TODOS SOMOS FRUTO DEL MISMO AMOR

La historia de Dolores Sopeña comenzó con una disposición de amor, de ayuda, de situarse al lado del otro, de un reconocimiento de cada persona como única y valiosa y, por supuesto, siempre digna de toda la atención y la compasión.

Así está encarnado en nuestro Carisma, porque las Catequistas Sopeña somos mujeres para los demás, y hecho realidad a través de nuestros valores.

Desde uno, vamos pasando por todos, pero desde la fraternidad y la entrega, el sentir que el otro, cualquiera que sea, es nuestro hermano, no puede suponer más que servicio, amor y bondad.

No lo podía haber expresado mejor María Jesús González, Catequista Sopeña en Loyola, en este artículo que reproducimos continuación con la intención de compartirlo y que se difunda como la semilla de la bondad.

UNA SEMILLA DE BONDAD

Ayudar a otro, es bonito y agradable. Casi siempre nos gustar hacerlo y nos deja una profunda satisfacción. A veces es un gesto espontáneo, que brota de una actitud y puede llegar incluso a lo heroico. Otras veces, nos lo hemos propuesto y lo hacemos en grupo, dentro de una institución o solos, incluso “de incógnito”. Siempre es grato.

Ayudar, ser útil a otros, nace en lo mejor de nosotros mismos. No podemos ignorar que hay una huella divina, impresa en nuestro corazón porque fuimos creados “a imagen y semejanza de Dios”. Esta huella muchas veces no se ve, el egoísmo la cubre; pero ahí está. Será bueno quizá descubrirla, cultivarla y esperar  muchos frutos y muchos buenos momentos.

Por eso, al comienzo de esta sencilla comunicación, les invito a reconocer en nuestro interior y en cada ser humano, aunque a veces resulte difícil, esa semilla de bondad, que nos hace más personas y nos orienta hacia los demás. Cada vez es más constatable (o claro) que el egoísmo y la inmadurez se dan la mano.

La sensibilidad ante el sufrimiento o carencias ajenas, es un valor, una cualidad, indica un corazón noble, profundamente humano. Hay  muchas personas excepcionales en este sentido. Dolores Sopeña fue una de ellas. La razón, quizá más profunda, es que se sitúan espontáneamente ante un semejante, un hermano. Desaparecen  las apariencias y las distancias. Perciben, más allá de lo habitual, el vínculo profundo que nos une: esa igualdad fundamental, ese origen común. El Papa Francisco dice que somos “caminantes en la misma carne humana”. Suena fuerte, pero asumir esta verdad, es la clave.

Fruto del mismo amor

Desde nuestra fe, sabemos que es realidad. Todos somos fruto del mismo amor, hemos salido de las mismas manos del Creador, de nuestro Padre Dios.

En otros casos, no parece que hay referencia religiosa expresa, pero a los que saben realmente amar y servir desinteresadamente, les mueve la misma verdad, si bien percibida de modo diferente. Algunas “distinciones” que a veces hacemos no son necesarias; más bien nos confunden. Basta saber que la bondad y el bien auténticos     – ¡eso sí! – solo pueden brotar de la Verdad y el Bien, con mayúsculas, que es Dios. No hay otra fuente.

Saber y sentir a los demás hermanos, iguales a uno mismo es un dinamismo  que “liberamos” de nuestro interior. Porque esa imagen de Dios que reconozco en mí y que me hace sentir un “hijo amado”, la veo en el otro y siento que también es amado como yo. 

Y entonces, se produce un misterioso intercambio… se abre un proceso de vasos comunicantes que nos iguala, nos enriquece, nos energiza. Mi ayuda, se convierte en la posibilidad de recibir de esa persona -quizá desconocida- la energía y la vida que brota de su mismo ser de hijo de Dios y me conecta con el Padre común.

Esta experiencia se convierte en profundo respeto, en cercanía, en gratuidad, porque lo que nos ofrecemos mutuamente no busca ni puede tener otra recompensa.

Plantear desde aquí el servicio o ayuda que deseamos prestar a los demás, nada tiene que ver con la “superioridad” ni el “paternalismo”. Es cierto que hay otras formas pienso que desenfocadas, de ayudar a los demás. Por dinero, por prestigio o vanidad, por conveniencia, etc. Son útiles, pero incompletas, no logran todo el efecto necesario, se limitan a paliar una situación, no siempre llegan a la persona, se reducen a logros “temporales”.  Se acaba la necesidad, se acaba el efecto de la ayuda.

Efecto permanente

Plantear “la acción social” desde la fraternidad, tiene un efecto permanente. La experiencia propia y la que se ha desencadenado en “el otro” ya dura para siempre. Nos hemos sentido hermanos y esta verdad ya es indeleble en ambas partes, porque, si cabe esta expresión, crecemos como personas. Dolores Sopeña decía “en esta Obra, crecemos todos a la vez…” Hace más de cien años, debió resultar una frase novedosa.

Este es el éxito y la fuerza de convocatoria que tienen algunas instituciones. El servicio que se presta es válido; pero lo que atrae es la red de relaciones fraternas que se crean.  Es lo que Dolores Sopeña enseñaba cuando decía que es necesario llegar  al corazón. No es ficción, no es romanticismo o palabras vacías. Es amor fraterno puro, real y sensible. Así se da y así es percibido. Los testimonios son numerosos.

En realidad el ejercicio de la fraternidad  no es aplicable solo a la dedicación a los demás como voluntariado o colaboración de tipo social, sino que es posible siempre, en cualquier servicio o profesión. En todas ellas puede haber, y de hecho hay,  una entrega personal, una actitud fraterna respecto al otro, sea quien sea, una atención desde el corazón y va más allá de todo pago o recompensa monetaria. Esta actitud, cualifica y da valor a nuestras actividades y, obviamente tiene efectos. 

La única salida

En este campo de las relaciones humanas, se juega todo, se juega el futuro de la humanidad. La fraternidad “es la única salida” advierte el Papa Francisco. (FT 67)

De ahí, que para “el enemigo de natura humana”, como llamaba San Ignacio de Loyola al espíritu del mal, sea este su principal campo de batalla. Sembrar odio, dividir, desunir, alejar a unos de otros, desintegrar, promover violencia, despreciar, excluir, es “diabólico”. Debemos estar atentos.

 El camino hacia el amor y la fraternidad es muy largo; pero todos podemos aportar nuestros pequeños pasos, en la convicción de que la victoria es nuestra, mejor dicho: es de nuestro Dios.

 

CAMINO A LA CANONIZACIÓN

El proceso de la Causa de Canonización de Dolores Sopeña se inició en 1928 por el entonces obispo de Madrid y registró su Beatificación el 23 de marzo de 2003 por el Papa San Juan Pablo II en Roma (Italia).

Actualmente, este camino a los altares se encuentra en el punto de estudio de un presunto milagro atribuido a la intercesión de Dolores Sopeña.

En enero del pasado 2020, el Instituto Catequista inauguró la web que está dando impulso al Proceso de Canonización, que reconoce a Dolores como modelo y referente de una vida consagrada plenamente a Jesús y comprometida con Cristo.

El 10 de enero de 1918 muere en Madrid, concretamente en la Casa en la que ahora se ubica su Museo, con fama de santidad.

Pero, ¿conoces suficiente sobre cómo se desarrolla este complejo y largo proceso del reconocimiento de la santidad?

Si te interesa, por aquí te compartimos algo de información, que te ayudará a comprender mejor cuál es el valor de Dolores Sopeña o, si lo prefieres, siempre puedes visitar www.canonizaciondoloressopena.org,  que recoge todo lo que necesites saber sobre ella.

Acto hacia la Canonización

Siempre han existido cristianos que han vivido el amor a Dios y a los demás de manera extraordinaria.

Estas personas eran especialmente apreciadas por los creyentes que los habían conocido, tanto por haber sido imitadores de Cristo como por sus poderes de hacer milagros.

Por este motivo, los santos originalmente eran aclamados a «vox populi»; es decir, por aclamación popular.

Pero surgió la pregunta: ¿Cómo se podía tener la seguridad de que los santos invocados por la gente eran realmente santos?

Se designó entonces a los obispos, que  tomaron la responsabilidad de ver quiénes debían ser declarados santos en su diócesis. Concluida la verificación, se les asignaba un día de fiesta, generalmente el aniversario de su muerte, por ser el día en el que habían nacido a una nueva vida con Cristo.

A finales del s. X (993) tenemos el primer caso en que una canonización es aprobada directamente por un Papa. A partir de 1234 las canonizaciones se reservaron sólo al Sumo Pontífice.

En 1588 el Papa Sixto V creó la Congregación de Ritos encargada de estudiar los casos de canonización. En 1917 el proceso aparece codificado en el Código de Derecho Canónico y en la década de los 80 se han realizado las últimas reformas para simplificar el proceso.

Ya en el s. V, los criterios por los que se consideraba “santa” a una persona eran: 1) su reputación entre la gente (“fama de santidad”), 2) el ejemplo de su vida como modelo de virtud heroica y 3) su poder de obrar milagros, en especial aquellos producidos póstumamente sobre las tumbas o a través de las reliquias.

Actualmente hay tres pasos en el proceso oficial de la causa de los santos:

  1. VENERABLE

Con el título de Venerable se reconoce que un fallecido vivió las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), las cardinales (fortaleza, prudencia, templanza y justicia) y todas las demás virtudes de manera heroica; es decir, extraordinaria.

  1. BEATO

Además de los atributos personales de caridad y virtudes heroicas, se requiere un milagro obtenido a través de la intercesión del Siervo/a de Dios y verificado después de su muerte. El milagro requerido debe ser probado a través de una instrucción canónica especial, que incluye tanto el parecer de un comité de médicos (algunos de ellos no son creyentes) y de teólogos. El milagro no es necesario si la persona ha sido reconocida mártir.
Los beatos son venerados públicamente por la iglesia local.

  1. SANTO

Con la canonización, al beato es incluido en la lista o canon de los santos de la Iglesia (de allí el nombre de canonización). Para este paso hace falta otro milagro atribuido a la intercesión del beato y ocurrido después de su beatificación. El Papa puede obviar estos requisitos. La canonización compromete la infalibilidad pontificia.

Mediante la canonización se concede el culto público en la Iglesia universal. Se le asigna un día de fiesta y se le pueden dedicar iglesias y santuarios.

Causa de Canonización

 

TECNOLOGÍA QUE NOS UNE EN ORACIÓN

Nuestras comunidades de Catequistas Sopeña en Bogotá (Colombia) y en Quito, Riobamba y Guayaquil (Ecuador) han compartido ya en varias ocasiones los avances de la tecnología para unirse en celebraciones y oración.

Algo que se ha venido repitiendo también entre todas las personas que conformamos la Familia Sopeña en el mundo.

Esa, quizás, ha sido una de las consecuencias no tan negativas de esta pandemia que estamos sufriendo, con mayor o menor rigor, en todos los países del mundo.

Todos nos hemos tenido que actualizar y ponernos a aprender rápidamente sobre cómo comunicarnos y llevar a cabo hábitos importantes como son las celebraciones litúrgicas y las oraciones comunitarias.

Durante el pasado mes de mayo, las mencionadas comunidades de Bogotá, Quito, Riobamba y Guayaquil coincidieron de modo online para celebrar la Eucaristía y Vigilia de Pentecostés.

Acompañadas, eso sí, por laicos, colaboradores y amigos, con una participación muy activa, que reflejaba la acción del Espíritu Santo.

 

Se realizaron cinco momentos de oración, durante los cuales, se encendía una vela, como símbolo de recibir los dones que el Espíritu Santo derrama sobre cada uno de nosotros, como así los recibieron los primeros Apóstoles.

Se aprovechó para dar gracias a Dios, entre otras muchas cosas, por la posibilidad de contar con estas herramientas que nos permiten seguir compartiendo la fe, con la esperanza y la ilusión de seguir creando con el Señor.

También participaron en la Eucaristía y en la Vigilia Jóvenes Sopeña, de Guayaquil que recientemente acababan de retomar sus actividades de formación.

Son tres grupos que se reúnen de forma quincenal y que manifestaron en todo momento la alegría del reencuentro a través de la tecnología y de volver a recibir esta formación.

Sin embargo, también expresaron su deseo de poder regresar cuanto antes a la presencialidad, lo que, sin duda, las fortalecerá como grupo y les permitirá desarrollar las actividades de voluntariado y de misiones que tanta ilusión les producen.

COMPARTIR LA CASA Y LA MESA

Dolores Sopeña, siempre concibió su vocación y su obra como una opción a compartir con muchas personas de distinta procedencia, para acercar y dar a conocer a Dios y el Evangelio.

Es la misión compartida, que es una de las señas de identidad de nuestro Carisma, así como lo imaginó y lo llevo a la práctica nuestra fundadora.

Compartir la misión siempre es una opción emocionante que supone profundos sentimientos fraternos.

La Familia Sopeña viene haciéndolo desde hace muchos años y supone también entender y proyectar un mundo, una sociedad, como un lugar de fraternidad, como el que comparte la casa o la mesa.

Compartir mesa

Así lo expresa desde Ecuador uno de los miembros de esta extensa familia: Javier Castellanos, Laico Sopeña, en el último número de la revista ICONO, de los Redentoristas, en la que venimos colaborando desde inicios de este año, contando la acción social desde el Carisma Sopeña y con nuestros valores institucionales.

Por aquí os compartimos el artículo, que os ayudará a conocer un poquito más de la Familia Sopeña.

UNA VIDA DE ENTREGA

Nos ganaron el corazón con el testimonio, ahora nos une el servicio. Formamos una gran familia que busca devolver la dignidad al ser humano. En este artículo comparto mi historia y la de otros laicos como yo. Nuestro objetivo final es anunciar el Evangelio, extender el Reino de Dios, esa es nuestra misión compartida.

¿Espectadores o actores?

Ser espectadores significa limitarse a observar los acontecimientos desde nuestra zona de confort; no obstante, siempre atentos a criticar lo que a nuestro entender se ha hecho de forma equivocada. Algunos espectadores inclusive pudieran llegar a sentir lástima por el dolor ajeno que mira a su alrededor; sin embargo, la inacción les domina, nunca llegan a convertirse en un agente generador de soluciones.

Por el contrario, ser actores significa fundamentalmente “ser parte de…”, una búsqueda incesante y permanente de un mundo más solidario, más justo, más honesto, más digno, más unido; es decir, desde la visión de la fe cristiana sentimos que Dios nos ha encomendado la Misión de extender su Reino.

En este contexto, surge esta historia que se ha repetido en el tiempo de muchos laicos, niños, adolescentes, adultos, que han sido ganados el corazón por religiosas, Catequistas Sopeña; y, posteriormente, estos laicos han sido testimonio para otros laicos. Este ciclo virtuoso se ha repetido en el tiempo, pensamos que esto no es casualidad sino una obra de Dios, nosotros lo sentimos como “Nuestra Herencia”.

Surge la pregunta ¿cómo estas religiosas les ganaron el corazón?, ¿por qué los laicos son fieles a este Carisma? ¿esta comunidad de religiosas y laicos que están dispersos en algunos países son como una sola familia?

Compartir la mesa

El sentido de familia es quizá el signo más relevante e importante de la sociedad, indistintamente de la zona geográfica, creencia religiosa, estrato social o nivel cultural.

La confianza de creer en algo, la inspiración de perseguir un objetivo en común, se da justamente en el núcleo familiar; por aquello la frase “Hacer de todos los hombres una sola familia en Cristo Jesús” (Dolores Sopeña) tiene una trascendencia supremamente importante y que se convierte en la esencia de mi comunidad.

Uno de los signos que en las familias genera lazos de unión es el “compartir la mesa”. Jesús lo hizo con sus apóstoles y fue ahí justamente cuando instituyó el servicio, la entrega incondicional, el bajarse a un rol de limpiar los pies. De forma espontánea nuestra comunidad ha heredado esta buena costumbre de compartir la mesa. Empezamos haciendo una oración por aquellas familias que no tienen un pan para servirse y, luego, bendecimos y agradecemos por los alimentos que nos vamos a servir.

Recuerdo siempre una oración que hacíamos cuando bendecíamos los alimentos “…que el pan es más pan cuando hubo el esfuerzo”; ese signo de honradez y sacrificio también lo compartimos como un valor que muchas de las familias transmiten a sus hijos de generación en generación.

Es una oportunidad única para reírnos, llorar, compartir nuestras vivencias, nuestros sueños, quizá algún evento que nos marcó el día; en resumen, ganamos confianza para estar fuertemente cohesionados Catequistas y Laicos Sopeña en la misión.

Compartir Carisma

Una Casa Común

Otro signo que identifica las familias es tener un sitio de acogida donde sentirse protegidos, un lugar donde podamos poner en práctica todos los valores que nos dignifican como personas: solidaridad, fraternidad, respeto, justicia, honradez, transparencia, etc.; quizá debería ser el mundo nuestra casa común. Jesús no se circunscribió a una nación, a una región, a una etnia, en todos los pasajes de su vida pública nos plantea que el mensaje de salvación es universal.

El lugar donde realizamos nuestro apostolado, es nuestra Casa Común; pero realmente no está relacionado con un lugar físico de una zona determinada, si se quiere relacionar con una ubicación física, podemos decir que está en algunos lugares del mundo, en múltiples espacios de acción, donde podamos anunciar el Evangelio y extender el Reino de Dios.

A decir verdad, en la Casa Común no le cerramos las puertas a ningún ser humano, es universal, como el mensaje de salvación de Jesús; creemos en los procesos de conversión y redención, hemos sido y hemos visto como otras personas han sido parte de este proceso.

Conversar a través de la oración

Una de las herramientas más fuertes que hemos recibido de esta herencia carismática todos quienes trabajamos en la misión compartida es la oración.

Recuerdo la primera vez que realicé ejercicios espirituales, tenía ciertas dudas con respecto a, si iba a tener la suficiente voluntad como para pasar “rezando” durante cuatro días seguidos, era muy joven y en mi cosmovisión pensaba que únicamente los religiosos lograban este tipo de hazañas.

Para mi sorpresa, fue justamente aquí cuando aprendí a conversar con Jesús, a escucharlo en el silencio, luego la sensación es de continuar no cuatro días sino toda la vida escuchando su voz en mi interior. Esta práctica hemos tratado de llevarla a todos nuestros espacios de acción con todos quienes aceptan entrar a nuestra Casa Común y ser parte de esta gran familia unidos en Cristo Jesús.

 

 

IGNACIO: HERIDA QUE ABRE CAMINO Y ENCUENTRO

Este año, la familia ignaciana está de fiesta, pues conmemora los 500 años de la llamada “Conversión” de san Ignacio.

El 20 de mayo de 1521, lunes de Pentecostés, una bala de cañón le destrozó la pierna derecha al entonces Iñigo de Loyola, hiriéndole también la izquierda, mientras defendía la ciudad de Pamplona (España) de la invasión del ejército francés, siendo trasladado a la casa familiar en Loyola.

Allí, durante su larga y dolorosa convalecencia, dará inicio un lento y profundo proceso de conversión que culminó en la fundación de la Compañía de Jesús.

Herida San Ignacio

Hablamos de “familia ignaciana” porque la espiritualidad ignaciana, sobre todo a través de los Ejercicios Espirituales y el servicio de acompañamiento espiritual, ha sido sumamente fecunda.

De hecho, un sinnúmero de Institutos Religiosos femeninos, entre ellos el nuestro, el Instituto Catequista Dolores Sopeña, compartimos esta espiritualidad. De allí que queramos unirnos a esta celebración y compartir la influencia de la espiritualidad ignaciana en nuestra congregación.

La influencia de la espiritualidad ignaciana en Dolores Sopeña es innegable. Los Ejercicios, que hizo anualmente como laica desde los 28 años, la configuraron por dentro humana y espiritualmente.

Ella misma comenta: «Una cosa preciosísima me dijo un Padre que es un teólogo de primera: “He estudiado, y he visto que el espíritu del Instituto de ustedes está basado y calcado en los ejercicios de San Ignacio: es todo el espíritu de los Ejercicios.” Y yo he pensado que es verdad. ¡Para que vengan diciendo que Fundadora…, que hasta daño me hace que lo digan! Yo no he estudiado ni aprendido en ningún libro para fundar; pero, en cambio, he hecho siempre los Ejercicios… para que veáis que es Dios, Dios y sólo Dios el que lo ha hecho todo».

A la sombra de San Ignacio

Y, desde muy joven, sus directores espirituales fueron siempre jesuitas: el P. Goicoechea, el P. Santos, el P. López Soldado, el venerable P. Tarín, el P. Ibero. Ellos la ayudaron a moldear su carácter y, viendo en ella claras inclinaciones apostólicas y un enorme liderazgo, la ayudaron a desplegar todas sus potencialidades y la apoyaron en sus iniciativas evangelizadoras en los barrios marginales de finales del s. XIX, entre las familias obreras.

A la hora de escribir las Constituciones, una vez fundado el Instituto el año 1901, su sueño era «hacer un injerto del espíritu especial que Dios había puesto en mi alma con las Reglas de San Ignacio». Y, para ello, el Señor le proporcionó contar con la ayuda del entonces Maestro de novicios de los jesuitas en Loyola, el P. Cesáreo Ibero.

Todo carisma es un don de Dios al servicio de la Iglesia y de la humanidad y, como tal, tiene características y matices propios, en función de la misión que está llamado a desempeñar.

Y, sin duda, uno de los rasgos configuradores “Sopeña” viene precisamente de tener una clara espiritualidad ignaciana. Por eso, la imagen del “injerto” resulta muy adecuada y, sobre todo, sugerente.

En nuestras Constituciones hay dos números que para Dolores Sopeña eran la quinta esencia del carisma que Dios puso en su corazón, que recogen elementos esenciales de nuestra espiritualidad y misión, y que compartimos también con los Laicos Sopeña.

En el número 5 leemos: «Vivirán en medio del mundo… atentas únicamente a la obra de la salvación de las almas». Esa llamada a vivir en medio del mundo, nos evoca la contemplación de la Encarnación. La Trinidad contempla la humanidad con amor y envía a su Hijo para conducirnos hacia Él.

Por eso, la espiritualidad Sopeña es una espiritualidad encarnada, una espiritualidad apasionada por Dios y por el mundo. De allí, incluso, el hecho de que, desde la fundación no llevemos hábito sino que vistamos como las personas del lugar donde nos toca vivir.

Y, en el número 10: «Medite cada una a menudo que el Señor escoge débiles y rotos instrumentos…» La experiencia de ser instrumentos en manos de Dios, de ser dóciles a su voz y disponibles para estar allí donde se nos necesite, hunde también sus raíces en esta espiritualidad que Dolores hizo suya.

Precisamente por esto, los Ejercicios Espirituales, tanto para las Catequistas como para los Laicos Sopeña, son esa escuela donde nos vamos configurando con Cristo, alimentamos nuestro espíritu y se convierten en lanzadera para seguir sirviendo a Dios y a quienes pone en nuestras manos.

Que esta conmemoración de la conversión de san Ignacio sea un estímulo para que quienes nos sentimos familia ignaciana caminemos hacia el ideal que nos proponen los Ejercicios: «en todo amar y servir».

TENURA: LA MEJOR MEDICINA

La ternura que se desprende del amor de Dios se revela como el bálsamo para aliviar el dolor provocado por las incertidumbres y angustias de este tiempo que nos está tocando vivir.

Por una vez en todo el mundo y al unísono, compartimos una misma preocupación, pero, lógicamente, con distintos grados de dolor, dependiendo del país en el que hayamos nacido y en el que estemos viviendo.

Es momento ahora, y siempre, de actos de amor y fraternidad, que contrapongan la misericordia a lo terrible de los números y los acontecimientos.

Así lo ha expresado y compartido Eloísa Barcia, Catequista Sopeña, ahora en Santiago de Chile, en un artículo sobre la acción social desde nuestro Carisma en la revista ICONO, de los Padres Redentoristas.

Su experiencia personal no deja lugar a dudas: Los “derroches de ternura” ayudan a crecer mejor a las personas.

Ternura: La mejor medicina

Los acontecimientos actuales revelan que, son los actos misericordes, los que efectivamente devuelven el sentido a nuestras vidas.

Un libro me ha acompañado desde jovencita; es pequeño, liviano… contiene oro puro. Al hacer la maleta para cambiar de destino, este librito es lo primero que empaco. El personaje principal me sigue cautivando a través de los años; desde la introducción, se presenta con sus “vicios ejemplares”: la sencillez y la amistad. Al final, no deja de sorprenderme, cuando afirma que “el cariño es una apuesta contra la insolencia de los números”.

En el último año, hemos sido testigos del derroche de ternura del personal médico hacia los enfermos de Covid-19, que ha sacrificado horas, familia y hasta su propia vida. Esto sirvió y sigue sirviendo a enfermos, sobrevivientes y a aquellos que, una vez sanados, padecen de otras dolencias mentales y emocionales.

En mi experiencia personal, he sido testigo de que los “derroches de ternura” ayudan a crecer a las personas. Muchas se acercan a nuestros Centros con el anhelo de aprender algo; otras tantas, con deseos desconocidos; y, la gran mayoría, con sus almas perdidas y sus corazones vacíos… No obstante, van creciendo en seguridad, confianza en sí mismas, habilidades humanas y un vasto caudal espiritual. Ciertamente, esto sucede porque encuentran un plus de amistad, cariño, atención, ternura, que les facilita abrir su corazón a sí mismas, a Dios y a los demás.

ternura flores

Hoy estarás conmigo en el Paraíso

En el Evangelio, nos encontramos con un Amor sencillamente tierno, que no ha podido manifestarse mejor que en el nacimiento en un establo del pequeño pueblo de Belén de Judá; un Amor que se dona totalmente en Getsemaní, derramando su sangre sobre nuestra tierra; un Amor que entrega su rostro en respuesta a la ternura de una mujer que se acerca y le ofrece un pañuelo; un Amor que, en la Cruz, muestra su ternura en una promesa: “hoy estarás conmigo en el Paraíso”; un Amor que, preocupado por su Madre, y por el género humano, nos hace la sublime y tierna entrega de una Madre y la entrega a ella de unos hijos, que somos nosotros.

Igualmente, el Resucitado se presenta a María Magdalena y la llama tiernamente por su nombre; de la misma manera, mediante Tomás, nos revela su corazón traspasado y sus venerables llagas. Estas son solo pinceladas del derroche de ternura de Dios Padre manifestado en Cristo Jesús, que nos envía luego al Consolador, al Espíritu Santo, que ayudará a abrir nuestra mente y corazón para anidar lo inconcebible.

La sabiduría del amor

Al final del libro que les comenté al principio, el autor pone en boca del protagonista:

“La cosa más urgente es desear tener el Espíritu del Señor. Él solo puede hacernos buenos, profundamente buenos, con una bondad que es una sola con nuestro ser más profundo. Mira, evangelizar a un hombre es decirle “Tú también eres amado de Dios en el Señor Jesús”. Y no solo decírselo, sino pensarlo realmente. Y no solo pensarlo, sino portarse con este hombre de tal manera que sienta y descubra que hay en él algo de salvado, algo más grande y más noble que lo que él pensaba, y que despierte así a una nueva conciencia de sí. Eso es anunciarle la Buena Nueva y eso no podemos hacerlo más que ofreciéndole nuestra amistad; una amistad real, desinteresada, sin condescendencia, hecha de confianza y de estima profundas…”.

El libro del que les hablo es “La sabiduría de un pobre”, de Eloi Leclerc. Y, en efecto, es lo que he visto y experimentado en los Centros Sopeña durante 50 años; San Francisco de Asís lo vivió y comunicó; Dolores Sopeña lo vivió y lo comunicó; otros Santos de ayer y de hoy lo han hecho y lo siguen haciendo; y, recientemente, el Papa Francisco nos ha invitado a lo que él llama “La revolución de la ternura”.

La ternura es la mejor medicina para calmar las ansiedades de un mundo que se debate entre ellas.

¡Compartamos la ternura de Jesús!

La revolución de la ternura

Los tiempos actuales demandan una revolución de amor. El dolor que está sumiendo al mundo solo puede enfrentarse con altas dosis de ternura.

La ternura es usar los ojos para ver al otro, usar los oídos para escucharlo, para sentir el grito de los pequeños, de los pobres, del que teme el futuro […]. La ternura significa usar las manos y el corazón para acariciar al otro, para cuidarlo, afirma el Papa Francisco.

En unos ojos que miran con compasión, en unos oídos atentos al dolor, en unas manos que se extienden para acompañar y en un corazón atento al palpitar ajeno reside la luz que viene de lo alto y nos alumbra el camino de la esperanza.

AGRADECIMIENTO FRATERNO

El Equipo de Solidaridad envía a toda la Familia Sopeña y a todas aquellas personas que están colaborando en el proyecto Un Peldaño para los Demás, un mensaje de agradecimiento y de ánimo por la implicación solidaria con quienes atraviesan momentos difíciles.

Ha querido plasmar, mediante una carta abierta a todos, su reconocimiento por la complicidad, “que rebela una verdadera familia”.

GRACIAS

Cuando el Instituto Catequista Dolores Sopeña planteó este proyecto solidario para actuar ante un momento complicado a nivel mundial: crisis sanitaria, declaración de pandemia, crisis económica…, no imaginó la implicación que está teniendo desde todos los rincones del mundo donde hay presencia Sopeña.

Sabemos que, desde muchas partes del mundo, os habéis movilizado de múltiples maneras para sumar en el Proyecto Un Peldaño para los Demás; recaudando fondos desde escuelas, centros, casas de catequistas, familias y donantes anónimos.

Además, haciendo eso que tan bien supo hacer Dolores Sopeña, salir al encuentro, estando atentos a las necesidades de otros, elaborando proyectos y haciendo seguimiento de esas mismas necesidades.

Sin este trabajo, y a veces esfuerzo, no hubiera sido posible que, después de tres meses, vayamos contando ya con los fondos suficientes para atender proyectos muy diferentes: facilitar el transporte a usuarios de escuelas; apoyar el pago de cuotas de alquiler y suministros básicos como electricidad o internet; comprar medicamentos; apoyar con material informático o didáctico; adquisición de elementos imprescindibles para emprender negocios… y tantos otros pequeños peldaños que están sirviendo ya para que la escalera vital de cada una de nosotros no se vea interrumpida.

Dar las gracias de forma puntual a la respuesta por el Proyecto Solidario, es una oportunidad para vivir en clave de agradecimiento profundo los lazos fraternos que nos unen a todos los miembros de esta nuestra Familia Sopeña.

A través de Jesús, hemos venido a formar parte de la familia de Dios. Debemos darle las gracias por ese maravilloso regalo y, aún más, por el buen testimonio de los hermanos que hace posible la extensión del Evangelio.

Por su parte, las personas y familias que han podido recibir estos escalones en forma de pequeñas ayudas, también han querido hacernos llegar, en muchos casos. cartas mostrando su gratitud y su compromiso para continuar con su crecimiento.

Carta2 Agradecimiento

MISIÓN EN BACHAJÓN (CHIAPAS)

Juanita Arguijo, catequista Sopeña, comparte con nosotros, a través de este blog, abierto a todos, su experiencia en la Misión de Bachajón, un pueblo fundado en 1958, a 123 kilómetros de San Cristóbal de las Casas, en el estado de Chiapas (México).

Visitó a su hermano sacerdote, uno de los cinco jesuitas de una Comunidad que atiende las cuatro zonas de esa parroquia.

Misión con su hermano

“’La espera… desespera’, así me encontraba con la tramitación lentísima de mi visa para Ecuador, cuando la Semana Santa se iba acercando y con ello el regalo de Dios: ir de misión a este pequeño poblado invitada por mi hermano Mario, sacerdote jesuita encargado de la parroquia y de las tantas comunidades que atienden los jesuitas desde hace años en esa zona.

Bachajón tiene origen colonial y su población es de habla tseltal (lengua perteneciente a la familia maya). Se compone de dos barrios: San Sebastián, al norte, y San Jerónimo, al sur, cada uno de los cuales cuenta con sus propias tierras, autoridades municipales, ejidales y dialecto.

 

Me hospedaron en casa de las religiosas Hijas Mínimas de María Inmaculada, quienes me acogieron con mucho cariño y generosidad. Ellas tienen una escuela primaria al lado de su casa.

En la iglesia tuvimos un encuentro con jóvenes, hicimos visitas con ellos para invitarlos a un retiro el Sábado Santo. Participaron 30 jóvenes, quienes compartieron su necesidad de encontrarse con Dios, como los discípulos de Emaús y conformar un grupo en la parroquia.

El padre Mario les ha ofrecido su acompañamiento y actividades solidarias que les entusiasmaron.

Me quedé muy sorprendida por la participación del pueblo en el Triduo Pascual. Chiapas tiene seis semanas que está en semáforo verde, aquí no hay muchos casos de COVID 19. Muy pocos se ponen el cubrebocas. Los sacerdotes sí les siguen recomendando cuidarse; al principio me preocupé. Gracias a Dios no hubo ningún caso hasta el momento.

Las actividades del Triduo Pascual que celebramos:

Jueves Santo: La eucaristía, la Hora Santa compartida por pastorales hasta la medianoche y el prendimiento de Jesús.

Viernes Santo: tuvimos el Viacrucis, la Adoración de la Cruz con la imagen de la Virgen de los Dolores.

Sábado Santo: se celebró la Vigilia Pascual, con alegría y esperanza.

Semana Santa en Misión

Domingo de Resurrección: se hizo el Via Lucis: “el camino de la Luz” con Cristo triunfante, siguiendo los relatos evangélicos y con una variante: para este pueblo indígena en su mayoría, el recorrido se hace en los cuatro puntos cardinales. Y al llegar a la parroquia, unas mujeres esperan a Jesús resucitado junto con la imagen de la Virgen María. Entran juntos delante de los fieles que hicieron el recorrido.

Finalmente, tuve la oportunidad de acompañar al padre Mario en una eucaristía por los nueve días del fallecimiento del papá de uno de los más de 80 diáconos que colaboran en la zona. La caminata me permitió contemplar el hermoso paisaje entre subidas y bajadas de la montaña.

De camino en la Misión

 

Personalmente, esta experiencia en la Misión me ha permitido conocer otra cultura y otras costumbres además de otra lengua en mi hermoso país mexicano. Entré en contacto con Dios a través de sus hijos más pequeños y más humildes. Le doy gracias al Señor por participar de una Semana Santa llena de vida y de cercanía con sus fieles tanto en las celebraciones como en las visitas que se realizaron”.

 

 

LA FUERZA DE LA SOLIDARIDAD

Las personas, valiosas en su individualidad, como creía nuestra fundadora, la Beata Dolores Sopeña, a veces tienen pocas oportunidades para formarse y desarrollarse de una forma integral y necesitan de una solidaridad que facilite su crecimiento.

Ese es uno de los objetivos de nuestra misión apostólica, encarnada en la Fundación Dolores Sopeña, a través de las escuelas y centros de formación para personas jóvenes y adultas.

De esa compasión hacia las personas, para favorecer su desarrollo personal en sus distintas facetas, ha aprendido mucho Sandra Salazar, Catequista Sopeña dedicada desde hace muchos años ya a los Centros de Formación que la Fundación tiene en la capital andaluza.

De ahí su identificación con las palabras del Papa Francisco acerca de la solidaridad, entendida, no tanto como gestos de generosidad esporádica, y si como una forma de entender la Comunidad.

Ella ha querido compartir su aprendizaje y experiencia a través de un artículo sobre la solidaridad en la revista ICONO, de los Padres Redentoristas, que os dejamos por aquí.

SOLIDARIDAD QUE AYUDA A CRECER

Capacitar para el trabajo es el último eslabón de la cadena de la solidaridad. Con la capacitación se empieza a superar la situación de indigencia, pobreza y vulnerabilidad. Se rompe la dependencia de las ayudas, haciendo personas autónomas, independientes, “dignas”.

Llevo muchos años dedicada, por vocación, a trabajar en formación de jóvenes y adultos. Muchos de los alumnos que hemos acogido en nuestros Centros Sopeña, a los que pertenezco, han tenido pocas oportunidades de formación, capacitación y desarrollo personal.

A lo largo de los años ha ido cambiando mi forma de entender y vivir la solidaridad. Ha influido lógicamente la formación, los estudios y la experiencia que he vivido en distintos países. Hoy me identifica perfectamente lo que el Papa Francisco dice acerca de la solidaridad en la EG n. 87: “La palabra solidaridad es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos”.

Solidaridad para alumnos

Pero entiendo que, en tiempos de crisis, catástrofe… lo primero es salir al encuentro de las necesidades de quienes sufren por la falta de trabajo, vivienda, comida… La compasión y la misericordia, son el rostro de Jesús que se hace tangible en la ayuda a los más necesitados aliviando su sufrimiento.

La última oportunidad de hacer posible la solidaridad

En todos los lugares en los que he trabajado me he encontrado con miles de necesidades a las que atender.  Me he sentido desbordada y limitada en los recursos para acudir a todo. De aquí que movida por el espíritu carismático Sopeña entendí y opté por gestionar y acompañar Centros de Formación y Capacitación. En estos Centros unas de las prioridades es atender a los más vulnerables, aquellos que vienen con serias limitaciones, dificultades materiales y económicas para completar estudios y capacitarse para el trabajo.

Las palabras del Papa Francisco en la Fratelli Tutti n. 115 iluminan y refuerzan nuestra misión: “El servicio siempre mira al rostro del hermano, toca su carne, siente su ‘projimidad’ y hasta en algunos casos la “padece” y busca la promoción del hermano… no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas”.

Me he convencido que capacitar para el trabajo, formar integralmente y buscar posibilidades de inserción laboral es la última oportunidad de hacer posible la “solidaridad”.  Así se empieza a superar la pobreza rompiendo la dependencia de las ayudas. Hacer personas autónomas, responsables, capaces de concretar su proyecto de vida es la motivación para seguir trabajando sin descanso en los Centros de Formación y Capacitación. Como dice el Papa, “todo ser humano tiene derecho a vivir con dignidad y a desarrollarse integralmente, y ese derecho básico no puede ser negado…” (FT n. 107).

Lo mejor y los mejores al servicio de los más necesitados

Pensar en los más necesitados nos lleva, en los Centros de Formación, a soñar y hacer realidad la oportunidad de superar la situación de pobreza. Pensar en los pobres es pensar en el mejor servicio y con los mejores recursos humanos y materiales.

Los Centros de Formación se organizan para buscar toda posibilidad, ocasión y oportunidad de lograr desarrollar todo el potencial que cada persona lleva consigo y que por circunstancias de la vida no ha podido desplegar. Los mejores formadores, los mejores técnicos, la mejor implementación al servicio de quienes han tenido menos oportunidades.

El servicio a los más vulnerables requiere de personas, laicos, con una sensibilidad, espiritualidad y formación exquisita.  Comprometidos con poner lo mejor de si al servicio de los más desfavorecidos.

Solidaridad de los Profesores

Reyes Guillén, 20 años como docente en un Centro de Formación Profesional.

“El deseo al que no renuncio es ver a nuestros alumnos contribuyendo a un mundo más justo y con más oportunidades para todos”.

Siempre he entendido mi profesión como la oportunidad de ver cumplidos los anhelos e inquietudes de los alumnos. Vivo mi labor docente como un servicio fundamentado en la entrega; en la búsqueda incansable del otro como reflejo de Dios.

La formación continua y permanente en competencias espirituales, profesionales y carismáticas son la base de todo lo que como docente quiero entregar a mis alumnos.

Comprendo que la solidaridad la voy haciendo efectiva en la formación integral de nuestros alumnos, haciéndoles hombres y mujeres integrados, independientes, responsables y generosos con quienes, como ellos, aún no tienen la oportunidad de superar situaciones de pobreza. 

El deseo al que no renuncio es ver a nuestros alumnos integrados plenamente en la sociedad, contribuyendo con su buen hacer a un mundo más justo y con más oportunidades para todos.

CÓMO VA NUESTRO PROYECTO SOLIDARIO

El pasado mes de enero, con el inicio de año, dio comienzo el proyecto solidario “Un Peldaño para los Demás”.

Esta campaña ha nacido en el seno del Instituto Catequista Dolores Sopeña para dar respuesta a un momento social y económico muy complicado, derivado de la declaración de pandemia mundial por la propagación de la COVID-19.

Su principal objetivo es, a través de pequeñas acciones y ayudas, convertirnos en ese peldaño que la situación socio económica puede estar truncando en la escalera de promoción y superación de cada persona.

Fruto del proyecto, que llevamos a cabo entre toda la Familia Sopeña y sus espacios de acción, hasta el momento hemos aceptado y cubierto 17 proyectos en diferentes lugares: en Rosario (Argentina), en Bogotá (Colombia) y en Sevilla, Madrid y Zaragoza (España).

Las ayudas han ido a parar a necesidades de escolarización, emprendimiento, alquiler de vivienda, facturas médicas, alimentación y suministros básicos.

Durante el año pasado, ante las situaciones de dificultad provocadas por los confinamientos y la propia pandemia, las Catequistas Sopeña decidieron activar el apoyo económico a usuarios, colaboradores e integrantes de la Familia Sopeña, que habían quedado en situaciones de desamparo, desempleo o precariedad.

De este modo, se creó un fondo solidario, que continúa abierto a donaciones y del que ya se van costeando proyectos solidarios.

Aunque podamos entender que la solidaridad forma parte del Carisma del Instituto Catequista y de la actividad de la Fundación, la situación actual nos mueve a trabajar de manera mucho más concreta y explicita en la Familia Sopeña.  

Proyecto Solidario Sopeña

Los espacios de acción están desarrollando la doble función de realizar acciones concretas de recaudación de fondos para aportar al proyecto solidario y, paralelamente, a través de los departamentos de acción social, detectar situaciones de necesidad en aquellas personas o familias que puedan estar precisando ese peldaño, ese empujón, para continuar su formación proceso de superación personal o profesional.

La comisión delegada para el Proyecto irá informando periódicamente acerca del desarrollo de la campaña, así como de las acciones que se van a ir desarrollando en relación a la misma.

Desde aquí ¡¡muchas gracias a todos!!