CONFIRMACIÓN DE JÓVENES Y ADULTOS EN SEVILLA

Estos días, jóvenes y adultos de las parroquias de La Candelaria y la Blanca Paloma de Sevilla han realizado su Confirmación acompañados de Audolia Suárez, Catequista Sopeña, familiarmente conocida como Loló.

El sacramento de la Confirmación es uno de los tres sacramentos de iniciación cristiana, junto al bautismo y la eucaristía y supone la integración plena como miembro de la Comunidad, aceptando la formación pastoral permanente.

Loló tiene a su cargo la formación de preparación a la Confirmación de los grupos de jóvenes y de adultos de las mencionadas parroquias, ambas en el barrio sevillano de Los Pajaritos.

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Además, vive desde hace cuatro años en la Comunidad de Catequistas Sopeña en Sevilla y coordina toda la Catequesis de Confirmación.

Dentro de la Fundación Dolores Sopeña y, concretamente en los Centros Sopeña de Sevilla, Juan de Vera y San Pablo, desempeña la función de responsable del personal no docente.

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La importancia de este sacramento para un católico radica en que se produce una unión más íntima a la Iglesia y los confirmados reciben una fortaleza especial del Espíritu Santo.

Estas ceremonias de confirmación forman parte de las Acciones Pastorales de la Comunidad de Catequistas Sopeña en la capital andaluza, quien ha expresado su agradecimiento por “la constancia y el entusiasmo” que pusieron en su formación para confirmar su fe.

En el caso de la confirmación de los jóvenes celebró el arzobispo de Sevilla, Monseñor Juan José Asenjo y en la celebración de los adultos, ofició Monseñor Carlos Amigo, arzobispo emérito de Sevilla.

Si te interesa prepararte para recibir este sacramento, ponte en contacto con alguna de las Comunidades de Catequistas Sopeña que tenemos repartidas por España y por el mundo.

Puede consultar las ciudades en las que estamos aquí.

SOPEÑA CONSTRUYE VIDA

La actividad en los espacios de acción de nuestra misión apostólica en España se ha iniciado con mucha incertidumbre y muchos cambios, pero también llena de esperanza, como lo demuestra el lema de Pastoral: Sopeña Construye Vida.

La acción pastoral en escuelas y centros de formación de la Fundación Dolores Sopeña nos invita este curso recién iniciado a conocer y construir vida desde el Carisma Sopeña.

La Pastoral se materializa en momentos de encuentro y participación en la transformación del entorno a través de los valores Sopeña de acogida, respeto, salir al encuentro, promoción, solidaridad y fraternidad; así como en actividades dirigidas a dar respuesta a la necesidad humana de desarrollar su dimensión trascendente.

Bajo el lema Sopeña Construye Vida se nos anima a construir vida, pero no cualquiera. Más bien una vida alumbrada siempre por el Evangelio, sencilla y en armonía con Dios y la Creación, que asegure una vida digna para todas las personas.

Y construir desde el sentido que le damos en la Familia Sopeña de habitar, cuidar, servir.

En definitiva, Sopeña Construye Vida nos anima a vivir y dejar huella.

Debido a la pandemia por COVID19, nuestras experiencias vitales se han visto zarandeadas y quebradas en algunos casos.

La propuesta de Pastoral es que ha llegado el momento óptimo de comenzar a construir una nueva vida, más consciente, más cercana y comprometida con nosotros mismos, con nuestros semejantes, con la Tierra misma y con Dios.

 

Se trata de una nueva etapa y de nosotros depende ir fijando unos robustos cimientos.

Uno de los objetivos fundamentales de los espacios de acción de la Fundación Dolores Sopeña es ayudar a toda aquella persona, hombre o mujer adulta, a construirse a sí misma y construir una sociedad mejor, guiada por la brújula de los Valores Sopeña.

Somos parte de la Casa Común, como nos recuerda el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si’, y como habitantes somos responsables del cuidado de toda la Creación.

El problema ecológico no nos es ajeno y hemos de trabajar por una ecología integral que cuide de los más débiles y, por supuesto, de nuestra interioridad.

Construyamos y vivamos una VIDA como nos enseñó Dolores Sopeña, así en mayúsculas.

UNA COMUNIDAD DE PIEDRAS VIVAS EN CUBA

Relato aparecido en la publicación «Iglesia en Marcha» de Santiago de Cuba, en la que su autora, Rosario de la Caridad Vázquez Fernández, cuenta cómo se creó y se ha desarrollado por parte de Catequistas Sopeña una comunidad de piedras vivas, que dan a conocer a Jesús con sus testimonios vitales.

La Historia de una Comunidad de piedras vivas

La comunidad de la Anunciación de María fue fundada en el año 2012 y, aunque aún no cuenta con un templo propio, acumula una historia de casi 25 años en compañía de Dios.

“En el año 1995, era catequista en la comunidad San Pedro Apóstol y ante la pérdida de mi madre, una de las religiosas que nos acompañaban me propuso crear una comunidad en esta zona del distrito José Martí, en Micro 9, pues no había ninguna presencia de la Iglesia Católica”, comenta Olivia Cobo Díaz.

Ante esta propuesta, las hermanas Catequistas Sopeña visitaron la casa de Olivia y el 25 de diciembre de 1995 celebraron la primera misa en compañía de las pocas personas que conocieron la Buena Nueva. Nacía así la comunidad Nuestra Señora de Belén.

A medida que pasaban los meses iba consolidándose y creciendo, al punto que unos pocos años después, se hizo necesario crear otra Casa-Misión llamada San Francisco Javier, en la casa de la familia de Reynaldo Sang, Martha y Marthica, formada por sesenta adolescentes, juveniles y jóvenes.

Eran entonces, dos apartamentos donde se reunían cada vez más personas a compartir la fe. Los recuerdos que guardan con celo quienes vivieron aquella etapa son muchos pues fueron acompañados por muchísimos sacerdotes, obispos y religiosas. En la primera vez que se hablaba de Dios en esa zona tan habitada y en la que abundaba la religiosidad popular.

Desde sus inicios fue una comunidad misionera, no solo en el área donde estaban ubicados los apartamentos, sino que, en compañía de las Catequistas Sopeña armaban el camión misionero  y cada semana los más jóvenes y algunos mayores, iban a las comunidades del municipio Guamá, ubicado al oeste de la provincia: allí también fundaron comunidades, iniciaron sacramentalmente a muchas personas y hasta el día de hoy regresan a compartir la Palabra de Dios, no las mismas personas, pero si con la misma intención.

Misión Cubanos

“Todo está en el corazón, pero no está escrito con palabras sino con sentimientos”, así recuerda la hermana Eloísa Barcia, Catequista Sopeña y fundadora de Nuestra Señora de Belén. También cuenta: “lo primero que hicimos fue ir a ver a la Madre al Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre y, a los pies de la Virgen, iniciamos todo”.

En el año 2012, luego de la visita pastoral de Benedicto XVI a Cuba, se materializó la unificación de las dos comunidades existentes y de la fusión de Nuestra Señora de Belén y San Francisco Javier nació La Anunciación de María como comunidad perteneciente a la Parroquia Cristo Rey del Universo.

Sin embargo, la lejanía del nuevo apartamento imposibilitaba la participación de muchas personas hasta que, en 2017, se aprobara la construcción del templo en un lugar donde confluyen Micro 9 y Micro 10, la Risueña, la Risueñita y otros barrios colindantes.

El 23 de marzo de 2019 se celebró la primera eucaristía en el terreno y los participantes colocaron la primera piedra como ofrecimiento de piedras vivas que quieren construir y compartir el Reino de Dios con quienes no lo conocen.

“Desde entonces, la comunidad ha crecido considerablemente, casi a diario vienen personas para que sus hijos asistan a la catequesis cada sábado, se inició un grupo de catecumenado y la formación para los miembros de la comunidad también ha sido mayor”, explica la hermana Verónica Améstica Canales, Catequista Sopeña, quien acompaña esta comunidad hace varios años.

La nueva ubicación del templo en construcción permite mayor vida comunitaria: cada sábado reciben niños en la catequesis, celebran la Eucaristía dos veces por semana, adoran a Jesús Sacramentado cada jueves, los jóvenes se reúnen cada viernes, en los tiempos litúrgicos de Adviento y Cuaresma realizan retiros comunitarios y no pierden el estilo misionero que les caracteriza.

Comunidad de piedras vivas

En la antigua comunidad Nuestra Señora de Belén nació la vocación de la hermana Dolores Quesada, quien pudo renovar sus votos recientemente, acompañada de quienes la vieron crecer y rezaron por ella.

Rezamos por los miembros de la Anunciación de María, piedras vivas que comunican a Jesús con sus vidas, allí donde Él ha querido habitar por tantos años, recordándonos cómo vino a salvarnos, en lo pequeño y desde lo pequeño.

Aquí puedes ver la publicación completa

Revista Iglesia en Marcha Santiago de Cuba

APLAUSO POR LOS QUE REZAN

Las Catequistas Sopeña vamos a pedirte que te sumes al aplauso solidario por los que rezan mañana jueves 7 de mayo a las 12.15 horas, después de la oración del Ángelus, promovido desde la Conferencia Española de Religiosos (CONFER).

Los aplausos durante este periodo de confinamiento en prácticamente todos los países del mundo representan la solidaridad y la energía, el deseo de salir juntos y reforzados de este tiempo nuevo.

Ha habido aplausos para muchos de los colectivos que están sumando en la lucha contra la pandemia: personal de limpieza, personal sanitario, repartidores, comerciantes, fuerzas y cuerpos de seguridad, transportistas, reponedores…

Ahora nos unimos a la CONFER para pedirte que el aplauso solidario de mañana sea para los que rezan, para los que rezamos, para los que ponen y ponemos nuestras oraciones al servicio de todos, especialmente, de aquellas personas, familias y colectivos siempre vulnerables para que, por una vez, no vuelvan a llevarse la peor parte.

La oración como motor espiritual es uno de los valores de nuestro Carisma como Catequistas Sopeña.

A diario, los laicos y las Catequistas Sopeña dedicamos un tiempo precioso al silencio, la reflexión y la adoración eucarística, para dar gracias, para pedir a Dios y para compartir con él nuestro amor.

Las oraciones en esta ocasión han ido también a aliviar el dolor por la muerte a miles de familias que no han podido siquiera despedirse de sus seres queridos.

Está en nuestro ser como cristianos acompañar con rezos los momentos especialmente dolorosos, así que dediquémonos un caluroso aplauso, que nos motive a seguir compartiendo esos momentos de conmovida oración, en comunión con nuestros hermanos y hermanas en cualquier parte del mundo.

Además, sabemos que la oración es una tabla de salvación para sobrellevar el duro confinamiento que, una vez más, unos sufren con mayor dramatismo y dificultad que otros.

¡Estáis todos invitados! El aplauso solidario será también compartido en redes sociales con el  hashtag #PorLosQueRezan y puede ir acompañado de fotografías y vídeos.

«Suba mi oración a ti como incienso en tu presencia» Salmo 141

Aplauso por los que rezan

EN LA ENTRAÑA DEL MUNDO JUVENIL

La obra apostólica de las Catequistas Sopeña toma forma en las Escuelas, Centros y Acciones Pastorales, en las entrañas del mundo juvenil, donde jóvenes y adultos de familias trabajadoras, se acercan a Dios a través de una formación integral que les allana su futuro.

Como queda expresado en el reportaje del Carisma de Vida Nueva sobre la Pastoral Juvenil Sopeña, “hace ya más de 20 años, cuando san Juan Pablo II se refirió al carisma Sopeña, dijo que era ‘una eficaz presencia cristiana en la familia trabajadora’ (Capítulo General, 1983).

Nuestros centros educativos representan la continuidad del legado y la misión que recibimos de Dolores Sopeña, a partir de de que intuyó que era instrumentos para la promoción e igualdad de oportunidades de hombres y mujeres adultos, de familias trabajadoras, necesitados de cultura y reconocimiento.

Sus destinatarios son jóvenes, en su mayoría, desmotivados para el aprendizaje, capacitación y reencuentro con el sistema educativo. En los Centros Sopeña descubren que volver a estudiar es gratificante. Alumnos provenientes del fracaso escolar hoy son universitarios, brillantes profesionales de la salud, el periodismo o la gestión.

La misión específica de la Fundación Dolores Sopeña es crear condiciones que permitan asegurar a jóvenes y adultos el acceso a una formación integral de calidad, oportuna y permanente, y fomentar relaciones fraternas, que ayuden a evolucionar a una sociedad más justa y solidaria, desde el estilo Sopeña.

Y nuestra visión, nuestro “sueño”, es ser reconocidos en el entorno como una entidad eficaz en la formación integral. En el proyecto Sopeña, esta formación se entiende como el aporte de saberes, ejercicio de un proceso que propone caminos, abre los ojos y dispone el corazón de la persona para descubrir la luz que lleva dentro, para que conozca y acoja esa otra Luz que ilumina a todo hombre, Cristo Jesús (cf. Jn 1,9).

Esto lo hacemos a través de nuestra propuesta educativa, conformada por cinco áreas: capacitación profesional, posibilitando una mejor inserción en el mundo laboral; formación, que establece las condiciones propicias para un desarrollo personal armónico; pastoral; cultura y convivencia y acción solidaria.

Todo ello va conformando el perfil del alumno o destinatario Sopeña. La oferta educativa abarca los niveles de Educación Infantil, Primaria, Secundaria, Bachillerato y la Formación Profesional Básica, Específica y Dual, en las fórmulas presencial, semipresencial y on-line. Además, incluye la formación en empresas y la participación en el Proyecto Europeo ERASMUS+.

El nivel de enseñanzas ligadas al trabajo permite convocar a jóvenes y adultos y favorece la presencia en el mundo juvenil, alejado hoy de la práctica cristiana, y al difícil mundo de los adultos en búsqueda de empleo.

Clase entorno juvenil

En los Centros Sopeña esta capacitación garantiza las competencias profesionales y los valores agregados de formación humana, de responsabilidad, esfuerzo y trabajo cooperativo, y las habilidades sociales necesarias, que les disponen como los mejores en su especialidad.

El área de Pastoral es fundamental en la metodología Sopeña. Esta quedaría incompleta si no llega al anuncio explícito de la persona de Jesucristo. Al final de curso, el equipo de Pastoral nacional, formado por el coordinador de Pastoral de cada centro, valora nuevos perfiles en los alumnos/as, evalúa los resultados de planes y acciones del curso realizado y propone el objetivo y material pedagógico para aplicar a nivel institucional.

Junto a la propuesta educativa, parte de nuestro “secreto” está en las claves metodológicas: transversalidad, atención personal y grupal, clima y calidad de las enseñanzas.

La transversalidad permite que los conocimientos sean vehículo educativo y evangelizador. La atención personal, clave distintiva, es vivida con espontaneidad, con carisma. En la comunidad educativa, acrecienta en los alumnos/as su autoestima, facilitando el aprendizaje y la evangelización.

El clima fraterno que se percibe en cada uno de los centros proclama que son Sopeña. La calidad certificada, impulsa y da continuidad a la innovación. El proceso evangelizador es liderado por Catequistas y laicos Sopeña con la implicación de alumnos, padres y la determinante intervención del profesorado, dispuesto, comprometido, competente y alineado con el Proyecto Sopeña.

El trabajo en los centros educativos nos permite estar en la entraña del mundo juvenil, presentando al Señor Jesús, generalmente desconocido para ellos. Para muchos es una oportunidad salvadora. De este modo, se refuerza la misión educativa/cristiana de la familia trabajadora, en su mayoría en precariedad económica y social, y se propicia la corresponsabilidad de los laicos en la misión de la Iglesia desde la Fundación Dolores Sopeña. “Educamos evangelizando y evangelizamos educando” (DGC 147)

Luis Sardiña, profesor y coordinador de Pastoral del Centro Sopeña Badajoz (España), nos habla de “un testimonio de vida que no aparece en los libros”

“Un día cualquiera en uno de los miles de institutos y escuelas de cualquier parte del mundo, los alumnos leen, comprenden, estudian y van ganando conocimientos para, en unos años, ponerlos al servicio de la sociedad y, así, labrarse un futuro.

Todo ello, siguiendo las indicaciones del profesorado que utiliza sus conocimientos para enseñar. En sí, la propuesta educativa es de capacitación y formación. Pero Pilar y Juan Ramón eligieron un Centro Sopeña: ella, Educación Infantil, Primaria y Secundaria; él, F.P.E, Grado Medio y Superior. Ambos leyeron, comprendieron y estudiaron, pero mientras lo hacían, los profesionales de Sopeña fueron dándoles también un testimonio de vida que no aparece en los libros: fueron promocionados de una forma integral, se sintieron acogidos en un entorno de familia y se les respetó para proyectar sus virtudes, muchas, y enriquecer sus espíritus.

Alumnado juvenil

Esa es la clave para transformar vidas, tal y como nos enseñó nuestra fundadora Dolores Sopeña: para transformar vidas, hay que transformar espíritus.

Tras realizar sus estudios en Sopeña, tras transformar sus espíritus, Pilar y Juan Ramón se convirtieron en “Testigos” de nuestro carisma. Ella, una brillante estudiante de Fisioterapia, que viene al colegio todos los viernes por la tarde como Catequista de grupos de juventud. De él, ahora luchando en el difícil mundo empresarial, solo necesito transcribir unas palabras textuales: “Si tengo un hijo, vendrá a este colegio”.

¿Qué creéis que vio aquí?

DOCENTES: UNA HUELLA PARA TODA LA VIDA

El Día Mundial del Docente se celebra cada año, en distintas fechas, según el país, insistiendo en la importancia de recuperar el respeto y el prestigio que han de tener los docentes entre padres e hijos y en el conjunto de la sociedad.

La principal obra apostólica de nuestra institución, la Fundación Dolores Sopeña, centrada en la formación integral de personas, especialmente jóvenes y adultas que no han tenido demasiadas oportunidades, tiene como misión favorecer el crecimiento integral de sus destinatarios.

Dolores Sopeña quiso que ese apostolado se llevara a cabo siempre por personas profundamente identificados con el Carisma del Instituto Catequista Dolores Sopeña y que tuvieran como principal referencia al Maestro por antonomasia: Jesús.

No en vano a Jesús se le reconoce como el primer Maestro y, de forma indiscutible, su huella permanece indemne en cada uno de nosotros.

El profesor de los Centros Sopeña en el mundo trabaja siempre apoyado en los valores que nos transmitió, en su sueño de hacer de todas las personas una gran familia, nuestra fundadora.

Le caracteriza la acogida, ofreciendo siempre cálida hospitalidad y alegría a quienes quieran formar parte de esta gran Familia Sopeña.

A través de la solidaridad los profesores ponen en marcha iniciativas de ayuda mutua entre grupos, personas, otros países; con la promoción favorecen la esperanza de un futuro mejor personal y profesional; la fraternidad sirve de cauce de unión entre personas de diferente procedencia física y social con la convicción de que todos somos iguales.

Los docentes que trabajan en nuestros centros trabajan por el respeto y, a través de la empatía, buscan y ayudan a buscar lo que nos une, aceptando las circunstancias de cada alumno, huyendo de prejuicios y reconociendo la dignidad de cada ser humano.

Y con la actitud de salir al encuentro, como otro de los principales valores que nos transmitió Dolores Sopeña, los docentes se movilizan para anticiparse a las necesidades y carencias de nuestros alumnos.

Alumnos apoyados por docentes

Hace años, cuando el Papa Francisco era el Cardenal Jorge Bergoglio compartió unas ideas sobre el trabajo de educar de los maestros:

  1. Educar es un acto de esperanza. No solo porque se educa para construir un futuro, sino porque el mismo hecho de educar está atravesado por ella (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2008).
  2. Educar en la verdad con el testimonio. Será maestro quien pueda sostener con su propia vida las palabras dichas. (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2008).
  3. Segundas mamás o papás. Los maestros no podrán limitarse a ser los “segundos padre o madre”, si no hubo antes “un o una primero o primera”. (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2005).
  4. Disciplina con libertad. Para que la disciplina adquiera este sello de la libertad es necesario saber leer la inquietud, la réplica, el cuestionamiento. (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2008).
  5. Anunciar la luz. Diciendo como el Ángel a los Apóstoles: Anuncien este modo de vida en que la tiniebla no tiene lugar y luchen contra ese cansancio tan habitual que los caracteriza en su vocación para que cada chico y cada chica abra su corazón a la luz y no le tenga miedo. (Misa por la Educación, 2009).
  6. No temer. La educación entraña la tarea de promover libertades responsables, que opten en esa encrucijada con sentido e inteligencia. (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2005).
  7. Competencias profesionales. El espíritu es importante, pero también lo es la competencia profesional, para ofrecer a nuestra comunidad lo mejor de nosotros. (Inicio del Año Escolar, 2003).
  8. La escuela son los maestros. La escuela no son las paredes, los pizarrones y los libros de registro: son las personas, principalmente los maestros, quienes tendrán que desarrollar su capacidad de afecto y entrega para crear estos espacios humanos. (Inicio del Año Escolar, 2001).
  9. Enseñar con pasión, aprender con placer. Solo quien vive en el bien —que es justicia, paciencia, respeto por la diferencia en el quehacer docente— puede aspirar a modelar el corazón de las personas que le han sido confiadas. (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2008).
  10. El educador que se hace prójimo. El educador que “enseña” a no tener miedo en la búsqueda de la verdad es, en definitiva, un maestro, testigo de cómo se camina, compañero de ruta, cercano, alguien que se hace prójimo. (Mensaje a las Comunidades Educativas, 2008).

Tengamos en cuenta nosotros las palabras de Dolores Sopeña acerca de, como docentes, “ser instrumentos en manos de Dios”, colaboradores en la construcción de un mundo más justo, del Reino de Dios, una vez que ya nos hemos dejado modelar al estilo de Jesús.

“Nunca es tarde para volverse una obra maestra, para dejarse re-plasmar por el Maestro”.

MIRYAM ÁVILA, REELEGIDA SUPERIORA GENERAL

Las Catequistas Sopeña han culminado el XXI Capítulo General en la Casa de Loyola en Azpeitia-Guipúzcoa dando de nuevo su respaldo a Miryam Ávila, que repite como Superiora General para el próximo sexenio.

Además, han renovado los cargos de las consejeras que acompañarán a Miryam Ávila en este servicio de Gobierno que mirará por estar “más cerca de Jesús y de los hermanos”.

El nuevo Consejo General del Instituto Catequista Dolores Sopeña estará formado por Rosa María Hermosa, Beatriz Domínguez, Cristina Buenvarón y Pamela Gatica.

Miryam Ávila, de nacionalidad colombiana e ingeniera industrial de formación, ha llevado a cabo su misión en diversos países donde las Catequistas Sopeña cuentan con comunidad. Concretamente, ha participado con la pastoral carcelaria en Santiago de Chile y Ecuador, ha trabajado con verdadera entrega en la formación de los laicos, tan importantes en el Carisma Sopeña, y ha dirigido ejercicios espirituales, entre otras labores de misión.

Además, ha formado y acompañado a las jóvenes en sus primeras etapas de la incorporación a la vida religiosa en el Instituto Catequista.

Con la reflexión que ha estimulado el lema: “Renacer a una vida nueva en espíritu de esperanza” (cf. 2Cor 5,17) se ha revelado, por una parte, la necesidad de seguir en las líneas de acoger y dignificar a personas vulnerables y en situación o riesgo de exclusión, que se transforman en estímulo para la misión.

Y, por otra parte, la necesidad de dar a conocer a Dios y formar en la fe, y que esta línea tan trascendental “se convierta en fuego en nuestro corazón, como fue el gran deseo de nuestra fundadora Dolores Sopeña”.

Ahora llega el momento de que la Superiora General y su Consejo, con las semillas que han brotado en el camino del Capítulo, adopte las decisiones y los nuevos rumbos por los que debe caminar el Instituto.

Nada de esto será posible sin la aportación y compromiso de toda la comunidad de Catequistas Sopeña.

El Instituto Catequista Dolores Sopeña, constituido en 1901, es una congregación religiosa de derecho pontificio que tiene una espiritualidad cristocéntrica, eucarística, mariana e ignaciana. Vive un nuevo estilo de consagración religiosa basada en la presencia en medio del mundo y se dedica a la promoción humana y a la evangelización de la familia trabajadora, especialmente en los sectores más alejados de la Iglesia.

Las Catequistas Sopeña conforman una comunidad internacional e intercultural, presente en la actualidad en ocho países de América y Europa: Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Italia y España.

Son “mujeres para los demás”. Su misión es dar a conocer a Dios como Padre y trabajar para crear condiciones mejores que permitan que todos vivamos con la dignidad de hijos de Dios y como hermanos. Su consagración plena y su estilo de vida sencillo, las permite moverse y llegar a cualquier parte del mundo.