La Navidad misionera

El año pasado por estas fechas, la web de Obras Misionales Pontificias decidió dar voz a través de un precioso reportaje a misioneros que nos felicitaban la Navidad desde sus lugares de misión.

En el reportaje, ideado por el periodista José Beltrán, la Catequista Sopeña María del Carmen Vázquez nos contó su experiencia de su llegada a Cuba, durante su primera Navidad allí.

Ahora, la compartimos en nuestro blog para multiplicar su eco a las puertas de un nuevo periodo navideño.

La intención es, a través del testimonio de nuestra hermana, poner el foco en el original y auténtico sentido de la Navidad.

Un sentido de amor y de luz y, sobre todo de esperanza. Un periodo de agradecer, de rezar, de darse a los demás, de contagiar la alegría de la luz y de la vida compartida, y de practicar la templanza de no sucumbir al consumismo y la superficialidad de estos días.

La experiencia de María del Carmen Vázquez en Cuba, de donde ya regresó, va por ese camino:

“En mi primera Navidad allí, lloré mucho. Impacta ver cómo se va a celebrar el nacimiento de Jesús y todo sigue igual, como si nada. La gente iba a trabajar, los niños acudían con normalidad a la escuela… Ni un solo signo externo. Tampoco podíamos visibilizarlo de puertas para afuera”, rememora sobre su aterrizaje misionero en la isla.

 “Llegamos tres misioneras y nos distribuimos por parroquias. Yo comencé a trabajar con los salesianos en Santiago de Cuba”, relata María del Carmen. Con este mismo entusiasmo, rememora aquella noche del 24 de diciembre “en la que no teníamos nada que llevarnos a la boca, tan solo un huevo frito. ¡Y sin pan para mojar! Pero no me sentí que me faltara algo. Todo lo contrario, fui feliz acercándome a cómo fue esa primera Navidad pobre y sencilla, la de Jesús”.

Pero en medio de la dificultad, un destello: “Decidimos dar un paso adelante, pusimos el nacimiento en la parroquia y empezamos a cantar villancicos. La gente comenzó a llamar a nuestra puerta interesados por lo que hacíamos”. Así, esta misionera del Instituto Catequista Dolores Sopeña se reencontró con la esencia de la Nochebuena.

“Nos faltaba lo material, pero no lo espiritual ni una vida comunitaria que se palpaba en nuestra casa, con los demás religiosos, los sacerdotes y el obispo”, recuerda frente a sus anteriores destinos en Ecuador y Colombia.

Sin embargo, es Santiago de Cuba el lugar que le ha robado el corazón. “Desde que entré en el instituto, siempre quise ir a la misión, pero con el tiempo ya había descartado esa posibilidad y, cuando cumplí 33 años, llegó el envío. Francamente, me sorprendió”, detalla esta consagrada.

Cuba le robó el corazón

Esta misionera señala como punto de inflexión en su estancia en Cuba el viaje de san Juan Pablo II en 1998. “El salto que supuso aquella visita hizo que nos hiciéramos presentes en 21 barrios de la ciudad, desarrollando catequesis para jóvenes y adultos, preparación para sacramentos, llegando a bautizar a personas con 80 años…”.

También la Navidad se vio contagiada por esta apertura: “Aquel año, organizamos un belén viviente y paseamos por las calles del barrio, felicitando a unos y a otros, cantando y dando caramelos”. A pesar de las dificultades que esto generó, siguieron adelante. “Fue impactante ver cómo los más viejos del lugar estaban impresionados a nuestro paso y decían: ‘Igual que antes, si mi madre y mi abuela lo vieran…’”. Además, exportaron una tradición típicamente mexicana: las posadas, que consiste en ir casa por casa recordando aquel periplo de la Sagrada Familia buscando un alojamiento sin éxito.

Navidad en Cuba

 

Todo esto hizo que, de vuelta a España, hace seis años, viviera como “un shock” la llegada del 24 de diciembre: “De nuevo aparecieron las lágrimas, pero con un sentido muy distinto al de aquella primera vez en Santiago. Todo cristiano tendría que pasar por la experiencia de vivir una Navidad misionera, con los sencillos. En mi caso, Cuba se ha convertido en un brasero en el que aparentemente no pasa nada, pero, cuando rascas un poco, sale a la superficie la fe, un calor de verdad que se expande”.

Como decían las palabras que daban entrada al reportaje: “El calor de la comunidad hace olvidar la distancia y la intensa vivencia de la fe en las Iglesias jóvenes sustituye con creces la carencia de bienes materiales y de adornos que inundan estas fiestas”.

¡Feliz Navidad para todos!

JÓVENES SOPEÑA SE FORTALECE

Los Jóvenes Sopeña, uno de los brazos más enérgicos de la Familia Sopeña, se fortalece con nuevos ingresos y con la renovación de varios de sus miembros.

El Movimiento Sopeña Juvenil de Ecuador vivió estos días una ceremonia de ingreso con la incorporación de un grupo, recién concluido su tiempo de preparación para este crucial momento.

Durante la misma celebración, dos nutridos grupos celebraron asimismo la primera y la segunda renovación de sus compromisos, respectivamente.

De la misma manera que para la primera incorporación a Jóvenes Sopeña, la renovación de los compromisos requiere de la preparación y superación de sesiones de formación y de madurez espiritual.

Bajo la atenta mirada de la madre fundadora del Instituto Catequista, la beata Dolores Sopeña, y la frase: “Aquí me tienes dispuesta a todo por tu amor. Permíteme, correr por las calles y barrancos para enseñarles a todos a conocerte y a amarte”, los jóvenes dieron el paso de abrazar un Carisma basado en el servicio humanitario a las clases más desfavorecidas y en la evangelización de la familia trabajadora.

Jóvenes Sopeña1

El carisma Sopeña está arraigado en la sociedad civil también a través de los numerosos seguidores laicos que pertenecen al Movimiento de Laicos Sopeña y Sopeña Juvenil en el mundo. Dos Movimientos abiertos a todos aquellos que quieran dedicar algo de su tiempo a que el mundo sea un poco mejor viviendo su cristianismo de forma más activa y solidaria.

Jóvenes Sopeña representa la versión juvenil del Movimiento de Laicos y es un espacio de formación cristiana y voluntariado, para jóvenes que quieren crecer en su vocación cristiana y su compromiso social.

Jóvenes Sopeña3

LA ESPERANZA SE BASA EN LA FE

El Instituto Catequista Dolores Sopeña ha sido parte un año más de la Asamblea de la Conferencia Española de Religiosos, que se ha celebrado bajo el lema “Sabed cuál ha sido la esperanza a la que habéis sido llamados” (EF 1, 18).

La cita vino cargada de símbolos como granos de trigo, un puñado de tierra y un pequeño tiesto, para que los asistentes se sintieran como “tierra preparada para la siembra, tierras que se abre y acoge y tierra que se hace seno de vida”, y harina de hacer pan “para los que creen y esperan”.

En esta ocasión, la representación de las Catequistas Sopeña recayó en las recién reelegidas Superiora General, Miryam Ávila, y Vicaria General, Rosi Hermosa.

Miryam Ávila ha compartido sus reflexiones tras esta Asamblea de las religiosas y religiosos de España, que ha reunido en Madrid a más de 240 superiores generales y provinciales.

Concretamente destaca el mensaje transmitido de que “la esperanza no es ni ingenua ni optimista porque sabe del sufrimiento de nuestros hermanos y de la complejidad de nuestro tiempo”.

En opinión de Miryam Ávila, la esperanza “es una virtud, que se basa en la fe, donde se experimenta que para Dios no hay nada imposible. Se vale de nuestras debilidades y fragilidades. A diferencia del optimismo que es una virtud humana, que depende de las obras”.

Fue interesante la profundización que se hizo en el sentido de que la crisis de esperanza se produce por la crisis de fe y viceversa. La fe es la que va a alimentar todo, la que nos nutre y nos ayuda a levantarnos y a echar a andar.

Muy importante también para las Catequistas Sopeña el mensaje que se desprende de la mesa redonda en la que participaron jóvenes y mayores.

Precisamente se reflexionó y se debatió sobre la importancia de la comunidad intergeneracional y de la comunidad de cuidados, donde todos sus miembros seas corresponsables de igual manera de cuidarse entre sí y de establecer una escucha profunda del otro.

Interesantes también los planteamientos sobre cómo vivir y ser Misión.

En la eucaristía de clausura, que presidió Monseñor José Rodríguez Carballo, el secretario de la CIVCSVA, nos dejó tres verbos para “hacer vida”: LEVÁNTATE, NÚTRETE Y ECHA A CAMINAR.

CORAZONES AGRADECIDOS CON LAS CATEQUISTAS

El último encuentro anual de Laicos y Catequistas Sopeña que nos llevó a Vélez Rubio (Almería) tuvo momentos realmente agradecidos y emotivos para todos los que formamos la Familia Sopeña.

La visita a la Casa Natal de nuestra madre fundadora, la Beata Dolores Sopeña, de la mano de sus hermanas Catequistas, nos hizo sentirnos más cerca de esta mujer ejemplar que, ya desde niña, supo que su misión en el mundo y con Dios era estar al lado de todos, especialmente de los hombres y las mujeres con más dificultades y más alejados de la sociedad y de la Iglesia.

Pudimos conocer in situ y de primera mano toda esta historia que, aun oída cientos de veces, no deja de impresionarnos y de acercarnos más aún a su Carisma.

Durante la eucaristía en la Parroquia de la Encarnación, en la que Dolores Sopeña recibió el sacramento del Bautismo el mismo día de su nacimiento, una alumna, en nombre de otras muchas mujeres de corazones agradecidos que pasaron por el centro de formación de Vélez Rubio, leyó una carta a las Catequistas Sopeña.

Según sus bellas palabras, aquellas mujeres inspiradas por Dolores, les dieron “la posibilidad de acceder al Bachillerato y posteriormente a estudios superiores, oportunidad única en un momento de la historia de España en la que la precaria economía familiar y la inexistencia de Centros educativos cercanos a sus lugares de origen no se lo permitían”.

Reproducimos aquí la carta completa:

“NUESTRO RECUERDO Y AGRADECIMIENTO A LAS CATEQUISTAS SOPEÑA

Fueron muchos los momentos y en muy diversas situaciones en los que Jesús, durante su vida pública, habló a sus discípulos del mandamiento del Amor y dice de él que es el más grande de los Mandamientos. En los Evangelios de Mateo 22 (37-40) “Estos diez mandamientos se encierran en dos: “Amar a Dios sobre todas las cosas” y “Al prójimo como ti mismo”. Juan 13 (34-35) “Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros como yo os he amado, en esto conocerán que sois mis discípulos”.

Qué bien entendió Dolores Rodríguez Sopeña el mensaje de Jesús. Ella hizo de su vida un acto de amor: a Dios sobre todas las cosas y a sus hermanos, los hombres y mujeres de la tierra, como a sí misma… a todos y a todas, sin excepciones, pero de una manera especial a los pobres, a los marginados, a los enfermos, a los presos, a las mujeres… y a todo aquel que se encontraba perdido en el mar del desamparo. E inculcó este mensaje en sus seguidoras, las Catequistas Sopeña que, siguiendo su ejemplo, han trabajado y trabajan en pro de la igualdad de todas las personas y por dignificar el trabajo y el obrero.

Vélez-Rubio, y otros muchos pueblos, algunos cercanos y otros más lejanos, se han beneficiado de su trabajo y de su generosidad. Primero en la lucha por el trabajador y, más tarde, ya en los años 50, abriendo las puertas de su casa para alojar el Instituto Laboral Femenino “José Marín” y el Colegio “Internado Virgen Niña y Dolores Rodríguez Sopeña”. Ellas atendieron y formaron entre 1959 y 1987 a muchos cientos de alumnas a las que dieron la posibilidad de acceder al Bachillerato y posteriormente a estudios superiores, oportunidad única en un momento de la Historia de España en la que la precaria economía familiar y la inexistencia de Centros educativos cercanos a sus lugares de origen no se lo permitían.

Por eso, hoy en nombre de mis compañeras y en el mío propio, quiero dar las gracias al Instituto Catequista y a su fundadora D. R. S., a las Catequistas por su abnegada dedicación a un colectivo de alumnas que vivimos unos años maravillosos de estudio, convivencia y amistad, que después pasamos a Escuelas Superiores y Universidades y que posteriormente hemos desarrollado un gran papel en la sociedad como profesionales en muchas áreas: educadoras, abogadas, médicas, ingenieras… Recordamos con todo el cariño que se merecen a las Catequistas que estuvieron con nosotras: Inés Baró, Áurea, Mª Jesús Fernández, Laura, Casiana, Rosalía, Elodia, Paquita, etc. A ellas y a las que después han pasado por Vélez-Rubio, poniendo su obra, su trabajo y su vida al servicio de las gentes de este pueblo, nuestro recuerdo, nuestro cariño y nuestra gratitud”.

 

Agradecimiento Encarnación

 

 

MEJORAMOS NUESTRA WEB

Después de unos meses de trabajo y asentándose cada vez más nuestra imagen institucional, nos hace muy felices anunciar que en el Instituto Catequista Dolores Sopeña hemos mejorado la web, que presenta sustanciales novedades.

Las palabras y los hechos de nuestra fundadora, la Beata Dolores Sopeña, siempre hablaban de llegar más lejos, de llegar a los alejados, a las periferias, de ganar más almas… Su vocación comunicadora siempre fue muy clara y forma parte, como no, de nuestro Carisma Sopeña.

Hace ya un tiempo que decidimos adaptarnos a las nuevas tecnologías y servirnos de ellas para cumplir con nuestro cometido que es la promoción humana y la evangelización de la familia trabajadora, especialmente entre los sectores más alejados de la Iglesia.

Nadie dijo que ser Misioneras en medio del mundo no se pudiera hacer también desde una plataforma tan inmensa y ubicua como internet.

Nuestro estilo de consagración, basado en la presencia en el mundo, ha tenido que evolucionar además hacia estas otras presencias, lo que nos permite llegar a más gente y a más lugares del mundo.

Hoy y siempre las Catequistas Sopeña, como se nos conoce, somos mujeres con vocación misionera, formadas para “vivir a la intemperie, allá donde estén los hombres y mujeres a quiénes hay que salir al encuentro”. Ahora es aquí en “la nube”, donde es más necesario salir al encuentro y desde donde también hay que anunciar el Evangelio.

Con esta nueva web queremos llegar mejor y más rápido y darnos a conocer lo más directamente posible.

Ya nos diréis vosotros si cumplimos o no cumplimos el objetivo.

Si todavía no la conoces puedes visitarla y navegar para detenerte en los cambios y mejoras que hemos realizado. Nosotros te destacamos, entre todos, un apartado muy interesante en el que puedes consultar reunidos, muchos documentos relacionados con Dolores Sopeña.

DOCENTES: UNA HUELLA PARA TODA LA VIDA

El Día Mundial del Docente se celebra cada año, en distintas fechas, según el país, insistiendo en la importancia de recuperar el respeto y el prestigio que han de tener los docentes entre padres e hijos y en el conjunto de la sociedad.

La principal obra apostólica de nuestra institución, la Fundación Dolores Sopeña, centrada en la formación integral de personas, especialmente jóvenes y adultas que no han tenido demasiadas oportunidades, tiene como misión favorecer el crecimiento integral de sus destinatarios.

Dolores Sopeña quiso que ese apostolado se llevara a cabo siempre por personas profundamente identificados con el Carisma del Instituto Catequista Dolores Sopeña y que tuvieran como principal referencia al Maestro por antonomasia: Jesús.

No en vano a Jesús se le reconoce como el primer Maestro y, de forma indiscutible, su huella permanece indemne en cada uno de nosotros.

El profesor de los Centros Sopeña en el mundo trabaja siempre apoyado en los valores que nos transmitió, en su sueño de hacer de todas las personas una gran familia, nuestra fundadora.

Le caracteriza la acogida, ofreciendo siempre cálida hospitalidad y alegría a quienes quieran formar parte de esta gran Familia Sopeña.

A través de la solidaridad los profesores ponen en marcha iniciativas de ayuda mutua entre grupos, personas, otros países; con la promoción favorecen la esperanza de un futuro mejor personal y profesional; la fraternidad sirve de cauce de unión entre personas de diferente procedencia física y social con la convicción de que todos somos iguales.

Los docentes que trabajan en nuestros centros trabajan por el respeto y, a través de la empatía, buscan y ayudan a buscar lo que nos une, aceptando las circunstancias de cada alumno, huyendo de prejuicios y reconociendo la dignidad de cada ser humano.

Y con la actitud de salir al encuentro, como otro de los principales valores que nos transmitió Dolores Sopeña, los docentes se movilizan para anticiparse a las necesidades y carencias de nuestros alumnos.

Alumnos apoyados por docentes

Hace años, cuando el Papa Francisco era el Cardenal Jorge Bergoglio compartió unas ideas sobre el trabajo de educar de los maestros:

  1. Educar es un acto de esperanza. No solo porque se educa para construir un futuro, sino porque el mismo hecho de educar está atravesado por ella (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2008).
  2. Educar en la verdad con el testimonio. Será maestro quien pueda sostener con su propia vida las palabras dichas. (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2008).
  3. Segundas mamás o papás. Los maestros no podrán limitarse a ser los “segundos padre o madre”, si no hubo antes “un o una primero o primera”. (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2005).
  4. Disciplina con libertad. Para que la disciplina adquiera este sello de la libertad es necesario saber leer la inquietud, la réplica, el cuestionamiento. (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2008).
  5. Anunciar la luz. Diciendo como el Ángel a los Apóstoles: Anuncien este modo de vida en que la tiniebla no tiene lugar y luchen contra ese cansancio tan habitual que los caracteriza en su vocación para que cada chico y cada chica abra su corazón a la luz y no le tenga miedo. (Misa por la Educación, 2009).
  6. No temer. La educación entraña la tarea de promover libertades responsables, que opten en esa encrucijada con sentido e inteligencia. (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2005).
  7. Competencias profesionales. El espíritu es importante, pero también lo es la competencia profesional, para ofrecer a nuestra comunidad lo mejor de nosotros. (Inicio del Año Escolar, 2003).
  8. La escuela son los maestros. La escuela no son las paredes, los pizarrones y los libros de registro: son las personas, principalmente los maestros, quienes tendrán que desarrollar su capacidad de afecto y entrega para crear estos espacios humanos. (Inicio del Año Escolar, 2001).
  9. Enseñar con pasión, aprender con placer. Solo quien vive en el bien —que es justicia, paciencia, respeto por la diferencia en el quehacer docente— puede aspirar a modelar el corazón de las personas que le han sido confiadas. (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2008).
  10. El educador que se hace prójimo. El educador que “enseña” a no tener miedo en la búsqueda de la verdad es, en definitiva, un maestro, testigo de cómo se camina, compañero de ruta, cercano, alguien que se hace prójimo. (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2008).

Tengamos en cuenta nosotros las palabras de Dolores Sopeña acerca de, como docentes, “ser instrumentos en manos de Dios”, colaboradores en la construcción de un mundo más justo, del Reino de Dios, una vez que ya nos hemos dejado modelar al estilo de Jesús.

“Nunca es tarde para volverse una obra maestra, para dejarse re-plasmar por el Maestro”.

MIRYAM ÁVILA, REELEGIDA SUPERIORA GENERAL

Las Catequistas Sopeña han culminado el XXI Capítulo General en la Casa de Loyola en Azpeitia-Guipúzcoa dando de nuevo su respaldo a Miryam Ávila, que repite como Superiora General para el próximo sexenio.

Además, han renovado los cargos de las consejeras que acompañarán a Miryam Ávila en este servicio de Gobierno que mirará por estar “más cerca de Jesús y de los hermanos”.

El nuevo Consejo General del Instituto Catequista Dolores Sopeña estará formado por Rosa María Hermosa, Beatriz Domínguez, Cristina Buenvarón y Pamela Gatica.

Miryam Ávila, de nacionalidad colombiana e ingeniera industrial de formación, ha llevado a cabo su misión en diversos países donde las Catequistas Sopeña cuentan con comunidad. Concretamente, ha participado con la pastoral carcelaria en Santiago de Chile y Ecuador, ha trabajado con verdadera entrega en la formación de los laicos, tan importantes en el Carisma Sopeña, y ha dirigido ejercicios espirituales, entre otras labores de misión.

Además, ha formado y acompañado a las jóvenes en sus primeras etapas de la incorporación a la vida religiosa en el Instituto Catequista.

Con la reflexión que ha estimulado el lema: “Renacer a una vida nueva en espíritu de esperanza” (cf. 2Cor 5,17) se ha revelado, por una parte, la necesidad de seguir en las líneas de acoger y dignificar a personas vulnerables y en situación o riesgo de exclusión, que se transforman en estímulo para la misión.

Y, por otra parte, la necesidad de dar a conocer a Dios y formar en la fe, y que esta línea tan trascendental “se convierta en fuego en nuestro corazón, como fue el gran deseo de nuestra fundadora Dolores Sopeña”.

Ahora llega el momento de que la Superiora General y su Consejo, con las semillas que han brotado en el camino del Capítulo, adopte las decisiones y los nuevos rumbos por los que debe caminar el Instituto.

Nada de esto será posible sin la aportación y compromiso de toda la comunidad de Catequistas Sopeña.

El Instituto Catequista Dolores Sopeña, constituido en 1901, es una congregación religiosa de derecho pontificio que tiene una espiritualidad cristocéntrica, eucarística, mariana e ignaciana. Vive un nuevo estilo de consagración religiosa basada en la presencia en medio del mundo y se dedica a la promoción humana y a la evangelización de la familia trabajadora, especialmente en los sectores más alejados de la Iglesia.

Las Catequistas Sopeña conforman una comunidad internacional e intercultural, presente en la actualidad en ocho países de América y Europa: Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Italia y España.

Son “mujeres para los demás”. Su misión es dar a conocer a Dios como Padre y trabajar para crear condiciones mejores que permitan que todos vivamos con la dignidad de hijos de Dios y como hermanos. Su consagración plena y su estilo de vida sencillo, las permite moverse y llegar a cualquier parte del mundo.

DOLORES SOPEÑA, UN VALOR PARA LOS CUBANOS

Dolores Sopeña se ha revelado, con gran satisfacción para las Catequistas Sopeña, como un valor importante para los católicos cubanos.

Su paso por la isla, entre 1873 y 1876, y la misión desarrollada allí por ella misma y por el Instituto han dejado la huella que pretendían y van haciendo su camino.

Las Comisiones Diocesanas de Pastoral Juvenil  han nombrado a la beata Dolores Sopeña patrona de la II edición de la Jornada Nacional de la Juventud de Cuba 2019, réplica de la JMJ, que se ha celebrado estos primeros días de agosto en Santiago de Cuba.

También será patrona, durante el próximo año 2020, de las Misiones en Cuba, dentro del Año Internacional de las Misiones.

En las periferias de la ciudad de Santiago de Cuba es donde comienza a perfilarse la metodología de trabajo de Dolores Sopeña, basada en salir al encuentro, acoger e invitar a todos a participar en actividades de formación humana y cristiana, al tiempo que se cubrían sus necesidades básicas.

En la isla caribeña, fundó tres centros de instrucción, para impartir clases de catecismo y a la vez lectura, escritura y aritmética, en su idea de que “la formación material y espiritual siempre han de ir parejas”.

Después de un periodo en el que las Catequistas Sopeña tuvieron que abandonar Cuba, esa misma labor del Instituto Catequista Dolores Sopeña continuó adelante con la comunidad de Catequistas, que aún hoy mantienen su misión en la isla.

La congregación ha dado allí lo mejor de amor, servicio y alegría, a pesar de las dificultades.

La JNJ dio inicio el pasado 1 de agosto en la Catedral Primada de Cuba, en la ciudad oriental de Santiago de Cuba. Más de 1000 jóvenes de las diócesis de Bayamo-Manzanillo, Guantánamo-Baracoa y la propia de Santiago derrocharon devoción, entusiasmo y vitalidad en la inauguración.

Durante el acto se leyeron pequeñas semblanzas de la vida de los santos patronos que fueron, junto a Dolores Sopeña, el papa San Juan Pablo II, san Antonio María Claret y los beatos cubanos, padre Félix Varela y hermano José Piteira.

Los asistentes a esta enérgica explosión de fe participaron en una eucaristía y fueron enviados a misión por la parroquia anfitriona.

Los actos contemplaron además el rosario en el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, donde cada misterio estuvo identificado por el estandarte de los patronos.

MISA PARA INICIAR EL CAPÍTULO GENERAL

Nuestro Instituto Catequista Dolores Sopeña abre hoy en Azpeitia, localidad natal de san Ignacio de Loyola y su festividad, su vigésimo primero Capítulo General con una eucaristía  presidida por Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián y muy próximo a las Catequistas.

La Comunidad se reunirá en torno a la Capilla de nuestra Casa en Loyola, junto al sepulcro de Dolores Sopeña, donde reposan sus restos desde 1923, después de que fueran inhumados desde el camposanto de Nuestra Señora de La Almudena de Madrid, en 1918.

Inspiradas por su espíritu y su Carisma y por el patrón del Instituto Catequista, san Ignacio de Loyola, quince catequistas capitulares, por elección y por derecho, abrirán el proceso con la intención de “Renacer a una vida nueva en espíritu de esperanza” (cf.2Cor 5,17).

El Capítulo General marcará las directrices para el próximo sexenio y elegirá a la Superiora General y a su Consejo.

Ha estado precedido por un trabajo pre capitular, que reunió a las Catequistas en El Espinar (Segovia), y por los Ejercicios Espirituales, dirigidos en esta ocasión por el jesuita Gilberto Freire, rector del Colegio Pio Latino en Roma (Italia).

Las Catequistas Sopeña somos una congregación religiosa de derecho pontificio que, desde 1901, constituye el Instituto Catequista Dolores Sopeña. Tenemos una espiritualidad cristocéntrica, eucarística, mariana e ignaciana. Vivimos un nuevo estilo de consagración religiosa basada en la presencia en medio del mundo y nos dedicamos a la promoción humana y a la evangelización de la familia trabajadora, especialmente en los sectores más alejados de la Iglesia.

Somos “mujeres para los demás”. Nuestra misión es dar a conocer a Dios como Padre y trabajar para crear condiciones mejores que permitan que todos vivamos con la dignidad de hijos de Dios y como hermanos. Nuestra consagración plena y nuestro estilo de vida sencillo, nos permite movernos y llegar a cualquier parte del mundo.

 

LIDERAZGO DE LA MUJER EN LA IGLESIA

La revista Vida Nueva abordaba recientemente en sus páginas el asunto de la presencia, posición y responsabilidad de las mujeres en la Iglesia.

A través de una entrevista a la recién nombrada presidenta de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), Jolanta Kafka, se reflexiona sobre un tema complejo sobre el que existen muchísimas diferencias de enfoque.

Con sus respuestas, Jolanta Kafka, representante de una entidad que acoge a más de 450.000 religiosas de todo el mundo, viene a decir que en el camino de lograr una mayor inclusión de la mujer en los puestos de decisión “se está yendo lento, pero se está caminando. Hay un camino. Seríamos injustas diciendo que no se ve ningún signo. Sí, se ven signos de un camino. Hay que ser conscientes de que los procesos no dependen solo de Roma, sino del mundo entero. Los ritmos en la Iglesia y en la vida religiosa son diferentes en los diversos lugares. El modo de incluir a todos es respetar”.

En su editorial, algo más osado, Vida Nueva expone ideas como que “la Iglesia y la sociedad necesitan hoy más que nunca a estas mujeres proféticas empoderadas, contemplativas en la acción, que desde la fidelidad creativa caminen junto y detrás de los últimos, pero también delante”.

La revista, asimismo, ha querido contar con la aportación de las Catequistas Sopeña.

Miryam Ávila, superiora general de nuestro Instituto Catequista Dolores Sopeña, y Dolores –Lola- Quesada, juniora y recién titulada en Teología por la Universidad de Comillas, coinciden en que, sin cargos, las mujeres, las religiosas, han tenido que asumir desde siempre un papel de liderazgo al frente de escuelas, hospitales, cooperativas… en todo el mundo.

También sintonizan en subrayar que liderazgo siempre entendido como servicio.

Bien es verdad que el papel de la mujer hoy en la Vida Consagrada es objeto de impulso desde los medios de comunicación, pero las religiosas casi siempre “hemos tenido que llevar la delantera, arriesgando”. “Que hoy se nos visibilice, ayuda”, precisa Lola Quesada.

El tan manido empoderamiento femenino lo heredaron las Catequistas Sopeña directamente de su fundadora, de su inspiración, puesto que siempre apostó por la formación de las mujeres como forma de tomar las riendas de sus vidas y de las de sus familias.

Esa mirada profética de Dolores Sopeña se traduce actualmente en la importancia que hoy en día le damos en el Instituto Catequista a la formación de las junioras.

Según explica Miryam Ávila, “en la Congregación buscamos que la joven se prepare teológicamente y se especialice en una carrera civil”. A quienes llegan al Instituto sin estudios universitarios se les aconseja prepararse en áreas como administración de empresas o recursos humanos, que nos serán tremendamente útiles en el ámbito de nuestra principal obra apostólica, que es la Fundación Dolores Sopeña.

En su caso es ingeniera industrial, mientras que Lola Quesada es pedagoga.

Puedes ver el contenido completo de la revista aquí.

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