VOTOS PERPETUOS DE LOLA

El pasado 25 de junio, Dolores Yamile Quesada Fonseca, a quien toda la Familia Sopeña conoce como Lola, profesó sus votos perpetuos en la Capilla de La Anunciación en la Parroquia Cristo Rey, arropada por familiares, amigos y Catequistas Sopeña, en una ceremonia presidida por el arzobispo de Santiago de Cuba, Monseñor Dionisio García Ibáñez.

“Tú mi fuente”, fueron las palabras representadas en la decoración del templo, como la inspiración de su vocación y experiencia de entrega al Señor, y el fortalecimiento del Instituto Catequista Dolores Sopeña y su Carisma.

Este paso es el punto de llegada de un prolongado camino de formación de diez años, durante el cual la Catequista Sopeña conoce la congregación e interioriza su espiritualidad y misión.

La ceremonia celebra su incorporación definitiva a la Institución y al amor y fidelidad a Dios y el servicio a su Iglesia.

Su servicio, el de las Catequistas Sopeña, misioneras en medio del mundo, será hacía los más desfavorecidos, ayudándoles a vivir con la dignidad que les corresponde y dándoles a conocer a Dios, con el fin último y deseo de la fundadora Dolores Sopeña, la fraternidad entre todas las personas: “Hacer de todos los hombres una sola familia en Cristo Jesús”.

En el tiempo anterior a su consagración definitiva, las Catequistas Sopeña ya han tenido una esmerada preparación religiosa y civil, que responde al desafío que supone hoy servir a la fe y a la Iglesia, y una intensa experiencia apostólica enfocada en la promoción y evangelización de familias trabajadoras en los países del mundo, donde el Instituto Catequista tiene presencia activa.

Durante la homilía, Monseñor Dionisio habló de la esperanza que un momento así deja en nuestra Iglesia y reflexionó acerca de que, a pesar de las dificultades, “con el tiempo hemos llegado hasta aquí cuando una hija de este barrio, esta noche, proclama sus votos perpetuos ante todos nosotros.  Es la acción de la Gracia de Dios actuando en su pueblo».

Votos Perpetuos en Cuba

El sacerdote polaco Darío Pawłoski, que atiende esta Comunidad de La Anunciación y que ofició también junto al arzobispo de Santiago de Cuba, le deseó “mucha fuerza en su nuevo viaje de vida y que Dios y la Virgen de la Caridad del Cobre –patrona de Cuba- la protejan siempre”.

El Padre Darío señaló satisfecho que “la capilla nunca estuvo tan copada de hermanos. Seguramente porque quisieron acompañar a su vecina, amiga y hermana de misión de Guamá”.

Al día siguiente de la ceremonia, en varios camiones, algunos transformados en buses, buena parte de las personas que participaron en ella viajaron hasta la Casa Misión de Uvero para celebrar la fiesta patronal del Sagrado Corazón de Jesús.

Allá se concentraron hermanos de más de 30 poblados dónde la Iglesia católica presta servicio a través de los hermanos de La Salle y las Catequesis Sopeña, ambas congregaciones con grupos de laicos misioneros.

Gran fiesta de fe y de compromiso, la del Sí definitivo de Lola, en estos parajes dónde Dios le fue conquistando el corazón y estás personas sencillas también fueron recibiendo el amor y el servicio de Lola.

Guamá para Lola es también una fuente que la llena de alegría.

Votos Perpetuos anillo

EL EVANGELIO TAMBIÉN EN LO DIGITAL

Los nuevos tiempos, de vertiginosos avances tecnológicos y diferencias abismales entre generaciones, quizás hagan más difícil el acceso universal al mensaje del Evangelio.

Así se lo cuestiona y nos lo traslada Javier Castellanos Reyes, Laico Sopeña en Quito (Ecuador) en un artículo de la revista ICONO, de los Padres Redentoristas.

Javier nos emplaza a preguntarnos si, como cristianos, creemos que nuestros mensajes están llegando a unos pocos o a todos los segmentos de la población.

Además, nos invita a huir de estructuras rígidas, incluso en nosotros mismos, y convertirnos en personas flexibles y acomodarnos como misioneros en este entorno actual, que deja de ser real cien por cien, para convivir con lo virtual.

Orientemos nuestro esfuerzo para dar a conocer a Dios y el Evangelio en esta era digital y no permanecer ajenos ni aislados, ganemos los corazones de las personas como hacia Dolores Sopeña en esta nueva realidad, nos dice.

Podéis leer por aquí el artículo completo.

MISIONEROS EN EL MUNDO ACTUAL

Las estructuras rígidas tienden a quebrarse, es necesario ser flexibles y desarrollar el sentido de la adaptación y transformación. Hasta hace pocos años nuestra cosmovisión se desarrollaba en un entorno cien por cien real, ahora se habla de una realidad virtual que recién la estamos conociendo y entendiendo, es estratégico entender el signo de los tiempos para lograr ser Misioneros en el Mundo Actual.

La Revolución Digital   

Han existido muchas revoluciones culturales, sociales, políticas, económicas, que han modificado directamente las condiciones de nuestro entorno; sin embargo, los inicios de este siglo están siendo marcados por una ruptura en todos los ámbitos de nuestra vida que provienen de la denominada “revolución digital”.

Esta revolución ha traído nuevos conceptos que es necesario conocerlos, entenderlos para aplicarlos en nuestro campo de Misión, a continuación, los detallaremos de forma breve para tener unas premisas de a qué hoy nos enfrentamos.

¿Cuáles son las Generaciones?   

Los segmentos de edades son importantes al momento de comunicarnos con las personas que lo conforman; los resumiremos a continuación:

  • Las generaciones que son nativas en los lenguajes digitales de los dispositivos electrónicos; como son Millenials o generación Y, Zoomers o generación Z, generación Alfa que involucran a todos los nacidos entre 1981 al 2020, se caracterizan por relacionarse socialmente a través de los dispositivos móviles y las denominadas redes sociales. Inclusive, esta comunicación es desestructurada, es decir, no necesariamente se basa en una conversación o una publicación formal con una determinada estructura y un mensaje claro. Por el contrario, son mensajes con fotos de momentos que se van capturando, videos cortos que duran segundos, que transmiten estados de ánimo o sentimientos del momento, textos cortos denominados “chats”; todo esto nos hace concluir que, ahora, la comunicación es instantánea, corta, desestructurada, con un enfoque creativo, novedoso.
  • La generación Baby Boomers que nacieron entre 1946 a 1964 en su mayoría les ha costado bastante adaptarse a las nuevas tecnologías, son nativos del mundo físico como la lectura en medios impresos y, como una novedad, la televisión.
  • La Generación X, nacidos entre 1965 y 1980, son una generación híbrida, que ha tenido que adaptarse a la era digital, quizá no a la misma velocidad, han desarrollado la capacidad de ser flexibles a la transformación.

evangelio digital

Con este conocimiento de las generaciones, les dejo una inquietud, ¿Nuestro mensaje está llegando a todas las generaciones o tal vez se ha quedado en determinados segmentos de la población?

¿Qué significa el “Big Data”?

El concepto de información también ha cambiado. A la información estructurada, validada, de carácter científico, almacenada, procesada y visualizada casi en su mayoría en medios impresos físicos, hasta finales del siglo pasado, se consideraba información.

Actualmente, la mayor parte de la información se genera y almacena en cada uno de los dispositivos móviles, computadores, cámaras de seguridad, sensores de movimientos, entre otros, generándose cada día millones de “bytes” de información que pueden ser imágenes, tablas de datos, mensajes, vídeos, audios; es decir, absolutamente todo lo que se captura en estos dispositivos se convierte en información; quizá aquí cabe una reflexión, ¿es capaz el ser humano de asimilar tal cantidad de información? ¿Le sirve para su progreso y evolución? Como Misioneros, ¿estamos aprovechando esta gran cantidad de información?

¿Qué es el Marco de Trabajo Ágil?

La velocidad de la era digital demanda que la Humanidad tenga la capacidad de adaptación constante, los cambios ahora son más periódicos y con mayor ruptura, por aquello en el mundo empresarial se han desarrollado nuevos esquemas de trabajo, uno de ellos es el marco de trabajo ágil, pretende unir equipos multidisciplinarios que procesen, construyan e implementen proyectos en pilotos (prueba / error) en el corto plazo.

Aquí es necesario plantear otra reflexión, como Misioneros estamos enfocados en un marco de trabajo ágil o nos hemos quedado en un marco de trabajo tradicional, seguramente esto impactará al momento de evidenciar nuestros resultados.

 Nuestra Misión debe orientar nuestro propósito de vida

 La Tecnología deber ser siempre un medio y no un fin. En algunos casos la tecnología nos ha distanciado, ya no conversamos con la persona que tenemos a nuestro lado, han perdido sentido las cenas familiares como un medio para compartir, todos pasamos encerrados en este mundo virtual de la información digital, de las redes sociales, en lugar de humanizarnos estamos tomando un camino de deshumanizarnos.

 Por aquello es importante entender y asimilar cuál es el mundo actual, su naturaleza y complejidad; posteriormente, orientar nuestro esfuerzo para anunciar el Evangelio que nunca dejará de ser Universal, en esta nueva era digital.

Es importante y necesario que nuestras Comunidades, nuestras Instituciones, se unan a la transformación que nos plantea esta nueva era, para no quedarnos aislados de este nuevo signo de los tiempos, ganar los corazones de las personas para extender el Reino siendo flexibles, creativos, con el pensamiento abierto y desestructurado, aplicando las nuevas tendencias, seguramente nos serán de gran ayuda en nuestro rol Misionero en Medio del Mundo Actual.

 

 

UN ACOMPAÑAMIENTO MUTUO

La Comunidad de Catequistas Sopeña en Sevilla viene trabajando y haciendo acompañamiento en barrios de Sevilla desde hace más de cinco años.

Se trata de una evangelización al estilo Sopeña, materializada desde la salida al encuentro, de buscar y hallar al otro, al hermano o hermana que tiene necesidades básicas importantes que cubrir, pero también un deseo acuciante y firme de encuentro con Dios.

En estos barrios hay muchas personas, inmigrantes latinos, que participan comprometidos en la vida de las parroquias.

En el camino con ellos, las Catequistas Sopeña constatamos que “entre evangelización y promoción humana existen efectivamente lazos muy fuertes, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos” (Cf. EN 31).

Para nosotras, es un acto de fe trabajar por mejorar las condiciones socio económicas de muchos hermanos que dejan atrás un hogar, una familia y su lugar en el mundo para ofrecer lo mejor a los suyos.

Así nos comparten su experiencia Lolo y Sandra, en un artículo de la Revista ICONO. A lo largo del texto, también nos recuerdan que es una labor de acompañamiento mutuo.

De un lado las personas migrantes que se sienten “importantes, útiles y aceptadas” y pueden acceder a nuevos horizontes y oportunidades y, por otro, nosotras que, acompañadas de sacerdotes y laicos, “encontramos en ellos el rostro de nuestro Señor a quien hemos ofrecido la vida en el servicio a los demás”.

Por aquí os dejamos reproducido en su totalidad el artículo:

UNA EXPERIENCIA EN SALIDA

Hace ya cinco cursos que estamos prestando servicios pastorales en las parroquias Nuestra Señora de la Candelaria y Blanca Paloma, enclavadas en los llamados “tres barrios” de Sevilla.  Barrios reconocidos entre los siete más pobres de España; marcados no solo por el desempleo, sino también por el tráfico y consumo de drogas, alcoholismo, deserción escolar, inmigración…

Es un don de Dios poder acercarnos y acompañar la vida de tantas hermanas y hermanos nuestros que buscan y encuentran a Dios en medio de sus vidas agitadas, endebles, precarias e inciertas. Nos sobrecoge toda la bondad y gratuidad que descubrimos día a día en tantos gestos sencillos y sin pretensiones que entre ellos se ofrecen, en palabras del Papa Francisco “el amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor” (F.T 81).

Sacerdotes, laicos y consagrados somos testigos de muchas historias personales y grupales de reencuentro, crecimiento, transformación, promoción y, por qué no, de “redención”. 

Como no responder a la invitación que del Señor hemos recibido para colaborar en el desarrollo de cada persona y de toda la Comunidad.

Acompañamiento en Sevilla

Salir al encuentro

Desde nuestra vocación Sopeña vivimos este servicio de evangelización como un “salir al encuentro”. Para nosotras esto supone una espiritualidad de permanente éxodo, de ponernos en camino para ir al encuentro del otro, dando testimonio de amor cristiano en las necesidades y esperanzas de nuestros hermanos, y preparar así el camino al Evangelio.

No podemos esperar que llamen a nuestra puerta, es urgente que salgamos nosotras al encuentro en sus casas, en la parroquia, en las calles, plazas… y allí donde ellos se juegan la vida.

Los inmigrantes latinos son quienes se acercan a la parroquia buscando apoyo en la Comunidad eclesial para seguir viviendo su fe; ofrecen servicios en la liturgia, hacen voluntariado en el coro y en catequesis.   Son acompañados y asistidos por Caritas y otras instituciones en la búsqueda de vivienda, colegio para los niños, trabajo… La parroquia es un lugar de reencuentro, como si llegaran a su casa; se sienten acogidos, importantes, útiles y aceptados; celebran y expresan su fe con naturalidad y familiaridad.

Caminando junto a ellos es que constatamos que, “entre evangelización y promoción humana existen efectivamente lazos muy fuertes, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos” (Cf. EN 31).

Es un deber social y un acto de caridad acompañar a las personas que sufren; es un imperativo de fe hacer todo lo posible para modificar las condiciones sociales de tantos hermanos que dejan casa, familia y patria para buscar la oportunidad de mejores condiciones de vida.

Acompañar la inserción de inmigrantes es una historia larga y dura. Verlos llegar con “nada” genera un círculo de ayuda, contención y acompañamiento. La falta de documentación y la necesidad de buscar sustento les hace trabajar largas jornadas y en “cualquier cosa”, dejando en casa a los niños solos o al cuidado de vecinos o de hermanos mayores, adolescentes en muchos casos.

Duele en el alma la falta de oportunidades para los jóvenes que se desmotivan y buscan refugio y fuerza en la droga y el alcohol. Tantas veces nos preguntamos ¿Cómo ayudarles a visualizar horizontes claros? ¿Cómo crear oportunidades reales que les hagan soñar futuros ciertos?

Nuestro servicio no está exento de la tentación del “paternalismo y dependencia”. Discernimiento comunitario y criterios claros nos ayudan a reconducir el servicio al Evangelio, promoviendo actitudes de crecimiento, autonomía, voluntad y constancia. Juntos aprendemos a reflexionar, a sacar conclusiones, a intuir por donde pasa Dios iluminando nuestras vidas.

Acompañamiento a alumnos

Acompañar o, mejor dicho, acompañarnos en el camino de buscar y encontrar a Dios presente en el hermano, en los acontecimientos, en los gozos y alegrías diarias, en la salud y en la enfermedad, en la fracción del pan, es un servicio en el que crecemos todos, ellos y nosotras. Ellos descubren oportunidades, apoyos, horizontes de vida nuevos. Nosotras… encontramos en ellos el rostro de nuestro Señor a quien hemos ofrecido la vida en el servicio a los demás.

Laicos y consagrados al servicio de la evangelización y la promoción

Creemos por experiencia que el evangelio ofrece una fuerza liberadora y promotora de desarrollo integral; ayuda a reconocer y respetar la dignidad de cada persona; despierta a la solidaridad, al compromiso y al servicio de los demás.

Este servicio lo prestamos compartiendo horas de voluntariado, oración y formación con laicos generosos, comprometidos y dedicados a la causa de la evangelización y promoción en el seno de la comunidad eclesial.

Lariza Barreto y Santiago Orozco pertenecen al grupo de jóvenes de la parroquia. Se prepararon para los sacramentos y actualmente cursan un Ciclo de Grado Medio en Gestión Administrativa.

 

 

V PEREGRINACIÓN SOPEÑA TOLEDO-MADRID

La Peregrinación Sopeña desde la primera casa fundada por Dolores Sopeña en España, en 1901, en Toledo, hasta la casa en la que falleció en 1918, en Madrid, surgió como idea en 2018 para conmemorar el Centenario de la subida al Cielo de esta mujer excepcional.

Pedro Leo, laico Sopeña y promotor de este “camino interior” que representa la caminata, cree que hay que seguir poniendo en valor la vida de Dolores Sopeña y su beatificación, de la que se cumplen ahora 19 años.

Esta quinta edición de la Peregrinación Sopeña ha terminado este fin de semana pasado en la Casa Museo en Madrid con una misa de acción de gracias.

Para su promotor, el Camino es un tiempo de convivencia, de conocimiento propio y del grupo, de apertura a otras personas y de compromiso de todos los participantes de llegar a Madrid y de hacer de estas jornadas “días muy especiales”.

Salida Peregrinación

Es un homenaje al “Ángel Caminante” que fue Dolores Sopeña, a sus múltiples viajes, que inició desde muy joven, acompañando a su familia por los continuos desplazamientos de su padre.

“Queremos poner en valor los viajes que hizo, pesar de las dificultades, para evangelizar por los distintos lugares de España y de Iberoamérica”, explica Pedro Leo.

Durante el camino han pasado por distintas localidades, donde han tenido el apoyo y el respaldo de distintas administraciones y entidades.

Tras el recorrido diario y la experiencia del día, Pedro ha dedicado parte de su tiempo de descanso para narrarnos un poco cómo iba siendo el camino y aportarnos algunas reflexiones. Ahora los queremos compartir por aquí.

V Camino Sopeña. Etapa 1. Toledo – Yunclillos. 21,6 kilómetros.

¿Qué motiva a una persona a dar un paso detrás de otro hasta conseguir completar una distancia?

Peregrinación1

La distancia es un dato que esconde el sueño que persigue cada peregrino de hacer familia bajo el horizonte de la fe.

Esta peregrinación pretende ser un camino hacia el interior más profundo de cada «ángel caminante» que no es otro que cumplir con los dos primeros mandamientos, desprendiéndonos de todo lo superficial.

El primer sello de nuestra Catequista Blanca, las palabras cercanas del padrino de esta peregrinación, D. Juan Miranda del Rincón (párroco de la Iglesia Santiago El Mayor de Toledo), la acogida de Mario (miembro de la Junta Directiva del Cristo de la Sala de Bargas) y el incombustible D. Jesús (párroco de Yunclillos) hacen que, cada paso cuente, cada paso merezca la pena.

V Camino Sopeña. Etapa 2. Yunclillos – Griñón.

El espíritu viajero está en el ADN de nuestra Fundación. Nos lo contagió Dolores Sopeña, quien nunca sintió las fronteras como barreras.

Pies de peregrinación

Muy al contrario, vencer las dificultades y respetar las diferencias, suponía un reto de superación. Creciendo en valores.

V Camino Sopeña. Etapa 3. Griñón – Leganés. 20,5 kilómetros.

Partimos a las 9:25 de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Leganés y, en apenas un kilómetro, la ermita del Cristo Aparecido de esta localidad nos recibe al son de las campanas, dándonos la bienvenida.

Montse, la presidenta de la Hermandad, nos explica brevemente el hallazgo por parte de un labrador llamado Pedro Gómez en 1569, de un pequeño Cristo crucificado sin cruz, transformado ahora en el patrón de la villa y al que se le conoce como Cristo Aparecido.

Momento de peregrinación

A partir de este punto, el escenario que rodea nuestros pasos se vuelve más urbanita.

Nos estamos acercando a Fuenlabrada y las múltiples carreteras comparten espacio con los senderos y caminos transitados por una gran cantidad de caminantes, pero sobre todo de ciclistas.

Continuamos hasta Leganés por el Parque de Polvoranca, donde nos sorprende el estado ruinoso de la Iglesia de San Pedro Apóstol.

Esta ermita fue construida en el siglo XVII, exactamente en el año 1655, por dos grandes arquitectos de la época: Francisco de Mora y su sobrino Juan Gómez de Moro.

Por aquel entonces, fue todo un ejemplo de arquitectura barroca española. Se levantó sobre los cimientos de una antigua ermita bajomedieval.

Está construida en ladrillo sobre zócalo de sillar. Presenta planta de cruz latina, de una sola nave, con capillas laterales y se cubre con bóveda cañón encamonada. Además, bajo el edificio existe una cripta sepulcral.

Este trayecto hasta nuestro destino, la Parroquia de Nuestra Señora de Zarzaquemada de Leganés, lo hacemos callejeando por esta localidad.

Nos recibe su Archipreste, D. Aurelio, que nos explica que la Virgen de Zarzaquemada representa la zarza ardiendo significado en la zarza ardiente, sugiriendo que servía como un tipo o imagen profética de María, la madre de Cristo, quien —al igual que la zarza ardió en fuego, pero permaneció íntegra— dio a luz al Hijo de Dios, pero permaneció siempre virgen.

V Camino Sopeña. Etapa 4. Leganés – Madrid. 19,6 kilómetros.

Después de una idea surge un proyecto, pero para que ese proyecto se materialice tiene que haber grandes personas que confíen y crean… que tengan fe en lo que propones.

Testimonio de la peregrinación

El Camino Sopeña pretende ser un «copia y pega» de lo que hizo Dolores, peregrinar, evangelizar, hacer familia.

Muchos agradecimientos para muchas personas… las que se ven y las que no se ven.

Seguimos caminando, ¿te vienes?

DOLORES SOPEÑA: UN LEGADO SIEMPRE VIVO

Nuestro Dios “es grande y poderoso, admirable en su fuerza, invencible” (Sal 145), prepara personas que respondan a un especial proyecto de amor, situado en la historia, adecuado a las necesidades de ese tiempo.

Dolores Sopeña es una de estas personas. Estamos ante una figura humilde y espléndida en la segunda mitad del siglo XIX y primeros años del XX en España.

Dolores nace el 30 de diciembre de 1848, en Vélez Rubio, Almería (España). La sociedad civil vive la Revolución Industrial, con sus enormes consecuencias, y Marx desarrolla y proclama sus teorías.

En la Iglesia, León XIII escribe en 1891 Rerum Novarum –la primera encíclica social de la Iglesia–, sobre la “cuestión social” y la situación de los obreros. Y san Pío X elige entre las prioridades de su pontificado, impulsar la enseñanza del Catecismo.

Estas dos grandes líneas enmarcan la misión de Dolores y ella las realiza con gran novedad, sencillez y eficacia.

Por el trabajo de su padre vive unos años de su juventud en Puerto Rico y Santiago de Cuba (1871-1876), en contacto con las clases media y alta, y con las clases populares y necesitadas.

Regresa a Madrid y se dedica a un apostolado intenso en la cárcel, hospitales y en misiones populares. Es una mujer decidida, audaz, llena de valor, inteligente, sensible a la amistad y a las necesidades que ve a su alrededor.

Es, ante todo, una mujer creyente. Su fe la sumerge en la realidad que ve más allá de su propio hábitat. Es el “Dios tres veces santo y mil veces Padre” quien le descubre la dignidad de cada persona y hace crecer en ella la convicción de que todos somos hermanos, con las enormes consecuencias que tiene apropiarse de esta verdad.

En 1885, durante sus visitas a la cárcel conoce a Pepa la Cigarrera y el barrio de las Injurias. Se estremece al contemplar esa realidad de pobreza y marginación y, decide, con una amiga, volver y volver, ganándose así la admiración y confianza de la gente. Acercarse, escuchar, abrazar, sonreír, mirar a los ojos, produce en ella el respeto, el afecto y la más noble y profunda com-pasión. Esta com-pasión le lleva a buscar colaboración para mejorar esas situaciones. La indiferencia ante esas carencias también conmueve su corazón.

Así, en 1892 funda un movimiento de apostolado seglar. Las visitas se convierten en lecciones de Catecismo, en las que todo el barrio participa. Nacen así Las Doctrinas, que después se extienden a otros barrios de Madrid y a varias ciudades de España y cuyos frutos resultan sorprendentes.

Dolores viaja para atender estos centros de apostolado. Los grupos son numerosos, ella anota más de seis mil participantes. Con el pasar de los años, una pregunta se repite: “Doña Dolores, cuándo usted se muera ¿Quién vendrá?”. Ella sonreía y callaba. Dolores busca sin cansancio su vocación, hasta que, finalmente, a los cincuenta y dos años cristaliza una inspiración, un proyecto en el que se refleja lo que Dios quiere de ella.

Dolores Sopeña fotitos

 

El 31 de enero de 1901 en una Hora Santa, contemplando la agonía y entrega de Jesús en Getsemaní, ella afirma que nació el Instituto religioso que hoy lleva su nombre y que es como la misma vida de Dolores.

El 24 de septiembre de ese mismo año se levanta el acta en Loyola (Guipúzcoa), con las ocho primeras y, el 31 de octubre, se comienza oficialmente en Toledo, con el apoyo del cardenal Sancha.

El 28 de agosto de 1905 recibe el Decreto de Alabanza y, el 21 de noviembre de 1907, la aprobación definitiva directa del S. S. Pío X, con estas palabras: “Extraordinaria es la Obra y extraordinaria será su aprobación porque cubre una necesidad en los tiempos actuales”.

El Instituto Catequista Dolores Sopeña se caracteriza por vivir la plena consagración a Dios “en medio del mundo”, en traje seglar y sin signos religiosos. Es el reflejo de la vida interior lo que hace la diferencia. Su misión es promocionar a la persona, evangelizar a sectores populares desfavorecidos y despertar la responsabilidad social de personas mejor situadas.

Parte de la conciencia de la dignidad de cada persona alerta de la falta de oportunidades de muchos y pide el aporte de todos en la construcción de un mundo de hermanos hasta “hacer de todos, una sola familia en Cristo Jesús”.

Promoción humana y cultural

Admira hoy la comprensión que Pio X tuvo de la oportunidad de la obra de Dolores, ante la aparición de nuevas visiones del mundo y de la fe, del anticlericalismo y alejamiento de las masas obreras y populares de la Iglesia.

Precisamente estos hombres y mujeres “en el vigor de la vida”, pero carentes de oportunidades, de reconocimiento social, de cultura y de conocimiento de Dios, son el punto de la atención de Dolores Sopeña.

A partir de 1902 da a su Instituto religioso una nueva presencia en la sociedad, por medio de una asociación civil, sin fines de lucro. Esto le permite llegar más lejos. Simultáneamente Las Doctrinas pierden convocatoria. Nacen entonces los Centros Obreros de Instrucción. Centros sin connotación religiosa, espacios abiertos, de promoción humana y cultural, en los que se llega al corazón de las personas y a la propuesta de formación en la fe, en un ámbito de libertad.

Fueron un éxito, aunque no faltaron duras críticas. La gran afinidad espiritual y pastoral que encontró en el cardenal Rafael Merry del Val, secretario de Estado, la fortaleció en este momento. Dolores siempre motivó a otras personas a trabajar con ella.

El Instituto sigue esta línea carismática y comparte su misión con los laicos que se adhieren desde la espiritualidad y son un elemento esencial. “¡No te mueras nunca!”, fue el grito espontáneo que se escuchó en una sala repleta de obreros mientras Dolores les hablaba. En el I Centenario de su partida, ocurrida el 10 de enero de 1918, un pequeño grupo de “débiles mujeres” en cierto modo lo hacen realidad, continuando un proyecto que responde a las mismas necesidades y con la certeza de que nuestro Dios trabaja siempre.

María Jesús González, ex Superiora General

SOLIDARIDAD DEL DÍA A DÍA

Más allá de las grandes campañas, armadas para interpelar a nuestra dormida solidaridad, para grandes necesidades, grandes catástrofes, están los gestos diarios, que conforman una forma de ser, de vivir y de comprender un mundo de hijos de Dios, que se tratan como hermanos y se ayudan.

A Charles Chaplin se le atribuye un dicho que no puede contener más amor y más esperanza: “Haz de los obstáculos escalones para aquello que quieras alcanzar”.

En la Familia Sopeña hemos hecho nuestra la frase y la llevamos más allá, al terreno de la solidaridad entre hermanos. “Sed escalón para todos aquellos que se encuentran con obstáculos”.

Y en esas estamos, construyendo escalones para aquellas personas que, a nuestro alrededor, muy cercanos, están atravesando dificultades.

Esa fue la intención de la campaña que ya ha cumplido un año “Un peldaño para los demás”.

Convertirnos, a través de un pequeño gesto, en ese impulso que está ayudando a muchas personas a no renunciar a sus proyectos de superación.

Por aquí os dejamos un artículo que cuenta muchas cosas sobre “Un peldaño para los demás”, publicado en la revista ICONO de los Redentoristas, en la que Catequistas Sopeña tenemos un hueco.

PEQUEÑOS GESTOS QUE NOS DIGNIFICAN

Muchas veces entendemos la solidaridad en forma de grandes campañas para aliviar o paliar grandes estados de necesidad o ante dramas que nos dejan sensibilizados y sin aliento.

Pero ¿qué hay del día a día? ¿Nos fijamos en los que tenemos justo al lado con sus problemas cotidianos? Amigos con dificultades, vecinos en soledad, compañeros con sueños frustrados… Hay pequeños gestos que dignifican y nos humanizan y construyen el Reino de Dios.

Esos pequeños gestos se convierten en pasos de la escalera que representa la vida de cada uno de nosotros y en la Familia Sopeña quisimos articularlos a través de la campaña Un Peldaño para los Demás.

El propósito, empezando por las Catequistas Sopeña en sus respectivas comunidades de España y Latinoamérica, lleva ya casi un año en marcha y ha dado grandes y jugosos frutos.

El Proyecto Solidario Un Peldaño para los Demás tenía como objetivo ayudar a personas y familias, usuarias o cercanas a los espacios de acción Sopeña en el mundo y evitar que la crisis económica provocada por la COVID19 malograse sus historias de superación y proyectos vitales, formativos o profesionales y lo va consiguiendo.

Es difícil contabilizar cuántas personas exactamente han sentido estos gestos solidarios, porque, en muchos casos, la ayuda ha supuesto una inversión de futuro para todos los miembros de una familia… o de un barrio entero.

No es dar, es construir

Pero lo que sí sabemos, más allá de las cifras, que detrás de cada peldaño construido o reparado hay historias de personas, sueños y aspiraciones de vida que van a seguir hacia delante y no se van a interrumpir.

Estar para los demás, al servicio de quien pueda necesitarnos, dándoles además a conocer a Dios, fue por donde comenzó Dolores Sopeña a probar su vocación, hasta saber cómo consagrarse al Señor.

Con Dolores bendiciéndonos desde el Cielo y ayudándonos más, hemos contribuido a construir y reparar escaleras fuertes y robustas, a veces, muy empinadas, con pasamanos, con rellanos…

La esencia es que nos hemos convertido en ese peldaño que ha permitido a muchas personas no interrumpir su proceso de superación, sus proyectos vitales…

La misión Sopeña hace presente el amor de Dios en medio del mundo, a través de la promoción de las personas, ofreciéndoles oportunidades para desarrollarse y crecer en lo personal y lo profesional a personas que no lo han tenido fácil o claramente en situaciones de desventaja social o vulnerabilidad.

Esa misión ha contribuido además a mantener esas oportunidades y conseguir que no se trunquen.

Solidaridad en Madrid

Setenta y nueve proyectos

Con una recaudación de más de 176.000 euros, hemos llegado a 79 proyectos, 79 “necesidades” detectadas en el entorno de los espacios de acción Sopeña en España, Ecuador, Colombia, Cuba, Chile y Argentina.

Quito, en Ecuador, ha sido el lugar donde más acciones se han llevado a cabo, pero quizás la que ha involucrado a más gente ha sido la desarrollada en el Campamento Millantú, en Puente Alto de Santiago de Chile.

Bajo el nombre “Tendiendo cables”, la acción ha supuesto la conducción de energía eléctrica para más de 600 familias, de tres o cuatro miembros cada una, instaladas en este campamento al borde del río Maipo.

En este espacio conviven personas chilenas y personas migrantes, hermanados por las carencias, la desigualdad, la falta de oportunidades, exacerbadas tras estos dos últimos años de pandemia.

Tienen en común también grandes capacidades, creatividad y espíritu de lucha, así como afán por organizarse colectivamente y buscar alternativas.

Según el testimonio de Gabriela Herrera, Catequista Sopeña y responsable de esta acción, “ha sido bueno y gratificante constatar que hombres y mujeres, más mujeres, se dieron a la tarea” de conducir para todos, la energía eléctrica; “de colaborar en los trabajos, por así decirlo, menores, de cavar hoyos para colocar los postes, acarrear material, hacer mezcla, vigilar los materiales”.

“Hasta los niños –nos continúa explicando- tenían su tarea de ‘no estorbar’ y ofrecer agua a los y las trabajadoras. Las imágenes hablan por sí solas”.

“Por supuesto, el técnico, con una cuadrilla de trabajadores especializados en tendidos eléctricos, supervisaron los trabajos previos de instalación de postes para poder realizar luego sin contratiempos el trabajo requerido”.

Iglesia en salida

Gabriela aclara que en Millantú saben que la Corporación Dolores Sopeña –como se la conoce en Chile- “no es una institución de asistencia”.

Aunque desde la dimensión de la acción social solidaria se responde a una emergencia, derivada de la pandemia, la acción allí consiste en un trabajo constante e integral, por el que esas personas, con el acompañamiento oportuno, salgan adelante con sus propias capacidades.

Además, la misma comunidad ha solicitado iniciar catequesis sacramental.

Gabriela confiesa sentirse “Iglesia en salida “, como dice el Papa Francisco. “Y así nos encontramos más que un campamento, una tierra sagrada habitada por personas en desventaja, que son los predilectos del Señor”.

Haciendo una alegoría con los tiempos de Dolores Sopeña, podríamos decir que nos encontramos en el “Barrio de las Injurias” del siglo XXI en Chile.

 

DOCENTES CON UNA SENSIBILIDAD ESPECIAL

La promoción es uno de los valores Sopeña. Representa un impulso que llevó a Dolores Sopeña, nuestra fundadora y mujer de excepcional sensibilidad, a confiar en el ímpetu y fuerza de cada una de las personas que tuvo a su alrededor para, con la ayuda de Dios, lograr sacar lo mejor de sí mismas.

Así fue y así sigue siendo en todos y cada uno de los espacios de acción en el mundo, en los que el Carisma Sopeña extiende su misión.

La experiencia como docente de Ana García enfrentó muchas veces al valor de la promoción, pero según nos cuenta en este interesante artículo para la revista ICONO, no fue hasta recalar en el Centro Sopeña Sevilla cuando la PROMOCIÓN cobró todo su sentido.

“Potencia cualidades y pule defectos para dejar a la luz el tesoro que todos llevamos dentro”.

Ana García, Laica Sopeña, entendió que Dios la había llevado hasta este Centro para conocer a alumnos con circunstancias a veces complicadas y que se despertase en ella una sensibilidad especial por las necesidades de los demás.

Ese plus que se ha encontrado, respecto a lo que ella creía que iba a ser la docencia, ha hecho que se reafirme en su vocación, latente desde niña.

PROMOCIÓN: DESCUBRIENDO TESOROS.                      

La promoción abarca todas las dimensiones de la persona. Potencia sus capacidades, revela sus cualidades, pule nuestros defectos hasta que deja al descubierto el tesoro que todos llevamos dentro. Nos ayuda a obtener lo mejor de las personas que Dios pone en nuestro camino.

La promoción como valor

Al llegar aquí me topé con el valor de la “promoción”. Si bien este término ya había aparecido antes en mi experiencia como docente, fue aquí, en mi centro de trabajo, donde cobró sentido, convirtiéndose en la clave de lo que tenía delante, entre mis manos, a diario. Dios me trajo aquí para ver de cerca que, desgraciadamente, me encontraría con alumnos/as cuya dignidad había sido desdibujada por circunstancias que la vida conlleva.

Esa falta de autoestima, de seguridad, de compañía… despertó en mí una sensibilidad especial por las necesidades de los demás. Esos alumnos, con sus “tesoros” enterrados, necesitaban sentir que alguien volvía a creer en ellos, en sus capacidades, fijar metas y pensar en logros a corto plazo, accesibles y posibles de conseguir.

¡Qué suerte la mía estar ahí en medio! Mi vocación por la docencia siempre me había hecho pensar en dar clase, en compartir mis conocimientos, en ser testigo de su aprendizaje… pero ser partícipe de su crecimiento personal y, en algunos casos, de retomar las riendas de sus vidas, me ha hecho reafirmarme en esa vocación que siento latente desde niña.

Terrenos para sembrar

Un educador no es, ni mucho menos, alguien que transforma al alumno, sino alguien que “sale al encuentro” de ellos, preparando el terreno donde se producirá esa transformación, creando el ámbito propicio para ello, facilitándole el camino, confiando en esa persona, reconociendo cada paso que de adelante y dejando que la persona sea artífice de su propio desarrollo, convirtiéndose en protagonista de su historia.

Precisamente ahora, más que nunca, después de estos terribles meses de pandemia, nos hemos encontrado con muchos casos de alumnos y sus familias que no solo tienen una crisis personal, si no que tienen necesidades materiales y económicas, que también son parte inevitable de ese terreno propicio que cualquier alumno necesita hoy en día para conseguir su meta.

 

Docentes con sensibilidad 2

Este curso, he podido evidenciar la solidaridad de mis alumnos en todo su esplendor, siendo partícipes, organizando y volcándose en campañas de solidaridad para ayudar a los más damnificados por la pandemia, tomando conciencia y viviendo experiencias de acción social, tan concretas, como ayudar a los compañeros de su propio centro.

Solidaridad evangelizadora, que nos hace más humanos y desarrolla la sensibilidad hacia nuestra propia promoción, como bien expresa el Papa Francisco en esta Audiencia a sacerdotes, religiosas y laicas consagradas de la asociación fundada por el Beato Chevrier:

“En efecto, no puedo sino aprobar y alentar la acción pastoral que lleváis adelante, según el carisma propio de vuestros institutos, un carisma que me toca personalmente y que está en el corazón de la renovación misionera a la que toda la Iglesia está llamada: porque existe una ‘íntima conexión entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora’ (Exhortación ap Evangelii gaudium, 178)».

Proyectos Solidarios

Esta solidaridad evangelizadora, encaminada a la promoción de nuestros alumnos, no solo les satisface a ellos, sino que es infinitamente gratificante para nosotros. Tenemos un proyecto en el centro, la “Bolsa de Solidaridad”, de donde se ayuda a los alumnos que lo necesitan.

Esta Bolsa se nutre de nuestras campañas solidarias, de aportaciones voluntarias, anónimas… y, como si del milagro de la multiplicación de los panes y los peces se tratara, esa Bolsa tiene siempre fondos para nuestros alumnos más desfavorecidos gracias a la voluntad y la colaboración de todos.

Cuando haces entrega de material, de dinero, de libros… y te sonríen con la mirada por encima de sus mascarillas, te das cuenta de que cualquier esfuerzo ha merecido la pena. Formar parte de la vida de esos alumnos y verlos promocionar, nos convierte en una “Gran Familia” junto a ellos y a las suyas propias.

De nuevo, cito unas palabras del Papa Francisco que pertenecen a su Encíclica, Fratelli Tutti, 276: “La Iglesia ‘tiene un papel público que no se agota en sus actividades de asistencia y educación’ sino que procura la promoción del hombre y la fraternidad universal. No pretende disputar poderes terrenos, sino ofrecerse como un hogar entre los hogares —esto es la Iglesia—, para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección”.

Termino dejando el testimonio de un antiguo alumno Sopeña, Fabricio, que se sintió acogido y acompañado en nuestra casa. Consiguió sus objetivos, se involucró en la vida pastoral del centro y disfrutó su estancia aquí. Más tarde, se graduó en la Universidad. Promoción en su estado más puro.

Sensibilidad docente 3

Cuando creen en ti, comienzas a creer en ti

“La Fundación Dolores Sopeña me ayudó a dar sentido a mi vida personal y profesional.

Cuando creen en ti, comienzas a creer ti. Hacen que tengas retos y ganas de salir adelante. Aquí no solo forman profesionales académicamente, sino que se guía a la persona para que de lo mejor de sí misma.

Soy parte del legado de la Fundación porque si miro atrás, valoro mi evolución. Creo que cada uno de nosotros tenemos mucho que ofrecer al resto de personas. A nuestro lado puede haber alguien que necesita una mano para descubrir su potencial y está en nosotros crear la capacidad de ayuda a los demás”.

¡FELIZ NAVIDAD!

La Navidad es un momento precioso para dejar sorprender de nuevo y abrir nuestro corazón ante el hermoso signo del Pesebre.

La representación con figuras del Nacimiento de Jesús es el anuncio del Misterio del Hijo de Dios hecho carne, con alegría y sencillez.

Como recuerdo e invitación a ponernos en camino, con la humildad de quien nace y va a dar su vida por todos nosotros, por amor.

Las Catequistas Sopeña os deseamos para esta Navidad la capacidad para abrir nuestros corazones ante el gran Misterio del Portal de Belén y lo que representa, más allá de las figuras que decoran nuestros hogares.

La Luz del Nacimiento de Jesús será siempre guía de nuestra Familia Sopeña, para vivir bajo los valores que también la Beata Dolores Sopeña nos legó y que deben ser la mejor decoración de nuestra Navidad: la vida en familia y en comunidad, la alegría como actitud, la oración para experimentar el amor de Dios, la entrega y servicio a los demás, la cercanía a todos y la sencillez, fruto de la transparencia y la humildad.

Esa Luz es, además, signo de esperanza ante la realidad que vivimos y vive la Humanidad, hermanos todos.

¡Hagamos hueco en nuestra vida, de tanto brillo y cosas vanas a las que se nos conduce, para abrazar a Jesús, pobre y sencillo!

Feliz Navidad

Feliz Navidad

UN LUGAR PARA LA ESPERANZA

Confiar en algo tan humano como la solidaridad es dar lugar a la esperanza, algo que nos recuerda el Papa Francisco: “Si esperas, nunca serás decepcionado”.

En estos tiempos que vivimos y a las puertas de la Navidad, es un excelente momento para tomar conciencia de que todos somos diferentes, pero partes de un mismo todo.

Esa evidencia hace más formidables aún nuestros esfuerzos por tender manos y puentes, por construir mundos con palabras sinceras y honestas, valientes, amables y sanadoras.

Esa fue la experiencia que no comparte aquí Víctor Rivero, Laico Sopeña y profesor en el Centro Sopeña Las Palmas, en este nuevo artículo para la revista ICONO de los Padres Redentoristas.

Tiempos de acogida a la solidaridad

Acoger y reconocer la solidaridad como algo inherente a la naturaleza humana, supone recordar que afrontamos estos tiempos como hermanos e hijos de un mismo Dios.

Acogemos unos tiempos en los que la realidad se ha hermanado con la ficción.  Tanto es así que, a pesar del tiempo transcurrido desde la llegada de la pandemia, todavía soñamos con despertarnos y descubrir que todo ha sido un sueño.

Sin embargo, tal y como nos ha dicho el Papa Francisco en más de una ocasión, miremos con nuevos ojos nuestra existencia y dejemos su lugar a la esperanza. “Es una virtud que nunca decepciona: si esperas, nunca serás decepcionado” (Homilía de Santa Marta, 23 de octubre de 2018). Porque la espera nos regala que la vida acabe siendo un sueño del que no querremos despertar. Y en ese regalo descubriremos el protagonismo de dos palabras que siempre han jugado un papel especial: acogida y solidaridad.

Un lugar para la esperanza

De etimología latina, estos dos términos parecen predestinados a encontrarse siempre en el camino.  La primera, del verbo “acolligere”, nació con la misión de ser usada cuando deseamos dar refugio y compartir el sentido de hogar. La segunda, de “soliditas”, nos descubre una Buena Nueva: somos partes diferentes de un mismo todo. Recordar esto o, lo que es lo mismo, “volverlo a pasar por el corazón”, debe significar un ejercicio de regresión y redescubrirnos como hermanos e hijos de un mismo Dios.

Una peregrinación hacia el verdadero sentido de la solidaridad

Partícipes del Plan de Dios fuimos aquellas personas que, durante el curso pasado, tuvimos el regalo de sentir y vivir el auténtico espíritu de la solidaridad. Invitado por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, el Centro Sopeña Las Palmas participó en un proyecto consistente en crear un telediario solidario.

Alumnado de 4º de la ESO, docentes, colaboradores inmigrantes y profesionales de los medios audiovisuales teníamos la misión de abordar algunos de los temas de eterna actualidad desde la perspectiva programada.

Sin embargo, y ahí se obró el milagro, lo que iba a ser un trabajo cooperativo con el objetivo de lograr un “producto final”, se convirtió en una experiencia de peregrinación hacia el verdadero sentido de la solidaridad.

“Si algo nos ha recordado la pandemia es que el aire que respiramos es compartido. Lo inhalamos, lo exhalamos y viaja hacia otras personas”. Estas fueron aproximadamente las palabras expresadas durante las sesiones iniciales de formación por parte de una de nuestras coordinadoras, marcando así el rumbo de lo que vino después.

Era nuestro primer curso presencial después del significativo confinamiento y este mensaje, mil veces presente desde la llegada de la COVID19, lo acogimos en esta ocasión con un sentido diferente. Lejos de recordarnos el miedo pasado y presente, tornó en una Buena Noticia y nos reveló nuestra naturaleza común y compartida.

Somos solidarios por naturaleza y, por tanto, el carisma que debía tener el proyecto que teníamos entre manos no era una mera cuestión de perspectiva, sino de vocación ineludible e innata.

Tú eres parte de mí

Tarea natural y conversora resultó trabajar para materializar este espíritu en un proyecto en el que participaban personas con diferentes orígenes, circunstancias, motivaciones, culturas y creencias.

Pocas veces se presentaba en el camino una oportunidad tan trascendente de sentir la evidencia de que la variedad encuentra su respeto y legitimidad desde una concepción global.

Temas despertadores de históricos debates como la inmigración en Canarias o la situación del Sáhara convivieron y fueron acogidos desde todos sus matices y expresiones, descubriéndonos que lo que afecta a unos, lo sentimos todos.

El Papa Francisco nos decía en la Evangelii Gaudium, n. 87, que “la palabra solidaridad es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad”.

En la experiencia compartida, la magia de la solidaridad no solo sembró la armonía en una orquesta compuesta con instrumentos tan distintos, sino que nos convirtió en enviados de la que era la auténtica noticia.

Tú eres parte de mí. Sintámonos unidos por el regalo de la vida. Acojamos la solidaridad ahora y siempre porque compartimos un bien común, el regalo de Dios, la solidaridad.

FORMÁNDONOS EN MISIÓN COMPARTIDA

El pasado sábado una comitiva de la Familia Sopeña, formada por Catequistas y Laicas, participó en una jornada organizada por CONFER en la que se reflexionó acerca de la importancia de recibir formación sobre Misión Compartida.

Además de la reflexión teórica, la sesión se centró además en proponer a los asistentes pautas, criterios y orientaciones prácticas para la elaboración de los itinerarios formativos que se llevan a cabo en Misión Compartida.

La formación se prolongó durante toda la mañana en la Sala Arrupe del Espacio Maldonado de los Jesuitas en Madrid.

Organizada por el Área de Misión Compartida de la CONFER iba destinada a animadores, encargados de formación y responsables de la Misión Compartida en las congregaciones.

Las Catequistas Sopeña Rosi Hermosa, Sandra Salazar y María Isabel de Miguel y las laicas de Sevilla, Dolores Martínez y Amparo Romero, aprovecharon el encuentro para intercambiar impresiones con religiosos y laicos de otras congregaciones, con el mismo objetivo de sinodalidad, de compartir responsabilidades en la misión evangelizadora, que a la Familia Sopeña nos dejó definida nuestra fundadora, la Beata Dolores Sopeña.

El Carisma Sopeña está arraigado en la sociedad civil a través del Movimiento de Laicos Sopeña y Sopeña Juvenil.

Son dos grupos abiertos a todos aquellos que quieran dedicar algo de su tiempo a que el mundo sea un poco mejor viviendo su cristianismo de forma más activa y solidaria.

Son motor fundamental dentro del Carisma para construir la fraternidad y contribuir a “hacer de todos, una sola familia”, como era el ideal de Dolores Sopeña.