, junto con los momentos de oración, convivencias, escuelas de formación de catequistas y la participación en la Jornada Mundial de la Juventud en Roma, hicieron que mi fe de niña fuera convirtiéndose en una fe de joven, decidida a encontrar la vocación a la que fui llamada.

Llamada a evangelizar

Mi proyecto de vida apostólica que se hace realidad hoy en la familia Sopeña, donde puedo acompañar cada año a personas que vienen buscando una titulación profesional, y que, gracias a la labor de toda una Comunidad educativa, encuentran su vocación. Una Comunidad en camino que, a través de su labor pastoral, llega a jóvenes y adultos que nunca han tenido la oportunidad de conocer a Dios.

Para llevar a cabo esta misión, no puedo dejar de mencionar la importancia de estar en continuo aprendizaje, desaprendiendo para aprender, siendo consciente de la relevancia de la formación del agente evangelizador en la tarea educativa. Cada curso nos enfrentamos a nuevos retos a los que dar respuesta y debemos prepararnos para el precioso desafío de acompañar personas desde su realidad.

el don de compartir la fe

Formación que impulsa a la acción

Quiero compartir desde estas líneas, lo afortunada que fui el curso pasado de poder recibir una formación de Escuelas Católicas en la Universidad de Loyola.  En ella he vuelto a reafirmar mi fe y a sentir que estoy donde Dios quiere que esté.

Tratamos muchos temas fundamentales para un liderazgo educativo que me han interpelado y me han llenado de proyectos e ilusiones. Al igual que me pasaba cuando era adolescente, los ponentes y los compañeros han vuelto a ser para mí un encuentro con Dios a través del otro.  Tengo la certeza de que Dios me habla a través de las personas que me rodean.

Laicos y religiosos de diversos carismas hemos compartido vida en esta formación y hemos creado redes de colaboración fraterna entre nosotros.

Creo cada vez con más firmeza que la Escuela Católica debe estar unida y debemos tejer redes con parroquias, asociaciones religiosas, hermandades… que nos lleven a transmitir el evangelio con nuevas metodologías que se adapten a nuestro mundo actual. Debemos ser capaces de crear espacios de encuentro para niños, jóvenes y adultos donde puedan tener experiencia de Dios.

Debemos ser contadores de historias que lleguen al corazón de cada uno de ellos igual que lo hicieron nuestros predecesores con nosotros.

Como dice el Papa Francisco una comunidad cristiana debe acoger a las personas tal como son, como Dios las ve, con la mirada del amor”. Porque “Dios ve nuestros límites, es verdad, y nos ayuda a sobrellevarlos; pero Dios mira sobre todo al corazón, y ve a cada persona en su plenitud”.

La fe en comunidad

Y para ello es fundamental tener momentos de oración, de encuentro personal, de silencio, porque solos no podemos. Nosotros no somos la misión, sino que llevamos a cabo la misión de Dios y para ello debemos ponerle a Él en el centro.

Es importante tener una comunidad de fe que te impulse y que camine contigo. Como los primeros cristianos que vivían con alegría y sencillez de corazón.

El evangelio siempre debe ser la fuente y la Eucaristía compartida nuestro lugar de encuentro con Dios y con nuestros hermanos.

¿TÚ TAMBIÉN QUIERES SER DOLORES?

Las Catequistas Sopeña lo somos porque un día, de alguna y variada manera, conocimos a Dolores, nuestra fundadora, y nos enamoramos de su Carisma, de su espiritualidad, de su forma comprometida y valiente de estar en el mundo y estar para los que convivieron con ella.

En muchos casos, se trató de un auténtico flechazo de amor a Dios y comunión con la forma en que Dolores Sopeña, mujer adelantada a su tiempo, descubrió el modo de dar a conocer a Dios a todas aquellas personas alejadas por desconocimiento, malas experiencias o prejuicios.

Su sensibilidad a las problemáticas sociales de finales del siglo XIX se plasmó en la promoción humana, el anuncio de Jesucristo y la construcción de un mundo fraterno, como las formas honestas y creíbles de vivir y hacer vivir el Evangelio.

En la publicación Las Catequistas Sopeña nos cuentan, se ponen de manifiesto los rasgos de nuestro Carisma y los elementos esenciales de este estilo de consagración a Dios.

Una a una, expresamos cómo recibimos la inspiración con la que Dios nos llamó, cómo vivimos la oración, nuestra respuesta apostólica en la actualidad o la experiencia de vivir en Comunidad.

La personalidad de la fundadora del Instituto Catequista, la Beata Dolores Sopeña, es el motivo de muchos de los acercamientos a la institución, constituida en 1901.

Te animamos a leerlo y conocernos un poco más.

En el vídeo Yo soy Dolores, que también te invitamos a ver es evidente la convicción y la felicidad en nuestras vidas.

Una confianza que ya aprendimos de Dolores Sopeña, quien aseguró que “Nos arrojamos en sus amorosos brazos, y entonces todo lo podemos y somos conducidas adonde no podíamos imaginar, y hace Apóstoles y Fundadores y todo cuanto le place, porque Él lo es todo y lo puede todo”.

Y tú ¿también quieres ser como la Beata Dolores Sopeña? ¿Quieres continuar con la Misión que hace más de un siglo ella comenzó? ¿Quieres darle un sentido a tu vida a través de la consagración a Dios y la vocación de servir a los demás?

¡Conócenos!

UNA VIDA, UN AMOR, UNA LLAMADA, UNA MISIÓN

La Comunidad de Catequistas Sopeña en La Cisterna, en Santiago de Chile (Chile) ha tenido una preciosa y entrañable celebración de acción de gracias por los 80, 75 y 50 años de vida religiosa de nuestras hermanas Lucía Romero Gil (Bodas de Roble), Marta Eusebia Giménez Fernández (Bodas de Brillantes) y María Angélica de la Barrera Ascencio (Bodas de Oro).

Toda una vida, un amor, una llamada y una misión de estas tres Catequistas, ejemplo de vida de inmensa fidelidad a Dios y a la Iglesia, dentro del Instituto Catequista Dolores Sopeña.

La celebración fue de carácter íntimo y en ella participaron además de las integrantes de la Comunidad de La Cisterna, cinco frailes Franciscanos, que atienden la Parroquia y las necesidades espirituales de las Catequistas, así como otras personas que trabajan en su casa.

llamada

Dos de las tres religiosas celebrantes son españolas de origen, que muy jovencitas surcaron el Atlántico para llegar a América, cuando eso suponía un no regreso a su tierra natal. Gracias a la entrada en vigor del Concilio Vaticano II esa norma cambió.

¡Fiel! Esa palabra es la que más llena mi corazón. DS

LA SUPERACIÓN, UNA GRACIA DE DIOS

En el corazón de Dios siempre existe el deseo de que los hombres y las mujeres salgan adelante, se superen y puedan brindar también oportunidades de superación y fortaleza a sus iguales. Esa es y fue la gracia y el ejemplo de Dolores Sopeña.

Lo constata así, Olga Lucía García Castro, Laica en el Centro Sopeña de Bogotá (Colombia), quien nos lo comparte en un artículo de la revista ICONO.

Para esta Laica Sopeña, nuestra fundadora, Dolores, dejó “con la gracia de Dios, un legado de superación y dignificación para el ser humano”, siendo ella misma, ejemplo de cómo hacer frente a las adversidades y hasta a las propias enfermedades y limitaciones físicas.

El trabajo de la Fundación Dolores Sopeña, obra apostólica de las Catequistas Sopeña, y sus Centros Sopeña repartidos por seis países de Europa y América, no es solo capacitar profesionalmente y ofrecer una formación técnica.

La esencia Sopeña, propia de su Carisma, es la formación integral, que incluye valores y la fortaleza espiritual que nos acompaña en esa superación de las dificultades.

Cuando contamos con la ayuda de Dios, Él actúa y se nos hace presente de mil formas para que no nos sintamos solos y podamos alcanzar nuestras metas dando lo mejor de nosotros mismos.

Puedes leer todo el artículo por aquí:

 

El éxito radica en aprovechar las oportunidades para superarnos

 

Superarse es el reto de la vida. Nuestra misión es encontrar las oportunidades. Tarde o temprano todos nos damos cuenta de que la vida, por más que quisiéramos evitarlo, incluye dificultades espaciadas en el camino y el tiempo. Unas son más complejas que otras; algunas logramos vencerlas; en otras, terminamos dándonos por vencidos.

Pero la diferencia de convertir una dificultad en éxito o fracaso está en la forma en cómo la abordamos y el empeño que pongamos para superarla.  En otras palabras, se trata de la capacidad de aprovechar las oportunidades para superarnos.

Y es que la superación personal es la disciplina que nos lleva a comprometernos con nosotros mismos para ser cada día mejores, para alcanzar nuevas alturas, para aprender más y ampliar nuestros horizontes. Es un proceso largo y constante que nos demanda buena actitud, enfocarnos en aprender cada día más y en practicar lo aprendido sin descanso.

Superarnos no termina con un grado o un diploma que certifique ciertas competencias aprendidas. En realidad, ese es apenas el comienzo, porque a partir de ahí tendremos que luchar porque ese aprendizaje se traduzca en verdadera vocación de servicio, en profesión personal y, ciertamente, en fuente de sustento que recompense tiempo y recursos invertidos. En últimas, en la lucha de la superación personal no debemos negarnos ninguna oportunidad que nos presente la vida.

Todos podemos superarnos

La superación es algo que todos, sin excepción, debemos buscar y podemos alcanzar. Claramente, a unos les costará más que a otros, pues en este recorrido cuentan los recursos económicos disponibles, el tiempo que dediquemos y la disciplina que tengamos. Pero la superación les sonríe a quienes la persiguen con tesón sin dejarse apabullar por las dificultades y sin desistir ante la exigencia.

La superación no implica la misma meta para todos. Para unos, quizás, superarse sea llegar a ser un prestigioso abogado, un negociante millonario, un empresario de renombre o un artista célebre. Para otros, en cambio, quizás su sueño sea sacar adelante un emprendimiento, ser un cocinero aclamado o llevar sus habilidades físicas al límite. Lo cierto es que, para unos y otros, la superación implicará soñar en grande, mejorar cada día el ejercicio de lo que somos y sabemos y fijarse metas cada vez más ambiciosas.

Superarse gracia de dios

 

Aprovechando las oportunidades

Cuando hablamos de superación siempre nos preguntamos qué oportunidades nos ofrece el entorno en que vivimos. Pero superarnos implica una alta dosis de resiliencia. En Colombia hemos vivido 50 años de una violencia interna que ha dejado millones de muertos, viudas, huérfanos, heridos, mutilados, desplazados y pobres. Pese a ello, muchos han sobrevivido a todas las adversidades y han encontrado segundas y hasta terceras oportunidades de superación en instituciones que brindan apoyo y estímulo.

Una oportunidad es una situación que te permite que hagas algo que estabas buscando o que te puede servir para el presente y el futuro. Es una coyuntura favorable, una circunstancia que, si la aprovechas, puede traer grandes beneficios para tu vida, te abre nuevas posibilidades.

La superación, una gracia de Dios

En el corazón de Dios siempre ha estado el deseo de que los hombres y mujeres salgan adelante. A través de la Historia ha habido grandes personajes que, no solo han sido ejemplo de superación personal, sino que han brindado un canal de oportunidades al resto de la Humanidad, por ejemplo, Dolores Sopeña quien, con la gracia de Dios, dejó un legado de superación y dignificación para el ser humano.

Desde nuestra experiencia de generar oportunidades en los Centros Sopeña para las personas más necesitadas económicamente, a lo largo de los años hemos conocido a muchos que han luchado con tesón por superarse y han aprovechado todas las facilidades que la vida les ha brindado.

Es el caso concreto de varios estudiantes que se han capacitado en los diferentes centros de Formación Sopeña y hoy viven en países como España, Estados Unidos, Australia, Brasil y Chile, donde han emigrado para buscar mejores oportunidades laborales y están ejerciendo lo aprendido con gran éxito. Ellos mismos dicen que no olvidan las bases que recibieron, incluyendo los conocimientos, los valores y la fortaleza espiritual que adquirieron en sus años de aprendizaje.

Cuando contamos con la ayuda de Dios, Él actúa con su gracia en la adversidad y nos hace sentir que no estamos solos para alcanzar nuestras metas. En el proceso de superación debemos tener presente siempre este pensamiento: “Estoy jugándome el partido de mi vida, no puedo quedarme en la banca”. Dios nos ayuda a vencer nuestros miedos y aprovechar la oportunidad de superarnos para ser la mejor versión de nosotros mismos.

LA HUELLA DE DIOS EN NOSOTROS

La capacidad de amar es la huella de Dios en cada uno de nosotros y, ni las cosas más terribles que hagamos los hombres, pueden variar esa esencia.

María Jesús González, Catequista Sopeña en Loyola (Guipúzcoa) nos recuerda en un artículo para la revista ICONO de los Padres Redentoristas, que a pesar de la dura realidad que nos rodea cotidianamente, el mundo fundamentalmente también está hecho de actitudes y gestos buenos, que revelan la enorme capacidad de amor que tenemos los seres humanos.

Para ella creer, la fe, se parece a soñar, porque es acercarse al mismo sueño de Dios, a su proyecto más querido, que no es otro que la plena felicidad de sus hijas e hijos, al conocerle y reconocerle como Padre.

Los gestos de amor, las actitudes de entrega y generosidad hacia los demás, nos producen una gran satisfacción “porque brotan de los más original de cada uno, de lo mejor de nosotros mismos”.

Es más, esa satisfacción y esa alegría se proyecta más allá y nos estimula a hacer el bien a nuestro alrededor. Dejando nuestra huella.

Por aquí os dejamos este interesante artículo completo:

CREER PARA SOÑAR

Sacando a flote mis convicciones más profundas como creyente, os ofrezco unas reflexiones muy sencillas, obvias para muchos de vosotros. A mí me ayuda refrescarlas.

Parto de la realidad que todos palpamos, pero me lleva tan lejos que ya no sé si creo o sueño. En realidad, creer se parece a soñar, porque es acercarse al mismo sueño de Dios, a su Proyecto más querido: la plena felicidad de sus hijos, los seres humanos, que consiste en conocerle como Padre. Por este Proyecto lo dio todo, hasta su propio hijo único, para que nos lo diera a conocer y nos enseñara a vivir como hermanos.

Han pasado miles de años y, nosotros hoy, todavía vivimos inmersos en una situación de agresividad y violencia extrema, de grandes peligros y dificultades que afectan a todo el Planeta. No es necesario describirlas. Noticias y escenas nos conmueven y nos parece casi imposible tanta maldad o tanta indiferencia ante las enormes desigualdades y sufrimientos, evitables, que conocemos.

Injustas desigualdades

Por un lado, las maravillas de la ciencia y de la técnica, la satisfacción de toda clase de necesidades, el alto nivel de bienestar y de lujo para una minoría y la pobreza suma y la falta de oportunidades para millones de seres humanos. Las guerras, las diversas persecuciones, las sequías y falta de alimentos los obligan a emigrar.

Todo esto tiene una causa: el egoísmo y la avaricia desmedida del ser humano mismo. Nosotros lo producimos, en distinta medida, siendo más responsables los que tienen en su mano las grandes decisiones.

El hombre es un lobo para el hombre“. La Historia nos demuestra que este dicho tiene mucho de verdad; pero podríamos aclararlo más así: Cuando el hombre es lobo para el hombre, ya no es hombre sino lobo. Se ha deshumanizado.

El hilo de mi reflexión continúa y me animo a ir un poco más lejos, al fondo del corazón humano, atravesar la dura corteza de egoísmo y soberbia para encontrar la bondad, la compasión, la ternura y la posibilidad de amar.

huella de amor

Dios nos creó a su imagen y dejó en el ser humano su preciosa huella indeleble. “Vio Dios cuanto había hecho y todo estaba muy bien”. Sabemos lo que pasó después… el pecado, el desastre. Pero ese pecado no borró su imagen en el ser humano porque es lo que nos constituye. Sí. Esa imagen quedó alterada, desfigurada, oscurecida, a veces invisible, pero conserva algo, como un rayito de lo más propio de Dios: la capacidad de amar.

Oasis de amor

Y los efectos de esa huella divina se hacen presentes. No son teorías o sueños, son hechos. Como en medio de un desierto, emergen pequeños oasis de verdor que nos reconfortan y muestran un camino. Tantos gestos humanitarios preciosos, tantas solidaridades invisibles, tantos servicios desinteresados, tantas generosidades excesivas, tantos heroísmos, no siempre conocidos. De todo esto quizá sabemos menos, pero ¡ahí están! y tienen efectos.

El primero se da en nosotros mismos. Estas actitudes y gestos nos producen una inmensa satisfacción porque brotan de lo más original, de lo mejor de nosotros mismos. Sentimos que nos construyen, nos proyectan más allá de nosotros mismos, nos animan, nos alegran.

También efectos a nuestro alrededor porque estimulan, motivan a hacer el bien. El bien produce bien, así sea imperceptible, nada se pierde, tiende a multiplicarse, es difusivo. Podríamos compararlo con el fuego, que en este momento tenemos tan presente. Basta una chispa para producir un gran incendio.

Por contraste, podemos considerar los efectos de las actitudes y comportamientos egoístas. No satisfacen, producen un placer superficial y pasajero que acaba en una enorme frustración a la que no logramos poner nombre. El insaciable deseo de bienes materiales y poder, la venganza, la falta de perdón, la indiferencia, la arrogancia, la envidia, dejan un inmenso vacío y un sabor amargo. Deshumanizan, destruyen por dentro y producen sufrimiento en otros.

Alerta ante las tentaciones

Nadie está libre del todo de estas tentaciones, son muy atractivas; pero sí podemos estar alerta para no caer en sus propuestas y detectar pronto, antes de que sea demasiado tarde, las redes que pueden envolvernos. Es esencial cuidar que no se erosione la libertad.

El panorama mundial es difícil, pero no debe desanimarnos. Tenemos un gran recurso: la huella de Dios en nosotros: la capacidad de amar.  Puede parecer un perfecto disparate pensar que cada uno puede influir.  Sin embargo, influimos, porque estamos profundamente conectados más allá de nuestro entorno y, de alguna manera, todo repercute en el conjunto. No tenemos instrumentos para medirlo, pero la fuerza del amor existe, “las aguas torrenciales no podrán apagar el amor…”, ni el humano y mucho menos el divino que es su espíritu y nos alienta y nos sostiene, porque nada hay imposible para Dios.

Cuidemos nuestro corazón, nuestros sentimientos, nuestro respeto profundo a los demás, a todos, nuestro deseo de hacer el bien, reconociendo que todos somos hermanos, tenemos un mismo origen y un mismo fin.

Qué gran ideal el que movió a Dolores Sopeña: “Hacer de todos los hombres una sola familia en Cristo”. De otra forma, sería imposible.

 

RENOVAR EL COMPROMISO DE CONSTRUIR EL REINO EN MISIÓN COMPARTIDA

Laicos, laicas y Catequistas Sopeña, la Familia Sopeña, celebró el pasado fin de semana en Barcelona el XXXIII Encuentro Peregrinación, donde renovó su compromiso de construir el Reino de Dios en misión compartida, como ya intuyó Dolores Sopeña hace más de un siglo.

Miryam Ávila, Superiora General del Instituto Catequista Dolores Sopeña, constató en su ponencia que, mientras que algunas personas creen que es tiempo de los laicos, para ella es “el tiempo de todos”, de personas laicas y consagradas, “en tanto que la llamada a construir el Reino de Dios nos atañe a todos”.

Compromiso de familia

La motivación: “Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca” Jn 21, 3.

Y sobre esta idea, que no es novedad para la Familia Sopeña ni para nuestro Carisma, Miryam Ávila insistió en que la Misión en los Espacios de Acción Sopeña (Escuelas, CEPAS y diversas acciones pastorales) tiene sentido “si funcionamos como una verdadera comunidad evangelizadora, es decir, somos seres de comunión, encuentro, manos unidas, proyectos compartidos y caminar de la mano  hacia un mismo fin”.

Este Encuentro de Laicos, laicas y Catequistas Sopeña, con el lema “Una Misión, dos vocaciones”, se diseñó con un sentido de camino, de peregrinación y así se ha celebrado.

Las más de 150 personas asistentes pudimos recalar en Barcelona, donde Dolores Sopeña llegó en 1905, decidida a expandir por allí su Obra, así como en el Monasterio de Santa María de Montserrat, abadía benedictina situada en la montaña de Montserrat, y la Cueva de Manresa, en la ciudad cuna de la orden jesuita, lugares que las circunstancias convirtieron en emblemáticos para ambos Carismas.

Cova compromiso

Se trataba de compartir la alegría del encuentro, la comunión y la oración y andar un camino que ya anduvieron otros muchos miles de personas antes que nosotros y los que vendrán después.

También sirvió este recorrido para beber de sus fuentes de inspiración y conocer un poco más y mejor las motivaciones de Dolores Sopeña y de San Ignacio de Loyola, algunos siglos antes.

El camino nos ha invitado a escuchar lo que a través de sus itinerarios interiores y exteriores Dolores e Ignacio nos han querido comunicar.

Además, el programa incluyó una interesante ponencia a cargo del jesuita Patxi Álvarez de los Mozos, quién nos ofreció sugerencias y propuestas para nuestra misión apostólica en los Centros Socioeducativos Sopeña, poniendo el acento en la construcción de sociedades inclusivas y sostenibles y en la formación de personas conscientes, libres, compasivas y creativas.

Miryam Avila compromiso

LAICOS Y CATEQUISTAS HACEMOS CAMINO EN BARCELONA

Laicos y Catequistas Sopeña retomamos este fin de semana próximo en Barcelona el XXXIII Encuentro Peregrinación siguiendo los pasos de Dolores Sopeña en la capital catalana, en el Monasterio de Santa María de Montserrat, abadía benedictina situada en la montaña de Montserrat, y la Cueva de Manresa, en la ciudad cuna de la orden jesuita.

Nuestra fundadora, a su vez, siguió a principios del siglo XX, concretamente en 1905 y 1906, los pasos de Ignacio de Loyola, quien marcó en ella una intensa espiritualidad ignaciana, con la intención inicial de realizar los Ejercicios Espirituales.

Los caminos, los senderos, los pasos que nos precedieron y los que nos sucederán, serán elementos en torno a los que girará este encuentro de la Familia Sopeña, que es consciente de la grandeza de una misión compartida desde dos compromisos vocacionales diferentes.

Nos reuniremos más de 150 personas con el objetivo también de compartir la alegría misma del encuentro, la comunión y la oración, así como gustar y sentir la novedad del Carisma Sopeña y visitar lugares significativos para Dolores Sopeña: Barcelona (1905), Montserrat (1906) y Manresa (1906), donde nos alimentaremos también de sus fuentes de inspiración.

Los frutos de este encuentro fraternal los iremos viendo y contando próximamente. Podéis seguir pendientes de nuestros perfiles institucionales en las redes sociales y en esta misma web.

Encuentro Barcelona