TODOS SOMOS FRUTO DEL MISMO AMOR

La historia de Dolores Sopeña comenzó con una disposición de amor, de ayuda, de situarse al lado del otro, de un reconocimiento de cada persona como única y valiosa y, por supuesto, siempre digna de toda la atención y la compasión.

Así está encarnado en nuestro Carisma, porque las Catequistas Sopeña somos mujeres para los demás, y hecho realidad a través de nuestros valores.

Desde uno, vamos pasando por todos, pero desde la fraternidad y la entrega, el sentir que el otro, cualquiera que sea, es nuestro hermano, no puede suponer más que servicio, amor y bondad.

No lo podía haber expresado mejor María Jesús González, Catequista Sopeña en Loyola, en este artículo que reproducimos continuación con la intención de compartirlo y que se difunda como la semilla de la bondad.

UNA SEMILLA DE BONDAD

Ayudar a otro, es bonito y agradable. Casi siempre nos gustar hacerlo y nos deja una profunda satisfacción. A veces es un gesto espontáneo, que brota de una actitud y puede llegar incluso a lo heroico. Otras veces, nos lo hemos propuesto y lo hacemos en grupo, dentro de una institución o solos, incluso “de incógnito”. Siempre es grato.

Ayudar, ser útil a otros, nace en lo mejor de nosotros mismos. No podemos ignorar que hay una huella divina, impresa en nuestro corazón porque fuimos creados “a imagen y semejanza de Dios”. Esta huella muchas veces no se ve, el egoísmo la cubre; pero ahí está. Será bueno quizá descubrirla, cultivarla y esperar  muchos frutos y muchos buenos momentos.

Por eso, al comienzo de esta sencilla comunicación, les invito a reconocer en nuestro interior y en cada ser humano, aunque a veces resulte difícil, esa semilla de bondad, que nos hace más personas y nos orienta hacia los demás. Cada vez es más constatable (o claro) que el egoísmo y la inmadurez se dan la mano.

La sensibilidad ante el sufrimiento o carencias ajenas, es un valor, una cualidad, indica un corazón noble, profundamente humano. Hay  muchas personas excepcionales en este sentido. Dolores Sopeña fue una de ellas. La razón, quizá más profunda, es que se sitúan espontáneamente ante un semejante, un hermano. Desaparecen  las apariencias y las distancias. Perciben, más allá de lo habitual, el vínculo profundo que nos une: esa igualdad fundamental, ese origen común. El Papa Francisco dice que somos “caminantes en la misma carne humana”. Suena fuerte, pero asumir esta verdad, es la clave.

Fruto del mismo amor

Desde nuestra fe, sabemos que es realidad. Todos somos fruto del mismo amor, hemos salido de las mismas manos del Creador, de nuestro Padre Dios.

En otros casos, no parece que hay referencia religiosa expresa, pero a los que saben realmente amar y servir desinteresadamente, les mueve la misma verdad, si bien percibida de modo diferente. Algunas “distinciones” que a veces hacemos no son necesarias; más bien nos confunden. Basta saber que la bondad y el bien auténticos     – ¡eso sí! – solo pueden brotar de la Verdad y el Bien, con mayúsculas, que es Dios. No hay otra fuente.

Saber y sentir a los demás hermanos, iguales a uno mismo es un dinamismo  que “liberamos” de nuestro interior. Porque esa imagen de Dios que reconozco en mí y que me hace sentir un “hijo amado”, la veo en el otro y siento que también es amado como yo. 

Y entonces, se produce un misterioso intercambio… se abre un proceso de vasos comunicantes que nos iguala, nos enriquece, nos energiza. Mi ayuda, se convierte en la posibilidad de recibir de esa persona -quizá desconocida- la energía y la vida que brota de su mismo ser de hijo de Dios y me conecta con el Padre común.

Esta experiencia se convierte en profundo respeto, en cercanía, en gratuidad, porque lo que nos ofrecemos mutuamente no busca ni puede tener otra recompensa.

Plantear desde aquí el servicio o ayuda que deseamos prestar a los demás, nada tiene que ver con la “superioridad” ni el “paternalismo”. Es cierto que hay otras formas pienso que desenfocadas, de ayudar a los demás. Por dinero, por prestigio o vanidad, por conveniencia, etc. Son útiles, pero incompletas, no logran todo el efecto necesario, se limitan a paliar una situación, no siempre llegan a la persona, se reducen a logros “temporales”.  Se acaba la necesidad, se acaba el efecto de la ayuda.

Efecto permanente

Plantear “la acción social” desde la fraternidad, tiene un efecto permanente. La experiencia propia y la que se ha desencadenado en “el otro” ya dura para siempre. Nos hemos sentido hermanos y esta verdad ya es indeleble en ambas partes, porque, si cabe esta expresión, crecemos como personas. Dolores Sopeña decía “en esta Obra, crecemos todos a la vez…” Hace más de cien años, debió resultar una frase novedosa.

Este es el éxito y la fuerza de convocatoria que tienen algunas instituciones. El servicio que se presta es válido; pero lo que atrae es la red de relaciones fraternas que se crean.  Es lo que Dolores Sopeña enseñaba cuando decía que es necesario llegar  al corazón. No es ficción, no es romanticismo o palabras vacías. Es amor fraterno puro, real y sensible. Así se da y así es percibido. Los testimonios son numerosos.

En realidad el ejercicio de la fraternidad  no es aplicable solo a la dedicación a los demás como voluntariado o colaboración de tipo social, sino que es posible siempre, en cualquier servicio o profesión. En todas ellas puede haber, y de hecho hay,  una entrega personal, una actitud fraterna respecto al otro, sea quien sea, una atención desde el corazón y va más allá de todo pago o recompensa monetaria. Esta actitud, cualifica y da valor a nuestras actividades y, obviamente tiene efectos. 

La única salida

En este campo de las relaciones humanas, se juega todo, se juega el futuro de la humanidad. La fraternidad “es la única salida” advierte el Papa Francisco. (FT 67)

De ahí, que para “el enemigo de natura humana”, como llamaba San Ignacio de Loyola al espíritu del mal, sea este su principal campo de batalla. Sembrar odio, dividir, desunir, alejar a unos de otros, desintegrar, promover violencia, despreciar, excluir, es “diabólico”. Debemos estar atentos.

 El camino hacia el amor y la fraternidad es muy largo; pero todos podemos aportar nuestros pequeños pasos, en la convicción de que la victoria es nuestra, mejor dicho: es de nuestro Dios.

 

TECNOLOGÍA QUE NOS UNE EN ORACIÓN

Nuestras comunidades de Catequistas Sopeña en Bogotá (Colombia) y en Quito, Riobamba y Guayaquil (Ecuador) han compartido ya en varias ocasiones los avances de la tecnología para unirse en celebraciones y oración.

Algo que se ha venido repitiendo también entre todas las personas que conformamos la Familia Sopeña en el mundo.

Esa, quizás, ha sido una de las consecuencias no tan negativas de esta pandemia que estamos sufriendo, con mayor o menor rigor, en todos los países del mundo.

Todos nos hemos tenido que actualizar y ponernos a aprender rápidamente sobre cómo comunicarnos y llevar a cabo hábitos importantes como son las celebraciones litúrgicas y las oraciones comunitarias.

Durante el pasado mes de mayo, las mencionadas comunidades de Bogotá, Quito, Riobamba y Guayaquil coincidieron de modo online para celebrar la Eucaristía y Vigilia de Pentecostés.

Acompañadas, eso sí, por laicos, colaboradores y amigos, con una participación muy activa, que reflejaba la acción del Espíritu Santo.

 

Se realizaron cinco momentos de oración, durante los cuales, se encendía una vela, como símbolo de recibir los dones que el Espíritu Santo derrama sobre cada uno de nosotros, como así los recibieron los primeros Apóstoles.

Se aprovechó para dar gracias a Dios, entre otras muchas cosas, por la posibilidad de contar con estas herramientas que nos permiten seguir compartiendo la fe, con la esperanza y la ilusión de seguir creando con el Señor.

También participaron en la Eucaristía y en la Vigilia Jóvenes Sopeña, de Guayaquil que recientemente acababan de retomar sus actividades de formación.

Son tres grupos que se reúnen de forma quincenal y que manifestaron en todo momento la alegría del reencuentro a través de la tecnología y de volver a recibir esta formación.

Sin embargo, también expresaron su deseo de poder regresar cuanto antes a la presencialidad, lo que, sin duda, las fortalecerá como grupo y les permitirá desarrollar las actividades de voluntariado y de misiones que tanta ilusión les producen.

COMPARTIR LA CASA Y LA MESA

Dolores Sopeña, siempre concibió su vocación y su obra como una opción a compartir con muchas personas de distinta procedencia, para acercar y dar a conocer a Dios y el Evangelio.

Es la misión compartida, que es una de las señas de identidad de nuestro Carisma, así como lo imaginó y lo llevo a la práctica nuestra fundadora.

Compartir la misión siempre es una opción emocionante que supone profundos sentimientos fraternos.

La Familia Sopeña viene haciéndolo desde hace muchos años y supone también entender y proyectar un mundo, una sociedad, como un lugar de fraternidad, como el que comparte la casa o la mesa.

Compartir mesa

Así lo expresa desde Ecuador uno de los miembros de esta extensa familia: Javier Castellanos, Laico Sopeña, en el último número de la revista ICONO, de los Redentoristas, en la que venimos colaborando desde inicios de este año, contando la acción social desde el Carisma Sopeña y con nuestros valores institucionales.

Por aquí os compartimos el artículo, que os ayudará a conocer un poquito más de la Familia Sopeña.

UNA VIDA DE ENTREGA

Nos ganaron el corazón con el testimonio, ahora nos une el servicio. Formamos una gran familia que busca devolver la dignidad al ser humano. En este artículo comparto mi historia y la de otros laicos como yo. Nuestro objetivo final es anunciar el Evangelio, extender el Reino de Dios, esa es nuestra misión compartida.

¿Espectadores o actores?

Ser espectadores significa limitarse a observar los acontecimientos desde nuestra zona de confort; no obstante, siempre atentos a criticar lo que a nuestro entender se ha hecho de forma equivocada. Algunos espectadores inclusive pudieran llegar a sentir lástima por el dolor ajeno que mira a su alrededor; sin embargo, la inacción les domina, nunca llegan a convertirse en un agente generador de soluciones.

Por el contrario, ser actores significa fundamentalmente “ser parte de…”, una búsqueda incesante y permanente de un mundo más solidario, más justo, más honesto, más digno, más unido; es decir, desde la visión de la fe cristiana sentimos que Dios nos ha encomendado la Misión de extender su Reino.

En este contexto, surge esta historia que se ha repetido en el tiempo de muchos laicos, niños, adolescentes, adultos, que han sido ganados el corazón por religiosas, Catequistas Sopeña; y, posteriormente, estos laicos han sido testimonio para otros laicos. Este ciclo virtuoso se ha repetido en el tiempo, pensamos que esto no es casualidad sino una obra de Dios, nosotros lo sentimos como “Nuestra Herencia”.

Surge la pregunta ¿cómo estas religiosas les ganaron el corazón?, ¿por qué los laicos son fieles a este Carisma? ¿esta comunidad de religiosas y laicos que están dispersos en algunos países son como una sola familia?

Compartir la mesa

El sentido de familia es quizá el signo más relevante e importante de la sociedad, indistintamente de la zona geográfica, creencia religiosa, estrato social o nivel cultural.

La confianza de creer en algo, la inspiración de perseguir un objetivo en común, se da justamente en el núcleo familiar; por aquello la frase “Hacer de todos los hombres una sola familia en Cristo Jesús” (Dolores Sopeña) tiene una trascendencia supremamente importante y que se convierte en la esencia de mi comunidad.

Uno de los signos que en las familias genera lazos de unión es el “compartir la mesa”. Jesús lo hizo con sus apóstoles y fue ahí justamente cuando instituyó el servicio, la entrega incondicional, el bajarse a un rol de limpiar los pies. De forma espontánea nuestra comunidad ha heredado esta buena costumbre de compartir la mesa. Empezamos haciendo una oración por aquellas familias que no tienen un pan para servirse y, luego, bendecimos y agradecemos por los alimentos que nos vamos a servir.

Recuerdo siempre una oración que hacíamos cuando bendecíamos los alimentos “…que el pan es más pan cuando hubo el esfuerzo”; ese signo de honradez y sacrificio también lo compartimos como un valor que muchas de las familias transmiten a sus hijos de generación en generación.

Es una oportunidad única para reírnos, llorar, compartir nuestras vivencias, nuestros sueños, quizá algún evento que nos marcó el día; en resumen, ganamos confianza para estar fuertemente cohesionados Catequistas y Laicos Sopeña en la misión.

Compartir Carisma

Una Casa Común

Otro signo que identifica las familias es tener un sitio de acogida donde sentirse protegidos, un lugar donde podamos poner en práctica todos los valores que nos dignifican como personas: solidaridad, fraternidad, respeto, justicia, honradez, transparencia, etc.; quizá debería ser el mundo nuestra casa común. Jesús no se circunscribió a una nación, a una región, a una etnia, en todos los pasajes de su vida pública nos plantea que el mensaje de salvación es universal.

El lugar donde realizamos nuestro apostolado, es nuestra Casa Común; pero realmente no está relacionado con un lugar físico de una zona determinada, si se quiere relacionar con una ubicación física, podemos decir que está en algunos lugares del mundo, en múltiples espacios de acción, donde podamos anunciar el Evangelio y extender el Reino de Dios.

A decir verdad, en la Casa Común no le cerramos las puertas a ningún ser humano, es universal, como el mensaje de salvación de Jesús; creemos en los procesos de conversión y redención, hemos sido y hemos visto como otras personas han sido parte de este proceso.

Conversar a través de la oración

Una de las herramientas más fuertes que hemos recibido de esta herencia carismática todos quienes trabajamos en la misión compartida es la oración.

Recuerdo la primera vez que realicé ejercicios espirituales, tenía ciertas dudas con respecto a, si iba a tener la suficiente voluntad como para pasar “rezando” durante cuatro días seguidos, era muy joven y en mi cosmovisión pensaba que únicamente los religiosos lograban este tipo de hazañas.

Para mi sorpresa, fue justamente aquí cuando aprendí a conversar con Jesús, a escucharlo en el silencio, luego la sensación es de continuar no cuatro días sino toda la vida escuchando su voz en mi interior. Esta práctica hemos tratado de llevarla a todos nuestros espacios de acción con todos quienes aceptan entrar a nuestra Casa Común y ser parte de esta gran familia unidos en Cristo Jesús.

 

 

TENURA: LA MEJOR MEDICINA

La ternura que se desprende del amor de Dios se revela como el bálsamo para aliviar el dolor provocado por las incertidumbres y angustias de este tiempo que nos está tocando vivir.

Por una vez en todo el mundo y al unísono, compartimos una misma preocupación, pero, lógicamente, con distintos grados de dolor, dependiendo del país en el que hayamos nacido y en el que estemos viviendo.

Es momento ahora, y siempre, de actos de amor y fraternidad, que contrapongan la misericordia a lo terrible de los números y los acontecimientos.

Así lo ha expresado y compartido Eloísa Barcia, Catequista Sopeña, ahora en Santiago de Chile, en un artículo sobre la acción social desde nuestro Carisma en la revista ICONO, de los Padres Redentoristas.

Su experiencia personal no deja lugar a dudas: Los “derroches de ternura” ayudan a crecer mejor a las personas.

Ternura: La mejor medicina

Los acontecimientos actuales revelan que, son los actos misericordes, los que efectivamente devuelven el sentido a nuestras vidas.

Un libro me ha acompañado desde jovencita; es pequeño, liviano… contiene oro puro. Al hacer la maleta para cambiar de destino, este librito es lo primero que empaco. El personaje principal me sigue cautivando a través de los años; desde la introducción, se presenta con sus “vicios ejemplares”: la sencillez y la amistad. Al final, no deja de sorprenderme, cuando afirma que “el cariño es una apuesta contra la insolencia de los números”.

En el último año, hemos sido testigos del derroche de ternura del personal médico hacia los enfermos de Covid-19, que ha sacrificado horas, familia y hasta su propia vida. Esto sirvió y sigue sirviendo a enfermos, sobrevivientes y a aquellos que, una vez sanados, padecen de otras dolencias mentales y emocionales.

En mi experiencia personal, he sido testigo de que los “derroches de ternura” ayudan a crecer a las personas. Muchas se acercan a nuestros Centros con el anhelo de aprender algo; otras tantas, con deseos desconocidos; y, la gran mayoría, con sus almas perdidas y sus corazones vacíos… No obstante, van creciendo en seguridad, confianza en sí mismas, habilidades humanas y un vasto caudal espiritual. Ciertamente, esto sucede porque encuentran un plus de amistad, cariño, atención, ternura, que les facilita abrir su corazón a sí mismas, a Dios y a los demás.

ternura flores

Hoy estarás conmigo en el Paraíso

En el Evangelio, nos encontramos con un Amor sencillamente tierno, que no ha podido manifestarse mejor que en el nacimiento en un establo del pequeño pueblo de Belén de Judá; un Amor que se dona totalmente en Getsemaní, derramando su sangre sobre nuestra tierra; un Amor que entrega su rostro en respuesta a la ternura de una mujer que se acerca y le ofrece un pañuelo; un Amor que, en la Cruz, muestra su ternura en una promesa: “hoy estarás conmigo en el Paraíso”; un Amor que, preocupado por su Madre, y por el género humano, nos hace la sublime y tierna entrega de una Madre y la entrega a ella de unos hijos, que somos nosotros.

Igualmente, el Resucitado se presenta a María Magdalena y la llama tiernamente por su nombre; de la misma manera, mediante Tomás, nos revela su corazón traspasado y sus venerables llagas. Estas son solo pinceladas del derroche de ternura de Dios Padre manifestado en Cristo Jesús, que nos envía luego al Consolador, al Espíritu Santo, que ayudará a abrir nuestra mente y corazón para anidar lo inconcebible.

La sabiduría del amor

Al final del libro que les comenté al principio, el autor pone en boca del protagonista:

“La cosa más urgente es desear tener el Espíritu del Señor. Él solo puede hacernos buenos, profundamente buenos, con una bondad que es una sola con nuestro ser más profundo. Mira, evangelizar a un hombre es decirle “Tú también eres amado de Dios en el Señor Jesús”. Y no solo decírselo, sino pensarlo realmente. Y no solo pensarlo, sino portarse con este hombre de tal manera que sienta y descubra que hay en él algo de salvado, algo más grande y más noble que lo que él pensaba, y que despierte así a una nueva conciencia de sí. Eso es anunciarle la Buena Nueva y eso no podemos hacerlo más que ofreciéndole nuestra amistad; una amistad real, desinteresada, sin condescendencia, hecha de confianza y de estima profundas…”.

El libro del que les hablo es “La sabiduría de un pobre”, de Eloi Leclerc. Y, en efecto, es lo que he visto y experimentado en los Centros Sopeña durante 50 años; San Francisco de Asís lo vivió y comunicó; Dolores Sopeña lo vivió y lo comunicó; otros Santos de ayer y de hoy lo han hecho y lo siguen haciendo; y, recientemente, el Papa Francisco nos ha invitado a lo que él llama “La revolución de la ternura”.

La ternura es la mejor medicina para calmar las ansiedades de un mundo que se debate entre ellas.

¡Compartamos la ternura de Jesús!

La revolución de la ternura

Los tiempos actuales demandan una revolución de amor. El dolor que está sumiendo al mundo solo puede enfrentarse con altas dosis de ternura.

La ternura es usar los ojos para ver al otro, usar los oídos para escucharlo, para sentir el grito de los pequeños, de los pobres, del que teme el futuro […]. La ternura significa usar las manos y el corazón para acariciar al otro, para cuidarlo, afirma el Papa Francisco.

En unos ojos que miran con compasión, en unos oídos atentos al dolor, en unas manos que se extienden para acompañar y en un corazón atento al palpitar ajeno reside la luz que viene de lo alto y nos alumbra el camino de la esperanza.

MISIÓN EN BACHAJÓN (CHIAPAS)

Juanita Arguijo, catequista Sopeña, comparte con nosotros, a través de este blog, abierto a todos, su experiencia en la Misión de Bachajón, un pueblo fundado en 1958, a 123 kilómetros de San Cristóbal de las Casas, en el estado de Chiapas (México).

Visitó a su hermano sacerdote, uno de los cinco jesuitas de una Comunidad que atiende las cuatro zonas de esa parroquia.

Misión con su hermano

“’La espera… desespera’, así me encontraba con la tramitación lentísima de mi visa para Ecuador, cuando la Semana Santa se iba acercando y con ello el regalo de Dios: ir de misión a este pequeño poblado invitada por mi hermano Mario, sacerdote jesuita encargado de la parroquia y de las tantas comunidades que atienden los jesuitas desde hace años en esa zona.

Bachajón tiene origen colonial y su población es de habla tseltal (lengua perteneciente a la familia maya). Se compone de dos barrios: San Sebastián, al norte, y San Jerónimo, al sur, cada uno de los cuales cuenta con sus propias tierras, autoridades municipales, ejidales y dialecto.

 

Me hospedaron en casa de las religiosas Hijas Mínimas de María Inmaculada, quienes me acogieron con mucho cariño y generosidad. Ellas tienen una escuela primaria al lado de su casa.

En la iglesia tuvimos un encuentro con jóvenes, hicimos visitas con ellos para invitarlos a un retiro el Sábado Santo. Participaron 30 jóvenes, quienes compartieron su necesidad de encontrarse con Dios, como los discípulos de Emaús y conformar un grupo en la parroquia.

El padre Mario les ha ofrecido su acompañamiento y actividades solidarias que les entusiasmaron.

Me quedé muy sorprendida por la participación del pueblo en el Triduo Pascual. Chiapas tiene seis semanas que está en semáforo verde, aquí no hay muchos casos de COVID 19. Muy pocos se ponen el cubrebocas. Los sacerdotes sí les siguen recomendando cuidarse; al principio me preocupé. Gracias a Dios no hubo ningún caso hasta el momento.

Las actividades del Triduo Pascual que celebramos:

Jueves Santo: La eucaristía, la Hora Santa compartida por pastorales hasta la medianoche y el prendimiento de Jesús.

Viernes Santo: tuvimos el Viacrucis, la Adoración de la Cruz con la imagen de la Virgen de los Dolores.

Sábado Santo: se celebró la Vigilia Pascual, con alegría y esperanza.

Semana Santa en Misión

Domingo de Resurrección: se hizo el Via Lucis: “el camino de la Luz” con Cristo triunfante, siguiendo los relatos evangélicos y con una variante: para este pueblo indígena en su mayoría, el recorrido se hace en los cuatro puntos cardinales. Y al llegar a la parroquia, unas mujeres esperan a Jesús resucitado junto con la imagen de la Virgen María. Entran juntos delante de los fieles que hicieron el recorrido.

Finalmente, tuve la oportunidad de acompañar al padre Mario en una eucaristía por los nueve días del fallecimiento del papá de uno de los más de 80 diáconos que colaboran en la zona. La caminata me permitió contemplar el hermoso paisaje entre subidas y bajadas de la montaña.

De camino en la Misión

 

Personalmente, esta experiencia en la Misión me ha permitido conocer otra cultura y otras costumbres además de otra lengua en mi hermoso país mexicano. Entré en contacto con Dios a través de sus hijos más pequeños y más humildes. Le doy gracias al Señor por participar de una Semana Santa llena de vida y de cercanía con sus fieles tanto en las celebraciones como en las visitas que se realizaron”.

 

 

LA FUERZA DE LA SOLIDARIDAD

Las personas, valiosas en su individualidad, como creía nuestra fundadora, la Beata Dolores Sopeña, a veces tienen pocas oportunidades para formarse y desarrollarse de una forma integral y necesitan de una solidaridad que facilite su crecimiento.

Ese es uno de los objetivos de nuestra misión apostólica, encarnada en la Fundación Dolores Sopeña, a través de las escuelas y centros de formación para personas jóvenes y adultas.

De esa compasión hacia las personas, para favorecer su desarrollo personal en sus distintas facetas, ha aprendido mucho Sandra Salazar, Catequista Sopeña dedicada desde hace muchos años ya a los Centros de Formación que la Fundación tiene en la capital andaluza.

De ahí su identificación con las palabras del Papa Francisco acerca de la solidaridad, entendida, no tanto como gestos de generosidad esporádica, y si como una forma de entender la Comunidad.

Ella ha querido compartir su aprendizaje y experiencia a través de un artículo sobre la solidaridad en la revista ICONO, de los Padres Redentoristas, que os dejamos por aquí.

SOLIDARIDAD QUE AYUDA A CRECER

Capacitar para el trabajo es el último eslabón de la cadena de la solidaridad. Con la capacitación se empieza a superar la situación de indigencia, pobreza y vulnerabilidad. Se rompe la dependencia de las ayudas, haciendo personas autónomas, independientes, “dignas”.

Llevo muchos años dedicada, por vocación, a trabajar en formación de jóvenes y adultos. Muchos de los alumnos que hemos acogido en nuestros Centros Sopeña, a los que pertenezco, han tenido pocas oportunidades de formación, capacitación y desarrollo personal.

A lo largo de los años ha ido cambiando mi forma de entender y vivir la solidaridad. Ha influido lógicamente la formación, los estudios y la experiencia que he vivido en distintos países. Hoy me identifica perfectamente lo que el Papa Francisco dice acerca de la solidaridad en la EG n. 87: “La palabra solidaridad es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos”.

Solidaridad para alumnos

Pero entiendo que, en tiempos de crisis, catástrofe… lo primero es salir al encuentro de las necesidades de quienes sufren por la falta de trabajo, vivienda, comida… La compasión y la misericordia, son el rostro de Jesús que se hace tangible en la ayuda a los más necesitados aliviando su sufrimiento.

La última oportunidad de hacer posible la solidaridad

En todos los lugares en los que he trabajado me he encontrado con miles de necesidades a las que atender.  Me he sentido desbordada y limitada en los recursos para acudir a todo. De aquí que movida por el espíritu carismático Sopeña entendí y opté por gestionar y acompañar Centros de Formación y Capacitación. En estos Centros unas de las prioridades es atender a los más vulnerables, aquellos que vienen con serias limitaciones, dificultades materiales y económicas para completar estudios y capacitarse para el trabajo.

Las palabras del Papa Francisco en la Fratelli Tutti n. 115 iluminan y refuerzan nuestra misión: “El servicio siempre mira al rostro del hermano, toca su carne, siente su ‘projimidad’ y hasta en algunos casos la “padece” y busca la promoción del hermano… no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas”.

Me he convencido que capacitar para el trabajo, formar integralmente y buscar posibilidades de inserción laboral es la última oportunidad de hacer posible la “solidaridad”.  Así se empieza a superar la pobreza rompiendo la dependencia de las ayudas. Hacer personas autónomas, responsables, capaces de concretar su proyecto de vida es la motivación para seguir trabajando sin descanso en los Centros de Formación y Capacitación. Como dice el Papa, “todo ser humano tiene derecho a vivir con dignidad y a desarrollarse integralmente, y ese derecho básico no puede ser negado…” (FT n. 107).

Lo mejor y los mejores al servicio de los más necesitados

Pensar en los más necesitados nos lleva, en los Centros de Formación, a soñar y hacer realidad la oportunidad de superar la situación de pobreza. Pensar en los pobres es pensar en el mejor servicio y con los mejores recursos humanos y materiales.

Los Centros de Formación se organizan para buscar toda posibilidad, ocasión y oportunidad de lograr desarrollar todo el potencial que cada persona lleva consigo y que por circunstancias de la vida no ha podido desplegar. Los mejores formadores, los mejores técnicos, la mejor implementación al servicio de quienes han tenido menos oportunidades.

El servicio a los más vulnerables requiere de personas, laicos, con una sensibilidad, espiritualidad y formación exquisita.  Comprometidos con poner lo mejor de si al servicio de los más desfavorecidos.

Solidaridad de los Profesores

Reyes Guillén, 20 años como docente en un Centro de Formación Profesional.

“El deseo al que no renuncio es ver a nuestros alumnos contribuyendo a un mundo más justo y con más oportunidades para todos”.

Siempre he entendido mi profesión como la oportunidad de ver cumplidos los anhelos e inquietudes de los alumnos. Vivo mi labor docente como un servicio fundamentado en la entrega; en la búsqueda incansable del otro como reflejo de Dios.

La formación continua y permanente en competencias espirituales, profesionales y carismáticas son la base de todo lo que como docente quiero entregar a mis alumnos.

Comprendo que la solidaridad la voy haciendo efectiva en la formación integral de nuestros alumnos, haciéndoles hombres y mujeres integrados, independientes, responsables y generosos con quienes, como ellos, aún no tienen la oportunidad de superar situaciones de pobreza. 

El deseo al que no renuncio es ver a nuestros alumnos integrados plenamente en la sociedad, contribuyendo con su buen hacer a un mundo más justo y con más oportunidades para todos.

JOVENES SOPEÑA GUAYAQUIL SIEMPRE ACTIVAS

Las Jóvenes Sopeña de Guayaquil (Ecuador) no han dejado en ningún momento su actividad y, a pesar de los inconvenientes de la pandemia, han querido mantener el contacto y seguir adelante aprovechando las oportunidades de las nuevas tecnologías.

Así que, arriesgando en el nuevo mundo de lo virtual, decidieron realizar el Campamento Sopeña, con el que una vez más involucraron a niños y niñas de varias ciudades de la costa ecuatoriana.

Además de las Catequistas Sopeña de Guayaquil, Mariela Rodas y María Elena García, ocho jóvenes misioneras: Arelys, Nadia, Giuliana, Cristina, Hellen, Daniela Lesly y Niurka; llegaron a más de 26 niños de distintas edades.

Durante el campamento virtual, igual que en otras ocasiones, los participantes hicieron un camino de acercamiento a Jesús y en compañía de Dolores Sopeña, con actividades de encuentro y oración y otras físicas como bailes, manualidades y recetas.

Las jóvenes y las Catequistas Sopeña se encargaron de conducir y animar las reuniones que tuvieron lugar los domingos.

Tanto para los niños acompañados como para las Jóvenes Sopeña el Campamento ha supuesto una experiencia de crecimiento y ocio, una de las bases de apostolado de las Catequistas Sopeña, tanto en las misiones como en los espacios de acción repartidos por todo el mundo.

Durante ese periodo, también tuvo lugar la celebración de renovación de 15 Jóvenes Sopeña, “Caminantes en misión”, en la Capilla de Santa Teresa del Niño Jesús de la Comunidad de Catequistas en Guayaquil.

Las jóvenes dieron el sí, movidas por el Espíritu Santo, a vivir de cerca y con compromiso el Carisma Sopeña.

Parte del encuentro y del trabajo que realizaron lo plasmaron en este alegre vídeo .

 

 

¡CLARO QUE HABRÁ NAVIDAD!

Estos días de dolor e incertidumbre compartida, oímos muchas veces que “hay que salvar la Navidad” o “no habrá Navidades”.

Pero, como otras muchas cosas que conocemos por internet, estos días ha recorrido las redes sociales el poema del párroco de San Lorenzo en Pamplona, Javier Leoz.

Este poema llegó a manos del Papa Francisco quien, conmovido, sorprendió al sacerdote navarro con una llamada telefónica para agradecerle “su inspiración y la acertada premonición sobre la Navidad de este año, más purificada, más de verdad”.

¿QUÉ NO HABRÁ NAVIDAD?

¡Claro que sí!

Más silenciosa y con más profundidad

Más parecida a la primera en la que Jesús nació en soledad.

Sin muchas luces en la tierra

pero con la de la estrella de Belén

destellando rutas de vida en su inmensidad

Sin cortejos reales colosales

pero con la humildad de sentirnos

pastores y zagales buscando la Verdad.

Sin grandes mesas y con amargas ausencias

pero con la presencia de un Dios que todo lo llenará

¿QUÉ NO HABRÁ NAVIDAD?

¡Claro que sí!

Sin las calles a rebosar

pero con el corazón enardecido

por el que está por llegar

Sin ruidos ni verbenas,

reclamos ni estampidas…

pero viviendo el Misterio sin miedo

al «covid-herodes» que pretende

quitarnos hasta el sueño de esperar.

Habrá Navidad porque DIOS está de nuestro lado

y comparte, como Cristo lo hizo en un pesebre,

nuestra pobreza, prueba, llanto, angustia y orfandad.

Habrá Navidad porque necesitamos

una luz divina en medio de tanta oscuridad.

Covid19 nunca podrá llegar al corazón ni al alma

de los que en el cielo ponen su esperanza y su alto ideal

¡HABRÁ NAVIDAD!

¡CANTAREMOS VILLANCICOS!

¡DIOS NACERÁ Y NOS TRAERÁ LIBERTAD!

UN ADVIENTO DIFERENTE

Las Catequistas Sopeña pensamos que con los cambios que estamos experimentando en el mundo, parece ser que el tiempo del Adviento, un momento recién iniciado, también va a ser diferente este año.

Pero puede ser diferente en las formas, que en muchos casos vienen marcadas por las restricciones impuestas por la COVID19, pero podemos vivirlo mucho mejor en el fondo, que es de lo que se trata.

Venimos pensando desde hace tiempo que todas estas dificultades que estamos viviendo, pudieran ser, por qué no, una señal inequívoca de la necesidad de parar, de detener el ritmo frenético, impostado, superficial y vacío, y mirar más hacia nosotros mismos, hacia nuestros prójimos y, por supuesto, hacia Dios.

Quizás se nos esté poniendo en bandeja una oportunidad preciosa de experimentar un tiempo de Adviento auténtico y diferente.

Se trata de vivirlo como lo que es: una época privilegiada para todos los cristianos durante la cual podemos emplearnos en recordar el pasado, vivir el presente y preparar un futuro.

Estas cuatro semanas anteriores a la Navidad deberían ser siempre tiempo de reflexionar sobre cómo ha sido nuestra vida y prepararnos con esperanza para vivir de nuevo el Nacimiento de Jesús.

Y, cómo no, olvidarnos de esas otras falsas Navidades que, seguramente, lo único que consigan es dejarnos un gran vacío personal y espiritual.

Si conseguimos, tras ese periodo de introspección y profundidad, salir reforzados y planificar una mejor versión de nosotros mismos, en relación a los demás y con Dios, habremos aprovechado el Adviento y estaremos dispuestos para hacer realidad el milagro de la Navidad.

Por aquí os compartimos recursos e información para vivir con consciencia el Adviento.

Adviento Calendario

 

RETIRO ESPIRITUAL ONLINE

“El que reza, nunca está solo”,  dice el Papa Francisco, y así es. Incluso en este momento de pandemia y dificultad, compartir momentos de retiro, oración, reflexión y comunión con personas de otros lugares nos hace sentirnos acompañados y marineros en el mismo barco.

Laicos Sopeña, con los que compartimos espiritualidad y misión, y Catequistas han celebrado el pasado fin de semana un retiro espiritual online, la tercera vez que se organiza, así, con esta modalidad.

Los implicados, miembros de la Familia Sopeña de las comunidades y centros de acción de Quito, Riobamba y Guayaquil (Ecuador) y de Bogotá (Colombia) han expresado su agradecimiento a Dios, “por su paso en cada persona que participó en esta experiencia”.

Aunque no se disfrute de la presencia física, este retiro espiritual online es una oportunidad de dedicar tiempo a nosotros mismos, a los demás, nuestros hermanos, y a Dios.

Retiro Espiritual Online1

Se trata de regalarnos momentos para profundizar en esas relaciones con oración, reflexión y comunión. La oración es nuestro motor espiritual.

Ahora, todos los habitantes del mundo, católicos o no, estamos inmersos en las mismas dificultades, afrontando un momento excepcional, de dificultades añadidas a las propias de la cotidianeidad.

Es más necesario que nunca rezar y acercarse a Dios, lo que nos acercará ineludiblemente a nuestros hermanos. Solo con empatía y comunión se puede salir fortalecido de una situación como esta.

Es una forma, además, de renovar nuestro compromiso con los más desfavorecidos, con los más alejados y que, con seguridad, más necesitan de nuestro brazo extendido.