CULTIVAR UNA VIDA ESPIRITUAL SENCILLA Y PROFUNDA EN MEDIO DEL MUNDO

Cultivar una vida espiritual profunda no exige apartarse del mundo, sino aprender a mirarlo desde dentro con una sensibilidad renovada.

Así lo vivió Dolores Sopeña, cuya espiritualidad sencilla, práctica y alegre sigue siendo una inspiración para los laicos y laicas y jóvenes Sopeña que buscamos un camino de fe auténtico en medio de nuestras responsabilidades diarias.

La primera clave es detenerse. En un mundo acelerado, regalarse unos minutos de silencio permite escuchar lo que de verdad sostiene la vida. No se trata de grandes tiempos de retiro, sino de espacios breves, cotidianos y realistas: un momento al despertar, una pausa antes de entrar al trabajo o un instante antes de dormir. Esa constancia crea hábitos y raíces.

La segunda clave es mirar con compasión. Dolores Sopeña entendía la vida espiritual como una forma de estar: con respeto, disponibilidad y capacidad de encuentro. Practicar una mirada abierta transforma nuestra manera de relacionarnos con los demás y nos ayuda a descubrir la presencia de Dios en las personas de cada día, especialmente en quienes más lo necesitan.

La tercera clave es vivir desde la gratitud. Agradecer lo cotidiano, lo pequeño —un gesto amable, un logro inesperado, un aprendizaje— fortalece el interior y genera una actitud más confiada ante los desafíos. La gratitud no niega que las cosas sean difíciles, pero las ilumina.

La cuarta clave es compartir la vida. La espiritualidad Sopeña invita a construir fraternidad y a crear comunidad. Participar en un grupo, colaborar en un proyecto solidario o simplemente acompañar a alguien que lo necesita forma parte de una fe encarnada, cercana y real.

Vida espiritual meditar

Por último, es esencial cuidar la alegría, un sello propio del carisma Sopeña. Una alegría serena, que nace de hacer el bien y de saberse parte de una misión más grande.

Vivir una espiritualidad sencilla y profunda no requiere huir del mundo, sino transformarlo desde dentro con un corazón disponible, agradecido y fraterno.

VIVIR EN COMUNIDAD: UN REGALO QUE SE COMPARTE

Las Catequistas Sopeña vivimos en comunidad como un lugar, donde descubrimos a diario la presencia de Jesús, que nos invita caminar juntas en la fe compartiendo alegrías, retos y esperanzas.

Vivir en comunidad para nosotras es aprender a amar como Jesús: con paciencia, con alegría y con confianza. Es descubrir que cada día Dios nos regala la oportunidad de ser hermanas.

Queremos ser comunidades alegres, abiertas y llenas de vida, tal y como Dolores Sopeña soñó. Somos distintas en edad, carácter y procedencia, pero unidas por la experiencia de ser llamadas al seguimiento a Jesús.

Compartimos la oración, la mesa, el trabajo y la misión, con las puertas siempre abiertas a jóvenes y laicas y laicos que desean unirse a experiencias de encuentros de fe y fraternidad.

Te invitamos ahora a leer el testimonio de Verónica Oleas, Catequista Sopeña, quien comparte desde su corazón lo que significa para ella este hermoso don de la vida comunitaria.

comunidad 2

VIVIR EN COMUNIDAD. Una vida en familia

Yo, Verónica, Catequista Sopeña, quiero contarte sobre la vida en comunidad, uno de los elementos esenciales de la Vida Consagrada.

Es un don que Dios nos regala juntamente con la llamada, que es don individual. La comunidad está hecha para ser vivida con otras hermanas, con quienes compartimos la alegría de nuestra consagración.

Vivir en Comunidad tiene un significado especial, pues la hermandad es doble y doble también la alegría:

Por un lado, somos hijas de Dios y hermanas de Jesucristo; y, por otro lado, somos hijas de Nuestra Madre Dolores R. Sopeña y hermanas de comunidad.

El modelo de comunidad que deseamos vivir es la Santísima Trinidad: tres personas diferentes que son una sola.

En medio de la diversidad de nacionalidades, edades, capacidades, personalidades, nos hermanamos en torno a la Trinidad y al ideal de Nuestra Madre la Beata Dolores Sopeña.

 Celebramos la fe con las puertas abiertas a jóvenes y laicos, con quienes compartimos vida, mesa y oración. Así nos sostenemos cristiana, humana y fraternalmente.

Verónica Oleas, CS

INSTRUMENTOS DE UNA RENOVACIÓN QUE TRANSFORMA VIDAS

La Fundación Dolores Sopeña, principal obra apostólica de nuestra congregación, ha compartido ya el que será el lema de Pastoral para el curso recién comenzado en los 10 Centros Sopeña en España.

“Sopeña Transforma Vidas” nos invita a mirar más allá de lo cotidiano y contiene una declaración de intenciones, puesto que las Catequistas Sopeña y el conjunto de las comunidades educativas creemos que día a día “cada gesto puede marcar la diferencia: una palabra de aliento, un espacio de escucha, un acompañamiento sincero”.

La transformación comienza en el interior de cada persona, en la manera de pensar, de sentir y de actuar. Y desde ahí, se extiende hacia los demás, creando lazos de fraternidad, respeto y promoción personal.

La Pastoral nos recuerda que nuestros/as destinatarios/as en los Espacios de Acción son personas diversas, con realidades muy diferentes, que necesitan ser acogidas y escuchadas.

Sopeña Transforma Vidas

A ellas ofrecemos un camino en la acción de transmitir la fe, especialmente en los contextos actuales (nueva evangelización), cargado de esperanza y abierto al encuentro.

Este curso ponemos especial atención en dos de nuestros valores institucionales: la promoción y el respeto.

Promoción entendida como impulso y acompañamiento para que cada estudiante descubra y desarrolle sus talentos y, respeto, como base de toda relación humana, reconociendo la dignidad del otro y la propia, al estilo de nuestra madre fundadora la Beata Dolores Sopeña.

Cada inicio de curso es una oportunidad para renovar ilusiones, fortalecer nuestro compromiso y seguir creciendo como comunidad educativa.

El cartel de este curso nos invita a detenernos y reflexionar. ¿Qué significa “transformar la vida” en nuestra realidad diaria? ¿De qué manera podemos ser testigos cada uno de nosotros y nosotras de ese cambio que queremos inspirar a nuestro alrededor? La respuesta está en la coherencia de vida, en la alegría de servir y en la construcción diaria de una comunidad que ama a Dios.

Creemos en el poder de la educación como motor de transformación. No solo de conocimientos, sino de corazones y de proyectos de vida. Con tiempo, esfuerzo y dedicación, juntos podemos marcar la diferencia.

Seguimos transmitiendo el Carisma Sopeña, como invitación a vivir la fraternidad y a ser instrumentos de una renovación que, poco a poco, cambia historias, abre caminos y da sentido. Porque en cada aula, en cada gesto y en cada encuentro… Sopeña transforma vidas.

NUEVO GOBIERNO EN EL INSTITUTO

Las Catequistas Sopeña hemos dado por finalizado su XXII Capítulo General en la Casa de Loyola (Azpeitia-Guipúzcoa) con la elección de Cristina Buenvarón Borrego (Prado del Rey –Cádiz-, 1971) como Superiora General para el próximo sexenio.

La clausura oficial coincidió con una fecha significativa para el Instituto Catequista Dolores Sopeña (ICDS), ya que justo hace 120 años, su fundadora, Dolores Sopeña, recibió el primer comunicado oficial de la Iglesia, el Decreto de Alabanza (Decretum Laudis).

Bajo el lema “Caminar en comunión, sembrando esperanza y construyendo familia”, el Capítulo eligió a las consejeras que acompañarán a Cristina Buenvarón: Pamela Gatica (Chile), primera consejera y vicaria general; Beatriz Domínguez (España), segunda consejera y ecónoma general; María Elena Arenas (Chile), tercera consejera y secretaria general, y María Isabel de Miguel (España), cuarta consejera.

Cristina Buenvarón, con amplia trayectoria apostólica, formaba parte ya del Consejo General en el último sexenio como secretaria general del Instituto, directora general de la Fundación Dolores Sopeña en España y coordinadora de la Misión Apostólica del Instituto.

Nuevo Gobierno 1

Centrada en lo social

Su aportación principal desde su ingreso en el Instituto Catequista ha sido en el ámbito de lo social, concretamente en los Centros de Formación y Capacitación de Personas Adultas (CEPAS) de la Fundación Dolores Sopeña.

En los inicios de sus etapas formativas estuvo en México y un breve paso por República Dominicana, y su trabajo ha sido principalmente en España, en la dirección de los CEPAS y en la Pastoral de las Escuelas Técnico-Profesionales Sopeña y CEPAS.

Durante los últimos años, Cristina Buenvarón, ha liderado junto a un equipo de Catequistas y Laicos/as Sopeña el proceso de Nuevas Formas de Gestión y Organización en el seno de la Fundación Dolores Sopeña, con el objetivo de implantar el trabajo en red y la visión de ampliar la red con América.

Contagiar nuestra vocación

La experiencia compartida de este XXII Capítulo del ICDS vivido durante el mes de agosto, nos impulsa a proseguir en nuestra Misión con el deseo de contagiar la vocación “allí donde estemos”.

El Gobierno General emprende un periodo de discernimiento y acogerá las directrices del Capítulo General del sexenio (2025-2031), para contribuir desde el Carisma Sopeña al servicio de la Iglesia, del Instituto y de la Misión Apostólica.

“Misioneras en medio del mundo”. La Misión es dar a conocer a Dios como Padre y trabajar para crear condiciones mejores que permitan que todos vivamos con la dignidad de hijos de Dios y como hermanos. Su consagración plena y su estilo de vida sencillo, las permite moverse y llegar a cualquier parte del mundo.

CRISTINA BUENVARÓN, NUEVA SUPERIORA GENERAL

Con inmensa alegría y profundo agradecimiento a Dios, compartimos con toda la familia Sopeña y amigos, que Cristina Buenvarón Borrego, de nacionalidad española, ha sido elegida nueva Superiora General del Instituto Catequista Dolores Sopeña.

Que esta nueva etapa se viva como un tiempo de renovación, de fidelidad creativa, para continuar extendiendo la Misión Sopeña en cada rincón donde el Señor nos llame a estar presentes.

Elevamos nuestra oración para que María, Madre de la Esperanza, la cubra con su manto y la fortalezca en este servicio que Dios y el Instituto le confían.

Superiora Buenvarón

COMIENZA EL XXII CAPÍTULO GENERAL

Se ha iniciado nuestro XXII Capítulo General en la Casa de Loyola – Azpeitia (Guipúzcoa) con presencia de dieciséis Catequistas Sopeña Capitulares procedentes de Chile, Ecuador, Cuba, Colombia y España.

Recién finalizados los Ejercicios Espirituales ignacianos agradecemos a Dios “por esta experiencia tan llena de su presencia”, llenas del Espíritu Santo y “con el corazón listo para vivir este XXII Capítulo General como verdaderas seguidoras del Carisma Sopeña”.

Capítulo 1

Es este un tiempo especial en el que nos acompaña el lema “Caminar en comunión, sembrando esperanza y construyendo familia”, inspirado en la sinodalidad y la espiritualidad de comunión que caracteriza la Misión Sopeña.

En su primera llamada, el lema se alinea con la visión de nuestra fundadora, la  Beata Dolores Sopeña, para quien el trabajo conjunto de Catequistas y Laicos Sopeña, refuerza la misión común.

Caminar juntos “implica escuchar, respetar las diferencias y valorar los dones únicos de cada persona” y “unir esfuerzos en la construcción de relaciones más fraternas y solidarias, respondiendo a los desafíos del mundo moderno con una mirada integral”.

En nuestro Carisma, caminar no es un simple acto físico. Lo entendemos como un compromiso continuo de estar presente en las vidas de las personas, especialmente de aquellas más vulnerables, como lo demuestra nuestra presencia en las ciudades y barrios más humildes.

La esperanza es otro eje central de nuestro Carisma, ya que Dolores Sopeña no solo ofrecía oportunidades de superación a través de la formación, sino que inspiraba a creer en un futuro mejor, tanto en lo espiritual como en lo humano.

“Sembrar esperanza significa actuar con fe en cada esfuerzo y revelar que cada pequeña acción tiene el potencial de transformar vidas y comunidades”, dando testimonio de que Dios actúa incluso en los contextos más difíciles.

Y la última llamada de nuestro lema: Construyendo familia recuerda que para Nuestra Madre la familia no es únicamente un concepto biológico, sino más bien una realidad espiritual y social que ha de construirse en todos y cada uno de los encuentros que tenemos con los demás.

Las Catequistas y los Laicos Sopeña somos llamados a ser “instrumentos de unidad y reconciliación”.

Ser familia implica acoger con amor, respetar las diferencias y trabajar juntos por un ideal común y por la Casa Común, promoviendo una solidaridad universal que integre todas las dimensiones de la vida.

Capítulo 8

Durante este tiempo de revisión y proyección se analizará el trabajo realizado y se formularán las líneas de acción que nos acompañarán para fortalecer nuestro Carisma y Misión durante el próximo sexenio.

En la Misa Votiva del Espíritu Santo de apertura del XXII Capítulo General que tuvo lugar el pasado 21 de julio, en la monición las Catequistas Sopeña Capitulares afirmaron “acoger todas las voces de nuestras hermanas, sus inquietudes y esperanzas”.

«Estamos aquí con un corazón abierto, lleno de esperanza y responsabilidad. Comprometidas con la vida y la misión que el Señor ha confiado al Instituto. Pidamos al Espíritu Paráclito que nos ilumine, nos dé discernimiento y nos conceda la gracia de actuar siempre según su voluntad”.

 

 

MISA DE APERTURA DEL XXII CAPÍTULO GENERAL

Las dieciséis Catequistas Sopeña Capitulares han participado hoy lunes 21 de julio en la Misa Votiva del Espíritu Santo como apertura del XXII Capítulo General del Instituto Catequista Dolores Sopeña.

La Eucaristía ha tenido lugar en la Capilla de San Ignacio de la Casa de las Catequistas Sopeña en Loyola – Azpeitia (Guipúzcoa) presidida por el Vicario General de la Diócesis de San Sebastián, D. Mikel Aranguren Zubialki.

La misa votiva del Espíritu Santo es una celebración litúrgica en la que se honra y se invoca al Espíritu Santo.

Se trata de una misa que se ofrece por una intención especial, en este caso, la gracia y la guía del Espíritu Santo en el proceso capitular de las Catequistas Sopeña bajo el lema de ”Caminar  en comunión, sembrando esperanza y construyendo familia”, inspirado en la sinodalidad y la espiritualidad de comunión que caracteriza la Misión Sopeña.

En la monición de entrada las Catequistas Sopeña han pedido que, “así como en el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles, llenándolos de valor y sabiduría para anunciar la Buena Nueva, hoy nos acompañe con la fuerza que necesitamos y su guía”.

Las Catequistas han manifestado acoger “todas las voces de nuestras hermanas, sus inquietudes y esperanzas”.

“Estamos aquí con un corazón abierto, lleno de esperanza y responsabilidad. Comprometidas -añade la monición- con la vida y la misión que el Señor ha confiado al Instituto. Pidamos al Espíritu Paráclito que nos ilumine, nos dé discernimiento y nos conceda la gracia de actuar siempre según su voluntad”.

Capítulo XXII

En esta capilla está el sepulcro de Dolores Sopeña, donde reposan sus restos desde 1923, después de que fueran inhumados desde el camposanto de Nuestra Señora de La Almudena de Madrid, en 1918.

Tras la misa de hoy, las Catequistas Sopeña Capitulares comienzan mañana los Ejercicios Espirituales hasta el 30 de julio, dirigidos por P. Carlos Ignacio Man Ging SJ.

La Constitución del XXII Capítulo General tendrá lugar el domingo 3 de agosto en la misma Casa de Loyola, durante el cual se elegirá a la Superiora General y a su Consejo y se marcarán las directrices del próximo sexenio.

Las Catequistas Sopeña somos una congregación religiosa de derecho pontificio que, desde 1901, constituye el Instituto Catequista Dolores Sopeña. Tenemos una espiritualidad cristocéntrica, eucarística, mariana e ignaciana.

Vivimos un nuevo estilo de consagración religiosa basada en la presencia en medio del mundo y nos dedicamos a la promoción humana y a la evangelización de la familia trabajadora, especialmente en los sectores más alejados de la Iglesia.

Somos “mujeres para los demás”. Nuestra misión es dar a conocer a Dios como Padre y trabajar para crear condiciones mejores que permitan que todos vivamos con la dignidad de hijos de Dios y como hermanos. Nuestra consagración plena y nuestro estilo de vida sencillo, nos permite movernos y llegar a cualquier parte del mundo.

Capítulo General 25

 

 

LA MISIÓN: EXPERIENCIA TRANSFORMADORA

Este año Catequistas Sopeña y Laicos de Ecuador y de Colombia compartieron Misión en Cuenca (Ecuador) y una Laica Sopeña, Michelle Domínguez, ha querido compartir con un bello, íntimo y sincero texto su experiencia con nosotras, con el conjunto de la Familia Sopeña.

Os dejamos sus palabras por aquí:

“Es difícil poner en palabras todo lo que viví durante la Misión en una Comunidad muy bonita llamada «La Unión” junto a las Catequistas Sopeña, pero siento la necesidad de dejar que el corazón hable.

Ha sido una experiencia que me marcó profundamente, con momentos de luz, lucha y sobre todo de encuentro con Dios. Escribo estas líneas con el corazón lleno de recuerdos, emociones y una gratitud inmensa. Esta Misión ha sido, sin duda, una de las experiencias más transformadoras que he vivido.

No fue una experiencia fácil de describir, la Comunidad nos recibió con un cariño inigualable que sobrepasó mis expectativas. Vi rostros marcados por la vida, pero también iluminados por la fe. Escuché historias de lucha, de dolor y esperanza que me confortaron y en cierta forma, me desarmaron por dentro. Es difícil explicar cómo el silencio de una oración compartida o la sonrisa de un niño con tan poco pudo hacer tanto en mí.

Uno de los recuerdos más fuertes que me llevo es el de las visitas a los más viejitos. Fuimos casa por casa y me impresionó ver rostros llenos de años, arrugas que contaban historias, sus cuerpitos cansados pero sus corazones abiertos a recibir la Palabra de Dios. Escucharlos fue un regalo. Muchos de ellos solo querían alguien que los escuchara, que les hablara de Dios y que les dijera que Él nunca los ha abandonado. En sus miradas encontré una fe sencilla, pero profunda. Me hicieron pensar en lo que realmente importa en la vida.

misión transformadora

También vivimos una Pascua Juvenil inolvidable. Tanto los niños como los adolescentes llegaron con una energía contagiosa, con esa alegría espontánea que solo la juventud tiene. Pero detrás de sus risas y juegos descubrimos corazones frágiles y deseosos de conocer más al Señor. Fueron momentos hermosos: dinámicas, cantos, oraciones, silencios que hablaban más que las palabras. Vi cómo algunos se emocionaban al hablar de Dios, cómo otros se atrevían a hacer preguntas difíciles, ver cómo se abrían a la oración, cómo descubrían la presencia de Dios en medio de sus juegos y cómo poco a poco, el Espíritu iba sembrando algo en cada uno, fue algo que me tocó el alma.

Las Catequistas Sopeña fueron un ejemplo de fe y de servicio hacia los demás. Su entrega, su alegría sencilla y su amor por la Misión me enseñaron mucho. No predicaban solo con palabras, sino con su modo de estar, de mirar, de acompañar. Aprendí que la Misión no es solo hablar de Dios, sino encarnarlo en la vida.

Confieso que también tuve momentos de duda y cansancio. A veces sentía que no era suficiente, que no sabía cómo ayudarlas realmente. Pero en esos momentos me recordaba que no estamos allí para resolverlo todo, sino para ser presencia, para sembrar amor. Y fue ahí donde encontré a Dios, justo en mi fragilidad, diciéndome “Estoy contigo”.

Y si algo tengo claro es que esta Misión no habría sido igual sin las Catequistas Sopeña. Gracias a ellas, aprendí que evangelizar no siempre se trata de hablar, sino de ser, de estar, de amar con paciencia, de mirar con compasión. Gracias por su testimonio silencioso, su alegría humilde, su oración constante. Cada gesto suyo fue una enseñanza viva que me mostraron el verdadero rostro maternal de la Iglesia y de Dios.

Regrese distinta, con sentimientos encontrados. Me dolió dejar a las personas que conocí, pero también me llena de esperanza saber que Dios seguirá obrando en sus vidas. Me voy con más preguntas que respuestas, pero también con la certeza de que Jesús caminó con nosotras en cada paso.

Doy gracias a Ti, Señor. Gracias por llamarme, por llevarme hasta esa Comunidad, por hablarme a través de cada rostro, cada momento, cada silencio. Gracias por mostrarme que, aunque soy frágil, Tú puedes hacer maravillas en lo pequeño, si me dejo en tus manos.

Gracias, por tanto. Me pongo en tus manos, Señor, una vez más”.

Michelle Domínguez.

UN NUEVO PAPA Y LOS LEONES INSPIRADORES

Tanto católicos como no católicos siguieron atentos la chimenea instalada en la Capilla Sixtina durante las cuatro votaciones que realizaron los cardenales para elegir a León XIV, anteriormente Cardenal Robert Prevost (hace ahora poco más de un mes).

Lo primero que apareció era su nacionalidad estadounidense, que pronto se complementó con su servicio pastoral realizado principalmente en Perú, donde su querida diócesis de Chiclayo tuvo una mención especial en su primer saludo desde el balcón que da a la Plaza de San Pedro. 

Luego nos habría de marcar su nombre de Pontífice, León XIV. Aunque en el reino animal el león representa reinado, violencia y depredación, en la Iglesia este nombre tiene una connotación diferente.

Se pueden relacionar algunos “leones” de la Iglesia con el nuevo Papa: El mismo Prevost al dirigirse por primera vez al colegio cardenalicio reafirmó lo que la mayoría de nosotros pensaba “Hay varias razones, pero la principal es porque el Papa León XIII, con la histórica Encíclica Rerum novarum, afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial y hoy la Iglesia ofrece a todos, su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial”. 

Otro personaje con este nombre es Fray León, compañero de San Francisco de Asís quien, además de acompañarlo en su misión, documentó posteriormente sus experiencias para perpetuar el carisma franciscano. Del mismo modo, podemos ver al nuevo Papa como un buen compañero de su antecesor, tal como los hermanos franciscanos, lo que se refleja desde su trabajo en la curia romana y sus primeros discursos públicos.  

También en el Carisma de Dolores Sopeña podemos ver puntos de encuentro con estos leones que inspiran al nuevo Pontífice.

De hecho, es en el tiempo de León XIII que surgirá primero la Asociación Apostólica de Laicos y luego el Instituto Catequista Dolores Sopeña y su espiritualidad dialoga profundamente con los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, principalmente desde la promoción de la persona, tanto desde lo espiritual como de lo material;  también con un valor que era clave para Dolores, salir al encuentro del hermano, de la hermana más necesitada, lo que el Papa Francisco llamó la cultura del encuentro.

Oremos por el Papa León XIV para que pueda continuar el camino de Francisco de acogida, misericordia y fraternidad, que promovemos comprometidamente desde la Corporación Dolores Sopeña, en un mundo donde la agresividad, el individualismo y la cultura del descarte ponen en riesgo la dignidad y la vida de tantas personas.  

Post publicado en el blog de Sopeña Santiago (Corporación Dolores Sopeña en Chile).

NUESTRA PASIÓN: DAR A CONOCER A DIOS

Hace unos años que el Instituto Catequista Dolores Sopeña celebró el centenario del fallecimiento de nuestra madre fundadora.

Para aquella fecha tan señalada, con la ayuda de la revista Vida Nueva, elaboramos una publicación que hablaba sobre nosotras como Misioneras en medio del mundo y cuál es nuestra pasión.

Entre otros muchos textos, Asunción Domínguez, Catequista Sopeña, entonces en México y ahora en Rosario (Argentina), nos ofreció su testimonio sobre el apostolado y la evangelización.

Un testimonio que ahora os dejamos íntegro por aquí:

“Para Dolores Sopeña su gran pasión era ‘dar a conocer a Dios’. Desde muy joven dice: ‘Esta es mi vocación’ y sostiene que algunas personas ‘no aman a Dios porque no le conocen’. De igual modo, para las Catequistas Sopeña, dar a conocer a Dios es nuestra razón de ser.

Cuando Dolores Sopeña sueña el Instituto Catequista, escribe: ‘Vi levantarse un plantel de misioneras dispuestas a ir por todos los confines de la tierra, enseñando su Doctrina Celestial hasta los rincones más apartados del mundo, donde la luz del Evangelio no haya penetrado aún’. Sentimos la llamada a anunciar el Evangelio a toda la creación, lo que implica una invitación a ir siempre más allá, a la ‘otra orilla’, en nuestro caso, a los más alejados de Dios, más allá de las fronteras de la Iglesia.

 

Pasión Catequistas

Las Acciones Pastorales Sopeña (APS) son un espacio de acción específico del Carisma Sopeña. Abarcan todas aquellas iniciativas orientadas a la evangelización directa y se concretan en cada lugar, como respuesta a las necesidades y características de las personas, grupos y comunidades, de ahí su gran diversificación y pluralidad: colaboración en la pastoral diocesana, trabajo parroquial, misiones esporádicas y permanentes, ejercicios espirituales, trabajo en barrios, formación, retiros, casas de retiros, cárceles. Las APS siguen las fases propias de la evangelización y tienen una metodología específica que nos garantiza acompañar procesos.

En esta misión, las Catequistas Sopeña nunca vamos solas, es un rasgo carismático motivar a otros y compartir juntos fe y vida”.