80 AÑOS EN COLOMBIA

La Comunidad de Catequistas Sopeña en Bogotá y el Centro de Formación y Capacitación Sopeña Bogotá (Colombia) están celebrando estos días los 80 años de presencia carismática de la Familia Sopeña en la capital colombiana.

Hace ahora ocho décadas que Dolores Sopeña, el 7 de octubre de 1945, cumple su sueño de viajar a América desde Europa y recala en Bogotá.

En ese momento, siete Catequistas Sopeña junto a un grupo de señoras iniciadoras y protectoras de la Fundación Dolores Sopeña, principal obra apostólica del ICDS, ponen en marcha actividades de capacitación y formación en la ciudad, inicialmente en un centro que lleva el nombre de la Madre Fundadora en los barrios de Samper Mendoza y Calle 20.

A partir de ahí, la actividad apostólica de las Catequistas y del Centro no se detiene y van cumpliendo años siempre bajo el manto protector y la atenta mirada de Dolores Sopeña,  “bautizada” como Madre de los Obreros.

Precisamente, en el terreno actual, ubicado en la calle 28 Sur, en 1962 se pone la primera piedra y un retrato de Dolores Sopeña preside las instalaciones con un enorme letrero que dice: “Madre de los Obreros… ¡qué grande te hizo Dios!”.

80 aniversario

La celebración del 25 aniversario de la Obra en Colombia, Bodas de Plata, tiene lugar en 1970 bajo el lema “Que nuestra acción de gracias a Dios dure tanto cuanto duren nuestras vidas”.

Las Bodas de Oro (cincuenta años) son en 1995 y se celebran bajo un lema que es de nuevo otra frase de la Madre: “Me eché en brazos de Dios como siempre, y sentí consuelo en el fondo de mi alma ante la idea de trabajar por Él y por los demás”.

En plena pandemia, en el año 2020, se cumplen los 75 años de la presencia de Catequistas Sopeña en Colombia. Aunque los actos son virtuales, Miryam Ávila, preside desde Madrid una eucaristía que preside Monseñor Luis Manuel Ali Herrera, en la Capilla de la Comunidad de Catequistas Sopeña en Bogotá.

Desde 2023, María Elena Arenas (Mane) es directora del Centro del Sur, apoyada por Noemí Gutiérrez y Lourdes Vaca.

logo 80 años

Este año 2025, de nuevo una frase de Dolores Sopeña centra la conmemoración de estos 80 años formando y uniendo: “Dignificar más y más al trabajador, este ha sido mi más vehemente deseo”.

El Centro de Formación y Capacitación de Bogotá está celebrando diversas actividades como la instalación y disfrute de un Túnel del Tiempo en el que queda reflejadas con fotografías y otros documentos lo que ha sido la presencia Sopeña en la ciudad.

Al final del recorrido de este túnel se sitúa un 80 enorme, que va cubriéndose de pegatinas con las palabras que, a juicio de los usuarios y usuarias del Centro y Laicos Sopeña, resumen lo que Sopeña es o ha sido para ellos.

Los actos culminan el próximo domingo con una Eucaristía presidida en el mismo Centro Sopeña por el Obispo Auxiliar de Bogotá Monseñor Edwin Raúl Vanegas Cuervo y en la que actuará el Coro de la Universidad Nacional.

Todo un acontecimiento que da muestra de la gratitud de una ciudad y un país y de los cientos de personas que durante todo este tiempo se han nutrido y han compartido el Carisma Sopeña.

misa 80 años

 

DOLORES SOPEÑA: UN LEGADO SIEMPRE VIVO

Nuestro Dios “es grande y poderoso, admirable en su fuerza, invencible” (Sal 145), prepara personas que respondan a un especial proyecto de amor, situado en la historia, adecuado a las necesidades de ese tiempo.

Dolores Sopeña es una de estas personas. Estamos ante una figura humilde y espléndida en la segunda mitad del siglo XIX y primeros años del XX en España.

Dolores nace el 30 de diciembre de 1848, en Vélez Rubio, Almería (España). La sociedad civil vive la Revolución Industrial, con sus enormes consecuencias, y Marx desarrolla y proclama sus teorías.

En la Iglesia, León XIII escribe en 1891 Rerum Novarum –la primera encíclica social de la Iglesia–, sobre la “cuestión social” y la situación de los obreros. Y san Pío X elige entre las prioridades de su pontificado, impulsar la enseñanza del Catecismo.

Estas dos grandes líneas enmarcan la misión de Dolores y ella las realiza con gran novedad, sencillez y eficacia.

Por el trabajo de su padre vive unos años de su juventud en Puerto Rico y Santiago de Cuba (1871-1876), en contacto con las clases media y alta, y con las clases populares y necesitadas.

Regresa a Madrid y se dedica a un apostolado intenso en la cárcel, hospitales y en misiones populares. Es una mujer decidida, audaz, llena de valor, inteligente, sensible a la amistad y a las necesidades que ve a su alrededor.

Es, ante todo, una mujer creyente. Su fe la sumerge en la realidad que ve más allá de su propio hábitat. Es el “Dios tres veces santo y mil veces Padre” quien le descubre la dignidad de cada persona y hace crecer en ella la convicción de que todos somos hermanos, con las enormes consecuencias que tiene apropiarse de esta verdad.

En 1885, durante sus visitas a la cárcel conoce a Pepa la Cigarrera y el barrio de las Injurias. Se estremece al contemplar esa realidad de pobreza y marginación y, decide, con una amiga, volver y volver, ganándose así la admiración y confianza de la gente. Acercarse, escuchar, abrazar, sonreír, mirar a los ojos, produce en ella el respeto, el afecto y la más noble y profunda com-pasión. Esta com-pasión le lleva a buscar colaboración para mejorar esas situaciones. La indiferencia ante esas carencias también conmueve su corazón.

Así, en 1892 funda un movimiento de apostolado seglar. Las visitas se convierten en lecciones de Catecismo, en las que todo el barrio participa. Nacen así Las Doctrinas, que después se extienden a otros barrios de Madrid y a varias ciudades de España y cuyos frutos resultan sorprendentes.

Dolores viaja para atender estos centros de apostolado. Los grupos son numerosos, ella anota más de seis mil participantes. Con el pasar de los años, una pregunta se repite: “Doña Dolores, cuándo usted se muera ¿Quién vendrá?”. Ella sonreía y callaba. Dolores busca sin cansancio su vocación, hasta que, finalmente, a los cincuenta y dos años cristaliza una inspiración, un proyecto en el que se refleja lo que Dios quiere de ella.

Dolores Sopeña fotitos

 

El 31 de enero de 1901 en una Hora Santa, contemplando la agonía y entrega de Jesús en Getsemaní, ella afirma que nació el Instituto religioso que hoy lleva su nombre y que es como la misma vida de Dolores.

El 24 de septiembre de ese mismo año se levanta el acta en Loyola (Guipúzcoa), con las ocho primeras y, el 31 de octubre, se comienza oficialmente en Toledo, con el apoyo del cardenal Sancha.

El 28 de agosto de 1905 recibe el Decreto de Alabanza y, el 21 de noviembre de 1907, la aprobación definitiva directa del S. S. Pío X, con estas palabras: “Extraordinaria es la Obra y extraordinaria será su aprobación porque cubre una necesidad en los tiempos actuales”.

El Instituto Catequista Dolores Sopeña se caracteriza por vivir la plena consagración a Dios “en medio del mundo”, en traje seglar y sin signos religiosos. Es el reflejo de la vida interior lo que hace la diferencia. Su misión es promocionar a la persona, evangelizar a sectores populares desfavorecidos y despertar la responsabilidad social de personas mejor situadas.

Parte de la conciencia de la dignidad de cada persona alerta de la falta de oportunidades de muchos y pide el aporte de todos en la construcción de un mundo de hermanos hasta “hacer de todos, una sola familia en Cristo Jesús”.

Promoción humana y cultural

Admira hoy la comprensión que Pio X tuvo de la oportunidad de la obra de Dolores, ante la aparición de nuevas visiones del mundo y de la fe, del anticlericalismo y alejamiento de las masas obreras y populares de la Iglesia.

Precisamente estos hombres y mujeres “en el vigor de la vida”, pero carentes de oportunidades, de reconocimiento social, de cultura y de conocimiento de Dios, son el punto de la atención de Dolores Sopeña.

A partir de 1902 da a su Instituto religioso una nueva presencia en la sociedad, por medio de una asociación civil, sin fines de lucro. Esto le permite llegar más lejos. Simultáneamente Las Doctrinas pierden convocatoria. Nacen entonces los Centros Obreros de Instrucción. Centros sin connotación religiosa, espacios abiertos, de promoción humana y cultural, en los que se llega al corazón de las personas y a la propuesta de formación en la fe, en un ámbito de libertad.

Fueron un éxito, aunque no faltaron duras críticas. La gran afinidad espiritual y pastoral que encontró en el cardenal Rafael Merry del Val, secretario de Estado, la fortaleció en este momento. Dolores siempre motivó a otras personas a trabajar con ella.

El Instituto sigue esta línea carismática y comparte su misión con los laicos que se adhieren desde la espiritualidad y son un elemento esencial. “¡No te mueras nunca!”, fue el grito espontáneo que se escuchó en una sala repleta de obreros mientras Dolores les hablaba. En el I Centenario de su partida, ocurrida el 10 de enero de 1918, un pequeño grupo de “débiles mujeres” en cierto modo lo hacen realidad, continuando un proyecto que responde a las mismas necesidades y con la certeza de que nuestro Dios trabaja siempre.

María Jesús González, ex Superiora General