FRASES Y ORACIONES DE DOLORES SOPEÑA

Para quien tiene el deseo de conocer a Dolores Sopeña tiene al alcance de su mano numerosas fuentes de diversa índole. Una de ellas, pueden ser sus frases y oraciones, recogidas en múltiples publicaciones y reunidas en la web de su Canonización.

Sus hijas, las Catequistas Sopeña, son profundamente conocedoras de la persona de Dolores y de su Carisma, fruto del amor que un día le brindaron y que se ve renovado cada jornada que dedican a lo que antaño fue su misión: llevar a Dios allí donde están los alejados, los que sufren, los que no han tenido la dicha ni el privilegio de conocer a un Dios que lo es todo para Dolores.

También es reveladora de su personalidad y su profunda fe y compromiso cristiano el Testamento Espiritual, una carta que Dolores escribe a sus hijas, las Catequistas Sopeña, el 3 de enero de 1918, poco antes de su fallecimiento, cuando ya era consciente de su Ida al Cielo a reunirse con Dios.

“¡Qué hermoso es irse al cielo sonriendo! Así le sucede a vuestra pobre Madre, que tiene el corazón lleno de contento en estos días desde que veo próxima la hora de mi partida”, se recoge en la carta.

En el libro, “Al calor de tu fuego. Oraciones para la vida cotidiana”, igualmente Dolores Sopeña deja constancia aquí de lo que para ella representa la oración y su forma de vivirla: su comunicación con Dios, como una relación personal, íntima, intensa e ininterrumpida.

De la misma forma, Dolores Sopeña nos ha dejado frases, reflexiones, oraciones que dan cuenta de su inmensa actividad interior, además de su esforzado apostolado dirigido a los más afligidos, a los olvidados.

Justamente, sobre la eficacia apostólica que tanto la desvelaba nos dejó esta reflexión:

“Tres miradas fijas debemos tener para trabajar eficazmente en el apostolado: mirar siempre nuestra pequeñez y fragilidad; tener una confianza ciega depositada en nuestro Señor; vaciar nuestro corazón por completo para que sólo Dios lo llene. Únicamente así, conseguiremos cumplir nuestra misión”.

Frases y oraciones

CONOCER A DIOS PARA COMENZAR A AMARLE

No es nada raro, cada día, encontrarnos con personas agradecidas a Dios por haber conocido el  Instituto Catequista Dolores Sopeña y a nuestra fundadora.

Los testimonios de satisfacción y gratitud, también gracias a Dios, abundan en nuestras redes sociales virtuales y en el día a día de los Centros Sopeña, principal obra apostólica de la Institución.

En el Centro Sopeña Guayaquil (Ecuador), un alumno nos transmite en un bello escrito su agradecimiento a Dios y a las Catequistas Sopeña por permitirle “capacitarse en lo espiritual” cuando se acercó para capacitarse técnicamente y actualizarse tras perder su empleo.

Esta difícil situación supuso que su esposa tuviera que migrar fuera del país para buscar una nueva fuente de recursos, lo que provocó en él una depresión.

Consideró providencial que navegando por internet un día fuera a dar con la página de nuestra Fundación allí en Guayaquil. No lo pensó mucho y se inscribió para formarse al día siguiente.

Según sus palabras, “para ser sincero, en mi pensamiento solo estaba venir a este Centro Sopeña para mantener mi mente ocupada, y si pasaba o no el curso, eso no era lo importante en ese momento”.

Pero a medida que iban pasando los días, las enseñanzas del tecnólogo Fernando y “la calidad humana” de todas las personas que le rodeaban iban obrando el milagro de una confianza cada vez más fuerte en sí mismo y en su fuerza y posibilidades.

 Además de la capacitación técnica, este alumno atendía a sus compañeros, les escuchaba sus dificultades y compartía las suyas y eso le hacía sentirse cada vez mejor y más útil.

Agradece especialmente los saludos y la acogida de las Catequistas Sopeña Amadis y Jacqueline, presentes en el Centro, que siempre le recibían “con una sonrisa y una tranquilidad que me transmitían paz”.

Reconoce que el contacto con la Fundación Dolores Sopeña le cambió la vida al permitirle “conocer a nuevos y verdaderos amigos y sentirse apreciado y mucho más cercano a Dios”.

Como no, también se sintió inspirado en todo momento por la gran fortaleza de servicio de Dolores Sopeña con su don de ayudar y capacitar a todas las personas.

En esencia, nuestro agradecido alumno manifiesta feliz que ahora considera que la Fundación no es solo una entidad sin más, sino su familia, “mi gran Familia Sopeña”.

CON ELLA COMENZÓ TODO

La Beata Dolores Sopeña fue esa clase de mujeres, iluminadas por Dios que, a su vez, inspiran a quienes les rodean.

Hoy Catequistas Sopeña, laicos y laicas, alumnos y alumnas, donantes, admiradores… y miles de personas más que han podido conocerla, mantienen más vivo que nunca el legado de una mujer excepcional.

Dolores Sopeña nació un 30 de diciembre en 1948 en un pueblo de Almería, Vélez Rubio, en el que aún se conserva intacta su casa natal.

Desde bien niña enfrentó dificultades para llevar a cabo lo que, estaba segura, era su fortaleza y su misión.

Con una firme y sólida confianza en Dios, sus ojos enfermos pudieron mirar y ver a quién sufría carencias e injusticias a su alrededor.

Pero también supo mirar y motivar a aquellas personas que, viviendo con abundancia y comodidad, tenían sensibilidad social e inquietud apostólica.

No fue una labor fácil, pero su tenacidad logró la creación del hoy Instituto Catequista Dolores Sopeña y la formalización de la Fundación Dolores Sopeña, la principal obra apostólica extendida por buena parte del mundo.

Hoy 10 de enero, conmemoramos como Día de Dolores Sopeña, el día de su fallecimiento, que ocurrió en Madrid en 1918.

ella comenzó

Como cada año, esta fecha y otras importantes en su biografía, los que nos enamoramos un día de su Carisma honramos su muerte celebrando la vida que nos dejó.

Se la honra, por tanto, en los Centros Sopeña y en las Misiones repartidas por Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, España e Italia.

Miles de personas que han pasado por ellos la conocen y saben de su historia emocionante. Saben, porque lo viven, que su empeño mejoró las condiciones de vida de familias trabajadoras que pudieron formarse.

Su visión humanizadora del Evangelio hizo que su lucha se encaminara a ofrecer oportunidades, centrándose en el mundo del trabajo, para que más personas vivieran con dignidad.

¿Quieres saber más de su apasionante biografía?

UN DON QUE SE RECIBE Y SE COMPARTE

Vivir la fe como como un don que se recibe y se comparte con amor al prójimo fue la herencia que recibió Nuria Barrasa, Laica Sopeña, de su familia.

Esas experiencias vividas hicieron que su fe fuera creciendo día a día y revelaron su vocación, que lleva a cabo hoy, como profesora, en el Centro Sopeña de Sevilla.

Ella cree que el regalo de la fe es un don, un bien para compartir y transmitir. Además, en un artículo para la revista ICONO, Nuria Barrasa nos cuenta la importancia del aprendizaje como agente evangelizador en la tarea educativa. Esa formación que ella tiene la suerte de recibir la vuelve a reencontrar con Dios a través de las personas que la rodean.

Puedes leer completo aquí este interesante artículo:

LA FE ES UN REGALO QUE HAY QUE CUIDAR

Tuve la suerte de nacer en una familia que me enseñó desde muy pequeña que Dios se hace presente en todos los momentos de nuestras vidas y que me dio la herencia más importante que se le puede dar a una niña, unos valores que me fundamentan y me sostienen y que intento transmitir a los que me rodean.

A día de hoy, tengo la certeza de que, si optas por seguir a Dios y vivir desde su propuesta, la vida tiene sentido con mayúsculas.

De una fe de niña a una fe de joven

Afirmaba Benedicto XVI que la fe crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Esto lo pude descubrir gracias a las Hijas de la Caridad en mi infancia y adolescencia. Todas las experiencias de servicio que compartí con ellas (acciones con colectivos desfavorecidos, colaboraciones en comedores sociales, acompañamiento a niños sin hogar, colonias de verano con niños sin recursos…) me llevaron a encontrar a Dios en el otro y a recibir muchísimo más de lo que yo podía dar. Estas experiencias, junto con los momentos de oración, convivencias, escuelas de formación de catequistas y la participación en la Jornada Mundial de la Juventud en Roma, hicieron que mi fe de niña fuera convirtiéndose en una fe de joven, decidida a encontrar la vocación a la que fui llamada.

Llamada a evangelizar

Mi proyecto de vida apostólica que se hace realidad hoy en la familia Sopeña, donde puedo acompañar cada año a personas que vienen buscando una titulación profesional, y que, gracias a la labor de toda una Comunidad educativa, encuentran su vocación. Una Comunidad en camino que, a través de su labor pastoral, llega a jóvenes y adultos que nunca han tenido la oportunidad de conocer a Dios.

Para llevar a cabo esta misión, no puedo dejar de mencionar la importancia de estar en continuo aprendizaje, desaprendiendo para aprender, siendo consciente de la relevancia de la formación del agente evangelizador en la tarea educativa. Cada curso nos enfrentamos a nuevos retos a los que dar respuesta y debemos prepararnos para el precioso desafío de acompañar personas desde su realidad.

el don de compartir la fe

Formación que impulsa a la acción

Quiero compartir desde estas líneas, lo afortunada que fui el curso pasado de poder recibir una formación de Escuelas Católicas en la Universidad de Loyola.  En ella he vuelto a reafirmar mi fe y a sentir que estoy donde Dios quiere que esté.

Tratamos muchos temas fundamentales para un liderazgo educativo que me han interpelado y me han llenado de proyectos e ilusiones. Al igual que me pasaba cuando era adolescente, los ponentes y los compañeros han vuelto a ser para mí un encuentro con Dios a través del otro.  Tengo la certeza de que Dios me habla a través de las personas que me rodean.

Laicos y religiosos de diversos carismas hemos compartido vida en esta formación y hemos creado redes de colaboración fraterna entre nosotros.

Creo cada vez con más firmeza que la Escuela Católica debe estar unida y debemos tejer redes con parroquias, asociaciones religiosas, hermandades… que nos lleven a transmitir el evangelio con nuevas metodologías que se adapten a nuestro mundo actual. Debemos ser capaces de crear espacios de encuentro para niños, jóvenes y adultos donde puedan tener experiencia de Dios.

Debemos ser contadores de historias que lleguen al corazón de cada uno de ellos igual que lo hicieron nuestros predecesores con nosotros.

Como dice el Papa Francisco una comunidad cristiana debe acoger a las personas tal como son, como Dios las ve, con la mirada del amor”. Porque “Dios ve nuestros límites, es verdad, y nos ayuda a sobrellevarlos; pero Dios mira sobre todo al corazón, y ve a cada persona en su plenitud”.

La fe en comunidad

Y para ello es fundamental tener momentos de oración, de encuentro personal, de silencio, porque solos no podemos. Nosotros no somos la misión, sino que llevamos a cabo la misión de Dios y para ello debemos ponerle a Él en el centro.

Es importante tener una comunidad de fe que te impulse y que camine contigo. Como los primeros cristianos que vivían con alegría y sencillez de corazón.

El evangelio siempre debe ser la fuente y la Eucaristía compartida nuestro lugar de encuentro con Dios y con nuestros hermanos.

¿TÚ TAMBIÉN QUIERES SER DOLORES?

Las Catequistas Sopeña lo somos porque un día, de alguna y variada manera, conocimos a Dolores, nuestra fundadora, y nos enamoramos de su Carisma, de su espiritualidad, de su forma comprometida y valiente de estar en el mundo y estar para los que convivieron con ella.

En muchos casos, se trató de un auténtico flechazo de amor a Dios y comunión con la forma en que Dolores Sopeña, mujer adelantada a su tiempo, descubrió el modo de dar a conocer a Dios a todas aquellas personas alejadas por desconocimiento, malas experiencias o prejuicios.

Su sensibilidad a las problemáticas sociales de finales del siglo XIX se plasmó en la promoción humana, el anuncio de Jesucristo y la construcción de un mundo fraterno, como las formas honestas y creíbles de vivir y hacer vivir el Evangelio.

En la publicación Las Catequistas Sopeña nos cuentan, se ponen de manifiesto los rasgos de nuestro Carisma y los elementos esenciales de este estilo de consagración a Dios.

Una a una, expresamos cómo recibimos la inspiración con la que Dios nos llamó, cómo vivimos la oración, nuestra respuesta apostólica en la actualidad o la experiencia de vivir en Comunidad.

La personalidad de la fundadora del Instituto Catequista, la Beata Dolores Sopeña, es el motivo de muchos de los acercamientos a la institución, constituida en 1901.

Te animamos a leerlo y conocernos un poco más.

En el vídeo Yo soy Dolores, que también te invitamos a ver es evidente la convicción y la felicidad en nuestras vidas.

Una confianza que ya aprendimos de Dolores Sopeña, quien aseguró que “Nos arrojamos en sus amorosos brazos, y entonces todo lo podemos y somos conducidas adonde no podíamos imaginar, y hace Apóstoles y Fundadores y todo cuanto le place, porque Él lo es todo y lo puede todo”.

Y tú ¿también quieres ser como la Beata Dolores Sopeña? ¿Quieres continuar con la Misión que hace más de un siglo ella comenzó? ¿Quieres darle un sentido a tu vida a través de la consagración a Dios y la vocación de servir a los demás?

¡Conócenos!

HACER DE TODOS UNA SOLA FAMILIA

Como decía San Juan XXIII, en la Humanidad, en la familia humana y contando con todas las diferencias posibles, “es mucho más fuerte lo que nos une que lo que nos separa”.

Nos conviene entender cuanto antes y no olvidar esta verdad que nos recordaba el Papa y que nos rememora también Ángela Franco, Laica Sopeña en Bogotá (Colombia), en un artículo para la revista ICONO de los Padres Redentoristas.

También se materializa en uno de los sueños de nuestra fundadora, la Beata Dolores Sopeña, sobre “hacer de todos una sola familia en Cristo Jesús” porque todos, sin duda, somos hijos del mismo Dios, del mismo Padre Celestial, que es el objetivo y fin de nuestro caminar. Es camino, verdad y vida.

Solo hemos de querer conocernos y conocerlo a Él, tener esa posibilidad, para poder amarlos, especialmente a los más débiles y vulnerables.

Puedes leer el artículo completo a continuación:

LA FAMILIA HUMANA

La familia humana crece cada vez más y, como dicen las madres, ningún hijo es igual a otro, del mismo modo que ninguno de los dedos de la mano se parece. Sin embargo, no importa la variedad, extrañeza y desconocimiento que podamos tener sobre nuestros hermanos, pues nuestro Padre Celestial sabe cuántos cabellos tiene cada uno, sus necesidades, sueños, pesares.

La persona humana

Las definiciones a menudo son odiosas, porque dejan por fuera aquello que no se ajusta a ellas. En este sentido, el concepto de persona no ha sido la excepción. Se ha llegado a reducir a la persona a su racionalidad, a su capacidad de discernir, reflexionar, tomar decisiones y nada más. Entonces, ¿los fetos, niños, ancianos e individuos con capacidades diferentes no son personas, no merecen nuestra protección?

Por otro lado, se ha trasegado al intentar comprender este vocablo, que nos refundimos en lo mental, emocional, social, espiritual y en otras tantas dimensiones que quieren dar cuenta de quiénes somos y de lo que somos capaces de hacer y… adivinen… enredamos la pita pensando en múltiples elucubraciones, nos extraviamos y perdemos de vista a la persona de carne y hueso que está frente a nosotros.

Yo, particularmente, adopto la definición que nos ha aportado el Cristianismo, que es la siguiente:  Uno, la persona superior o Trinidad o Persona Divina; dos, la persona humana; y tres, las infrahumanas, es decir, los animales. Por otro lado, a nosotros, como personas humanas que somos, que ostentamos la razón, se le suma la libertad que nos es intrínseca y el espíritu. Este último, el espíritu, es el que nos acerca a la divinidad, nos diferencia de los animales y nos otorga la identidad: ser hijos de Dios. La dignidad humana es esta y la poseen todas las personas, sin distingo alguno.

Asimismo, esto implica que todas las personas humanas, absolutamente todas, son sujetos de derecho y protección. Por ello, se han marcado especificidades con relación a los derechos humanos para incluir a muchos grupos poblacionales en sus diferencias, con el fin de que el derecho a la igualdad se mantenga.

La pulverización de la persona humana

En los tiempos de Adán y Eva, la desnudez era signo de inocencia, bondad y transparencia. Sin embargo, cuando entra la tentación, la desobediencia, la mentira y el pecado, la inocencia, la bondad y la transparencia tuvieron que cubrirse porque se tornaron pecaminosas. ¿Y qué hicieron Adán y Eva? Se cubrieron; tejieron vestidos de hojas de parra y velaron sus cuerpos al igual que sus personas.

En los tiempos actuales, pareciera que Jesucristo no hubiera venido a devolvernos esas virtudes primeras, pues continuamos tapados, cubiertos, velados y nos vestimos con diversos y muy diferentes materiales, tan extraños unos de otros que nos desconocemos y rechazamos. En lugar de la igualdad, parece que reina la diferencia en pensamientos, sentimientos, acciones, ideas, identidades, ideologías, creencias.

Familia Sopeña

La construcción de guetos pulula y no la hermandad. Las diferencias emergen, en lugar de la igualdad. El rechazo de unos grupos a otros ha producido bullying, acosos, violencias, guerras porque no se peinan igual ni oyen la misma música ni tienen la misma identidad sexual, la misma condición económica, social, el mismo color o sexo, la misma ideología, la misma creencia religiosa o política; o, simplemente, porque unos se creen con más derecho que los otros.

El Papa Bueno, San Juan XXIII, ya nos había alertado sobre una gran necesidad, qué bueno atender a esta verdad: “Es mucho más fuerte lo que nos une que lo que nos separa”.

Hacer de todos una sola familia en Cristo Jesús

Uno de los sueños de la Beata Dolores Sopeña es “hacer de todos una sola familia en Cristo Jesús”.

  • Esta palabra entra en coherencia con la Iglesia Católica Universal, abierta para todos.
  • Una sola familia. No dos ni tres ni cuatro, una sola familia cuya unión se fundamenta en que todos sus miembros son hijos del mismo Padre Celestial.
  • En Cristo Jesús. La familia humana se une en torno a Cristo Jesús, nuestro redentor. Con él, todo tiene un norte. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

Dolores insiste en que “las personas no se aman porque no se conocen”. En estos tiempos en los que la familia humana está creciendo en miembros nuevos, dejémonos guiar por Dolores y empecemos a conocer a nuestros hermanos para aprender a amarlos. Igualmente, como nos dice la Beata, tengamos en la mira a los más vulnerables, a los hermanos que necesitan más que igualdad porque están enfermos, desempleados, encarcelados, desamparados, solitarios, abandonados, indefensos, en peligro o en riesgo de ser explotados, abusados. Jesús nos necesita para amar y cuidar de todos los miembros de la familia humana.

UNA VIDA, UN AMOR, UNA LLAMADA, UNA MISIÓN

La Comunidad de Catequistas Sopeña en La Cisterna, en Santiago de Chile (Chile) ha tenido una preciosa y entrañable celebración de acción de gracias por los 80, 75 y 50 años de vida religiosa de nuestras hermanas Lucía Romero Gil (Bodas de Roble), Marta Eusebia Giménez Fernández (Bodas de Brillantes) y María Angélica de la Barrera Ascencio (Bodas de Oro).

Toda una vida, un amor, una llamada y una misión de estas tres Catequistas, ejemplo de vida de inmensa fidelidad a Dios y a la Iglesia, dentro del Instituto Catequista Dolores Sopeña.

La celebración fue de carácter íntimo y en ella participaron además de las integrantes de la Comunidad de La Cisterna, cinco frailes Franciscanos, que atienden la Parroquia y las necesidades espirituales de las Catequistas, así como otras personas que trabajan en su casa.

llamada

Dos de las tres religiosas celebrantes son españolas de origen, que muy jovencitas surcaron el Atlántico para llegar a América, cuando eso suponía un no regreso a su tierra natal. Gracias a la entrada en vigor del Concilio Vaticano II esa norma cambió.

¡Fiel! Esa palabra es la que más llena mi corazón. DS

TODO LO HUMANO ATAÑE A LA IGLESIA

El Papa Francisco en su tercera encíclica: Fratelli Tutti confirma que el hacer de la Iglesia, y de todos los que formamos parte de ella, no ha de limitar su acción a lo privado ni mantenerse fuera de la sociedad.

Más bien al contrario, Francisco nos revela en esta carta sobre la fraternidad y la amistad social su preocupación y la de todo cristiano por el desarrollo humano integral y, eso, toca a toda la Humanidad y, por tanto, todo lo que es humano, incumbe a la Iglesia.

Según nos recuerda Gabriela Herrera Reyes, Catequistas Sopeña en Santiago de Chile (Chile), en un artículo para la revista ICONO, la encíclica recoge el estilo del Buen Samaritano que ama al prójimo con todas sus consecuencias, al humilde, al débil, al que está herido en el camino, en las periferias de nuestra sociedad.

“Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos” (Fratelli Tutti).

Puedes leer el artículo completo a continuación:

 

FRATELLI TUTTI, DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

 

La Encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco, forma parte del Magisterio de la Doctrina Social de la Iglesia, en ella se recogen temáticas de sus antecesores, como la solidaridad, subsidiaridad, bien común, la hipoteca social de los bienes, de la vida integral, de la justicia, de la paz y muchos más.

Es la tercera encíclica de Francisco, en la que aborda dos temas que ha mencionado en otros escritos, pero destaca de forma específica: la fraternidad y la amistad social.

En Fratelli Tutti se confirma el hacer de la Iglesia, que no reduce su misión a lo privado, no está al margen de la sociedad y, aunque no hace política, conoce su dimensión y su importancia. Expresa la preocupación por el desarrollo humano integral, de hecho, esto concierne a la Humanidad y todo lo que es humano atañe a la Iglesia, según los principios del Evangelio.

El centro de la vida social, el amor

 El Papa, a través de Fratelli Tutti, nos desafía a leer la historia y la propia vida desde los marginados, los pequeños, los pobres, los “descartados” porque ahí, en ellos, está presente el centro de la vida cristiana: Jesucristo. Que se manifiesta en ellos: “En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.”

Nos dice que, “en virtud de la alegría que trae el Evangelio”, hemos de entrar de lleno en la vida de las personas, la sociedad y la cultura para construir diálogo, amistad social y, en definitiva, más fraternidad. La encíclica la escribe en plena pandemia. En este contexto, nos dijo que estamos todos en la misma barca, que nadie se salva solo y que es el momento de la unidad, de la solidaridad y de una especial preocupación por los más pobres. Ellos son los que más sufren el embate de la falta de empleo, de acceso a las prestaciones de salud.

En Fratelli Tutti, de una u otra manera, decanta (de forma sencilla) la Doctrina Social de la Iglesia a la luz del Evangelio. Y de entre los textos del Evangelio se detiene en la parábola del Buen Samaritano.

El amor a Dios se demuestra en el amor al prójimo concreto y real, al que está herido en el camino, al estilo del buen samaritano, “hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos”.

Cultura del diálogo y el encuentro

El Papa Francisco se deja interpelar por esta historia de compasión, amor y ternura, y pide que nos dejemos conmover. Hemos de pasar de la cultura de los muros a la cultura del diálogo y el encuentro, y este ideal queda graficado con arte en el relato bíblico.

Fratelli Tutti, propone un nuevo trato de los seres humanos entre sí, un nuevo trato hacia la mujer, los migrantes, los pueblos originarios y, por supuesto, el medio ambiente. La Encíclica refleja que el corazón del Papa está con los pobres, los que no tienen voz, los que no participan de las decisiones. La dignidad de la persona puesta al centro.

Se promueve el desarrollo humano integral. La base de esta mirada integral del hombre es su dignidad, que implica promover el amor universal, la amabilidad y la bondad en todas sus formas, la promoción de una vida más digna y de más calidad humana. La promoción humana ha de ser consecuencia lógica de la evangelización.

humano Dios

Es necesario pensar y gestar un mundo abierto, ampliar la mirada, salir de uno mismo, abrirse a los demás con el máximo cuidado y solicitud, y reconocer que la “altura espiritual de una vida humana está marcada por el amor”. Esto implica una apertura hacia la comunión universal que solo se logra con el amor.

Trabajo para la dignificación de la vida

Fratelli tutti nos recuerda los principios rectores de la Doctrina Social de la Iglesia, tales como el destino universal de los bienes, la propiedad privada como un derecho. Reconocer el trabajo como un lugar privilegiado, para así lograr una vida digna y la forma segura de garantizar que cada ser humano entregue al servicio de los demás “sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas”. Para el Papa, “esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna”.

Fratelli tutti nos ayuda a comprender con mayor profundidad el escenario que enfrentamos actualmente en términos sociales, sanitarios y políticos. De la misma forma, nos ayuda a reconocer que valores como la verdad y la justicia son indispensables si queremos amor y fraternidad. El Papa posiciona al amor como guía para todos en la vida personal, política y social, y lo hace porque comprende que, si queremos poner al ser humano y su dignidad en el centro de la sociedad, no podemos dejar de lado su vocación fundamental y su más profundo anhelo: amar y ser amado.

Para finalizar este breve recorrido de Fratelli Tutti quiero traer a la memoria a una gran mujer, la beata Dolores Sopeña, que supo leer en su época “los signos de los tiempos”, ella al igual que el Papa Francisco trabajó por conseguir mejorar la vida de tantas personas. “Su compromiso por la dignidad de la persona brota de su experiencia de un Dios Padre de todos, que nos ama con una ternura infinita y desea que vivamos como hijos y hermanos. De allí su gran deseo de «Hacer de todos una sola familia en Cristo Jesús». Su gran unión con Dios le permite descubrirlo presente en todo y en todos, especialmente en los más necesitados de dignidad y afecto.

Salir al encuentro de cada persona en su situación, introducirse en los barrios marginales de la época, era inconcebible para una mujer a finales del siglo XIX. El secreto de su audacia es su fe, esa confianza sin límites, que ella reconoce como su mayor tesoro y que la hace sentirse instrumento en manos de Dios, instrumento al servicio de la fraternidad, del amor, de la misericordia, de la igualdad, de la dignidad, de la justicia, de la paz…”

LA SUPERACIÓN, UNA GRACIA DE DIOS

En el corazón de Dios siempre existe el deseo de que los hombres y las mujeres salgan adelante, se superen y puedan brindar también oportunidades de superación y fortaleza a sus iguales. Esa es y fue la gracia y el ejemplo de Dolores Sopeña.

Lo constata así, Olga Lucía García Castro, Laica en el Centro Sopeña de Bogotá (Colombia), quien nos lo comparte en un artículo de la revista ICONO.

Para esta Laica Sopeña, nuestra fundadora, Dolores, dejó “con la gracia de Dios, un legado de superación y dignificación para el ser humano”, siendo ella misma, ejemplo de cómo hacer frente a las adversidades y hasta a las propias enfermedades y limitaciones físicas.

El trabajo de la Fundación Dolores Sopeña, obra apostólica de las Catequistas Sopeña, y sus Centros Sopeña repartidos por seis países de Europa y América, no es solo capacitar profesionalmente y ofrecer una formación técnica.

La esencia Sopeña, propia de su Carisma, es la formación integral, que incluye valores y la fortaleza espiritual que nos acompaña en esa superación de las dificultades.

Cuando contamos con la ayuda de Dios, Él actúa y se nos hace presente de mil formas para que no nos sintamos solos y podamos alcanzar nuestras metas dando lo mejor de nosotros mismos.

Puedes leer todo el artículo por aquí:

 

El éxito radica en aprovechar las oportunidades para superarnos

 

Superarse es el reto de la vida. Nuestra misión es encontrar las oportunidades. Tarde o temprano todos nos damos cuenta de que la vida, por más que quisiéramos evitarlo, incluye dificultades espaciadas en el camino y el tiempo. Unas son más complejas que otras; algunas logramos vencerlas; en otras, terminamos dándonos por vencidos.

Pero la diferencia de convertir una dificultad en éxito o fracaso está en la forma en cómo la abordamos y el empeño que pongamos para superarla.  En otras palabras, se trata de la capacidad de aprovechar las oportunidades para superarnos.

Y es que la superación personal es la disciplina que nos lleva a comprometernos con nosotros mismos para ser cada día mejores, para alcanzar nuevas alturas, para aprender más y ampliar nuestros horizontes. Es un proceso largo y constante que nos demanda buena actitud, enfocarnos en aprender cada día más y en practicar lo aprendido sin descanso.

Superarnos no termina con un grado o un diploma que certifique ciertas competencias aprendidas. En realidad, ese es apenas el comienzo, porque a partir de ahí tendremos que luchar porque ese aprendizaje se traduzca en verdadera vocación de servicio, en profesión personal y, ciertamente, en fuente de sustento que recompense tiempo y recursos invertidos. En últimas, en la lucha de la superación personal no debemos negarnos ninguna oportunidad que nos presente la vida.

Todos podemos superarnos

La superación es algo que todos, sin excepción, debemos buscar y podemos alcanzar. Claramente, a unos les costará más que a otros, pues en este recorrido cuentan los recursos económicos disponibles, el tiempo que dediquemos y la disciplina que tengamos. Pero la superación les sonríe a quienes la persiguen con tesón sin dejarse apabullar por las dificultades y sin desistir ante la exigencia.

La superación no implica la misma meta para todos. Para unos, quizás, superarse sea llegar a ser un prestigioso abogado, un negociante millonario, un empresario de renombre o un artista célebre. Para otros, en cambio, quizás su sueño sea sacar adelante un emprendimiento, ser un cocinero aclamado o llevar sus habilidades físicas al límite. Lo cierto es que, para unos y otros, la superación implicará soñar en grande, mejorar cada día el ejercicio de lo que somos y sabemos y fijarse metas cada vez más ambiciosas.

Superarse gracia de dios

 

Aprovechando las oportunidades

Cuando hablamos de superación siempre nos preguntamos qué oportunidades nos ofrece el entorno en que vivimos. Pero superarnos implica una alta dosis de resiliencia. En Colombia hemos vivido 50 años de una violencia interna que ha dejado millones de muertos, viudas, huérfanos, heridos, mutilados, desplazados y pobres. Pese a ello, muchos han sobrevivido a todas las adversidades y han encontrado segundas y hasta terceras oportunidades de superación en instituciones que brindan apoyo y estímulo.

Una oportunidad es una situación que te permite que hagas algo que estabas buscando o que te puede servir para el presente y el futuro. Es una coyuntura favorable, una circunstancia que, si la aprovechas, puede traer grandes beneficios para tu vida, te abre nuevas posibilidades.

La superación, una gracia de Dios

En el corazón de Dios siempre ha estado el deseo de que los hombres y mujeres salgan adelante. A través de la Historia ha habido grandes personajes que, no solo han sido ejemplo de superación personal, sino que han brindado un canal de oportunidades al resto de la Humanidad, por ejemplo, Dolores Sopeña quien, con la gracia de Dios, dejó un legado de superación y dignificación para el ser humano.

Desde nuestra experiencia de generar oportunidades en los Centros Sopeña para las personas más necesitadas económicamente, a lo largo de los años hemos conocido a muchos que han luchado con tesón por superarse y han aprovechado todas las facilidades que la vida les ha brindado.

Es el caso concreto de varios estudiantes que se han capacitado en los diferentes centros de Formación Sopeña y hoy viven en países como España, Estados Unidos, Australia, Brasil y Chile, donde han emigrado para buscar mejores oportunidades laborales y están ejerciendo lo aprendido con gran éxito. Ellos mismos dicen que no olvidan las bases que recibieron, incluyendo los conocimientos, los valores y la fortaleza espiritual que adquirieron en sus años de aprendizaje.

Cuando contamos con la ayuda de Dios, Él actúa con su gracia en la adversidad y nos hace sentir que no estamos solos para alcanzar nuestras metas. En el proceso de superación debemos tener presente siempre este pensamiento: “Estoy jugándome el partido de mi vida, no puedo quedarme en la banca”. Dios nos ayuda a vencer nuestros miedos y aprovechar la oportunidad de superarnos para ser la mejor versión de nosotros mismos.

RENOVAR EL COMPROMISO DE CONSTRUIR EL REINO EN MISIÓN COMPARTIDA

Laicos, laicas y Catequistas Sopeña, la Familia Sopeña, celebró el pasado fin de semana en Barcelona el XXXIII Encuentro Peregrinación, donde renovó su compromiso de construir el Reino de Dios en misión compartida, como ya intuyó Dolores Sopeña hace más de un siglo.

Miryam Ávila, Superiora General del Instituto Catequista Dolores Sopeña, constató en su ponencia que, mientras que algunas personas creen que es tiempo de los laicos, para ella es “el tiempo de todos”, de personas laicas y consagradas, “en tanto que la llamada a construir el Reino de Dios nos atañe a todos”.

Compromiso de familia

La motivación: “Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca” Jn 21, 3.

Y sobre esta idea, que no es novedad para la Familia Sopeña ni para nuestro Carisma, Miryam Ávila insistió en que la Misión en los Espacios de Acción Sopeña (Escuelas, CEPAS y diversas acciones pastorales) tiene sentido “si funcionamos como una verdadera comunidad evangelizadora, es decir, somos seres de comunión, encuentro, manos unidas, proyectos compartidos y caminar de la mano  hacia un mismo fin”.

Este Encuentro de Laicos, laicas y Catequistas Sopeña, con el lema “Una Misión, dos vocaciones”, se diseñó con un sentido de camino, de peregrinación y así se ha celebrado.

Las más de 150 personas asistentes pudimos recalar en Barcelona, donde Dolores Sopeña llegó en 1905, decidida a expandir por allí su Obra, así como en el Monasterio de Santa María de Montserrat, abadía benedictina situada en la montaña de Montserrat, y la Cueva de Manresa, en la ciudad cuna de la orden jesuita, lugares que las circunstancias convirtieron en emblemáticos para ambos Carismas.

Cova compromiso

Se trataba de compartir la alegría del encuentro, la comunión y la oración y andar un camino que ya anduvieron otros muchos miles de personas antes que nosotros y los que vendrán después.

También sirvió este recorrido para beber de sus fuentes de inspiración y conocer un poco más y mejor las motivaciones de Dolores Sopeña y de San Ignacio de Loyola, algunos siglos antes.

El camino nos ha invitado a escuchar lo que a través de sus itinerarios interiores y exteriores Dolores e Ignacio nos han querido comunicar.

Además, el programa incluyó una interesante ponencia a cargo del jesuita Patxi Álvarez de los Mozos, quién nos ofreció sugerencias y propuestas para nuestra misión apostólica en los Centros Socioeducativos Sopeña, poniendo el acento en la construcción de sociedades inclusivas y sostenibles y en la formación de personas conscientes, libres, compasivas y creativas.

Miryam Avila compromiso