VIVIR EN COMUNIDAD: UN REGALO QUE SE COMPARTE

Las Catequistas Sopeña vivimos en comunidad como un lugar, donde descubrimos a diario la presencia de Jesús, que nos invita caminar juntas en la fe compartiendo alegrías, retos y esperanzas.

Vivir en comunidad para nosotras es aprender a amar como Jesús: con paciencia, con alegría y con confianza. Es descubrir que cada día Dios nos regala la oportunidad de ser hermanas.

Queremos ser comunidades alegres, abiertas y llenas de vida, tal y como Dolores Sopeña soñó. Somos distintas en edad, carácter y procedencia, pero unidas por la experiencia de ser llamadas al seguimiento a Jesús.

Compartimos la oración, la mesa, el trabajo y la misión, con las puertas siempre abiertas a jóvenes y laicas y laicos que desean unirse a experiencias de encuentros de fe y fraternidad.

Te invitamos ahora a leer el testimonio de Verónica Oleas, Catequista Sopeña, quien comparte desde su corazón lo que significa para ella este hermoso don de la vida comunitaria.

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VIVIR EN COMUNIDAD. Una vida en familia

Yo, Verónica, Catequista Sopeña, quiero contarte sobre la vida en comunidad, uno de los elementos esenciales de la Vida Consagrada.

Es un don que Dios nos regala juntamente con la llamada, que es don individual. La comunidad está hecha para ser vivida con otras hermanas, con quienes compartimos la alegría de nuestra consagración.

Vivir en Comunidad tiene un significado especial, pues la hermandad es doble y doble también la alegría:

Por un lado, somos hijas de Dios y hermanas de Jesucristo; y, por otro lado, somos hijas de Nuestra Madre Dolores R. Sopeña y hermanas de comunidad.

El modelo de comunidad que deseamos vivir es la Santísima Trinidad: tres personas diferentes que son una sola.

En medio de la diversidad de nacionalidades, edades, capacidades, personalidades, nos hermanamos en torno a la Trinidad y al ideal de Nuestra Madre la Beata Dolores Sopeña.

 Celebramos la fe con las puertas abiertas a jóvenes y laicos, con quienes compartimos vida, mesa y oración. Así nos sostenemos cristiana, humana y fraternalmente.

Verónica Oleas, CS

CATEQUISTAS QUE HABLAN DE SUS VOCACIONES

Cada año, la Comunidad de Catequistas Sopeña de Bogotá (Colombia) dedica el mes de septiembre a conmemorar a nuestra madre fundadora, la Beata Dolores Sopeña. El Mes Sopeñista, lo llaman. En esta ocasión, lo celebran, además, rememorando los 75 años de la presencia en este país latinoamericano y hablando de sus vocaciones.

Todos estos años cuentan además historias de compromiso y entrega a la vida consagrada de Catequistas colombianas o de otras partes, pero que pasaron por esa Comunidad de Bogotá, que tanto bien ha hecho.

A través de pequeños vídeos, difundidos en redes sociales, este septiembre Sopeñista está dando visibilidad a experiencias vocacionales.

Las Catequistas Sopeña son mujeres y misioneras en medio del mundo, mujeres acogedoras, de espíritus alegres, como le gustaban a Dolores Sopeña.

Juanita Arguijo, hoy en Santiago de Cuba, mexicana de nacimiento, destaca la calidez humana de tantas experiencias vividas desde 2004 hasta 2013, años en los que vivió en la Comunidad de Colombia.

Agradecida “por todos los bienes recibidos en este lindo país”: amistad, acogida, alegría, creatividad…

También agradecida se muestra Noemí Gutiérrez, colombiana, por toda la riqueza, crecimiento y aprendizaje de las distintas nacionalidades que formaban esa Comunidad.

Blanca Cecilia Martínez, de Bogotá y ahora en Toledo (España), cuenta que respondió a una llamada de la que no fue del todo consciente hasta que Dios se manifestó para ella a través de las palabras de las propias Catequistas Sopeña que conoció allá. En ese momento, dice, decidió que quería ser como ellas.

Unos padres muy cristianos fueron el origen de la vocación de Esperanza Castillo, que se vio confirmada por el trato con las Catequistas, “muy cercanas”, en la capital colombiana. Por eso, anima ahora a las jóvenes a escuchar la llamada de Dios.

Sacramento Muñoz, española y ahora en Loyola (España), expresa su agradecimiento porque Dios y el Instituto Catequista Dolores Sopeña le permitieran ir a América y conocer Bogotá.

Por su parte, Rosa Emilia Laverde, recuerda que conoció a las Catequistas Sopeña en el Centro Obrero de la ciudad y con su afán de ayudar a los demás, no tardó en solicitar su ingreso en la Congregación.

Dice ser y haber sido muy feliz en su vida y con sus tareas y siente que ahora más que nunca, con la pandemia que sufre el planeta, las Catequistas Sopeña han de ofrecer ayuda y esperanza ante las dificultades.

Si a ti también te hace feliz ayudar a los demás, quizás tengas más interés en conocer sobre vocaciones.  ¿Crees que podrías ser Catequista Sopeña?

#75añosencolombia