FORTALECER LA COMUNIDAD DE LAICOS

Este pasado fin de semana ha tenido lugar una nueva reunión de la Comunidad de Laicos de Madrid. Organizada con el objetivo de fortalecer una de los grupos más activos de la familia Sopeña, la reunión es un momento para la reflexión y para compartir la fe, la vida y nuestro Carisma.

En el entorno privilegiado de El Espinar, la comunidad, compuesta por personas que colaboran o han colaborado en los centros de apostolado, continuó con la profundización en la Autobiografía de nuestra fundadora y en el Evangelio de San Lucas.

El espíritu Sopeña va más allá de estar o trabajar en un Centro de la gran obra apostólica de las Catequistas, la Fundación Dolores Sopeña. Pertenecer a la familia Sopeña supone aportar a la Iglesia y a nuestro carisma desde donde se esté.

Cuando la Beata Dolores Sopeña fundó el Instituto Religioso no eliminó la Asociación de Apostolado Seglar ni las catequistas absorbieron las tareas apostólicas, muy al contrario.

En el momento de su constitución, el Instituto Catequista potenció esa asociación laical e, incluso, en aquellos lugares donde no era posible la ubicación de una comunidad religiosa, eran los laicos quienes realizaban el trabajo directo, siempre con el acompañamiento cercano, espiritual y apostólico, de las Catequistas.

Fieles a esa intuición carismática de nuestra Madre fundadora, catequistas y laicos compartimos la misión propia del Instituto y la gran misión de la Iglesia, como evangelizadores, cada uno desde su vocación específica.

Reunión de Laicos

Además de estas citas mensuales, los momentos álgidos de la vida en comunidad de los laicos Sopeña son los ejercicios espirituales de San Ignacio y el encuentro nacional de colaboradores y catequistas, ambos de periodicidad anual.

Este próximo mes de septiembre, precisamente, celebraremos el XXXII Encuentro, que tendrá lugar en Almería, como otro de los lugares emblemáticos del itinerario de la Beata que se pretende recorrer.

Durante el segundo fin de semana los participantes, colaboradores y catequistas, tendrán ocasión de realizar además una visita especial a Vélez Rubio, a la casa natal de Dolores Sopeña, y a otros lugares simbólicos de su infancia.

La unión y el fortalecimiento de estos equipos redundan también en el refuerzo de nuestro Carisma y su aportación y servicio a la Iglesia, que, al fin y al cabo, es lo que todos vinimos a hacer.

REPARTIR LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

La fiesta de Pentecostés contiene la tradición de repartir los dones del Espíritu Santo. Hoy los cristianos continuamos celebrando su descenso sobre la comunidad de los Apóstoles para insuflarles el valor necesario para anunciar la Buena Nueva de Jesús.

El equipo de Pastoral del Centro Sopeña Madrid, integrado en la gran obra apostólica que representa la Fundación Dolores Sopeña, ha querido un año más destacar esta festividad de Pentecostés y hacerla presente entre alumnos, trabajadores y colaboradores del Centro.

Como sabéis, la propuesta educativa Sopeña incide en cinco áreas, con el objetivo de posibilidad la formación integral de la persona. Una de ellas es precisamente la Pastoral.

Y es su intención que, en cada uno de los centros en los que trabaje la familia Sopeña, se viva con conciencia cada tiempo litúrgico, que respondamos como hijos de Dios a cada requerimiento de nuestro Padre.

En esta ocasión, en Pentecostés, que tuvo lugar el pasado domingo, es el momento de sentir la presencia del Espíritu Santo; percibir, cada uno de nosotros, que nos habita; reconocer y ser conscientes de que nos transforma y está con nosotros a lo largo de nuestra vida.

Es el Espíritu Santo el que nos mantiene siempre cerca de Jesús; nos da fuerzas para hacerlo presente y anunciarlo, nos regala sus dones, que nos permiten convivir como hermanos, sintiendo siempre el Amor del Padre.

Espíritu Santo

Y cada miembro de la comunidad educativa ha recibido del equipo de Pastoral, inspirado por el Espíritu Santo, un don de entre los siete.

¡Descubramos ahora cuáles son y en qué consisten esos dones!

Sabiduría: el don que nos proporciona el gusto por lo espiritual.

Entendimiento: el don que nos permite comprender con la mente y con el corazón la Palabra de Dios.

Consejo: el don que nos capacita para oír la voz de Dios en las opciones de la vida diaria.

Fortaleza: el don que nos ayuda, superando todas las dificultades, a hacer lo que Dios quiere de nosotros.

Ciencia: don que nos capacita para ver las cosas en su relación a Dios, para tener una auténtica visión de ellas.

Piedad: el don que ablanda nuestro corazón y lo abre a la ternura para amar y respetar a Dios como Padre y a nuestros hermanos.

Temor de Dios: el don que nos prepara para vivir en actitud de respeto hacia Dios.

¡Preparemos nuestro corazón para acogerlos!  Siempre hay uno para ti.

HONRAMOS UNA VEZ MÁS A NUESTRA FUNDADORA

Las Catequistas Sopeña y, en general, la Familia Sopeña repartida por todo el mundo volvemos a celebrar mañana, como cada 10 de enero, la Festividad de la Memoria Litúrgica de la Beata Dolores Sopeña, nuestra fundadora.

Esta ocasión nos sirve además de broche final de un Año Centenario, repleto de actos y celebraciones, y nos deja en los brazos de nuestro próximo Capítulo General, el vigésimo primero para nosotras, Misioneras en Medio del Mundo.

La fecha nos sirve para comenzar el año con alegría y motivación, tal y como comenzaba y mantenía cada proyecto nuestra fundadora. Con la confianza y la mirada puesta en Dios y la fortaleza de quien se sabe al servicio de quienes más sufren, de quienes menos tienen, de aquellos que más alejados están.

A lo largo de todo el mes de enero y parte de febrero, comunidades y centros de formación de su gran obra apostólica, y que hoy mantienen sus hijas: la Fundación Dolores Sopeña, honrarán con diversas actividades el Día de la Fundadora.

Misas, convivencias, comidas fraternas, representaciones teatrales, jornadas y carreras deportivas, yincanas, conferencias, concursos, visitas guiadas, con referencias a la vida de Dolores Sopeña, todo es poco para recordar que cada celebración es una bola de oxígeno, un impulso para reafirmarnos en nuestro trabajo, en continuar con nuestra misión.

Museo- fundadora Dolores-Sopeña

El primer gran acto tendrá lugar en el Centro Sopeña de Toledo. Allí, en el jardín de la plaza de Virgen de Gracia, se plantará un olivo como símbolo del primer centenario de la muerte de Dolores Sopeña. Así mismo, habrá una misa solemne en Vélez Rubio, su pueblo natal.

Pasamos de un recordatorio, de una celebración por el trabajo bien hecho, no sin autocrítica, que no debe faltar; a una mirada optimista y renovada desde el trance que supone para la vida consagrada, ese momento de discernimiento y revelación de Dios que son los Capítulos Generales.

En todo caso, tomando como inspiradoras las palabras de Dolores “yo no puedo vivir sin proyectos”, afrontando todo con alegría, porque a ella le gustaban “los espíritus alegres”.

VIVIR DE VERDAD EL ADVIENTO

La atracción de la Navidad es tan fuerte; se hace tan atronador el ruido de las celebraciones y de los villancicos, que nos olvidamos de disfrutar del Adviento, de su verdadero sentido, de reducir el ritmo en un tiempo que se nos regala para prepararnos para tan grandioso acontecimiento, la llegada del Niño Jesús.

Ponemos tanta energía en la etapa navideña, y cada vez con más antelación, que descuidamos su verdadera preparación, el tiempo de 23 días, cuatro domingos antes de la Navidad para ir despertando a la Buena Noticia.

El sentido del Adviento es motivar, avivar en los creyentes la espera del Señor. Y esa espera y la posterior llegada del Mesías requiere no solo de preparativos externos: el montaje y decoración del Belén, los reencuentros, las cenas y comidas festivas, los villancicos; si no que precisa de un proceso interior, de construir una esperanza.

Este inicio del Año Litúrgico nos otorga un periodo de reflexión y acción para que la Navidad la vivamos de modo que no se quede únicamente en una cena, en un regalo o en las brillantes luces de la ciudad.

Una excelente ocasión para parar y contemplar a los demás y dejar un poco de mirarnos a nosotros mismos. Por eso, es también un tiempo propicio para la solidaridad.

¡Construyamos nuestro propio Calendario de Adviento y no nos olvidemos de incluir acciones como hablar de Dios, ayudar, rezar, ofrecer, consolar, compartir, agradecer, donar…!

Muchos católicos conocemos el Adviento pero se nos olvida cómo vivirlo.

Calendario de Adviento

CLAUSURA DE UN FECUNDO AÑO CENTENARIO EN LOYOLA

Bajo la atenta mirada de la imagen de nuestra fundadora, acompañada de la frase extraída de su Tesoro: “…entonemos un himno de acción de gracias que dure tanto cuanto duren nuestras vidas” (T.45), y con las maravillosas voces del Coro de Azpeitia, tuvo lugar la misa de clausura del Año Centenario.

La capilla de la Casa del Instituto Catequista en Loyola (Guipúzcoa) acogió la eucaristía de cierre de la conmemoración de los cien años de la Ida al Cielo de la Beata Dolores Sopeña, presidida por el obispo de San Sebastián, Monseñor José Ignacio Munilla, y concelebrada por otros cinco sacerdotes.

La noche anterior, Catequistas Sopeña llegadas de todo el mundo celebraron una Vigilia junto al sepulcro donde reposan hoy los restos de N. Madre, trasladados desde el cementerio de Nuestra Señora de La Almudena de Madrid en 1923.

En su homilía, Monseñor Munilla dio las gracias en este Año Centenario a las Catequistas por su testimonio de fidelidad y cariño a la Beata Dolores Sopeña. En su opinión, todos deberíamos, tanto en la vida de la Iglesia como en nuestras familias, tomar en cuenta esa prueba de amor.

Clausura en Loyola del Año Centenario

“Todos –explicó-, si somos algo, lo somos por aquellos que nos precedieron y de cuyas fuentes bebimos”.

También tuvo palabras para la propia Dolores, “una gran mujer” que, a su juicio, “fue atrevida, con ese atrevimiento que demuestra solo aquel que tiene depositada su total confianza en Dios”.

Se refirió a los Santos no como superhéroes, si no como “amigos fuertes de Dios, que compaginan dos características que los definen: fortaleza y humildad”; así es como se recoge en el evangelio de san Marcos que se leyó.

Ellos como Dolores Sopeña dieron fruto mostrando el amor de Dios. Descubrieron ese amor y quisieron extenderlo y compartirlo con aquellos con los que se encontraron o a los que salieron al encuentro.

Más de 200 asistentes compartieron allá en la Casa de Loyola este broche de un Año Centenario que ha servido para dar gracias a Dios por el tiempo transcurrido y el trabajo compartido y, sobre todo, por el impulso renovado de proseguir con el compromiso cristiano de Dolores Sopeña en el servicio a los demás.

CATEQUISTAS SOPEÑA EN LA ASAMBLEA DE CONFER

Una representación de Catequistas Sopeña no ha querido dejar pasar la ocasión de participar en la asamblea anual de CONFER, que está teniendo lugar estos días en Madrid. Ocasión especial si tenemos en cuenta que celebra los 25 años de caminar juntos de los institutos de vida consagrada femeninos y masculinos.

Bajo el lema de “Os daré un futuro lleno de esperanza” (Jer 29,11), la provincial de España del Instituto Catequista Dolores Sopeña, Rosa María Hermosa, y Amparo Zufiría, consejera general, compartieron junto a más de trescientos asistentes recuerdos de pasado y anhelos de futuro por seguir construyendo un destino fortalecido y común para la vida religiosa en España.

Desde el Carisma Sopeña, como “Misioneras en medio del mundo” y con la vista enfocada hacia las periferias, nuestro aporte a la vida de la Iglesia sigue reforzando el compromiso adquirido por nuestra fundadora, Dolores Sopeña, cuando sintió, recién iniciado el siglo pasado, la confirmación de constituir un instituto religioso.

La coincidencia este año 2018 de la celebración de las Bodas de Plata de la CONFER y el Año Centenario de la Ida al Cielo de la Beata Dolores Sopeña no hace más que consolidar esa mirada llena de esperanza hacia el futuro. La celebración de estos cien años motiva a tomar aún mayor impulso en la tarea de dar a conocer a Dios, allá donde nadie más llega y entre aquellos que no le aman porque no le conocen.

La apertura de la Asamblea contó con la intervención, entre otros, del Nuncio de S.S. en España, Monseñor Renzo Fratini; el presidente de la CEE, Monseñor Ricardo Blázquez; el presidente de la CEVC, Monseñor Jesús Catalá; el cardenal arzobispo de Madrid, Monseñor Carlos Osoro, y la presidenta de CONFER, María del Rosario Ríos, ODN.

No faltó un mensaje de felicitación del Papa Francisco en el que expresó además su adhesión a la acción de gracias por todos estos años de servicio y de trabajo en común.

Además, destacó sobre el lema de la reunión, un versículo del profeta Jeremías, que se trata de una frase que “se presenta como un reto y como una caricia de Dios en la vida de la Iglesia. Efectivamente, ante la adversidad, la misión profética propia de la vida consagrada interpela a cada religioso y a cada instituto a ser siempre signo de la esperanza futura”.

Tras una emotiva inauguración, en la que no faltó la expresión artística y hasta el humor, los asamblearios tuvieron la ocasión además de aportar respuestas a dos cuestiones planteadas por la organización: cuáles deben ser las urgencias y/o prioridades a acometer por los consagrados y qué debe potenciar CONFER como servicio, en una clara apuesta de futuro.

MISIÓN EN CUBA: UN PUÑADITO DE SAL

La Misión es la joya del Carisma de las Catequistas Sopeña, que se mueven desde hace un siglo entre las familias trabajadoras y los más alejados de la Iglesia. Y lo hacen con un lema que no deja lugar a dudas: Misioneras en Medio del Mundo.

Hace solo unos días, como cada año, la Iglesia celebraba el Domingo Mundial de las Misiones. En esta ocasión con la consigna de “Cambia el mundo”, haciendo evidente que la Misión y la labor de los misioneros hacen que el cambio hacia un mundo mejor y más justo e igualitario, sea posible.

Pero ese cambio, según las Obras Misionales Pontificias (OMP), solo es posible si nace de un corazón cambiado, que no es otro, que un corazón en el que ha entrado Dios.

En nuestra Misión en Cuba se ha obrado ese milagro y ha entrado la luz en los corazones de mucha gente.

Así es como lo ha reflejado la periodista Mercedes Ferrera Angelo, de la Archidiócesis de Santiago de Cuba, en este bonito reportaje:

Entre las montañas y el mar, un puñadito de sal

Por Mercedes Ferrera Angelo

Cada domingo bien temprano en la mañana, mientras muchos aun duermen aprovechando el día de descanso, un camión (medio de transporte común entre nosotros) recorre varios puntos de la ciudad de Santiago de Cuba.  Para aquel que mira desde fuera, se trata de pequeños grupos de personas que suben al vehículo en diferentes puntos de un recorrido habitual, llevando con ellos paquetes, jabas, cajas y, algún que otro aparato para reproducir o amplificar sonidos.  Hasta aquí, no hay nada que resulte extraño para ningún cubano de estos tiempos.

Con el avance en el recorrido, en busca de la salida de la ciudad, se llega a la zona del Distrito José Martí; sube el último grupo y es entonces que puede decirse que comienza a notarse la diferencia. No se trata de una excursión o un paseo a la playa, sino de un itinerario que se ha estado repitiendo durante veinte años, domingo tras domingo, con un solo objetivo: llevar la Buena Noticia de Jesús a comunidades del municipio Guamá, situado al oeste de la ciudad de Santiago de Cuba.  Los protagonistas de esta historia son misioneros y misioneras de diversas parroquias y comunidades santiagueras, guiados, animados y acompañados por las Hermanas del Instituto Catequista Dolores Sopeña.

La arquidiócesis de Santiago de Cuba está situada en la costa sur de la región oriental de Cuba, tiene una extensión de 6.156 kms2.  Es la arquidiócesis primada y su geografía posee un contraste maravilloso que incluye montañas, algo de llanura, costas y por supuesto el mar, el cálido Mar Caribe. Sin embargo, estos accidentes geográficos que Dios ha regalado a la vista de los santiagueros y de todos los que se acerquen a esta tierra, representan un gran reto cuando de llegar a los rincones más alejados se trata. 

Las Hermanas del Instituto Catequista Dolores Sopeña han hecho de este reto su más preciosa y firme razón.  Son ellas las que en gran medida y con la Gracia de Dios, hacen posible que hoy se pueda contar esta historia. 

Inicios

El Instituto Catequista Dolores Sopeña llegó a La Habana por primera vez a mediados del siglo pasado, en el año 1948, y a Santiago de Cuba en 1956.  En 1962, luego de los cambios iniciados por el triunfo de la revolución en 1959, las Hermanas se retiraron del país.  Después de treinta y cuatro años, en 1995, vuelven a Santiago de Cuba, la tierra que una vez acogiera a su fundadora, la entonces jovencita Dolores Sopeña, quién junto a su padre, residió durante un tiempo en esta ciudad.

En una primera etapa, después del regreso de 1995, las Catequistas Sopeña comenzaron a trabajar en la parroquia de Marìa Auxiliadora ubicada en una populosa barriada en la zona sur de la ciudad, atendiendo la catequesis no solo en el templo parroquial sino también en los barrios que le rodean.

En 1997 se inició la experiencia de la misión en el municipio Guamá, una región donde se encuentra el pico con la mayor elevación de Cuba: el Turquino.  Serían las Hnas. Eloísa y Noemí junto a la Sra. Paula Jarquez, misionera de la parroquia de Sta. Lucia, las que el 23 de enero de ese año, según recuerda con mucha precisión la misionera, se lanzaron a iniciar un camino que aún se recorre cada semana.  En ese momento se trataba de ir, mirar, conocer la zona y su gente, invitar.  Según recuerda, “La virgen de la Caridad, nuestra patrona, nos ayudó a abrir el camino.”

Meses después, otra religiosa recién llegada, la Hna. Patricia, invitó a unas muchachas de la parroquia que acababan de recibir el bautismo a unirse a ella en una primera visita al lugar, con la finalidad de intentar llegar más lejos, a lugares de difícil acceso y eso hacerlo por su cuenta, sin transporte propio.    Hoy, a 20 años de distancia esa misión se ha multiplicado en 17 pequeñas comunidades, la más lejana a unos 140 kms al oeste de la ciudad cabecera. 

 “Comenzamos con muchas incertidumbres, no sabíamos cómo iba a ser aquello, pero comenzamos”, recuerda una de las primeras misioneras. Con el tiempo y la ayuda de un financiamiento se comenzó una nueva etapa.  Entonces se alquilaba un transporte para el traslado hasta los puntos de misión y eso permitió que fuera sumándose un mayor número de misioneros; con altas y bajas, así ha sido hasta hoy.

Pero volvamos a la descripción de una jornada de misión.  Ya a bordo del camión todos se unen en oración para ofrecer el viaje, el trabajo, la misión del día y las intenciones del grupo.  En pocas palabras, unirse con todo lo poco y lo mucho que se trae para ofrecer y compartir.  Al llegar al primer punto de misión, una breve reunión para ponerse al día en la distribución del trabajo, compartir la merienda y comenzar.

Misión Cuba

Poco a poco, el grupo se va separando y cada equipo emprende su propio camino.  Las Hermanas Sopeña se turnan para visitar las comunidades.  En general no tienen un punto fijo si no que van acompañando y cubren allí donde sea más necesario. 

Entre las montañas y el mar

Quizás la belleza del entorno con ese impresionante conjunto que forman las montañas y el mar, haga perder de vista a quien llega por primera vez que “loma arriba”, como diría cualquier guajiro* de la zona, hay todo un pueblo que en medio de su difícil cotidianeidad espera y acoge con alegría lo que esta gente viene a ofrecerle.

En el recuerdo de una de aquellas primeras muchachas, que asumieron el reto, “esa misión fue una escuela.  Fue un espacio para aprender a compartir, a tolerar, a sentirse incluido.  Éramos varias generaciones, desde la primera hasta la llamada tercera edad. Mi hija, por ejemplo, hoy adolescente, comenzó conmigo cuando sólo tenía 9 meses y caminó por primera vez allí en Guamá. Nos sentíamos en familia, eso éramos”.  Y no fue solo ella, otras madres también asumieron la misión, llevando con ella a sus hijos. 

Algo común en los testimonios escuchados tiene que ver con el aprendizaje, un aprendizaje no académico, ni que se adquiere en un aula, sino en el caminar juntos y en una misma dirección.   “Aprendí lo que era el compromiso, estar pendiente a la necesidad del otro.   Yo diría que en esa misión conocí el rostro de Dios y aprendí a reconocerme a mí misma como persona.  Las Hermanas ayudaban mucho, eran como el elemento aglutinador en medio de todos.

Hoy

Años después y sin abandonar la misión de Guamá, las Hnas. Sopeña se incorporan a la parroquia misionera de San José Obrero, una parroquia sin templo, que atiende una extensa área, parte urbana, parte rural, al este de la ciudad, y donde la experiencia misionera comenzó también en 1997.  Aquí la gente se encuentra en casas y espacios cedidos por personas del lugar y preparados por ellos. 

Básicamente el estilo de trabajo es el mismo y aunque hoy son otras las Sopeñas, otros los misioneros y otros los caminos que cada semana recorren, ahora por la zona conocida como Baconao, el espíritu es el mismo.

“Venir aquí es algo que me hace crecer cada semana”, comenta Melissa la más joven del grupo de misioneros, una estudiante universitaria que va hasta la última comunidad de la zona, la de María del Pilar, a encontrarse cada tarde de viernes con un grupo de niños que la esperan llenos de expectativas, curiosidad y energía, mucha energía, para aprender y también jugar. 

Este es un lugar muy apartado, cercano a la hermana diócesis de Guantánamo y al que se llega, de brinco en brinco, si el rio de la zona da paso.  Quizás por eso, al arribar sorprende agradablemente ver que es la propia comunidad la que prepara todo lo relacionado con el encuentro y la celebración. Para el visitante que llega de la ciudad, queda muy claro que esos son los pequeños frutos que ya se recogen. 

La parroquia San José Obrero fue creada en 2007 y en su territorio hay centros turísticos y de recreo, parques, y hasta un acuario, pero también viven muchas personas.  Uno de los misioneros comenta que “estos eran lugares prácticamente despoblados y que la iglesia católica nunca había llegado tan lejos por allí, como lo están haciendo ahora”.  Y es precisamente eso lo que mueve a otra de las jóvenes que participa en la misión: “Es una realidad muy diferente a la de la ciudad.  Eso me anima a venir cada semana, todo es muy diferente, pero es también parte de la iglesia, de la realidad de esta iglesia”.

Quienes han leído con atención este trabajo, pueden hacerse una idea del andar de las Catequistas Sopeña por esta porción de la tierra cubana.  Pero si se preguntara cómo lograr aglutinar tanta diversidad y encaminarla hacia un mismo objetivo, entonces tendría, además, que buscar en las esencias de lo que ha dado y sigue dando sentido a la vida de estas religiosas.  

Su fundadora Dolores Sopeña llamaba a sus seguidoras a “dar a conocer a Dios” a las personas que se encuentran al margen, lejos del centro de la sociedad y de la Iglesia.  Por eso, desde los inicios mismos de Instituto trabajan en misiones urbanas y rurales, en las cárceles, en zonas poco atendidas, con pocos sacerdotes y agentes de pastoral.

El carisma Sopeña busca realizar su misión evangelizadora como un proceso con tres elementos fundamentales: La Promoción Humana, el Anuncio Explícito de Jesucristo y la Fraternidad. 

Para ellas, las acciones pastorales deben concretarse en cada lugar como respuesta a las necesidades de las personas, grupos y comunidades a las que van destinadas; pero también teniendo en cuenta sus características y condiciones de vida. 

En Santiago de Cuba, esa misión evangelizadora se ha hecho concreta en dos vertientes:

Las misiones rurales: con nueve comunidades en la zona de Baconao, parroquia san José Obrero, y diecisiete comunidades en la zona de Guama, parroquia de Cristo Rey.

Las misiones urbanas en barrios periféricos de la ciudad: Comunidad de Cristo de la Salud, San Pedrito, y La Anunciación.

Su convocatoria llega a personas de cualquier edad y condición.  Según su experiencia: “nunca van en solitario, se evangeliza en comunidad: la Comunidad de Catequistas, y junto ellas, los Laicos Sopeña, que son agentes evangelizadores invitados a compartir la alegría de la fe y a participar de su carisma.  Es como tratar de poner a todos en sintonía con el Espíritu, y desde ahí invitarlos a entonar la melodía que Dios quiere que entonemos, para su mayor gloria.

Hermanas en la Misión de Cuba

Un puñadito de sal

Durante estos años, han sucedido muchas cosas buenas para las Religiosas y para la gente que las acompaña en su misión. Se ha crecido, se ha aprendido, se ha demostrado, no una sino muchas veces, que puede llegarse lejos y que ante obstáculos que pueden parecer imposibles de saltar, siempre se encontrará una manera darles la vuelta y llegar allí donde se han propuesto llegar.

Pero también, como en toda experiencia humana, se ha pasado por etapas de crisis, ha habido una gran cuota de dolor por pérdidas irreparables, se han sufrido frustraciones e incomprensiones.  Y también, por qué no decirlo, se ha experimentado el desaliento por aquellas cosas que parecían ir muy bien y que luego de pronto, dejaron de ser lo que se pensaba que eran. 

Si toda esta experiencia pudiera ponerse en cifras, o en una de esas magníficas gráficas de análisis estadístico, quizá los resultados que se muestren parezcan insignificantes.  Pero para muchos de los habitantes de lugares como Playa Blanca, Marañón, Calabaza, Chivirico, Calentura, El Papayo, Uvero, en la zona de Guamá; o de Verraco, Cazonal, Baconao, Sigua, y María del Pilar, en la zona de Baconao, sólo por mencionar algunas, estas vivencias han marcado en sus vidas una gran diferencia.  A ellos ha llegado el Anuncio de la Buena Noticia, y eso, es más, mucho más que una cifra o una gráfica.

En nuestra cultura culinaria la sal es un elemento imprescindible.  Basta solo un puñadito para dar sabor y hacer que los alimentos sean más agradables al paladar.   Así pudiera describirse el camino recorrido en esta experiencia de las Catequistas Sopeña en Cuba, como un puñadito de sal que da un nuevo sabor fundamentalmente a dos realidades: la de los misioneros y la de las personas que les reciben allí, en su casa y en sus vidas.

En las palabras de una de las iniciadoras: “Esta experiencia recuerda la parábola del Evangelio: algunas semillas cayeron al borde del camino, otras se las comieron los pájaros, pero algunas, cayeron en tierra buena. Si tuviera que decir lo que significó, diría que gracias a esa misión yo sigo hoy en la Iglesia, fue un bautizo de vida y de fe”

 

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* Guajiro se les llama a las personas que viven en el campo cubano

 

La amistad a ritmo de rap

Los últimos meses han sido muy activos para el Movimiento de Jóvenes Sopeña en Ecuador, tanto que han dado hasta para componer un rap sobre la amistad.

Siempre la noticia mejor recibida en la Familia Sopeña es la ampliación del grupo con nuevas incorporaciones, que también las ha habido. La llegada de nuevos jóvenes supone siempre una tremenda alegría y un gran incentivo para el resto.

Las actividades y el trabajo que desarrollan en cada una de las ciudades se multiplican, y se fortalece además la identidad de la Asociación, ocupada principalmente en transmitir en primera persona los valores que instauró nuestra fundadora, la Beata Dolores Sopeña, de alegría, cercanía, sencillez, clima de familia, entrega y vida de oración.

La creatividad y el talento son algunas de las virtudes de estos chicos y chicas y queda de manifiesto en cada una de las reuniones quincenales que celebran.

Durante una de las últimas, reflexionando y dialogando sobre el tema de la amistad, uno de los grupos de jóvenes, que se están preparando para entrar en el Movimiento Sopeña Juvenil de Guayaquil, quiso exponer así, en modo de rap, las conclusiones.

“Una puerta que se abre, una mano que recibe, una sonrisa que te alegra, una palabra que te anime…”, así explican cantando qué es para ellos la Amistad.

Otros prefirieron hacerlo con una simulación de una entrevista televisiva. ¡La imaginación no tiene límites y para muestra un botón!

Cualquier soporte y cualquier modo es óptimo para trabajar y transmitir al mundo la espiritualidad Sopeña y ¿por qué no con algo tan moderno como el Rap de la Amistad?

Esta esencia, que manifiestan ahora los Jóvenes Sopeña, ya la dejó dibujada la misma Dolores Sopeña cuando afirmó “Me encantan los espíritus alegres”.

https://www.facebook.com/1994148927526361/videos/1928972730515966/

Una misión al servicio de la Iglesia

Las Catequistas Sopeña estamos en el medio del mundo para llevar a cabo nuestra doble misión al servicio de la Iglesia: dar a conocer a Dios entre los alejados de la Iglesia, llegando más allá de las fronteras, en su más amplio sentido; y construir fraternidad, aproximando a las personas distanciadas socialmente, a través de un valor tan nombrado como la solidaridad.

Nuestro estilo de consagración a Dios al servicio de la evangelización y la promoción humana, especialmente de las familias trabajadoras, está basada en una presencia continua en medio del mundo, sin hábito y sin signos externos, que nos impidan llegar a aquellos que todavía “no aman a Dios, porque no le conocen”. El traje seglar nos permite acceder a todo tipo de sectores sociales y comprender y hacernos entender sin ningún tipo de barreras.

Nuestra presencia no es únicamente testimonial, sino activa, y muy activa. Cada una de nosotras, en el destino asignado en cualquiera de los ocho países donde formamos comunidad o contamos con centros de la Fundación Dolores Sopeña, realizamos tareas cualificadas, cercanas, de escucha y respuesta a problemas cotidianos y reales, con el fin último de hacer realidad el proyecto de Dios en el mundo, enfocando nuestros esfuerzos persona a persona.

¡Y no estamos solas! Fieles a la intuición carismática de nuestra fundadora, la Beata Dolores Sopeña, compartimos espiritualidad y misión, con laicos. Cada uno, como agente evangelizador, desde su vocación específica.

Misión

La misión compartida no responde a una necesidad actual o acuciante. Está en nuestro ADN original porque responde al vivo deseo de una joven Dolores, que fue lo suficientemente audaz para anticiparse a los tiempos, puesto que siempre trabajó con laicos.

Incluso allá donde no fue posible el establecimiento de una comunidad, ella intuyó que fueran mujeres y hombres seglares quienes llevaran adelante la evangelización y la obra apostólica, siempre con el acompañamiento espiritual y apostólico de las Catequistas Sopeña.

Además, con la proximidad como la característica más reveladora de nuestro método, articulado en tres pasos: cercanía, promoción humana y anuncio explícito de Jesucristo y su evangelio.

Entrevista a Sandra Salazar en El Espejo de la COPE

La Superiora de la Comunidad de Sevilla y responsable del área de Laicos del Instituto Catequista Dolores Sopeña, Sandra Salazar, participó esta semana en una entrevista en el programa El Espejo de la Cadena COPE para explicar cómo Dolores Sopeña trabajó como laica, antes que como consagrada.

“La presencia de los laicos y la misión compartida está en nuestros orígenes y en el ADN de nuestro carisma”, matizó Sandra Salazar.

Entrevistada por José Luis Restán, la Superiora de Sevilla explicó que la Beata Dolores Sopeña trabajó primero como laica y fundó la asociación seglar en 1892. Pocos años después, en 1901, fue cuando hizo realidad la creación de la congregación religiosa como Instituto de Damas Catequistas, hoy Instituto Catequista.

En nuestro caso, la misión compartida no es una necesidad sobrevenida ahora, es algo esencial de nuestro Carisma y una genialidad de la propia Dolores, que pensó que la Misión encomendada para contribuir a la vida de la Iglesia no podían realizarla únicamente las consagradas.

Entrevista en la COPE

Durante la entrevista en directo, Sandra Salazar tuvo ocasión de transmitir la vivencia de las Catequistas Sopeña de este I Año Centenario de la muerte de la Madre Fundadora, que se ha conmemorado con la vista puesta en el futuro, con la intención de tomar impulso y de mantener la Misión y la Visión otros cien años más, al menos.

En estos momentos, las tareas de la Familia Sopeña, con la coordinación de laicos y catequistas, se centran como siempre en la evangelización de aquellas personas que están más alejadas de Dios y de la Iglesia y de las familias trabajadoras.

Actualmente, estamos en siete países, respondiendo al deseo de Dolores de que “nuestro convento fuera el mundo entero, de ahí el lema de Misioneras en medio del mundo”, aclaró Sandra Salazar.

Se detuvo en Cuba, donde, según expuso, se está realizando una labor ímproba y las religiosas son modelo de Misión para el propio Obispado, modelo misionero. “Han extendido mucho la palabra de Dios y han fundado comunidades eclesiales en muchos lugares del campo que ahora el obispo las está convirtiendo en parroquias”.

(Si quieres escuchar el audio completo de la entrevista pincha aquí )