EN EL ECUADOR DEL SEXENIO

Alcanzado el ecuador del sexenio, desde el último Capítulo General del Instituto Catequista Dolores Sopeña, en el que Miryam Ávila fue reelegida como Superiora de la institución, retomamos una entrevista publicada en la revista Ecclesia.

En un número dedicado especialmente a los laicos, una de las fuerzas fundamentales del Carisma Sopeña, junto al de las propias Catequistas.

No en vano, Miryam Ávila hace hincapié en que la propia Dolores Sopeña, fundadora del Instituto siempre se hizo acompañar de seglares, especialmente mujeres creyentes que, desde su fe, se sumaron a la evangelización y el apostolado de la palabra y el amor de Dios.

Ahora, a mitad del sexenio de este segundo mandato, las Catequistas Sopeña, trabajando en más de ocho países del mundo, siguen con la evangelización en los lugares más remotos, no solo físicamente, si no en lo social y en lo espiritual.

En las periferias a las que tanto se refiere también el Papa Francisco.

Es un desafío que se adoptó bajo el velo de la Misión Compartida, algo que no es una novedad para las Catequistas Sopeña.

Su principal obra apostólica, la Fundación Dolores Sopeña, es donde se revela verdaderamente el trabajo de los que formamos la Familia Sopeña al completo.

Ese trabajo se centra en cada persona, en cada hombre y mujer, principalmente de familias trabajadoras, que por diversas circunstancias no han tenido la oportunidad de formarse, en su más amplio sentido, y de conocer a Dios.

Entonces, en la época de la fundadora, y ahora, esos hombres y mujeres son miembros de familias con dificultades, que han tenido menos oportunidades y que, de alguna manera, se han sentido o se sienten excluidos de una sociedad que no se lo pone fácil.

Mitad de sexenio

Esa es la misión que sigue viva en tantos espacios de acción Sopeña en el mundo.

En la citada entrevista, Miryam Ávila se refiere también al “ser” de las Catequistas. “Somos, antes que nada, mujeres que nos hemos sentido miradas y amadas por Dios y que hemos respondido a la llamada de seguir a Jesús, de darlo a conocer, de hacerlo visible y palpable en un mundo en el que Dios parece el gran ausente”, reconoce con esperanza.

“Para quien no nos conozca, vivimos nuestra consagración total a Dios en medio del mundo, entre la gente más vulnerable, en traje seglar y sin ningún signo religioso externo”, explica Miryam a las potenciales Catequistas que, como reconoce reflexiva, “caen gota a gota”.

Ahora, Miryam Ávila con su Consejo General harán revisión de los objetivos fijados al inicio del sexenio bajo el lema “Renacer a una vida nueva en espíritu de esperanza” (cf. 2 Cor 5,17).

Por un lado, la necesidad de seguir en la acogida y dignificación de las personas más vulnerables y en situaciones o riesgo de exclusión; y por otro, la de dar a conocer a Dios y formar en la fe.

“Esta última línea, trascendental, se convierta en fuego en nuestro corazón, como fue el gran deseo de Dolores”, expresa Miryam Ávila.

 

DEISSY INICIA EL POSTULANTADO EN LA COMUNIDAD DE BOGOTÁ

El pasado domingo 28 de agosto la joven aspirante Deissy Salcedo recibió la Plegaria a las Postulantes que nuestra Comunidad de Bogotá le cantó, como inicio del proceso de Postulantado en nuestro Instituto.

La Plegaria a las Postulantes es una invocación a la Virgen María para que acoja a esta nueva hija bajo su manto y, en ella, las Catequistas Sopeña expresan sus deseos de incorporar a esta nueva integrante a la Comunidad.

Deissy comunidad Bogotá

“El Postulantado es la preparación inicial a la Vida Consagrada. Durante el, la postulante va conociendo la vida espiritual y apostólica del Instituto a través de sus Constituciones, al mismo tiempo que este puede adquirir un conocimiento más completo de su intención, de su idoneidad para la vida religiosa y de sus aptitudes para nuestra especial vocación” (líneas de formación Sopeña).

Las Catequistas Sopeña agradecemos a Dios este nuevo paso que Deissy comienza a dar y le encomendamos todo su caminar.

Hoy en día, el reto de servir a la fe implica una formación profunda y experiencial.

Una formación progresiva de servicio a nuestros semejantes y de disponibilidad completa para la Misión desde nuestro Carisma, el Carisma Sopeña.

Se trata de un itinerario formativo paulatino y progresivo, acompañando nuestra relación con Dios, la convivencia en la Comunidad y la entrega al servicio de nuestra Misión.

Superada la primera etapa, la del Aspirantado, la etapa del Postulantado que inicia Deissy ahora en Bogotá se prolongará durante un periodo de seis meses en los que recibirá el apoyo necesario para continuar con su discernimiento vocacional.

En las cinco etapas de la formación que recibimos las Catequistas Sopeña, a continuación, vendría la etapa del Noviciado –una de las etapas clave-, la etapa del Juniorado y la Tercera Probación –se toma la decisión final de la consagración religiosa-.

Comunidad de Bogotá

VOTOS PERPETUOS DE LOLA

El pasado 25 de junio, Dolores Yamile Quesada Fonseca, a quien toda la Familia Sopeña conoce como Lola, profesó sus votos perpetuos en la Capilla de La Anunciación en la Parroquia Cristo Rey, arropada por familiares, amigos y Catequistas Sopeña, en una ceremonia presidida por el arzobispo de Santiago de Cuba, Monseñor Dionisio García Ibáñez.

“Tú mi fuente”, fueron las palabras representadas en la decoración del templo, como la inspiración de su vocación y experiencia de entrega al Señor, y el fortalecimiento del Instituto Catequista Dolores Sopeña y su Carisma.

Este paso es el punto de llegada de un prolongado camino de formación de diez años, durante el cual la Catequista Sopeña conoce la congregación e interioriza su espiritualidad y misión.

La ceremonia celebra su incorporación definitiva a la Institución y al amor y fidelidad a Dios y el servicio a su Iglesia.

Su servicio, el de las Catequistas Sopeña, misioneras en medio del mundo, será hacía los más desfavorecidos, ayudándoles a vivir con la dignidad que les corresponde y dándoles a conocer a Dios, con el fin último y deseo de la fundadora Dolores Sopeña, la fraternidad entre todas las personas: “Hacer de todos los hombres una sola familia en Cristo Jesús”.

En el tiempo anterior a su consagración definitiva, las Catequistas Sopeña ya han tenido una esmerada preparación religiosa y civil, que responde al desafío que supone hoy servir a la fe y a la Iglesia, y una intensa experiencia apostólica enfocada en la promoción y evangelización de familias trabajadoras en los países del mundo, donde el Instituto Catequista tiene presencia activa.

Durante la homilía, Monseñor Dionisio habló de la esperanza que un momento así deja en nuestra Iglesia y reflexionó acerca de que, a pesar de las dificultades, “con el tiempo hemos llegado hasta aquí cuando una hija de este barrio, esta noche, proclama sus votos perpetuos ante todos nosotros.  Es la acción de la Gracia de Dios actuando en su pueblo».

Votos Perpetuos en Cuba

El sacerdote polaco Darío Pawłoski, que atiende esta Comunidad de La Anunciación y que ofició también junto al arzobispo de Santiago de Cuba, le deseó “mucha fuerza en su nuevo viaje de vida y que Dios y la Virgen de la Caridad del Cobre –patrona de Cuba- la protejan siempre”.

El Padre Darío señaló satisfecho que “la capilla nunca estuvo tan copada de hermanos. Seguramente porque quisieron acompañar a su vecina, amiga y hermana de misión de Guamá”.

Al día siguiente de la ceremonia, en varios camiones, algunos transformados en buses, buena parte de las personas que participaron en ella viajaron hasta la Casa Misión de Uvero para celebrar la fiesta patronal del Sagrado Corazón de Jesús.

Allá se concentraron hermanos de más de 30 poblados dónde la Iglesia católica presta servicio a través de los hermanos de La Salle y las Catequesis Sopeña, ambas congregaciones con grupos de laicos misioneros.

Gran fiesta de fe y de compromiso, la del Sí definitivo de Lola, en estos parajes dónde Dios le fue conquistando el corazón y estás personas sencillas también fueron recibiendo el amor y el servicio de Lola.

Guamá para Lola es también una fuente que la llena de alegría.

Votos Perpetuos anillo

ECONOMÍA CON ROSTRO HUMANO

El Papa Francisco que ha cuestionado de forma reiterada “un modelo de vida económica y social caracterizado por tantas desigualdades y egoísmos” y que “a menudo no duda en explotar a las personas y a los recursos”, nos propone avanzar “hacia una economía sostenible, una economía con rostro humano”.

El Periódico Encuentro de Santiago de Chile, ciudad en la que las Catequistas Sopeña contamos con dos comunidades, convocó un encuentro con cuatro profesionales para reflexionar sobre estas palabras.

El Santo Padre ha invitado a jóvenes economistas y empresarios a sumergirse en la experiencia de San Francisco de Asís, para vivir un proceso de transformación global, que permita cambiar la economía actual y aportar alma a la economía futura.

Entre los convocados por el periódico Encuentro, estaba Gabriela Herrera, Catequista Sopeña en una de las comunidades de la capital chilena.

Gabriela, directora también del Centro Sopeña Santiago de la Corporación Dolores Sopeña, principal obra apostólica del Instituto Catequista Dolores Sopeña en Chile, que tiene como misión la promoción de personas y familias trabajadoras a través de la formación integral, habló precisamente de esta labor.

Según Gabriela Herrera, la promoción integral de la persona, es una “herramienta fundamental en el trabajo que desarrollamos para enfrentar la crisis de precariedad. Sobre todo, en personas que no tienen trabajo y que apuestan por algo para surgir”.

La Corporación Dolores Sopeña –nombre de la Fundación Dolores Sopeña en el país sudamericano- capacita y forma en habilidades y emprendimientos a pobladoras y pobladores de Puente Alto.

Desde esa experiencia, subraya que se tiene que pensar en una economía con “rostro humano y que vaya en favor de la dignidad de la persona”.

Asimismo, se debe “fortalecer el cuidado de la casa común, respetar sus creencias religiosas y que fortalezca esas creencias religiosas a un sentido espiritual trascendental”.

En este concepto, Gabriela Herrera añade, “cabe destacar que no pensamos por ellos, sino que pensamos con ellos y desde ellos y ellas hemos aprendido mucho a dar pasos, a caminar juntos. Por eso estamos convencidos de que es posible una visión hacia una economía solidaria, integral, de bien común, de servicio. Es decir: integral e integrante, afianzando la Doctrina Social de la Iglesia”.

UN ACOMPAÑAMIENTO MUTUO

La Comunidad de Catequistas Sopeña en Sevilla viene trabajando y haciendo acompañamiento en barrios de Sevilla desde hace más de cinco años.

Se trata de una evangelización al estilo Sopeña, materializada desde la salida al encuentro, de buscar y hallar al otro, al hermano o hermana que tiene necesidades básicas importantes que cubrir, pero también un deseo acuciante y firme de encuentro con Dios.

En estos barrios hay muchas personas, inmigrantes latinos, que participan comprometidos en la vida de las parroquias.

En el camino con ellos, las Catequistas Sopeña constatamos que “entre evangelización y promoción humana existen efectivamente lazos muy fuertes, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos” (Cf. EN 31).

Para nosotras, es un acto de fe trabajar por mejorar las condiciones socio económicas de muchos hermanos que dejan atrás un hogar, una familia y su lugar en el mundo para ofrecer lo mejor a los suyos.

Así nos comparten su experiencia Lolo y Sandra, en un artículo de la Revista ICONO. A lo largo del texto, también nos recuerdan que es una labor de acompañamiento mutuo.

De un lado las personas migrantes que se sienten “importantes, útiles y aceptadas” y pueden acceder a nuevos horizontes y oportunidades y, por otro, nosotras que, acompañadas de sacerdotes y laicos, “encontramos en ellos el rostro de nuestro Señor a quien hemos ofrecido la vida en el servicio a los demás”.

Por aquí os dejamos reproducido en su totalidad el artículo:

UNA EXPERIENCIA EN SALIDA

Hace ya cinco cursos que estamos prestando servicios pastorales en las parroquias Nuestra Señora de la Candelaria y Blanca Paloma, enclavadas en los llamados “tres barrios” de Sevilla.  Barrios reconocidos entre los siete más pobres de España; marcados no solo por el desempleo, sino también por el tráfico y consumo de drogas, alcoholismo, deserción escolar, inmigración…

Es un don de Dios poder acercarnos y acompañar la vida de tantas hermanas y hermanos nuestros que buscan y encuentran a Dios en medio de sus vidas agitadas, endebles, precarias e inciertas. Nos sobrecoge toda la bondad y gratuidad que descubrimos día a día en tantos gestos sencillos y sin pretensiones que entre ellos se ofrecen, en palabras del Papa Francisco “el amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor” (F.T 81).

Sacerdotes, laicos y consagrados somos testigos de muchas historias personales y grupales de reencuentro, crecimiento, transformación, promoción y, por qué no, de “redención”. 

Como no responder a la invitación que del Señor hemos recibido para colaborar en el desarrollo de cada persona y de toda la Comunidad.

Acompañamiento en Sevilla

Salir al encuentro

Desde nuestra vocación Sopeña vivimos este servicio de evangelización como un “salir al encuentro”. Para nosotras esto supone una espiritualidad de permanente éxodo, de ponernos en camino para ir al encuentro del otro, dando testimonio de amor cristiano en las necesidades y esperanzas de nuestros hermanos, y preparar así el camino al Evangelio.

No podemos esperar que llamen a nuestra puerta, es urgente que salgamos nosotras al encuentro en sus casas, en la parroquia, en las calles, plazas… y allí donde ellos se juegan la vida.

Los inmigrantes latinos son quienes se acercan a la parroquia buscando apoyo en la Comunidad eclesial para seguir viviendo su fe; ofrecen servicios en la liturgia, hacen voluntariado en el coro y en catequesis.   Son acompañados y asistidos por Caritas y otras instituciones en la búsqueda de vivienda, colegio para los niños, trabajo… La parroquia es un lugar de reencuentro, como si llegaran a su casa; se sienten acogidos, importantes, útiles y aceptados; celebran y expresan su fe con naturalidad y familiaridad.

Caminando junto a ellos es que constatamos que, “entre evangelización y promoción humana existen efectivamente lazos muy fuertes, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos” (Cf. EN 31).

Es un deber social y un acto de caridad acompañar a las personas que sufren; es un imperativo de fe hacer todo lo posible para modificar las condiciones sociales de tantos hermanos que dejan casa, familia y patria para buscar la oportunidad de mejores condiciones de vida.

Acompañar la inserción de inmigrantes es una historia larga y dura. Verlos llegar con “nada” genera un círculo de ayuda, contención y acompañamiento. La falta de documentación y la necesidad de buscar sustento les hace trabajar largas jornadas y en “cualquier cosa”, dejando en casa a los niños solos o al cuidado de vecinos o de hermanos mayores, adolescentes en muchos casos.

Duele en el alma la falta de oportunidades para los jóvenes que se desmotivan y buscan refugio y fuerza en la droga y el alcohol. Tantas veces nos preguntamos ¿Cómo ayudarles a visualizar horizontes claros? ¿Cómo crear oportunidades reales que les hagan soñar futuros ciertos?

Nuestro servicio no está exento de la tentación del “paternalismo y dependencia”. Discernimiento comunitario y criterios claros nos ayudan a reconducir el servicio al Evangelio, promoviendo actitudes de crecimiento, autonomía, voluntad y constancia. Juntos aprendemos a reflexionar, a sacar conclusiones, a intuir por donde pasa Dios iluminando nuestras vidas.

Acompañamiento a alumnos

Acompañar o, mejor dicho, acompañarnos en el camino de buscar y encontrar a Dios presente en el hermano, en los acontecimientos, en los gozos y alegrías diarias, en la salud y en la enfermedad, en la fracción del pan, es un servicio en el que crecemos todos, ellos y nosotras. Ellos descubren oportunidades, apoyos, horizontes de vida nuevos. Nosotras… encontramos en ellos el rostro de nuestro Señor a quien hemos ofrecido la vida en el servicio a los demás.

Laicos y consagrados al servicio de la evangelización y la promoción

Creemos por experiencia que el evangelio ofrece una fuerza liberadora y promotora de desarrollo integral; ayuda a reconocer y respetar la dignidad de cada persona; despierta a la solidaridad, al compromiso y al servicio de los demás.

Este servicio lo prestamos compartiendo horas de voluntariado, oración y formación con laicos generosos, comprometidos y dedicados a la causa de la evangelización y promoción en el seno de la comunidad eclesial.

Lariza Barreto y Santiago Orozco pertenecen al grupo de jóvenes de la parroquia. Se prepararon para los sacramentos y actualmente cursan un Ciclo de Grado Medio en Gestión Administrativa.

 

 

SOLIDARIDAD DEL DÍA A DÍA

Más allá de las grandes campañas, armadas para interpelar a nuestra dormida solidaridad, para grandes necesidades, grandes catástrofes, están los gestos diarios, que conforman una forma de ser, de vivir y de comprender un mundo de hijos de Dios, que se tratan como hermanos y se ayudan.

A Charles Chaplin se le atribuye un dicho que no puede contener más amor y más esperanza: “Haz de los obstáculos escalones para aquello que quieras alcanzar”.

En la Familia Sopeña hemos hecho nuestra la frase y la llevamos más allá, al terreno de la solidaridad entre hermanos. “Sed escalón para todos aquellos que se encuentran con obstáculos”.

Y en esas estamos, construyendo escalones para aquellas personas que, a nuestro alrededor, muy cercanos, están atravesando dificultades.

Esa fue la intención de la campaña que ya ha cumplido un año “Un peldaño para los demás”.

Convertirnos, a través de un pequeño gesto, en ese impulso que está ayudando a muchas personas a no renunciar a sus proyectos de superación.

Por aquí os dejamos un artículo que cuenta muchas cosas sobre “Un peldaño para los demás”, publicado en la revista ICONO de los Redentoristas, en la que Catequistas Sopeña tenemos un hueco.

PEQUEÑOS GESTOS QUE NOS DIGNIFICAN

Muchas veces entendemos la solidaridad en forma de grandes campañas para aliviar o paliar grandes estados de necesidad o ante dramas que nos dejan sensibilizados y sin aliento.

Pero ¿qué hay del día a día? ¿Nos fijamos en los que tenemos justo al lado con sus problemas cotidianos? Amigos con dificultades, vecinos en soledad, compañeros con sueños frustrados… Hay pequeños gestos que dignifican y nos humanizan y construyen el Reino de Dios.

Esos pequeños gestos se convierten en pasos de la escalera que representa la vida de cada uno de nosotros y en la Familia Sopeña quisimos articularlos a través de la campaña Un Peldaño para los Demás.

El propósito, empezando por las Catequistas Sopeña en sus respectivas comunidades de España y Latinoamérica, lleva ya casi un año en marcha y ha dado grandes y jugosos frutos.

El Proyecto Solidario Un Peldaño para los Demás tenía como objetivo ayudar a personas y familias, usuarias o cercanas a los espacios de acción Sopeña en el mundo y evitar que la crisis económica provocada por la COVID19 malograse sus historias de superación y proyectos vitales, formativos o profesionales y lo va consiguiendo.

Es difícil contabilizar cuántas personas exactamente han sentido estos gestos solidarios, porque, en muchos casos, la ayuda ha supuesto una inversión de futuro para todos los miembros de una familia… o de un barrio entero.

No es dar, es construir

Pero lo que sí sabemos, más allá de las cifras, que detrás de cada peldaño construido o reparado hay historias de personas, sueños y aspiraciones de vida que van a seguir hacia delante y no se van a interrumpir.

Estar para los demás, al servicio de quien pueda necesitarnos, dándoles además a conocer a Dios, fue por donde comenzó Dolores Sopeña a probar su vocación, hasta saber cómo consagrarse al Señor.

Con Dolores bendiciéndonos desde el Cielo y ayudándonos más, hemos contribuido a construir y reparar escaleras fuertes y robustas, a veces, muy empinadas, con pasamanos, con rellanos…

La esencia es que nos hemos convertido en ese peldaño que ha permitido a muchas personas no interrumpir su proceso de superación, sus proyectos vitales…

La misión Sopeña hace presente el amor de Dios en medio del mundo, a través de la promoción de las personas, ofreciéndoles oportunidades para desarrollarse y crecer en lo personal y lo profesional a personas que no lo han tenido fácil o claramente en situaciones de desventaja social o vulnerabilidad.

Esa misión ha contribuido además a mantener esas oportunidades y conseguir que no se trunquen.

Solidaridad en Madrid

Setenta y nueve proyectos

Con una recaudación de más de 176.000 euros, hemos llegado a 79 proyectos, 79 “necesidades” detectadas en el entorno de los espacios de acción Sopeña en España, Ecuador, Colombia, Cuba, Chile y Argentina.

Quito, en Ecuador, ha sido el lugar donde más acciones se han llevado a cabo, pero quizás la que ha involucrado a más gente ha sido la desarrollada en el Campamento Millantú, en Puente Alto de Santiago de Chile.

Bajo el nombre “Tendiendo cables”, la acción ha supuesto la conducción de energía eléctrica para más de 600 familias, de tres o cuatro miembros cada una, instaladas en este campamento al borde del río Maipo.

En este espacio conviven personas chilenas y personas migrantes, hermanados por las carencias, la desigualdad, la falta de oportunidades, exacerbadas tras estos dos últimos años de pandemia.

Tienen en común también grandes capacidades, creatividad y espíritu de lucha, así como afán por organizarse colectivamente y buscar alternativas.

Según el testimonio de Gabriela Herrera, Catequista Sopeña y responsable de esta acción, “ha sido bueno y gratificante constatar que hombres y mujeres, más mujeres, se dieron a la tarea” de conducir para todos, la energía eléctrica; “de colaborar en los trabajos, por así decirlo, menores, de cavar hoyos para colocar los postes, acarrear material, hacer mezcla, vigilar los materiales”.

“Hasta los niños –nos continúa explicando- tenían su tarea de ‘no estorbar’ y ofrecer agua a los y las trabajadoras. Las imágenes hablan por sí solas”.

“Por supuesto, el técnico, con una cuadrilla de trabajadores especializados en tendidos eléctricos, supervisaron los trabajos previos de instalación de postes para poder realizar luego sin contratiempos el trabajo requerido”.

Iglesia en salida

Gabriela aclara que en Millantú saben que la Corporación Dolores Sopeña –como se la conoce en Chile- “no es una institución de asistencia”.

Aunque desde la dimensión de la acción social solidaria se responde a una emergencia, derivada de la pandemia, la acción allí consiste en un trabajo constante e integral, por el que esas personas, con el acompañamiento oportuno, salgan adelante con sus propias capacidades.

Además, la misma comunidad ha solicitado iniciar catequesis sacramental.

Gabriela confiesa sentirse “Iglesia en salida “, como dice el Papa Francisco. “Y así nos encontramos más que un campamento, una tierra sagrada habitada por personas en desventaja, que son los predilectos del Señor”.

Haciendo una alegoría con los tiempos de Dolores Sopeña, podríamos decir que nos encontramos en el “Barrio de las Injurias” del siglo XXI en Chile.

 

SALIR AL MUNDO Y CAMINAR

Dolores Sopeña reconoció en muchas ocasiones que, además de su formación académica, su mejor escuela fue siempre salir al mundo y caminar, junto a las personas que se iba encontrando por el camino.

También tuvo clara su misión durante toda su vida: estar cerca de los más vulnerables y dar a conocer a Dios a aquellos que no le aman porque no habían tenido la oportunidad de conocerle.

Una escritora de su Almería natal, Mar de los Ríos, autora de “Tren de lejanías” (Arcopress, Almuzara, 2012) y ‘Casa de ánimas’ (Amazon, 2015), ha publicado en La Voz de Almería distintos itinerarios de la mano y con el ‘con-sentimiento’ de almerienses ilustres.

Uno de estas colaboraciones se la dedicó a Dolores, bajo el título de Paseo con Dolores R. Sopeña y aquí queda reproducido para quien quiera disfrutar de su apasionante lectura:

Doña Dolores Rodríguez Sopeña:

He meditado seriamente si invocarle o no. Me producía muchísimo respeto. Yo no sé cómo dirigirme a una beata, una de las de verdad, declarada por el Papa Juan Pablo II en 2003. Y sin embargo me parecía tan fascinante, tan necesario… Entonces he recordado su lema:

La voluntad de hacer.

Él me lleva a la sombra fresca donde puedo tutear a: la niña Lola.

Y te sientas frente a mí…

Nací en Vélez Rubio un 30 de diciembre de 1848. Mi padre se haría cargo de la gestión del patrimonio del marqués de los Vélez. Allí di mis primeros pasos. Siendo muy pequeña, mi hermano Tomás y yo escapamos al cementerio “a contar los muertos que había”, a consecuencia del cólera que azotaba España… Y con cinco años sentí la primera llamada de Dios para dedicar mi vida a los demás.

Por razones del cargo de mi padre, mi infancia transcurre entre: Albuñol, Guadix, Sorbas, Ugíjar…. Cuando tenía nueve años, me atacó una enfermedad en la vista, y hubo que hacerme una delicada operación que aprendí a soportar; pero los ojos se quedaron ya para siempre alterados…

En 1865 llegamos a Almería, yo tenía 17 años. Y lo que más ilusión me hacía era escaparme de casa para visitar en secreto las cuevas del cerro de La Chanca. La imagen de dos hermanas de mi misma edad me marcaría de por vida. Porque lo peor de estar enferma y ser pobre es que la muerte no se acuerde de una… Junto con mi amiga Araceli nos dedicamos a amparar a aquellas muchachas. Sacábamos todo lo que podíamos de las despensas, pero nos faltaba. Entonces acordamos disfrazarnos de mendigas y pedir limosna en la puerta del templo de la Virgen del Mar, incluso de noche.

Confieso que fuimos muy imprudentes, éramos unas niñas… Araceli se contagió del tifus y yo caí muy enferma de la vista…

—Y es de aquellas cuevas de donde sacaste tu determinación para toda la obra posterior, ayudando a los desvalidos alrededor del mundo. Entre los 150 años que nos separan, hay muchas cosas que aún no han cambiado tanto como debieran… Fuiste tremendamente abierta, lo que ahora llamaríamos moderna, porque tuviste la decencia moral, la vista, de codearte con todos los estamentos para salvar a los invisibles. Muchas más ellas que ellos, porque la miseria tiene cara de mujer de piel oscura.

Los ojos de aquellas muchachas no me abandonaron jamás… Nos marchamos en el 68 a Puerto Rico. Otro cambio político profundo en España nos reportaba un nuevo trabajo para padre. Pero gracias a eso tuve la mejor de las escuelas: salir al mundo y caminar. Allí las mujeres de color fueron mi objetivo. Ellas me apodaron cariñosamente: Niña Lola.

Y tú, lejos de pedir tratamientos de señoritinga, contestabas a sus voces. Porque cuando llegas a América todavía existe la esclavitud… Pero a ti te da igual… Montas teatros y sacas dinero para ellas… Los periódicos de la época dicen que la señorita Rodríguez Sopeña, Dolores, es una gran actriz.

Una mujer compasiva, que sabe del efecto de la educación y del arte sobre el ser humano, no podía tener otro destino que sembrar esa semilla, porque en toda tierra agarra…

Y otra vez un cambio de trabajo de padre a Santiago de Cuba. Aquello fue una gran tragedia. Las muchachas de Puerto Rico llenaron el muelle el día de nuestra marcha, transidas de dolor. Pero dejaba atrás tres centros cívicos funcionando.

Entonces sólo tienes veintitantos años, niña Lola… Y ya eres santa…

En 1876, muere mi madre, mi mayor apoyo, y regresamos a Madrid. Allí me vuelco trabajando en las cárceles, hospitales, escuelas municipales…

Casa de DS en el mundo

En 1883 muere padre. Y en ese momento pretendo entrar en las Esclavas del Sagrado Corazón como religiosa para ayudar a las niñas pobres…

Sí, y no sería la última vez que te dan por inútil… Resulta tan cómico pensar quién era el ciego…

Entonces decido entrar en clausura en diciembre de 1883 en Las Salesas. Duré 10 días, allí comprendí que mi trabajo estaba ayudando a la gente. También asumí que el hábito coarta a parte de la población y que nunca habría de usarlo en mi misión.

Fue uno de tus muchos aciertos. Si tu compasión era universal, tu indumentaria de calle te acercaba a todos.

No obstante, una cruz de madera colgando de mi cinturón era mi bandera… En el 85 vino a mí Pepa la Cigarrera. La conocí en la cárcel y ella me retó a que me atreviera a ir a su barrio, el de Las Injurias.

En los siguientes diez años montamos diversos centros cívicos por multitud de barrios marginales de Madrid.

Entonces asumo que debo iniciar un proceso burocrático para dar forma legal y eclesiástica a tanto esfuerzo. Multitud de viajes y desilusiones, aunque todo compensado por la sonrisa de quien ve a Dios con nuestra ayuda.

Llega 1900 y ya hay 5.412 hombres y 14.890 mujeres que pertenecen a nuestros centros. En ese mismo año decido viajar por primera vez a Roma. Después de muchísimo esfuerzo, consigo una entrevista con el padre general de la Compañía de Jesús, quien era más difícil que ver que al Papa León XIII. “Procure acogerse bien con Dios, unos Padres le ayudarán otros no… esto es de hombres. No le importe, teniendo a Dios le basta. No le recomiendo a ningún Padre para que le ayude, pero dígales a quienes quieran escucharle, que yo la bendigo con todo mi corazón y a todos los que trabajen en su Obra. No admita nunca tentaciones del desaliento”.

—No hacía falta que te subrayaran lo que ya era tu herramienta de vida: la humildad y la fuerza personal, lo que exigías a tus catequistas.

Pero sí me vino bien una palmada en la espalda, quizás la más importante para seguir. En 1906 fundamos en Almería centros de las diferentes asociaciones cívicas.

—Cuenta Inés Baró, la que fue tu secretaria durante muchos años, de tu capacidad analítica fuera de lo común. “La compasión es la religión de la humanidad. No hay compasión cristiana o pagana, la verdadera compasión es divina en todas sus formas”.

Y en la cúspide de tu entrega, abriendo centros por multitud de países en todo el mundo, cierras tus ojos, esos que decían los torpes que no servían, en Madrid, en 1918.

Feliz porque mi fe y mi obra me aportan serenidad a la hora de mi marcha…

“Todos somos necesarios, imprescindibles nadie. El cementerio está lleno de gente imprescindible”.

Me arrodillo ante la imagen de una santa tan… humana…

Y ya no estás…

Acaricio tu retrato, mientras canto bajito la canción de Buika, Mi niña Lola, que parece extrañamente escrita para ti:

Dime por qué tienes carita de pena / qué tiene mi niña siendo santa y buena / cuéntale a tu padre lo que a ti te pasa / dime lo que tienes reina de mi casa”.

Publicada en La Voz de Almería, en la Sección Paseos con-Sentidos

El 11 de agosto de 2015

DOCENTES CON UNA SENSIBILIDAD ESPECIAL

La promoción es uno de los valores Sopeña. Representa un impulso que llevó a Dolores Sopeña, nuestra fundadora y mujer de excepcional sensibilidad, a confiar en el ímpetu y fuerza de cada una de las personas que tuvo a su alrededor para, con la ayuda de Dios, lograr sacar lo mejor de sí mismas.

Así fue y así sigue siendo en todos y cada uno de los espacios de acción en el mundo, en los que el Carisma Sopeña extiende su misión.

La experiencia como docente de Ana García enfrentó muchas veces al valor de la promoción, pero según nos cuenta en este interesante artículo para la revista ICONO, no fue hasta recalar en el Centro Sopeña Sevilla cuando la PROMOCIÓN cobró todo su sentido.

“Potencia cualidades y pule defectos para dejar a la luz el tesoro que todos llevamos dentro”.

Ana García, Laica Sopeña, entendió que Dios la había llevado hasta este Centro para conocer a alumnos con circunstancias a veces complicadas y que se despertase en ella una sensibilidad especial por las necesidades de los demás.

Ese plus que se ha encontrado, respecto a lo que ella creía que iba a ser la docencia, ha hecho que se reafirme en su vocación, latente desde niña.

PROMOCIÓN: DESCUBRIENDO TESOROS.                      

La promoción abarca todas las dimensiones de la persona. Potencia sus capacidades, revela sus cualidades, pule nuestros defectos hasta que deja al descubierto el tesoro que todos llevamos dentro. Nos ayuda a obtener lo mejor de las personas que Dios pone en nuestro camino.

La promoción como valor

Al llegar aquí me topé con el valor de la “promoción”. Si bien este término ya había aparecido antes en mi experiencia como docente, fue aquí, en mi centro de trabajo, donde cobró sentido, convirtiéndose en la clave de lo que tenía delante, entre mis manos, a diario. Dios me trajo aquí para ver de cerca que, desgraciadamente, me encontraría con alumnos/as cuya dignidad había sido desdibujada por circunstancias que la vida conlleva.

Esa falta de autoestima, de seguridad, de compañía… despertó en mí una sensibilidad especial por las necesidades de los demás. Esos alumnos, con sus “tesoros” enterrados, necesitaban sentir que alguien volvía a creer en ellos, en sus capacidades, fijar metas y pensar en logros a corto plazo, accesibles y posibles de conseguir.

¡Qué suerte la mía estar ahí en medio! Mi vocación por la docencia siempre me había hecho pensar en dar clase, en compartir mis conocimientos, en ser testigo de su aprendizaje… pero ser partícipe de su crecimiento personal y, en algunos casos, de retomar las riendas de sus vidas, me ha hecho reafirmarme en esa vocación que siento latente desde niña.

Terrenos para sembrar

Un educador no es, ni mucho menos, alguien que transforma al alumno, sino alguien que “sale al encuentro” de ellos, preparando el terreno donde se producirá esa transformación, creando el ámbito propicio para ello, facilitándole el camino, confiando en esa persona, reconociendo cada paso que de adelante y dejando que la persona sea artífice de su propio desarrollo, convirtiéndose en protagonista de su historia.

Precisamente ahora, más que nunca, después de estos terribles meses de pandemia, nos hemos encontrado con muchos casos de alumnos y sus familias que no solo tienen una crisis personal, si no que tienen necesidades materiales y económicas, que también son parte inevitable de ese terreno propicio que cualquier alumno necesita hoy en día para conseguir su meta.

 

Docentes con sensibilidad 2

Este curso, he podido evidenciar la solidaridad de mis alumnos en todo su esplendor, siendo partícipes, organizando y volcándose en campañas de solidaridad para ayudar a los más damnificados por la pandemia, tomando conciencia y viviendo experiencias de acción social, tan concretas, como ayudar a los compañeros de su propio centro.

Solidaridad evangelizadora, que nos hace más humanos y desarrolla la sensibilidad hacia nuestra propia promoción, como bien expresa el Papa Francisco en esta Audiencia a sacerdotes, religiosas y laicas consagradas de la asociación fundada por el Beato Chevrier:

“En efecto, no puedo sino aprobar y alentar la acción pastoral que lleváis adelante, según el carisma propio de vuestros institutos, un carisma que me toca personalmente y que está en el corazón de la renovación misionera a la que toda la Iglesia está llamada: porque existe una ‘íntima conexión entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora’ (Exhortación ap Evangelii gaudium, 178)».

Proyectos Solidarios

Esta solidaridad evangelizadora, encaminada a la promoción de nuestros alumnos, no solo les satisface a ellos, sino que es infinitamente gratificante para nosotros. Tenemos un proyecto en el centro, la “Bolsa de Solidaridad”, de donde se ayuda a los alumnos que lo necesitan.

Esta Bolsa se nutre de nuestras campañas solidarias, de aportaciones voluntarias, anónimas… y, como si del milagro de la multiplicación de los panes y los peces se tratara, esa Bolsa tiene siempre fondos para nuestros alumnos más desfavorecidos gracias a la voluntad y la colaboración de todos.

Cuando haces entrega de material, de dinero, de libros… y te sonríen con la mirada por encima de sus mascarillas, te das cuenta de que cualquier esfuerzo ha merecido la pena. Formar parte de la vida de esos alumnos y verlos promocionar, nos convierte en una “Gran Familia” junto a ellos y a las suyas propias.

De nuevo, cito unas palabras del Papa Francisco que pertenecen a su Encíclica, Fratelli Tutti, 276: “La Iglesia ‘tiene un papel público que no se agota en sus actividades de asistencia y educación’ sino que procura la promoción del hombre y la fraternidad universal. No pretende disputar poderes terrenos, sino ofrecerse como un hogar entre los hogares —esto es la Iglesia—, para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección”.

Termino dejando el testimonio de un antiguo alumno Sopeña, Fabricio, que se sintió acogido y acompañado en nuestra casa. Consiguió sus objetivos, se involucró en la vida pastoral del centro y disfrutó su estancia aquí. Más tarde, se graduó en la Universidad. Promoción en su estado más puro.

Sensibilidad docente 3

Cuando creen en ti, comienzas a creer en ti

“La Fundación Dolores Sopeña me ayudó a dar sentido a mi vida personal y profesional.

Cuando creen en ti, comienzas a creer ti. Hacen que tengas retos y ganas de salir adelante. Aquí no solo forman profesionales académicamente, sino que se guía a la persona para que de lo mejor de sí misma.

Soy parte del legado de la Fundación porque si miro atrás, valoro mi evolución. Creo que cada uno de nosotros tenemos mucho que ofrecer al resto de personas. A nuestro lado puede haber alguien que necesita una mano para descubrir su potencial y está en nosotros crear la capacidad de ayuda a los demás”.

¡FELIZ NAVIDAD!

La Navidad es un momento precioso para dejar sorprender de nuevo y abrir nuestro corazón ante el hermoso signo del Pesebre.

La representación con figuras del Nacimiento de Jesús es el anuncio del Misterio del Hijo de Dios hecho carne, con alegría y sencillez.

Como recuerdo e invitación a ponernos en camino, con la humildad de quien nace y va a dar su vida por todos nosotros, por amor.

Las Catequistas Sopeña os deseamos para esta Navidad la capacidad para abrir nuestros corazones ante el gran Misterio del Portal de Belén y lo que representa, más allá de las figuras que decoran nuestros hogares.

La Luz del Nacimiento de Jesús será siempre guía de nuestra Familia Sopeña, para vivir bajo los valores que también la Beata Dolores Sopeña nos legó y que deben ser la mejor decoración de nuestra Navidad: la vida en familia y en comunidad, la alegría como actitud, la oración para experimentar el amor de Dios, la entrega y servicio a los demás, la cercanía a todos y la sencillez, fruto de la transparencia y la humildad.

Esa Luz es, además, signo de esperanza ante la realidad que vivimos y vive la Humanidad, hermanos todos.

¡Hagamos hueco en nuestra vida, de tanto brillo y cosas vanas a las que se nos conduce, para abrazar a Jesús, pobre y sencillo!

Feliz Navidad

Feliz Navidad

UN LUGAR PARA LA ESPERANZA

Confiar en algo tan humano como la solidaridad es dar lugar a la esperanza, algo que nos recuerda el Papa Francisco: “Si esperas, nunca serás decepcionado”.

En estos tiempos que vivimos y a las puertas de la Navidad, es un excelente momento para tomar conciencia de que todos somos diferentes, pero partes de un mismo todo.

Esa evidencia hace más formidables aún nuestros esfuerzos por tender manos y puentes, por construir mundos con palabras sinceras y honestas, valientes, amables y sanadoras.

Esa fue la experiencia que no comparte aquí Víctor Rivero, Laico Sopeña y profesor en el Centro Sopeña Las Palmas, en este nuevo artículo para la revista ICONO de los Padres Redentoristas.

Tiempos de acogida a la solidaridad

Acoger y reconocer la solidaridad como algo inherente a la naturaleza humana, supone recordar que afrontamos estos tiempos como hermanos e hijos de un mismo Dios.

Acogemos unos tiempos en los que la realidad se ha hermanado con la ficción.  Tanto es así que, a pesar del tiempo transcurrido desde la llegada de la pandemia, todavía soñamos con despertarnos y descubrir que todo ha sido un sueño.

Sin embargo, tal y como nos ha dicho el Papa Francisco en más de una ocasión, miremos con nuevos ojos nuestra existencia y dejemos su lugar a la esperanza. “Es una virtud que nunca decepciona: si esperas, nunca serás decepcionado” (Homilía de Santa Marta, 23 de octubre de 2018). Porque la espera nos regala que la vida acabe siendo un sueño del que no querremos despertar. Y en ese regalo descubriremos el protagonismo de dos palabras que siempre han jugado un papel especial: acogida y solidaridad.

Un lugar para la esperanza

De etimología latina, estos dos términos parecen predestinados a encontrarse siempre en el camino.  La primera, del verbo “acolligere”, nació con la misión de ser usada cuando deseamos dar refugio y compartir el sentido de hogar. La segunda, de “soliditas”, nos descubre una Buena Nueva: somos partes diferentes de un mismo todo. Recordar esto o, lo que es lo mismo, “volverlo a pasar por el corazón”, debe significar un ejercicio de regresión y redescubrirnos como hermanos e hijos de un mismo Dios.

Una peregrinación hacia el verdadero sentido de la solidaridad

Partícipes del Plan de Dios fuimos aquellas personas que, durante el curso pasado, tuvimos el regalo de sentir y vivir el auténtico espíritu de la solidaridad. Invitado por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, el Centro Sopeña Las Palmas participó en un proyecto consistente en crear un telediario solidario.

Alumnado de 4º de la ESO, docentes, colaboradores inmigrantes y profesionales de los medios audiovisuales teníamos la misión de abordar algunos de los temas de eterna actualidad desde la perspectiva programada.

Sin embargo, y ahí se obró el milagro, lo que iba a ser un trabajo cooperativo con el objetivo de lograr un “producto final”, se convirtió en una experiencia de peregrinación hacia el verdadero sentido de la solidaridad.

“Si algo nos ha recordado la pandemia es que el aire que respiramos es compartido. Lo inhalamos, lo exhalamos y viaja hacia otras personas”. Estas fueron aproximadamente las palabras expresadas durante las sesiones iniciales de formación por parte de una de nuestras coordinadoras, marcando así el rumbo de lo que vino después.

Era nuestro primer curso presencial después del significativo confinamiento y este mensaje, mil veces presente desde la llegada de la COVID19, lo acogimos en esta ocasión con un sentido diferente. Lejos de recordarnos el miedo pasado y presente, tornó en una Buena Noticia y nos reveló nuestra naturaleza común y compartida.

Somos solidarios por naturaleza y, por tanto, el carisma que debía tener el proyecto que teníamos entre manos no era una mera cuestión de perspectiva, sino de vocación ineludible e innata.

Tú eres parte de mí

Tarea natural y conversora resultó trabajar para materializar este espíritu en un proyecto en el que participaban personas con diferentes orígenes, circunstancias, motivaciones, culturas y creencias.

Pocas veces se presentaba en el camino una oportunidad tan trascendente de sentir la evidencia de que la variedad encuentra su respeto y legitimidad desde una concepción global.

Temas despertadores de históricos debates como la inmigración en Canarias o la situación del Sáhara convivieron y fueron acogidos desde todos sus matices y expresiones, descubriéndonos que lo que afecta a unos, lo sentimos todos.

El Papa Francisco nos decía en la Evangelii Gaudium, n. 87, que “la palabra solidaridad es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad”.

En la experiencia compartida, la magia de la solidaridad no solo sembró la armonía en una orquesta compuesta con instrumentos tan distintos, sino que nos convirtió en enviados de la que era la auténtica noticia.

Tú eres parte de mí. Sintámonos unidos por el regalo de la vida. Acojamos la solidaridad ahora y siempre porque compartimos un bien común, el regalo de Dios, la solidaridad.